LA PENSION

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sábado, 22 de agosto de 2009

INGENIERIA DEL FUTURO

Como cualquier niño de su edad, a los 10 años, su visión de la realidad debe ser muy particular, seguro que interpreta los hechos relacionándolos con lo que conoce hasta ahora del mundo, tiene la particularidad de que parece pensar siempre las cosas antes de decirlas, pero no deja de sorprender su razonamiento. Nunca está apurado, ni siquiera cuado su mamá le descubre que no ha completado las tareas escolares del día, la única ley que hasta ahora conoce y la aplica, es la del menor esfuerzo, quizás debido a su contextura gruesa es que siempre toma el camino más corto de todas las cosas, a veces se le nota obeso, pero de gordito no baja.
Pese a que prefiere no esforzarse ni emocionarse por las cosas que realmente interesan, cuando ve un animalito, un juego o una serie nueva su curiosidad se dispara y pareciera que no tiene límites. Desde más pequeñito podía diferenciar animales que para la mayoría son raros o desconocidos, gracias a sus horas sentado frente al "Animal Planet" y a sus monólogos con el "Cazador de Cocodrilos". Reconozco que fue un error dejarlo usar la computadora desde muy pequeño y más aún permitirle el uso y abuso de cada juego que encontraba.
A estas alturas, quien ya leyó algunas de mis entradas al blog ya intuye que estoy hablando de mi hijo.
El hecho es que está a punto de cumplir once años. Según yo edad precisa para que decida su futuro, para que elija la profesión que le va a durar toda la vida, que le va a permitir comer y sobre todo que va a hacer felices a sus padres (me cuesta reconocerlo pero he caído en el egoísmo de cualquier padre, que con el afán de hacer de sus hijos lo que uno no fue pretende elegir el camino por ellos. En mi caso, quizás es justificable, porque alguna envidia siento de tener sobrinos que a su corta edad ya han alcanzado méritos académicos). En torno a esta idea se me ocurrió, hace algunos días cuando estuve por Lima, llevarlo a pasear por los alrededores de la UNI, y buscar la forma de convencerlo porque vaya eligiendo ya alguna ingeniería como carrera.
Llegamos frente a la UNI, lo primero que quizo fue que le invitara una bolsita de "yuquitas", esas de harina que venden en las esquinas limeñas, "se ven ricas" dijo. Lo convencí de que más adelante nos íbamos a tomar una gaseosa acompañada de su sánguche. Cruzamos el puente peatonal y nos encontramos con una cantidad de piratas que venden software de todo tipo, juegos, manuales, tesis, demostrativos, programas de diseño en 3D y toda aquella oferta increible a la que tenemos que recurrir los peruanos por nuestro bajo presupuesto. Se le iluminaron los ojos cuando comenzó a leer las carátulas de los CDs. No que que parte de su percepción usaba pero siempre su mirada se dirigía hacia un juego nuevo, justo el que estaba esperando. Casi a jalones lo llevé mas allá, donde estaban los CDs con información y todo tipo de software para todas las ramas de la ingeniería. No me pareció que la emoción desapareciera de su rostro cuando encontró un CD de la facultad de mecatrónica, "Asu, los transformers..." dijo. Si, aproveché para despertar su interés, si estudias mecatrónica o robótica podrás contruir tus propios modelos le recordé mientras le enseñaba a lo lejos el pabellón que yo suponía era el de esa especialidad. Después le mostré CDs con gráficos en 3D usados en arquitectura, ingenieria electrónica y en todas las especialidades, en cada una de ellas le hacía una reseña tratando de estimularlo y descubrir cual sería su verdadera inclinación, incidiendo en que podría ganar mucho dinero, más de lo que gana su papá.
Tarea difícil, mostraba la misma emoción para todas las ingenierías, más para aquellas que tenían un CD con bastantes gráficos, cuestión de detalles pensé. Comencé a emocionarme también y a mi la emoción me conduce invariablemente a la cafetería.
Nos dirigimos a un pequeño kiosco ubicado en la entrada a un segundo piso. Pedí dos gaseosas para ambos, el pidió una que pudiera llevarla (siempre es así, las cosas que le gustan las hace durar más, qué muchacho) acompañado de una sabia elección, un paquete de galletas de dieta.
Caminamos casi una cuadra para tomar la movilidad que nos regrese a casa, sus mejillas seguían coloradas pintadas por la emoción. Y como quien no quiere saberlo le pregunté "Qué ingeniería te gusta?", no me contestó, destapó la gaseosa, apuró un sorbo, la volvió a tapar. Inteligentemente interpreté el gesto. No quiere que lo apuren. Pero me dije si dejo que las mejillas se le despinten adios emoción y adios interés. Insistí. "Qué te gustarías estudiar hijo?".
Suspiró para adentro, como sólo lo hacen los niños y mirando al horizonte, quizás al futuro que nosotros no veremos contestó sin perder la frescura "Ingeniería Artística...".
La siguiente vez que abrí mi boca para pronunciar otra palabra ya estábamos en casa esperando que pusieran la mesa para el almuerzo.

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