LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

miércoles, 17 de febrero de 2010

MATAR, PARA QUÉ

“La noche del 27 de enero último en su casa de Lince, Elizabeth Espino Vásquez, su enamorado Fernando González Asenjo, de 24 años, y su amigo Jorge Eduardo Cornejo Ruiz, de 21 años, planificaron y ejecutaron el asesinato de la abogada Elizabeth Vásquez Marín, madre de la primera. La joven fue detenida el 13 de febrero a las 11.45 de la mañana. A las 5:23 de la tarde fue arrestado Fernando González Asenjo, pareja sentimental de Espino Vásquez, y el tercer cómplice, Jorge Cornejo, a las 10:11 de la noche. Aunque en un principio intentó negarlo todo, Fernando González terminó por confirmar la declaración de su enamorada y su participación en el asesinato”.

Mientras leía el periódico sentado en su sillón especial, como lo hacía todos los domingos César Tomás sintió que su hijo se acomodaba en la mesa de la cocina para tomar su desayuno. Instintivamente miró el reloj de su muñeca y pensó “más temprano que de costumbre”. Así era, Fernando hace tiempo solía no tomar desayuno los domingos, sino levantarse cerca del mediodía, bañarse apresuradamente y salir casi corriendo a recoger a su enamorada para comerse un ceviche y apagar el caldero que la borrachera de cada sábado por la noche le dejaba. Este domingo era diferente. Sintió como había llenado su taza con agua recién hervida, escuchó el sonido inconfundible que producía al destapar la lata de “nescafé” con el mango de la cucharita, también escuchó el campanilleo rítmico que hacía cuando vaciaba sus cinco cucharaditas de azúcar en la taza y luego más de un minuto de revolver la mezcla caliente de la taza hasta dejar el sabor uniforme. Aunque esta vez le parecieron más lentas las vueltas de cuchara no había nada en su actitud que pudiera preocuparle.

“¿Habrá peleado con su enamorada?, ¿será por eso que estos últimos días casi no lo veo?, en fin, cosa de muchachos”, se dijo para sí mientras volvía a extender de par en par la edición dominical de El Comercio que había empezado a leer hace más de una hora, pero como siempre, le llevaría casi hasta el almuerzo terminarla.

De pronto reparó casi sin querer en la fecha del diario que leía, 7 de febrero, recordó que era su aniversario de bodas, como siempre, igual que cuando ella estaba viva lo había olvidado, y por eso tuvieron muchas peleas. Su esposa le reclamaba una falta de romanticismo pues aún cuando recordaba a tiempo la fecha jamás se emocionaba ni hacía nada por darle un sentido especial a ese día.

Y un recuerdo lo llevó al otro.

Hacía casi ocho años que su esposa Ana había fallecido. De pronto toda su vida se le complicó. El todavía no recuperada su trabajo en el ministerio de educación, de donde fue despedido durante el fujimorato. El sustento de la casa era Ana, era la contadora principal de una empresa que vendía autos de lujo, la muerte la sorprendió cuando retornaba a casa del trabajo. Recordó que era un día sábado, y, el auto de la empresa en el que viajaba fue embestido por una camioneta conducida por una persona ebria.

Se quedó solo con sus dos hijos Fernando con dieciséis años a punto de dejar el colegio y Ana Sofía de diez años, además de un sinnúmero de deudas a punto de vencer. Recordó el calvario que recorrió por oficinas y juzgados para reclamar el seguro de su querida Ana. Recordó cómo un poco más de dos años después del accidente, cuando Fernando ya tenía dieciocho, juntos los tres en la mesa, durante un viernes santo, el con lágrimas en los ojos les decía a sus hijos que había perdido las esperanzas de cobrar el seguro y que en adelante las cosas serían peor, les pidió que se prepararan para vender su último recurso, la casa donde vivían en Miraflores, y mudarse a un lugar mucho más barato, había pensado en mudarse a Santa Anita o a los Olivos, distritos mucho más baratos para poder sobrevivir.

Volvieron a resonar en sus oídos las palabras de su hijo Fernando diciéndole que en memoria de su madre no podían abandonar la lucha por cobrar el seguro y que el mismo estaba dispuesto de ser posible a dormir en las oficinas del seguro y en las que fuera necesario. Y así lo hizo, fue fotografiado por un periódista cuando pernoctaba en la puerta principal del seguro y esto le sirvió para que casi de inmediato fuera entrevistado por un canal de televisión. El efecto fue casi inmediato. El seguro pagó casi doscientos mil dólares, dinero que les trajo tranquilidad. Más aún, con parte de el contrató un abogado y también le cobró al Estado por devengados y recuperó su trabajo en el ministerio y casi de inmediato se jubiló, ganando en esta operación el suficiente dinero para vivir de pequeñas inversiones en las que cuidadosamente se aventuraba.

Recordó también cómo, después de haber cobrado el seguro, Fernando le pidió que lo matriculara en la Universidad de Lima, le dijo que quería estudiar derecho, pero además, tenía la gran posibilidad de encontrar a la mujer de sus sueños, única hija de una familia adinerada, que según el propio Fernando, abundaban en esta Universidad. Y César Tomás aceptó.

Y aceptó también de buena gana, hace unos meses, comprarle un auto de segunda, “para poder movilizarme entre tantos pitucos de la universidad” como le había dicho.

César Tomás tenía la seguridad de que su hijo había nacido con una predisposición para elegir adecuadamente las mejores opciones, no sólo para el, también para toda la familia. A pedido de el matriculó a Ana Sofía en uno de los institutos de cocina más caros de Lima, “la comida peruana está de moda y ella tiene pasta para ser una buena chef” había asegurado Fernando premonitoriamente, pues apenas año y medio después fue contratada ventajosamente por un hotel cinco estrellas como asistente de cocina.

Una sensación de agrado profundo acompañado de una modorra que lo hizo acurrucarse en el mullido sillón lo invadió, sabía que se iba a dormir, “no importa, estoy feliz" pensó, alcanzó a leer uno de los titulares de El Comercio, antes de dormirse y dejar caer el diario al piso “Horror: hija y pareja mataron a la abogada Elizabeth Vásquez”.

Y se durmió. Nunca sabría cuánto tiempo. Y soñó. Soñó con el día que Fernando le anunciara que por fin había encontrado a la mujer de sus sueños y que la traería a casa esa tarde. En sus sueños volvió a vivir aquella tarde, entraron a la casa como enamorados, el la cogía del brazo y con el rostro brillando de alegría le dijo “Papito ella es Elízabeth, ¿no es bonita?”, “Si hijito, te felicito, bueno los felicito a los dos por que creo que ambos son buenos muchachos”. Y volvió a sentir los besos en la mejilla, primero el frío y solemne de ella y después el tibio y alegre de el. Y entonces como ahora en el sueño, después de los besos, se percató que ella más que enamorada parecía un pollito buscando el cobijo de las alas de la gallina, una desahuciada aferrándose a la última esperanza de vida. Esa mirada brumosa, sin brillo le llamó la atención, pensó que era su imaginación. No volvió a prestarle atención. Pero ahora en sus sueños vio que los ojos de ella habían cambiado, tenían un brillo hechicero que reflejaban un mal presagio, no eran amenazantes pero si atemorizantes, pero como antes intentó no darles mayor atención.

Fue entonces cuando volteó la mirada y se encontró con la de Fernando. Tuvo la certeza de que esos ojos no eran los de su hijo, eran los de Elízabeth, sí, Fernando era ahora, por su mirada, un desahuciado en sus últimas horas, un condenado a muerte antes de la última confesión. Esa mirada parecía más un lamento, una oración a la muerte, un grito de auxilio desesperado. Y entonces despertó.

Estaba sudando. Tenía una desagradable sensación en todo su cuerpo.

Fernando estaba frente a él. Los brazos laxos a ambos lados, los ojos a punto de llorar y pudo percibir un ligero temblor en sus rodillas.

Sonó el timbre de la casa.

- ¿Qué hora es?, le preguntó a su hijo.

- Cerca de las cinco y media, le respondió Fernando.

El timbre volvió a sonar, recordó que en sus sueños también había escuchado el timbre.

- ¿Porqué no abres?, ¿Quién será?, preguntó apurado

- Es la policía – contestó su hijo intentando no darle ninguna expresión a sus palabras.

Sin embargo a su padre le sonó como su última exhalación.

viernes, 8 de enero de 2010

TATIS

Lo conocí cuando ingresé a trabajar a la administración pública, en la época en que me convertí en un verdadero burócrata. El era el Jefe de la Oficina del Ministerio del Interior, en donde trabajábamos una docena de empleados, encargada de la selección de personal civil para todo el sector y, como suele suceder en la administración pública, esto le otorgó cierto poder y posición.


Se le conocía como “Tatis”, su nombre no viene al caso recordarlo, si se preguntan el porqué de este apelativo, pues tampoco lo se, lo cierto es que el no estaba enterado de este sobrenombre y cuando nos referíamos a el lo hacíamos en voz baja.

Era un tipo casi bonachón, pues tenía sus ratos extraños durante los cuales parecía no conocer a nadie, era costumbre encontrarlo meditando sobre aspectos filosóficos con los que luego sorprendía a todos. Recuerdo cuando se pasó más de un mes dándonos explicaciones sobre los cínicos, los estoicos, los epicúreos y los neoplatónicos. Nadie le entendía, durante ese lapso cuando se acercaba a algún grupo de los que con el trabajábamos era normal que saliéramos corriendo, todos recordábamos de pronto una tarea pendiente pero siempre había uno, el menos despabilado o el que se encontraba de espaldas cuando Tatis atacaba, que tenía que aguantar la clase de sofismas y temas similares.

Por cierto que tenía otras cualidades, por ejemplo veía las películas que le gustaban hasta aprendérselas de memoria y luego las analizaba, casi escena por escena, encontrándole mil y una interpretaciones, además de la que el director de la película pretendía darle; y, por supuesto que éramos nosotros el obligado auditorio de estas ficciones. También era un poco despistado con los tiempos, era común que llegara a trabajar cerca del mediodía por que decía que se había quedado dormido recién a las tres o cuatro de la mañana, después de estar repasando una de sus películas o por encontrarse dedicado a escribir alguna de sus observaciones filosóficas, no le importaba si había trabajo o no.

Tenía también la cualidad de parecer honesto, porque a ciencia cierta no lo era. Sólo porque no quería. En realidad no teníamos muchas evidencias de haber utilizado el cargo para hacerse millonario. Pero, un seguimiento no muy especializado de su movimiento económico daba cuenta que, precisamente después de un proceso de selección, Tatis, había cambiado su vehículo por uno más moderno, o había vendido su casita para comprarse una mejor (había vivido en El Agustino, La Victoria, Lince, Jesús María, San Borja y ahora en La Molina), y muchos de los contratados gracias a los procesos que el dirigía le decían padrino. Hasta ahora no se si esto era una torpeza de su parte o una consecuencia de su interpretación filosófica de las cosas.

Tatis también era un soberbio tacaño, miserable, era incapaz de gastarse un sol si no era por una extrema necesidad, recuerdo que le decíamos que era más duro que carne de loro. Siempre que íbamos a la cafetería del ministerio o no tenía sencillo, o se demoraba en sacar el dinero para pagar la cuenta o se encargaba el de pagar la cuenta, cobrando a los demás y quedándose siempre con los vueltos. Como era el jefe no podíamos decirle nada. Tenía la certeza de que por tener esa condición todos los que estábamos a sus órdenes debíamos invitarle siempre. Casi nunca venía con su propio vehículo, prefería viajar colgado en micros y buses que gastar un poco de gasolina. Cuando lo hacía, era porque venía con uno de sus hijos o con su señora. Inclusive con ellos demostraba su tacañería. Cuando quería almorzar siempre se aseguraba que alguno de los empleados lo acompañáramos para hacernos pagar la cuenta, su estilo era darnos las gracias por adelantado, al sentarse a la mesa, recuerdo que les decía a sus hijos, “Hijitos, denle gracias a mengano por la invitación”, comprometiéndonos siempre con el pago.

Era hábil para sacar ventaja de todo, recuerdo que todos los años, como es costumbre, al realizar la bajada de reyes, entre la gente de la oficina lográbamos juntar unos soles para usarlos en el nacimiento del año siguiente, dinero que el se daba la maña suficiente para guardar, el hecho era que el nacimiento completo tenía muchos años que no se renovaba.

Recibía una partida para gastos de administración de la oficina que nadie sabía en que lo gastaba y siempre nos argumentaba de que ese dinero lo empleaba para apoyar a sus superiores, como no había forma de probarle nos dábamos por conformes.

En una ocasión, cuando se casó una de las compañeras se hizo una colecta de veinte soles por cada trabajador comprometiéndose Tatis a poner una parte de los gastos de administración para hacerle varios regalos a la futura esposa, la idea era comprar un microondas, de moda por esa época, más los otros regalos que Tatis pondría de su parte. Justo antes de la ceremonia se presentó el mismo, en nombre de toda la oficina a dejar tres paquetes en la casa de la novia. Durante la fiesta comió, bebió y bailó a más no poder, los padres de la novia, me imagino que en retribución por los tres regalos recibidos lo agasajaron como se debía.

Pero, la sorpresa llegó cuando la novia abrió los regalos, uno contenía el microondas sin caja, el otro la caja del microondas con los accesorios y el tercero contenía los manuales y un libro de cocina que regalaban por la compra del microondas en SagaFalabella. Finalmente el se salió con la suya, como era su costumbre, compró un regalo a un costo menor que el dinero que habíamos recolectado y gozó de la fiesta como si hubiera sido suya.

Tatis tenía dos hijos, un varón y una señorita, recuerdo que el varón era un jipi pero de verdad, según me confió el mismo Tatis, cambiaba de ropa cada cuatro años, comía sólo verduras, no tenía interés por estudiar ni le interesaba trabajar, frecuentaba algunos grupos que hacían vida en comunidad, procurándose entre ellos mismos su alimentación y sus otras necesidades. Ya hacía algunos años que Tatis había dejado de preocuparse de el.

En cambio con su hija era diferente, estudiaba en la Unifé, le compraba las mejores ropas, aprovechaba cualquier ocasión para mostrarla, y, ella era muy educada, se notaba que tenía una educación de colegio de monjas y tenía el perfil de una futura profesional exitosa. Sin embargo, ni ella podía ablandar los bolsillos de Tatis. Con frecuencia me preguntaba para cuándo guardaba todo su dinero.

Recuerdo que por esa época trabajaba con nosotros un joven (joven por su apariencia pero de edad incierta, como casi todos los cholos cajamarquinos, siempre aclarando, uso esta expresión por parecerme más literaria y sin la menor intención peyorativa), a quien llamábamos “muchachito” Guerrero, por su apellido, que durante etapas, sobre todo durante los procesos de selección de personal se convertía en el brazo derecho de Tatis. Este era un tipo soberbio, pretensioso, muy merecido, creía que todos le debíamos favores. Era de los que “dan una aguja y sacan una barreta”, a todo y a todos nos sacaba provecho, tenía una rara habilidad para adelantarse a los hechos y actuar siempre de tal manera que salía ganando, sin importar a costa de quién, no hacía nada sin antes estar seguro de que obtendría algún beneficio, miraba a todos por sobre el hombro y le gustaba salir con muchachitas de aquellas que por un pollo a la brasa se prestan para acompañarnos, mostrándose por todos lados con la intención de aparentar ser un conquistador. Pretencioso como el solo, muchas veces le escuché decir que estaba buscando la oportunidad de dar un “braguetazo” con la hija de alguna familia adinerada, cosa que creía poco probable por la calidad de chicas que frecuentaba (vuelvo a señalar que mi intención es solo literaria). La verdad es que a la mayoría nos caía mal. Pero así como era el brazo derecho también tenía épocas en que peleaba con Tatis. No teníamos la certeza pero presentíamos que se originaban por cuestiones de repartijas.

En este ambiente trabajé algunos años, no exagero si digo que aprendí mucho sobre el comportamiento de un burócrata, gané experiencias que luego me sirvieron como oro en los trabajos que desempeñé posteriormente y soy sincero y a la distancia le envío un gracias a Tatis.

Hago esta evocación por que hace unos días me crucé con Tatis, iba en la parte posterior de un Mazda deportivo del año, lo seguí durante algunos metros con mi carcochita y pude ver que a su lado iba su esposa, siempre tan digna ella. No me llamó la atención reconocer a su hija al lado del conductor, seguía teniendo la apariencia de niña triste con que la recordaba, agobiada por los límites que le ponía su padre. Pero juro que si me causó una gran sorpresa ver que quien conducía el vehículo era “muchachito guerrero”, con la misma actitud cerril con que lo recuerdo, la nariz levantada como desafiando cualquier circunstancia de la vida y ufanándose por estar donde estaba.

Recordé entonces uno de los refranes que usaba mi abuelo, que me pareció digno para esta ocasión y que me hubiera encantado decirles a cada uno de los que fueron mis compañeros en esta etapa de mi vida “Que cada palo aguante su vela”.



miércoles, 7 de octubre de 2009

HISTORIAS DE LA SELVA

Cuando alguno de nosotros se traslada a vivir a la selva peruana simplemente sastisface su curiosidad por la grandeza de nuestra geografía, creo que es el caso de la mayoría por lo menos, ponemos a prueba nuestra imaginación, si lo que imaginamos durante nuestras clases de geografía o en las lecturas de libros y revistas tiene alguna cercanía con la realidad, pero nos damos con la sorpresa que la naturaleza por lo general traspasa nuestra imaginación. Los paisajes y las sensaciones que se viven en directo no tienen ni cercanía con lo que imaginamos. Simplemente, es grandioso.
Y también comienzan a llegar a nuestros oídos historias sobre personajes y espíritus que habitan en nuestra amazonía, que cuando son contadas por los lugareños no puedes dejar de percibir la pasión, la fe,el sentimiento que ponen por hacerte partícipe de estas, más que creencias, vivencias espirituales. No he sido ajeno a estas emociones.
Hace unas noches, mientras retornábamos a nuestros alojamientos, pasadas las diez de la noche, con un grupo de personas con las cuales trabajo, tomamos por un pasaje por donde todos nosostros nunca habíamos transitado, y que ahora lo hacíamos por invitación de un personaje simpático del grupo al cual solamente llamamos "Guayacho", natrivo del lugar, con la intención de acortar las distancias; desde que tomamos este pasaje con frondoza vegetación  a ambos lados, que con la luna al fondo dibujaba sombras atemorizantes sobre nuestras cabezas, percibimos que los ruidos de la selva cesaron casi en su totalidad, que nos obligaba a conversar en voz baja contagiados por la sensación de pequeñez ante una ruta desconocida.
No recuerdo en que momento lo percibí, pero cada cierto tramo parecía que alguien nos silvaba desde atrás de las sombras, como si nos acompañara en nuestra trayectoria, no dije nada pero noté que efectivamente iba con nosotros, a veces silvaba del lado derecho, otras del lado izquierdo, pero siempre con el mismo tono como dejando en claro que se trataba de la misma persona.
Después de unos veinte minutos de caminata durante los cuales recuerdo haber conversado pero no recuerdo sobre qué, cuando ya presentíamos que llegábamos a nuestro destino percibí que una persona venía por el mismo sendero pero en sentido contrario, sólo cuando pasó a nuestro lado me pude dar cuenta de quién se trataba, era "Mañuco", uno de los mosos que siempre nos atendía bien en el restaurante donde todos nos encontrábamos pensionados. Yo iba inmeditamente detrás de "Guayacho", quien también se pensionaba en el mismo lugar y que por supuesto lo conocía, intenté adelantarme para saludarlo, pero "Guayacho", minimizando sus ademanes se me adelantó con un gesto que entendí de inmediato que debía ignorarlo tal como el lo hacía. "Mañuco" pasó cerca de nosotros, al cruzarse conmigo un paquete de luz de luna que atravesó la vegetación le dio de lleno en la cara y pude darme cuenta que en realidad no se trataba de "Mañuco", era otra persona que me pareció haber visto alguna vez y que sin inmutarse se cruzó con todos nosotros desapareciendo en la oscuridad.
Unos segundos después, noté que ya llegábamos a nuestro alojamiento. Nuevamente los sonidos estereofónicos y ecualizados de la selva endulzaron mis oídos. Le pregunté a "Guayacho" en forma natural:
-¿Quién es ese tipo? ¿...lo conoces?.
- Si - me dijo - ...es el "chullachaqui".
Esa noche, antes de dormirme, busque en internet "chullachaqui" y esto es lo que encontré:

EL CHULLACHAQUI

(Espíritu de los Pies Desiguales)
El Chullachaqui, siempre adopta la figura o la forma de una persona amiga conocida del pueblo, para engañar a la que va a ser su víctima y hacerle perder en la espesura de la enmarañada selva. Muchos pobladores aseguran que en muchas oportunidades han visto las huellas o pisadas desiguales del que dicen Chullachaqui, impresos en el barro, otros dicen que es un demonio que cuida la selva para que no penetren en ella.
Cuentan así mismo los pobladores, que en Armayari, un bello pueblo enclavado en la selva del Departamento de San Martín a 1 Km. aproximadamente de la población, se encuentra la guarida o casa de los Chullachaquis. Relatan que un día a horas de la tarde un vecino del lugar llamado Juan Nicolás, después de haber bebido una gran cantidad de masato (licor a base del fermento de la yuca), decidió ir a al chacra para ayudar a su padre quien se encontraba realizando las labores agrícolas.
Al pasar por el referido lugar, improvisadamente se le presentó una persona igualita a su padre y sin dejarlo avanzar le dijo; "He venido a esperarle, sígueme vamos a la chacra". Juan Nicolás un poco sorprendido obedeció sin decir una sola palabra siguió caminando junto con su inesperado acompañante por un camino bastante ancho pero a medida que iban avanzando el camino se hacia cada vez más angosto. En ese trayecto sorpresivamente se detuvo y le dijo: "Hasta aquí te he acompañado, tu te quedas y yo me voy, y desapareció del lugar, riendo burlonamente.
Recién Juan Nicolás se dio cuenta que se encontraba perdido en un enorme bosque y por más que busco el camino para regresar a su casa no lo encontró. Desesperado ando por el monte llamando con voz en cuello a alguien que pudiera encontrarse cerca para que lo saque del lugar pero nadie respondió.
Al darse cuenta los familiares que Juan Nicolás no se encontraba ni en su casa ni en la chacra, de inmediato salieron a buscarlo, logrando localizarlo después de cuatro días de intenso trajín. Pero Juan Nicolás había perdido la razón. Ya en su casa comenzaron a curarlo pero no conseguían volverlo a su estado normal. En vista de que no recobraba el conocimiento decidieron llevarlo a un curandero para que lo tratara. El curandero les pidió que llamaran al sacristán y al cantor de la iglesia y conjuntamente con los familiares del enfermo caminaron hasta el sitio en donde habían encontrado a Juan Nicolás. Al llegar al lugar prendieron las velas que habían llevado y comenzaron en voz alta a llamar al alma de Juan Nicolás. A continuación emprendieron el camino de regreso haciendo sonar la campanilla, cantando y sin mirar hacia atrás, cuando llegaron encontraron que Juan Nicolás se encontraba profundamente dormido y entonces comenzaron a llamarlo diciéndole: "Juan Nicolás, Juan Nicolás..." y después de un largo suspiro Juan Nicolás despertó ya completamente sano y salvo del hechizo del CHULLACHAQUI.

Tomado de: http://www.juanjuionline.net/costumbres/chullachaqui.htm

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sábado, 12 de septiembre de 2009

NO TODOS LOS PERIODISTAS VAN AL CIELO.

NO TODOS LOS PERIODISTAS SE VAN AL CIELO.


Hace algún tiempo que sin darme cuenta me convertí en un asiduo lector de la columna del Director del Correo, Aldo Mariátegui. Debe ser porque tenemos muchas ideas coincidentes, porque tampoco me gusta mucho el color rojo, ni el caviar, o porque también creo que un poco de “napalm” en el VRAE no nos vendría mal.
De pronto lo veo aparecer en TV, todas las mañanas al lado de Mónica Delta, recuperada no se de dónde para la televisión, en buena hora, expresando lo mismo que expresa a través de sus comentarios escritos. Me parece un tipo culto, de buena memoria, administrador de información, como deben ser los críticos o editores de diarios, ni pintado sería mejor para El Correo.
Se nota que es claro de ideas, que no se hace problemas para expresar lo que siente. Por ejemplo cuando discrepa abiertamente de su abuelo José Carlos Mariátegui afirmando que más conocía Europa que la Sierra del Perú y que nunca debió escribir lo que escribió o por lo menos que su óptica no era la adecuada para esto. Me sorprende la forma como enfrenta a sus adversarios, como AAR y otros, con una desfachatez que te otorga la certeza de que llevas ventaja. Si, creo que leerlo es una forma de catarsis por la forma directa y clara como se expresa, muy alejado de los periodistas tradicionales y retorcidos de la prensa nacional.
Pero lo que me sorprende es la cruzada que ha iniciado para despenalizar los delitos por difamación y calumnia, vale decir, aceptar que “la urraca” nunca debió ir a prisión, como el mismo lo dice. Y en esto si no estoy de acuerdo para nada, aunque tengo bien claro que mi posición no le interesa un bledo.
Creo que los periodistas, como cualquier otro profesional, si comete delito cumpliendo su función, si lo merece debe ir a la cárcel. ¿O habrá personas que aún piensan que el honor y la dignidad perdidos por la insidia de un periodista se puede arreglar con un fajo de billetes?, ¿Estará bien que un periodista sepa que por más que difame y calumnie nunca se irá a la cárcel? ¿En qué se convertiría “la urraca”?, ya no solo rompería las resoluciones judiciales en pantalla, sino se limpiaría las axilas con ellas. ¿Es acaso bueno que un periodista publique información a sabiendas del daño que va a ocasionar sin la debida precaución de verificarla antes?. Cuando un profesional cualquiera comete actos que deben ser judicializados, por ejemplo un médico, si se le muere un paciente por falta de precaución, o un administrador que quiebra una empresa por negligencia, o un ingeniero que por negligencia se le cae un puente, o un policía que por defenderse o defender a otros mata a un delincuente, casi siempre enfrenta como pena el irse a la cárcel, y antes de cometer el hecho sabe que tiene esta valla legal y que no debe saltarla, ¿porqué un periodista, que se supone igual de profesional, debe ser tratado de manera diferente? ¿acaso no son personas y por lo tanto tenemos la certeza de que también cometen errores y tienen pecados?.
Las difamaciones y calumnias a veces ocasionan efectos más dramáticos que una lesión o un robo y peor aún, en ocasiones no sólo dañan al ofendido, sino a sus familiares, adultos y menores. ¿En este caso, bastará un puñado de soles para reparar el daño?, creo que no.
No debemos ser ingenuos, entre los periodistas, al igual que en todas las profesiones existen personas que se merecen la cárcel, seguro que si. Si no recordemos la época de Fujimori. Cómo ellos también, como muchos humanos, voltean los ojos y estiran las manos ante un fajo de billetes. Entonces no me trago el cuento de que es necesario darles trato especial para mantener la libertad de prensa. Tampoco porque en Londres o en París nunca se ha encarcelado un periodista por esta razón nos convierte en trogloditas. También hay libertad de tránsito y por esto no vamos a meternos a donde nos de la gana o a andar calatos por cualquier sitio, recordemos que todas las libertades tienen sus restricciones.
Me da la impresión que la solidaridad que muestra Aldo Mariátegui tiene la intención de crearse un escudo frente a Magaly, “…por si acaso”, como suele decirse, porque debo señalar, que sin embargo, el es uno de los descalificadores de Laura Bozzo. ¿Qué pasó con la libertad de expresión?, ¿Porqué si vale lo de Magaly y no lo de Laura?.
Preguntas que con cárcel o sin cárcel son difíciles de contestar.


***** A propósito de este buen analista, Aldo Mariátegui, su presencia en la televisión me ha permitido plantear una teoría. En el Perú, los programas periodísticos televisivos, con más de una figura, están destinados al fracaso.

Lo digo porque en el noticiero que aparece, al lado de Mónica Delta, a pesar de las bromas y las sonrisas, se nota la incomodidad de ella, siempre queriendo decir la última palabra, casi todos los temas que ella inicia, el proporciona más información o introduce comentarios más acertados que Mónica, quien hace esfuerzos por demostrar que conoce más temas y sobre todo más que el.

Me pongo a pensar que sería si la calabacita que es ahora pareja de Alamo Perez Luna hubiera tenido un co conductor con ella, quizás nos hubiéramos dado cuenta de algunos defectos mayores que el escoger a ese simplón de mariachi (no se si lo digo por envidia).

¿Será por eso que “H” siempre trabaja solo?.


PD. “H” es César Hildebrant, según “El enano” de Fernando Ampuero.

domingo, 6 de septiembre de 2009

MAS CLARO QUE "TIMOFÓNICA"

Recuerdo como si fuera ayer nomás el día en que llegó un celular a mis manos. Era uno de la empresa Lima 2000, esa la del deudor más conchudo del Perú, con apellido materno de lapicero. En esos primeros tiempos del celular el que llamaba pagaba (hay que decirlo, el Perú fue uno de los primeros países del Mundo en implementar el sistema de telefonía celular), el contrato inicial fue de 100 dólares mensuales más los 34o que me costó el aparatito, un Magnavox ligerito que apenas entraba en el bolsillo del pantalón, pero el modelo era especial para llevarlo en el bolsillo interior del saco o en la camisa, todavía no se discutía si las micro ondas que emplea el celular producían cáncer y uno podía llevarlo inclusive muy cerca de la entrepierna. ... Ahora ya noooo!!!.
Pero el bendito sistema de "el que llama paga" tenía sus inconvenientes, primero, cualquier conchudo hasta sin conocerte te llamaba y atentaba contra tu bolsillo, hasta las llamadas equivocadas (entonces no existía el identificador de llamadas, la señal no era digital), segundo, mes a mes los cien dólares iniciales se iban incrementando, porque cada vez más gente sabía tu número y a cualquier hora te pretendía disponible (sobre todo recuerdo las llamadas de la chamba, hasta el encargado de la limpieza se daba el gusto de encontrarte a cualquier hora), y por último, los dos inconvenientes anteriores te causaban el mayor, un stress de la granjijuna, a fin de mes te daban pesadillas ante el temor de la cuenta inflada.
Mi organismo, adecuado al trabajo de los programadores de sistemas, que viven al filo de la navaja, no aguantó y terminé por estresarme; y, como es natural para curarme me deshice del bendito aparatito, lo bendí a un precio regalado y me quedé con un arruga de más de 200 dólares con el bendito tío del apellido de lapicero (me cobró rapidito, para eso si es bueno el anciano...).
Después adquirí un Bellsouth, un Nokia, modelo no se que, pero era de lo ultimito, el más pequeñito, lo vi usarlo a Tom Cruise en una película, no recuerdo cual. Con este aparato estuve algunos años, no más de tres creo, hasta que de un momento a otro, esta empresa fue absorvida por Telefónica y zuás, de un zapataso, me convertí en usuario de una de las empresas de la cual más desconfío y que, lo reconozco ahora, más odio.
Estos señores, españoles ellos, creen que nos están conquistando por segunda vez, y lo que es peor, creen que tienen el derecho de hacerlo, despiden a los trabajadores que quieren, con el cuento de que la externalización es la panacea (reconozco que es necesaria) tienen trabajadores a tiempo completo sin contratos, nos cobran la línea más cara de esta parte del mundo, nos han hecho tragar mucho tiempo esa vaina de una llamada o un paso por conexión, un sistemita e¿inventado por ellos para cojudearnos, para que apenas levantes el telefono y contestes "No me jodas" y luego cuelgues (...creo que así constestan la mayoría de las mujeres a sus maridos cuando están asadas) te cobren como si hubieras hablado dos minutos. Claro que algunas cosas se han corregido (gracias al congresista de AP nacido en Cajamarca que es elegido en Puno), pero los latrocinios que ellos cometen continúan.
Para no salirme del tema sigo escribiendo. Por supuesto que cuando me convirtieron a usuario de Telefónica de inmediato cancelé mi línea y me pase sin dudarlo a TIM, ellos, muy atentos, me inscribieron en un sistema RPP (Red Privada y no se qué más), a un costo de diecinueve dólares mensuales lo cual me permitía sesenta minutos a cualquier destino y un número ilimitado de llamadas a otros RPP.
Que hermosa fue esta etapa telefónica de mi vida. Podía llamar a cualquier sitio, salvo a aquellos lugares donde la red de TIM no llegara.
Luego TIM se convirtió en patrón de Gianmarco y se cambió como CLARO. Las cosas mejoraron más todavía. Durante esta etapa pude cambiar de teléfonos muchas veces, recuerdo qué importante esa ser poseedor de uno de estos Chips (hoy valen desde cinco soles).
Hasta que todos en mi chamba se cambiaron a RPM (Red Privada Movistar) de la bendita Telefónica, yo también y renuncié al servicio de CLARO.
Me vine a trabajar por Amazonas, Bagua Grande y mi desazón llegó al extremo.
Si hoy escribo esta entrada al blog no lo hago con ánimo de rememorar estas etapas de mi vida, sino mas bién de desahogarme y poder contar la impotencia que se siente ser usuario de este sistema por esta zona. "Deje su mensaje en la casilla de voz" se ha convertido en el peor sonsonete que mi teléfono repite nueve de cada diez llamadas. No creo que puedan imaginarse la indignación e impotencia que se siente cuando deseas comunicarte de cualquier sitio y el teléfono se encuentra fuera de cobertura, y tienes que buscar una posición desde la cual llamar, tienes que bajarte de tu auto, salir de tu oficina, alejarte de las personas o abandonar tu dormitorio en el momento que surja la necesidad de una llamada.
Te pasas horas y no consigues una conexión limpia. Si la logras tienes que quedarte quieto, para asegurarte que al siguiente paso no pierdas la llamada, pareces un tarado eligiendo que piedra pisar para cruzar un río, evitando movimientos innecesarios.
Impotente me he quedado muchas veces con la llamada urgente a medias de un familiar o un amigo.
Ni hablar de las llamadas que solías hacer a tus amistades para lorear (sobre todo a quienes somos amantes del "aguadito") o aquellas a los familares por su cumpleaños, esas la tienes que hacer desde un público de fijo a fijo, aprovechando la oferta de Tongo, llamas por más de dos minutos y puedes hablar hasta cien minutos. Los de la "Timofónica", que es así como llaman los propios españoles a la Telefónica, se han dado cuenta que estos aparatos ya nadie los usa, ...y con esto ayudas a recuperar el valor de los aparatos públicos favoreciendo a estos ¿ladrones?...¿empresarios?...¿timadores? o todo a la vez.
Qué diferencia de los usuarios de CLARO (siempre refiriéndome a esta zona), ellos llaman de cualquier sitio, nunca se les corta una llamada. No se imaginan la envidia que siento. Ahora me arrepiento de haber dejado mi CLARO y haber convencido a la mayoría de mis contactos a seguirme hacia "Timofónica". No se si podré convencerlos para regresarnos a CLARO.
Lo que si puedo decir, a aquellos que todavía tienen dudas, no escojan empresas que desde que negociaron con nosotros nos hicieron los "cholitos".
Me imagino las vueltas que debe dar en su tumba el pobre Atahualpa, sobre todo después de haberles llenado no se cuantos cuartos con oro.
Por eso digo que aún se creen conquistadores, nos ofrecen algo que jamás cumplirán.
Creánlo, lo que acaban de leer esh zierto... joder!!!!.

PD. Me estoy guardando mi opinión sobre el servicio de "Espidi" (si, se que no se escribe así), esa es otra historia parecida.

sábado, 22 de agosto de 2009

INGENIERIA DEL FUTURO

Como cualquier niño de su edad, a los 10 años, su visión de la realidad debe ser muy particular, seguro que interpreta los hechos relacionándolos con lo que conoce hasta ahora del mundo, tiene la particularidad de que parece pensar siempre las cosas antes de decirlas, pero no deja de sorprender su razonamiento. Nunca está apurado, ni siquiera cuado su mamá le descubre que no ha completado las tareas escolares del día, la única ley que hasta ahora conoce y la aplica, es la del menor esfuerzo, quizás debido a su contextura gruesa es que siempre toma el camino más corto de todas las cosas, a veces se le nota obeso, pero de gordito no baja.
Pese a que prefiere no esforzarse ni emocionarse por las cosas que realmente interesan, cuando ve un animalito, un juego o una serie nueva su curiosidad se dispara y pareciera que no tiene límites. Desde más pequeñito podía diferenciar animales que para la mayoría son raros o desconocidos, gracias a sus horas sentado frente al "Animal Planet" y a sus monólogos con el "Cazador de Cocodrilos". Reconozco que fue un error dejarlo usar la computadora desde muy pequeño y más aún permitirle el uso y abuso de cada juego que encontraba.
A estas alturas, quien ya leyó algunas de mis entradas al blog ya intuye que estoy hablando de mi hijo.
El hecho es que está a punto de cumplir once años. Según yo edad precisa para que decida su futuro, para que elija la profesión que le va a durar toda la vida, que le va a permitir comer y sobre todo que va a hacer felices a sus padres (me cuesta reconocerlo pero he caído en el egoísmo de cualquier padre, que con el afán de hacer de sus hijos lo que uno no fue pretende elegir el camino por ellos. En mi caso, quizás es justificable, porque alguna envidia siento de tener sobrinos que a su corta edad ya han alcanzado méritos académicos). En torno a esta idea se me ocurrió, hace algunos días cuando estuve por Lima, llevarlo a pasear por los alrededores de la UNI, y buscar la forma de convencerlo porque vaya eligiendo ya alguna ingeniería como carrera.
Llegamos frente a la UNI, lo primero que quizo fue que le invitara una bolsita de "yuquitas", esas de harina que venden en las esquinas limeñas, "se ven ricas" dijo. Lo convencí de que más adelante nos íbamos a tomar una gaseosa acompañada de su sánguche. Cruzamos el puente peatonal y nos encontramos con una cantidad de piratas que venden software de todo tipo, juegos, manuales, tesis, demostrativos, programas de diseño en 3D y toda aquella oferta increible a la que tenemos que recurrir los peruanos por nuestro bajo presupuesto. Se le iluminaron los ojos cuando comenzó a leer las carátulas de los CDs. No que que parte de su percepción usaba pero siempre su mirada se dirigía hacia un juego nuevo, justo el que estaba esperando. Casi a jalones lo llevé mas allá, donde estaban los CDs con información y todo tipo de software para todas las ramas de la ingeniería. No me pareció que la emoción desapareciera de su rostro cuando encontró un CD de la facultad de mecatrónica, "Asu, los transformers..." dijo. Si, aproveché para despertar su interés, si estudias mecatrónica o robótica podrás contruir tus propios modelos le recordé mientras le enseñaba a lo lejos el pabellón que yo suponía era el de esa especialidad. Después le mostré CDs con gráficos en 3D usados en arquitectura, ingenieria electrónica y en todas las especialidades, en cada una de ellas le hacía una reseña tratando de estimularlo y descubrir cual sería su verdadera inclinación, incidiendo en que podría ganar mucho dinero, más de lo que gana su papá.
Tarea difícil, mostraba la misma emoción para todas las ingenierías, más para aquellas que tenían un CD con bastantes gráficos, cuestión de detalles pensé. Comencé a emocionarme también y a mi la emoción me conduce invariablemente a la cafetería.
Nos dirigimos a un pequeño kiosco ubicado en la entrada a un segundo piso. Pedí dos gaseosas para ambos, el pidió una que pudiera llevarla (siempre es así, las cosas que le gustan las hace durar más, qué muchacho) acompañado de una sabia elección, un paquete de galletas de dieta.
Caminamos casi una cuadra para tomar la movilidad que nos regrese a casa, sus mejillas seguían coloradas pintadas por la emoción. Y como quien no quiere saberlo le pregunté "Qué ingeniería te gusta?", no me contestó, destapó la gaseosa, apuró un sorbo, la volvió a tapar. Inteligentemente interpreté el gesto. No quiere que lo apuren. Pero me dije si dejo que las mejillas se le despinten adios emoción y adios interés. Insistí. "Qué te gustarías estudiar hijo?".
Suspiró para adentro, como sólo lo hacen los niños y mirando al horizonte, quizás al futuro que nosotros no veremos contestó sin perder la frescura "Ingeniería Artística...".
La siguiente vez que abrí mi boca para pronunciar otra palabra ya estábamos en casa esperando que pusieran la mesa para el almuerzo.

lunes, 17 de agosto de 2009

ENTREVISTA PERSONAL

Hace algunos días fui encomendado para formar parte de un jurado de tres miembros, encargado de evaluar a un grupo de jóvenes de entre 17 a 25 años para alcanzar unas vacantes a un centro de estudios de nivel ténico en una Provincia del Departamento de Amazonas. Ahora lo admito, me sentí emocionado desde que se presentó esta posibilidad, más aún cuando se me dieron las reglas de la evaluación, cada uno de los jurados debíamos encargarnos de un aspecto en general, el primero la personalidad y el dominio de la situación, el segundo la vocación y yo, el tercero, del nivel cultural.
Con algunos días de anticipación me preparé, pues no quería ser sorprendido por las habilidades culturales de ninguno de los entrevistados, pues de ser así quedaría en evidencia pues los exámenes eran orales.
Lo cierto es que para el día del examen los tres jurados preparamos la "escena del crimen", como lo llamó uno de ellos, al ambiente en donde se llevaría a cabo la entrevista. Para darle seriedad sobre una mesa grande con un solemne tapete verde ubicamos dos computadoras tipo notebook, muchos libros voluminosos y hasta una Biblia de cuero, inmensa y sobrecogedora, cubrimos algunas ventanas para volver el ambiente oscuro algo así como una "inquisición", para probar la entereza del postulante y poniendo nuestra cara más seria nos propusimos hacer una evaluación exhaustiva y concienzuda a cada uno de ellos.
Los primeros postulantes, calculo que unos diez a lo sumo, fueron verdaderamente exigidos, con ellos nos tomamos nuestros buenos 20 minutos en cada uno, y fue suficiente para darnos cuenta de que, por lo menos, en el aspecto que yo evaluava, el nivel cultural, pues estábamos desnivelados. Al principio sentí un poco de cólera. Después fue risa. Finalmente terminé desilusionado del pobrísimo nivel cultural y educativo de la juventud de esta parte del país (en realidad debe ser de todo el país, pues los evaluados procedían de casi todos los Departamentos del Norte y Nor oriente, además de Lima y Arequipa). Como los evaluados superaba el medio milllar nuestra tarea duró dos días completos, casi a la carrera con los últimos, pues no teníamos más tiempo de plazo.
Quizás el ritmo frenético de las últimas entrevistas terminó por desmoralizarme y desgastarme. A partir de entonces tengo una visión más compasiva de los jóvenes que sólo tienen acceso a la educación pública, pues son el reflejo de este sistema entrampado y obsoleto que es hoy la educación pública; en esta región aún siguen enseñando profesores que durante la evaluación del 2007 sacaron notas entre 03 y 11, es lógico que con esta clase de "profes" el resultado nunca será bueno. ¿Y ante quien nos quejamos?. ¿A quien le echamos la culpa? ¿Alguien tendrá un medición exacta de los resultados de la educación pública en el ámbito rural? Y aún existen más preguntas difíciles de contestar.
Es increíble las respuestas que recibí a la mayoría de preguntas inocentes que entonces tuve que formular. Las difíciles, las que había preparado nunca las pude hacer, por el nivel cultural. Aquí algunos ejemplos (antes debo aclarar que nadie supo donde nació Miguel Grau, o a que se dedicaba, nadie "acertó" donde queda el Huascarán, lo más cercano fue Lima, confundieron a "Los perros hambrientos" como obra de Mario Vargas Llosa y creen que el río Ene se encuentra en el África, ninguno supo el nombre completo de Túpac Amaru ni lo que hizo José Abelardo Quiñones y siendo de la Amazonía juran que la "serpiente de Oro" es un animal mitológico, para ellos las chullpas son una especie de alimento y alguno jura que San Martín de Porres fue el primer presidente del Perú):
-Dígame Ud. a qué se dedicó los últimos tres años.
-A sembrar café en mi chacra.
-¿Y cuantas hectáreas tiene su chacra?
-Dos hectáreas.
-A propósito ¿cuántos metros cuadrados tiene una hectárea?
-Mil.
-¿Está seguro?
-Si, porque mi chacra de dos hectáreas tiene dos mil metros cuadrados.

A un joven de 23 años le pedí que llevara su mano hacia donde quedaba su trompa de eustaquio... y temerosamente se tocó el bajo vientre. Su rostro reflejaba una sorpresa, la de haber descubierto de pronto que tenía trompa de eustaquio y que seguramente estaba por el mismo lugar en donde están las trompas de falopio (En realidad acabo de comprobar que esta es una pregunta difícil, pues muchos profesionales tampoco saben que tienen una trompa de Eustaquio).

A una jovencita de unos 17 años le pedí que llevara su mano a su occipucio, qué linda, con una sonrisa de una infante a punto de hacer una travesura se llevó lentamente la mano hacia atrás, agarrándose las cuatro letras.

-¿Dígame Ud para qué sirve el apéndice?
-Para que nos operen.

-Muéstreme Ud su dedo anular.
-No tengo (mostrando la palma de la mano abierta con los cinco dedos estirados).

-¿Qué parte de la zanahoria come Ud?
-Las hojas.
-¿Está seguro?
-Si.
-¿Entonces de donde las jala al momento de cosecharlas?
-De más arriba.

La de campeonato:
-¿Quién compuso la quinta sinfonía de Bethoven?
-Oscar Altamirano.

Al finalizar nuestro trabajo, cuando firmábamos las actas con los resultados, mientras los otros miembros del jurado cruzaban algunas explicaciones que yo sólo escuchaba como en la lejanía recuerdo una frase que si llegó clara a mis oídos..."pobrecitos".

domingo, 9 de agosto de 2009

"CIUKAKELA" o "CIUDAD KAKELITE"

Hace unos días visité la ciudad de Lima, después de algunos meses calurosos por el norte del país. El clima como siempre, de acuerdo a esta época del año, sombrío, frío, odioso, con el eterno color de "panza de burro" como dijo J.R.Ribeyro, sin un hilo de sol durante días. Qué diferencia con el del norte. Este clima frío hace triste el movimiento de los limeños, es difícil percibir una cara de alegría en las personas que te atraviesas mientras caminas, claro, el comportamiento humano toma una de sus características del clima, por eso decimos que los "charapas" son calurosos, especialmente en el caso de las mujeres (por si acaso no me consta).
El hecho es que visité la otrora Ciudad Satélite Santa Rosa del Callao, donde vivo (temporalmente, espero...), a la cual su fundadro, el Presidente FBT la llamó también "Ciudadela Santa Rosa". En su época representó la primera gran solución para el problema de vivienda que agobia a todos los peruanos, especialmente a los limeños. Los que la conocimos desde entonces sabemos que tuvo sus verdaderos momentos de apogeo. Fue una comunidad de vecinos, en su mayoría jóvenes, cada uno con su propio estilo de vida, que unieron sus esfuerzos y sus ilusiones e hicieron, en su momento, de este gran espacio, una verdadera isla en esa parte casi lúgubre de los límites del Callao con San Martín, donde el barrio más cercano, VIPOL, ya brillaba con su propia luz, gracias al esfuerzo de los vecinos.
Soy de los que pudieron percibir la vida en comunidad que entonces era un ejemplo para otras comunidades que se venían formando, siempre bajo el concepto arquitectónico de FBT, ahí tenemos las Torres de San Borja, de Limatambo y otras que no recuerdo. Pero Santa Rosa iba a la vanguardia. La gente era más de barrio, más alegre, con más fuerza emotiva. Fácilmente abrían sus puertas a los vecinos, sobre todo para tratar asuntos comunes. Así se mejoraron los jardines, se construyeron veredas, se completaron obras como la parroquia, Colegios Nacionales y Jardines de Infancia.
Inolvidables también son las fiestas que cada año se celebraban en homenaje de la patrona Santa Rosa los 30 de Agosto. Además de ser una fiesta general era una competencia entre rotondas. La alegría era semejante a las que se vive en las fiestas patronales de muchos pueblos del Perú. Quizás una respuesta a la procedencia de muchos de los jóvenes vecinos. Me parece que fue aquí que Alex Kuori, ex alcalde del Callao, le hechó la mirada y se dio cuenta de que se encontraba frente a un filón de votos, haciéndola desde entonces una receptora de sus esfuerzos "desinteresados", pintando todos los edificios periódicamente, no por gusto esta Ciudadela agrupaba unas 1,400 familias que en votos representaban hasta unos 5,000 votos.
Si fueron grandes tiempos. Pero, siempre hay un pero, luego se masificaron los asentamientos humanos en las cercanías, se comenzó con un aumento alarmante de los robos, difícil de enfrentar para la policía. Luego los pandilleros. Y aquí la perdí de vista.
Ahora, algunos años después, regreso a visitarla y el panorama es otro.
Ya no es alegre, es mas bien triste y sucia. Las caras conocidas son pocas. Los antiguos propietarios han emigrado hacia mejores lugares, alquilando o vendiendo sus departamentos a gente que, por lo que se aprecia, tienen más espíritu comercial que social, todos parecen interesados en vender y ofrecer algo. La presencia cada día de nuevos vecinos no permite una relación constante entre sus habitantes.
Pero, a mi juicio, lo peor que ha podido pasarle, a este otrora ejemplo de desarrollo popular ordenado y digno, es que la mayoría de sus habitantes se ha convertido en criador de perros. Hasta parece que hay más perros que personas. Es increíble la cantidad de razas de canes que uno puede encontrar en un pequeño tour por sus calles. Me imagino que de cada tres casa una tiene por lo menos un perro.
Claro, algunos son envidiablemente bonitos, cariñosos y tiernos. Pero me parece que ninguno está bien alimentado. Lo digo por la cantidad de caca que hay en sus calles, en sus pasajes, en sus parques y hasta en las bancas de los parques, bastante diferente de la que se ve por televisíón, que es producida cuando un perro se alimenta de Mimaskot o Pedigreé. Supongo, por sus restos, que todos los perros de la Ciudad Satélite Santa Rosa comen camote o humitas, algunos hasta chapanas o sanguito.
Salir temprano a comprar el pan es un verdadero ejercicio de equilibrio, parecido a ese juego en el cual uno tiene que pisar cuadros del mismo color, para evitar pisar una "sorpresa". Cada viaje matutino a la panadería representa una oleada fétida en tu cerebelo que te quita el apetito. Todo el ambiente huele a caca matutina de perro engreído que se guardó sus ganas nocturnas para esta hora del día.
Y a cuántos vecinos y vecinas te encuentras, de lo más conchudos, paseando al perrito, con su correíta, hablándole cariñosamente, mientras el chucho busca el mejor espacio, donde precisamente no haya otra caca para dejar la suya. Pobrecitos, algunos hasta estreñiditos están, hacen fuerza cerrando sus ojitos mientas el esforzado dueño lo alienta ondeando la correita, como quien enviándole flujos de fuerza para que cumpla con la tarea de adornar las calles.
Si calculamos unos 1,500 perros, cada uno haciendo 150 gramos de materia fecal de diferentes tersuras y colores, tenemos que en una sola salida, estas mascotitas nos dejan 225 kilos regados por las calles de nuestra Ciudadela Satélite de Santa Rosa, sin contar aqellos que les calló mal los huesos de pollo a la brasa de la noche anterior ni a los perros sin dueño y a los machos atraídos por las feromonas de las hembritas que viven bajo techo, entonces creo que fácilemente se supera el cuarto de tonelada de materia fecal perruna, por las mañanas. Dejo de sumar la del resto del día.
¿Qué pasó? ¿Dónde está el espíritu santarosino? ¿A nadie le interera ya la salud y el ornato? ¿Es necesario que vivamos con estas "mascotas" ensuciando las calles y afectando a todos? ¿Porqué cada propietario de mascotas cagonas no las acostumbran a defecar en sus casas y luego ellos mismos recoger sus desperdicios? ¿No es esto lo que dice la Ley? ¿Estamos espreando que aparezca una "gripe perruna" (a la cual llamaría H1-KK1)?
Creo que es necesario un nuevo visionario, Alex Kuori ya no está, para que se empiece a buscar una solución a este problema. Mientras tanto, con el perdón de Santa Rosa, propongo rebautizar a esta Ciudadela Satélite "Santa Rosa del Callao", como CIUKAKELA o CIUDA KAKÉLITE.

PD. (...la tuya, para los Haymes).

viernes, 17 de julio de 2009

EL A/H1-N1 Y SAN JOSEMARIA ESCRIVA

Hace ya algo de tiempo que, haciendo mi recorrido diario, casi siempre nocturno, por el ciberespacio, me di con una página con la biografía, información, milagros e historia de San Josemaría Escrivá de Balaguer, la verdad que no se qué fue lo que atrajo mi atención pero seguí los vínculos por más de dos horas, y la noche siguiente también; al final, quedé converncido de la vida de este santo hombre, que, según yo, tuvo la virtud de reincorporar a los profesionales al seno de la iglesia católica y enseñarnos que para ser agradables y servidores de Dios, algún Dios debe existir, sólo se necesita optimismo y ganas de trabajar, algo que a todos los peruanos nos hace falta.
No debo dejar de decir que San Josemaría Escrivá de Balaguer fue fundador de la "Obra de Dios" o el "Opus Dei" en latín (debería ser más bien la "Opus Dei"), organización que tantos velos de misterio han esparcido entre católicos y no tanto, lo cierto es que desde su existencia grandes obras se han hecho en nombre de Dios y grandes hombres le han dado más espiritualidad a sus vidas.
Con la misma facilidad con que digerí la información que hallé en internet me fui haciendo, sino devoto, por lo menos un gran admirador, aprendí a orar de la forma en que lo hacía e intenté mirar el mundo como lo miró él.
Aprendí a hacer pocos pedidos durante el rezo y más agradecimientos, Los pocos pedidos que hago en mis rezos lo hago en su nombre.
Hace unas noches leí preocupado que la gripe porcina, más conocida por la identificación que se le ha dado al virus que la ocasiona, el A/H1-N1 se viene extendiendo en Lima y en el Callao de manera preocupante, aún cuando el gobierno trata de quitarle importancia a este hecho para no alarmar a la población, sin embargo el aumento del peligro es evidente, tanto, que se han adelantado las vacaciones escolares.
Con esta preocupación en la mente salí a caminar en la noche por las calles del pueblo donde trabajo lejos de la familia, a orillas del río Marañón cerca de los pongos de Retama y Manseriche, con la preocupación de que mis hijos que aún asisten al colegio en el Callao, despreocupados del peligro pueden contagiarse. Lo cierto es que mis pasos se dirigieron, sin querer, a la iglesia matriz del pueblo, una verdadera iglesia de pueblo, pequeña, casi incolora, con arquitectura inidentificable, bancas en su mayoría vacías a esta hora, con una austeridad apostólica que se evidencia en su falta de santos y ornamentos, más parecida a un templo adventista o similar. Me senté, me concentré en San Josemaría, le recordé que era un Santo casi nuevo, con pocos años de servicio y que por eso tenía que escuchar mis pedidos. Imagínense lo ocupados que andarán otros santos más antiguos como San Martín o Santa Rosa con estos tiempos (recién acabo de comprender que esta fue quizás la mayor razón que me hizo su devoto, imaginarme un Santo preocupado por atenderme por no tener a quien más atender). Con esa sensación de seguridad que me atendería por lo que acabo de escribir, le pedí que hiciera alco contra la cochina gripe porcina.
Fue entonces que recién me di cuenta que la misa había comenzado hace un rato que el sacerdtoe anunciaba que aquellos que iban a recibir la hostia en comunión la recibirían en su mano para que no hubiera la posibilidad de contagiarse con "el virus del H1-N1", como lo dijo el mismo, y, que además, cuando el lo indicara, al momento de darse la paz entre hermanos, sólo sería necesario darse una palmadita en el hombro, puer darse la mano, tocarse la cara o darse un beso aumentaba las posiblidades de un contagio.

Me invadió una sensación de seguridad enorme y sonreí. Me dije todos por los que pido siéntanse seguros. Me arrellané en mi lugar y me preparé a repartir palmaditas en el hombro de mis hermanos.
Todos deberíamos tener un santo tan servicial.

domingo, 5 de julio de 2009

EL WAITUKEI Y EL MUNDO VIRTUAL

EL WAITUKEI Y EL MUNDO VIRTUAL
Estaba recordando las definiciones que nos daban para explicarnos sobre el “efecto dos mil”, especialmente pocos años antes de la llegada del 2000, con el cual, como decían los conferencistas de entonces, llegarían nuevos paradigmas, entre ellos el concepto de lo “virtual”.
Créanme, asistí a muchas conferencias de argentinos, panameños, norteamericanos, hasta de un coreano, todos ellos preparándonos para la llegada del 2,000, por cierto que existía una gran preocupación por el esperado fenómeno “Y2K” (Waitukei).
En síntesis, este fenómeno era el temor a los efectos que podrían producirse por el mal funcionamiento de las computadoras, que estábamos acostumbrados a manejar con fechas de dos dígitos, es decir 1998 era igual a 98, 1999 era 99 y entonces el 2000 tendría que ser 00; son estos dos ceros que las máquinas tendrían que interpretar para trabajar como habían sido programadas y, en la mayoría de casos, estos dos ceros significaban que el operador no había ingresado aún la información o que el archivo no contenía información, lo cual indicaba a la computadora realizar una acción diferente a la que esperábamos. Bueno pues, como en el mundo todo lo hacen las computadoras, desde elevar un ascensor, hasta controlar la temperatura y los signos vitales de un paciente en un quirófano, los resultados parecían desastrosos.
La realidad fue otra, más fue ruido que nueces o, gracias a las previsiones, no se presentó ningún problema a nivel mundial.
Fue justamente este resultado el que le dio más validez al otro concepto, al “virtual”. Este concepto no es otra cosa que quitarle el elemento distancia a cualquier actividad humana, quitarle la distancia a la realidad; es decir, cuando hacemos alguna cosa virtual, no tomamos en cuenta para nada la distancia, por eso que hacemos depósitos bancarios “virtuales”, donde la distancia no existe y lo hacemos desde nuestra casa. El mundo se convirtió entonces en la “aldea virtual” que es ahora. Un hecho que sucede en las Islas Maldivas inmediatamente se conoce en todo el mundo. Las fronteras tendrían que haberse convertido en un elemento de unión más que en una línea limítrofe.
Y efectivamente así es. Es “virtual” nuestro cheque de fin de mes, directo al banco, “virtual” nuestras compras, “virtual” algunos lazos amicales y familiares, “virtual” es casi toda nuestra actividad profesional, nos registramos, recibimos nuestras órdenes, damos cuenta de los resultados, muchas veces sin ver a nuestros jefes durante semanas.
Les juro, rezando en la iglesia también siento que hablar con Dios, la Virgen y los santos es “virtual”.
Si, increíble, casi todo es “virtual”.
Hace algunos días tuve una necesidad urgente de dinero, busqué en mis bolsillos, que parecen de pantalón de payaso pues no tienen fondo, …nada. En la billetera, nones. Entonces reparé en la tarjeta electrónica verde, esa de las tiendas y banco chileno, le dí trámite y asunto solucionado. Claro el verdadero drama seguro que será a fin de mes.
Besé mi tarjeta, creo que más de una vez y para adelante.
¡Que viva el “mundo virtual”!.
Pero…, hay cosas que no pueden ser virtuales, lo digo por experiencia, el beso del amor de tu vida, el calor de tu pareja, la inocente sonrisa de un hijo, la caricia desprevenida del otro hijo, el abrazo a los padres o hermanos, que a veces, en soledad, sientes necesarios, las palmas en el hombro de los amigos, los afectos de todos los que significan algo en tu vida, esos momentos que parecen intrascendestes pero que son fundamentales para mantener el espíritu tranquilo, para reconfortar y alimentar el alma, esos jamás serán virtuales.
Quisiéramos que si.
Sobre todo para poder recuperar el tiempo perdido y decirle a aquel que ofendiste que lo hiciste sin querer, para darles ese beso que quisiste y que no tuviste el valor de darle a tus padres y hermanos, para confundirte en un abrazo con aquellos que ya partieron y darles la esperanza de que seguiremos sus consejos, para evitar esa decisión que nos llevó a una situación de la que hoy nos lamentamos, si, todo esto jamás será virtual.
Ahora espero que para el 2010, 2020, 2030, o, no sé, quizás para el 3000, claro que para entonces ya no me interesa, aparezca otro concepto parecido, pero que en vez de extraer la distancia de la realidad ahora extraiga el tiempo, para poder retroceder y abrazar a los que están lejos, disfrutar los momentos que dejé pasar, ayudar en lo que pude y no lo hice, para volver a elegir a los mismos amigos, los mismos padres y los mismos hermanos, para poder tomar las decisiones correctas… como por ejemplo, …nunca escribir esto.

sábado, 27 de junio de 2009

LOS PEORES CRÍMENES

LOS PEORES CRÍMENES
Estuve trabajando hasta hace poco en una dependencia que permite tratar de cerca con delincuentes y con todo tipo de hecho delictivo, directamente de los denunciantes como de los agresores. Mi idea sobre la magnitud y la importancia que tenía cada tipo de delito era, según creo como la de la mayoría, que son más violentos y que dejan mayores secuelas en la vida de las personas, los homicidios, los robos, los asaltos, las agresiones violentas en la calle.
Es probable que este concepto sea inducido por el tremendo bombardeo que hacen los medios de comunicación sobre nosotros, es fácil comprobar, como son más exitosos aquellos medios que apelan a la imagen desgarradora del adolorido agraviado, reclamando por un violento robo, o cómo se asedia a los familiares de las víctimas de asesinatos que, no pueden ocultar sus muestras de dolor frente a las cámaras que invaden como si nada la privacidad de las personas, cómo se prefiere darle coberturas dignas de mejor propósitos, a homicidios o intervenciones policiales que grafican la violencia de las calles. Ya estamos casi acostumbrados con ese sonsonete que usan todos los reporteros recitándolo de memoria “…y los familiares protagonizaron desgarradoras escenas de dolor”, mostrándonos imágenes en verdad desgarradoras, que más que malograrnos el desayuno nos malogran todo el día. Hasta aquí es fácil explicarse porqué muchas personas son particularmente malhumoradas durante el tránsito hacia su trabajo.
Pero lo que quería escribir, apelando al hecho de que escribir para mi es una catarsis, se refiere a que, con un año de trabajo en la calle, viviendo entre delincuentes y hechos delictuosos he cambiado mi forma de pensar. Son para mí, ahora, más graves, más inhumanos y sobre todo más crueles, las violaciones, los delitos cometidos como consecuencia de adicciones y la violencia familiar, no sé si en ese orden.
He podido apreciar cómo una violación denigra a la persona, cómo cambia el concepto y la visión de la vida de una persona violada, cómo su vida gira sobre este hecho a partir del mismo, cómo los temores las desbordan llevándolas al extremo de volverse ánimas insociables, la mayoría de ellas, personas que jamás podrán volver a desenvolverse normalmente en el aspecto conyugal, que serán martirizadas con el recuerdo permanente que pocas veces el psiquiatra puede revertir, mientras que por otro lado, los familiares cercanos, con el dolor de sentirse responsables ya sea por la misma violación o por no poder hacer nada por recuperarlos a una vida normal, viviendo un enorme sentimiento de culpa que lo único que hace es crear y fortalecer un muro insalvable entre ellos.
De manera similar, el enorme drama que acompaña a los delitos asociados a algún tipo de adicción es inenarrable, no hay forma de comprender cómo una persona puede llegar tan bajo como consecuencia de una drogadicción. Si existe el infierno este debe ser una de sus puertas de ingreso. No alcanzo a comprender cómo algunos padres llegan a desear la muerte de un hijo, cómo los hijos adictos llegar al parricidio o al homicidio injustificable por mantener su adicción. Es increíble cómo fortunas familiares se esfumaron en el intento por recuperar a un adicto, como familias enteras tienen que vivir y acompañar por cariño a un hijo, un hermano, al padre o madre en tratamientos desadictivos con procedimientos que parecen de la edad media y, la mayoría de veces con pocas esperanzas de conseguir resultados ciertos; sin embargo, ni el estado ni la sociedad se hará cargo de ellos. Dicen que cada cual cargamos una cruz, pero que pesada la de estas personas, que llegan a desear la muerte.
El otro caso que, por lo menos para mí, resultó de enorme trascendencia y que afecta la vida normal de un niño o adolescente es la violencia familiar, específicamente la violencia entre padres o convivientes. Es difícil explicar porqué tiene que ser trágico, pero la mirada desconcertada de un niño o adolescente, en el interior de una comisaría, a donde ha llegado acompañando a la madre agredida que denuncia al padre agresor, o al revés, el cual, como sucede con cualquier hijo que quiere a sus padres, se ve en la encrucijada de acompañar en la denuncia al padre o a la madre, es la mejor explicación para el resultado que tienen estos hechos. La expresión de un hijo que hasta entonces creía que vivía en un hogar feliz, protegido por ambos padres y que comienza a entender que quizás jamás volverá a tenerlos juntos, con los ojos llorosos y una mueca que contiene rasgos de dolor, abandono, infinita incredulidad y la certeza de que jamás la vida será como antes es inconfundible. No me alcanzó el tiempo y no creo encontrar la forma adecuada para explicarle a un niño porqué sus padres ya no se quieren llegando al extremo de agredirse, no lo entienden, sólo presienten que algo ha empezado a quebrarse. Lo se por sus miradas. Con los ojos nos preguntan ¿Y ahora qué?, ¿Es por mi culpa?. Y lo peor es no tener respuestas. La mezcla de tristeza y desconcierto en la mirada de estos niños será por mucho su marca registrada.
¿Y saben qué es lo peor en estos tres casos?, que el resto nos pasaremos la vida acusándoles, señalándoles. ¿Acaso hipócritamente pretendemos no reconocerlos en el colegio, en las iglesias, por las calles? ¿Acaso no evitamos que nuestros hijos traten con ellos? ¿Acaso no cuchicheamos frente a una persona violada, a un ex adicto o sus familiares o frente a un niño que vive sólo con uno de sus padres? ¿Tendremos que, por siempre recordarles el mal momento que les otorgó la vida, y del cual no son culpables?. Es cierto, no existe ni apoyo social ni respuesta del estado a favor de estas personas, y, como siempre trataremos de mantenernos como convidados de piedra frente a estos dramas. Es la forma cómoda que tenemos de sobrevivir.En todo caso, de todas maneras hoy descansaremos bien, sin remordimientos, quizás yo menos que ustedes, al fin, el escribir es una catarsis para mí. Se los dije al principio.

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...