LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

jueves, 15 de diciembre de 2011

MI ADIOS AL FUTBOL.

Dicen que los hinchas nunca abandonan a sus equipos ni en las malas.
Hace unos veinte años, poco más o menos, era un concurrente asiduo a los estadios. Mi rutina dominguera era levantarme temprano, con resaca o no, la pichanguita del barrio, por ahí un cebichito de carretilla, el almuerzo en familia y en la tarde al fútbol. Por supuesto que los domingos cuando mi equipo jugaba de visita la rutina era otra.
Me creía eso de que había que colaborar con el club y siempre pagaba mi entrada a occidente, teniendo la posibilidad de entrar “de bajada” (Reconozco que más de una vez lo hice cuando las entradas se habían agotado), afectando lo poco que entonces podía ahorrar. Pero el amor al club era grande.
Los recuerdos de esta época son para mi memorables, el estadio nacional a reventar, con dobletes y hasta tripletes que nos obligaban a pasarnos casi todo el domingo en el fútbol. No existían la delincuencia disfrazada de hincha, hoy llamadas “barras bravas”. Hasta fui testigo de la muerte de un futbolista en la cancha del Unión Minas y de la fractura de cráneo de “kilo” Lobatón por un cabezazo de Escobar, por mi retina pasaron jugadas de grandes maestros, todos los seleccionados peruanos que fueron a un mundial y otros muchos peruanos que siendo inmensos no llegaron a una selección y también de jugadores que debiendo dedicarse a otra cosa eran considerados titulares. No puedo dejar de mencionar a los extranjeros que pude ver.
También derramé algunas lágrimas por aquel grupo de jóvenes que cayeron al mar tras jugar en Pucallpa y que se llevaron al cielo la enjundia de su equipo por años.
O sea, viví y sufrí como verdadero hincha.
Pero renuncié. Así como lo escribo, renuncié a ser hincha del futbol. No se si asqueado de seguir tras la esperanza de clasificar a un mundial y que nunca se lograba por el trabajo horroroso, negligente y mafioso de la dirigencia de fútbol, o porque parte de esto lo vi en el equipo que con tanto cariño seguía domingo tras domingo. Renegué de haber gastado tanto en entradas para que todo se lo llevaran dirigentes delincuentes que jamás buscaron el engrandecimiento de su equipo sino solo el interés particular, a través de negociados turbios. No se cómo los percibirán los demás hinchas, pero en mi caso, puedo decir que la desconfianza contra los dirigentes se ha hecho irreversible, he sido testigo de dobles contratos, de ventas y traspasos de jugadores inexplicables, de contrataciones de jugadores tramposas, de “argollas” y de “carruseles” interminables; y terminé alejándome de los estadios.
Y no me arrepiento. Hasta me parece que sin fútbol se vive mejor.
Pero este año, el fenómeno de la propaganda de la selección de fútbol, como a la mayoría de los peruanos, también me atrapó.
Vi buenas intenciones, un buen entrenador, bonitas y cuidadas palabras, jugadores cambiados, menos dirigentes y un interés general y regresé al fútbol.
Nuevas ilusiones y la misma esperanza para un hincha ahora mucho más viejo.
Pero es cierto aquello de que la realidad supera la ficción. En números fríos estamos peores o quizás igual que los dos procesos anteriores. No puedo dejar de admitir que en esperanzas e intenciones estamos mejor. Pero esto no nos garantiza nada.
El fútbol es fútbol. El amor a un club jala a la selección y el amor a la selección jala a un club.
Y regresó el hincha en mí. Hasta hoy.
Tuve la esperanza y la ilusión de verme campeón. La verdad que un poco tarde, recién me interesé por mi club un par de fechas antes del final del campeonato.
Sólo reconocí a uno de los jugadores. Jugó en España y no creo que esté muy lejos de los cuarenta. Me parece que sólo debió jugar en Chiclayo, en Lima no era necesario, esta opinión la tuve desde antes del partido. No pretendo ser el general que vence las batallas después de la guerra como es cualquier hincha.
Pero vi más de lo mismo. Jugadores sin “huevos”, en ambos equipos, entrenadores que apuestan no que deciden, la misma fauna de dirigentes y “figuretis”, los mismos vicios y errores pero más violencia.
El fútbol es de temer.
Lamentablemente soy un especialista en prever, mi tema ha sido casi siempre la inteligencia y camino casi siempre con la suspicacia.
Para los que me escucharon, lo dije al finalizar el segundo partido.
No es casualidad que el presidente del otro quipo haya promovido cinco veces seguidas la prórroga de la ley de protección empresarial para algunas empresas. Con menos se consigue un campeonato.
Y el “búfalo” me dio la razón. Él, que se ganó ese apodo por su comportamiento aguerrido y tenaz partido tras partido, el mismo que se ganó la atención de muchos, entre ellos yo, a través de su esfuerzo y sacrificio que los noticieros mañaneros difundían con mucha emoción, aquel que tantas veces jugó al borde de la lesión y que vimos lesionarse producto del esfuerzo desplegado, ayer, pareció un manso becerrito. Sudando a cuentagotas, renunciando al más mínimo esfuerzo, con la complacencia de un ¿entrenador?, que dizque lo puso sabiendo que estaba lesionado.
Luego la sorna. Ese cantito en televisión. Esos hinchas de un equipo, blanco percudido, que hoy son “rojos” y norteños a morir, porque simplemente ser hincha viene con un paquete de odio gratis hacia otros hinchas.
O esa llamada telefónica segundos después de perdido el campeonato de una señora ¿amiga? que sólo me llama para contarme que se compró un auto, un nuevo “depa” o que se va de juerga o de viaje preguntándome si estoy llorando.
Y me doy cuenta que todo esto ya lo he vivido.
Pero la pregunta es ¿vale la pena vivirlo de nuevo?
Para mi, no.
Pero por supuesto que no pierdo la distancia, tengo muy claro que solo soy un hincha, no como aquellas figuras públicas, tecnócratas y eminencias que acomodándose en la calidad de hincha tienen mucho más que perder. Para ellos y para muchos otros si. Mejor para todos si, menos para mi.
Por eso, hoy, renuncio al fútbol.
La vida tiene muchas cosas por las cuales sufrimos, pienso que si le quito una mejor.
Que me perdonen los que quieren verme hincha, aquellos que cruzaron opiniones conmigo y que compartieron momentos agradables de conversa y de tragos. Que me perdonen la selección, coca cola, la Backus y Markarián, y aunque soy como la hormiga en el pescuezo del elefante, renuncio.
Hoy recuerdo las palabras de Mauricio, y debo aceptar la tremenda y trascendente verdad filosófica que encierran, cuando me dijo “Papá, el fútbol, ni en Play Station…”.

LA PENSIÓN

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