Cuando alguno de nosotros se traslada a vivir a la selva peruana simplemente sastisface su curiosidad por la grandeza de nuestra geografía, creo que es el caso de la mayoría por lo menos, ponemos a prueba nuestra imaginación, si lo que imaginamos durante nuestras clases de geografía o en las lecturas de libros y revistas tiene alguna cercanía con la realidad, pero nos damos con la sorpresa que la naturaleza por lo general traspasa nuestra imaginación. Los paisajes y las sensaciones que se viven en directo no tienen ni cercanía con lo que imaginamos. Simplemente, es grandioso.
Y también comienzan a llegar a nuestros oídos historias sobre personajes y espíritus que habitan en nuestra amazonía, que cuando son contadas por los lugareños no puedes dejar de percibir la pasión, la fe,el sentimiento que ponen por hacerte partícipe de estas, más que creencias, vivencias espirituales. No he sido ajeno a estas emociones.
Hace unas noches, mientras retornábamos a nuestros alojamientos, pasadas las diez de la noche, con un grupo de personas con las cuales trabajo, tomamos por un pasaje por donde todos nosostros nunca habíamos transitado, y que ahora lo hacíamos por invitación de un personaje simpático del grupo al cual solamente llamamos "Guayacho", natrivo del lugar, con la intención de acortar las distancias; desde que tomamos este pasaje con frondoza vegetación a ambos lados, que con la luna al fondo dibujaba sombras atemorizantes sobre nuestras cabezas, percibimos que los ruidos de la selva cesaron casi en su totalidad, que nos obligaba a conversar en voz baja contagiados por la sensación de pequeñez ante una ruta desconocida.
No recuerdo en que momento lo percibí, pero cada cierto tramo parecía que alguien nos silvaba desde atrás de las sombras, como si nos acompañara en nuestra trayectoria, no dije nada pero noté que efectivamente iba con nosotros, a veces silvaba del lado derecho, otras del lado izquierdo, pero siempre con el mismo tono como dejando en claro que se trataba de la misma persona.
Después de unos veinte minutos de caminata durante los cuales recuerdo haber conversado pero no recuerdo sobre qué, cuando ya presentíamos que llegábamos a nuestro destino percibí que una persona venía por el mismo sendero pero en sentido contrario, sólo cuando pasó a nuestro lado me pude dar cuenta de quién se trataba, era "Mañuco", uno de los mosos que siempre nos atendía bien en el restaurante donde todos nos encontrábamos pensionados. Yo iba inmeditamente detrás de "Guayacho", quien también se pensionaba en el mismo lugar y que por supuesto lo conocía, intenté adelantarme para saludarlo, pero "Guayacho", minimizando sus ademanes se me adelantó con un gesto que entendí de inmediato que debía ignorarlo tal como el lo hacía. "Mañuco" pasó cerca de nosotros, al cruzarse conmigo un paquete de luz de luna que atravesó la vegetación le dio de lleno en la cara y pude darme cuenta que en realidad no se trataba de "Mañuco", era otra persona que me pareció haber visto alguna vez y que sin inmutarse se cruzó con todos nosotros desapareciendo en la oscuridad.
Unos segundos después, noté que ya llegábamos a nuestro alojamiento. Nuevamente los sonidos estereofónicos y ecualizados de la selva endulzaron mis oídos. Le pregunté a "Guayacho" en forma natural:
-¿Quién es ese tipo? ¿...lo conoces?.
- Si - me dijo - ...es el "chullachaqui".
Esa noche, antes de dormirme, busque en internet "chullachaqui" y esto es lo que encontré:
EL CHULLACHAQUI
(Espíritu de los Pies Desiguales)
El Chullachaqui, siempre adopta la figura o la forma de una persona amiga conocida del pueblo, para engañar a la que va a ser su víctima y hacerle perder en la espesura de la enmarañada selva. Muchos pobladores aseguran que en muchas oportunidades han visto las huellas o pisadas desiguales del que dicen Chullachaqui, impresos en el barro, otros dicen que es un demonio que cuida la selva para que no penetren en ella.
Cuentan así mismo los pobladores, que en Armayari, un bello pueblo enclavado en la selva del Departamento de San Martín a 1 Km. aproximadamente de la población, se encuentra la guarida o casa de los Chullachaquis. Relatan que un día a horas de la tarde un vecino del lugar llamado Juan Nicolás, después de haber bebido una gran cantidad de masato (licor a base del fermento de la yuca), decidió ir a al chacra para ayudar a su padre quien se encontraba realizando las labores agrícolas.
Al pasar por el referido lugar, improvisadamente se le presentó una persona igualita a su padre y sin dejarlo avanzar le dijo; "He venido a esperarle, sígueme vamos a la chacra". Juan Nicolás un poco sorprendido obedeció sin decir una sola palabra siguió caminando junto con su inesperado acompañante por un camino bastante ancho pero a medida que iban avanzando el camino se hacia cada vez más angosto. En ese trayecto sorpresivamente se detuvo y le dijo: "Hasta aquí te he acompañado, tu te quedas y yo me voy, y desapareció del lugar, riendo burlonamente.
Recién Juan Nicolás se dio cuenta que se encontraba perdido en un enorme bosque y por más que busco el camino para regresar a su casa no lo encontró. Desesperado ando por el monte llamando con voz en cuello a alguien que pudiera encontrarse cerca para que lo saque del lugar pero nadie respondió.
Al darse cuenta los familiares que Juan Nicolás no se encontraba ni en su casa ni en la chacra, de inmediato salieron a buscarlo, logrando localizarlo después de cuatro días de intenso trajín. Pero Juan Nicolás había perdido la razón. Ya en su casa comenzaron a curarlo pero no conseguían volverlo a su estado normal. En vista de que no recobraba el conocimiento decidieron llevarlo a un curandero para que lo tratara. El curandero les pidió que llamaran al sacristán y al cantor de la iglesia y conjuntamente con los familiares del enfermo caminaron hasta el sitio en donde habían encontrado a Juan Nicolás. Al llegar al lugar prendieron las velas que habían llevado y comenzaron en voz alta a llamar al alma de Juan Nicolás. A continuación emprendieron el camino de regreso haciendo sonar la campanilla, cantando y sin mirar hacia atrás, cuando llegaron encontraron que Juan Nicolás se encontraba profundamente dormido y entonces comenzaron a llamarlo diciéndole: "Juan Nicolás, Juan Nicolás..." y después de un largo suspiro Juan Nicolás despertó ya completamente sano y salvo del hechizo del CHULLACHAQUI.
Tomado de: http://www.juanjuionline.net/costumbres/chullachaqui.htm
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Un rincón para leer algunos cuentos de desconocida inspiración. No es pretencioso intentar que durante la lectura tengas que guglear, la idea es incorporar algo nuevo a tu conocimiento con cada lectura. Es una apuesta, si no googleas durante uno de los cuentos, me avisas en cual fue y te haces merecedor a un regalo digital. La casa recomienda usar BARD, la inteligencia artificial de Google.
LA PENSION
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