LOS PEORES CRÍMENES
Estuve trabajando hasta hace poco en una dependencia que permite tratar de cerca con delincuentes y con todo tipo de hecho delictivo, directamente de los denunciantes como de los agresores. Mi idea sobre la magnitud y la importancia que tenía cada tipo de delito era, según creo como la de la mayoría, que son más violentos y que dejan mayores secuelas en la vida de las personas, los homicidios, los robos, los asaltos, las agresiones violentas en la calle.
Es probable que este concepto sea inducido por el tremendo bombardeo que hacen los medios de comunicación sobre nosotros, es fácil comprobar, como son más exitosos aquellos medios que apelan a la imagen desgarradora del adolorido agraviado, reclamando por un violento robo, o cómo se asedia a los familiares de las víctimas de asesinatos que, no pueden ocultar sus muestras de dolor frente a las cámaras que invaden como si nada la privacidad de las personas, cómo se prefiere darle coberturas dignas de mejor propósitos, a homicidios o intervenciones policiales que grafican la violencia de las calles. Ya estamos casi acostumbrados con ese sonsonete que usan todos los reporteros recitándolo de memoria “…y los familiares protagonizaron desgarradoras escenas de dolor”, mostrándonos imágenes en verdad desgarradoras, que más que malograrnos el desayuno nos malogran todo el día. Hasta aquí es fácil explicarse porqué muchas personas son particularmente malhumoradas durante el tránsito hacia su trabajo.
Pero lo que quería escribir, apelando al hecho de que escribir para mi es una catarsis, se refiere a que, con un año de trabajo en la calle, viviendo entre delincuentes y hechos delictuosos he cambiado mi forma de pensar. Son para mí, ahora, más graves, más inhumanos y sobre todo más crueles, las violaciones, los delitos cometidos como consecuencia de adicciones y la violencia familiar, no sé si en ese orden.
He podido apreciar cómo una violación denigra a la persona, cómo cambia el concepto y la visión de la vida de una persona violada, cómo su vida gira sobre este hecho a partir del mismo, cómo los temores las desbordan llevándolas al extremo de volverse ánimas insociables, la mayoría de ellas, personas que jamás podrán volver a desenvolverse normalmente en el aspecto conyugal, que serán martirizadas con el recuerdo permanente que pocas veces el psiquiatra puede revertir, mientras que por otro lado, los familiares cercanos, con el dolor de sentirse responsables ya sea por la misma violación o por no poder hacer nada por recuperarlos a una vida normal, viviendo un enorme sentimiento de culpa que lo único que hace es crear y fortalecer un muro insalvable entre ellos.
De manera similar, el enorme drama que acompaña a los delitos asociados a algún tipo de adicción es inenarrable, no hay forma de comprender cómo una persona puede llegar tan bajo como consecuencia de una drogadicción. Si existe el infierno este debe ser una de sus puertas de ingreso. No alcanzo a comprender cómo algunos padres llegan a desear la muerte de un hijo, cómo los hijos adictos llegar al parricidio o al homicidio injustificable por mantener su adicción. Es increíble cómo fortunas familiares se esfumaron en el intento por recuperar a un adicto, como familias enteras tienen que vivir y acompañar por cariño a un hijo, un hermano, al padre o madre en tratamientos desadictivos con procedimientos que parecen de la edad media y, la mayoría de veces con pocas esperanzas de conseguir resultados ciertos; sin embargo, ni el estado ni la sociedad se hará cargo de ellos. Dicen que cada cual cargamos una cruz, pero que pesada la de estas personas, que llegan a desear la muerte.
El otro caso que, por lo menos para mí, resultó de enorme trascendencia y que afecta la vida normal de un niño o adolescente es la violencia familiar, específicamente la violencia entre padres o convivientes. Es difícil explicar porqué tiene que ser trágico, pero la mirada desconcertada de un niño o adolescente, en el interior de una comisaría, a donde ha llegado acompañando a la madre agredida que denuncia al padre agresor, o al revés, el cual, como sucede con cualquier hijo que quiere a sus padres, se ve en la encrucijada de acompañar en la denuncia al padre o a la madre, es la mejor explicación para el resultado que tienen estos hechos. La expresión de un hijo que hasta entonces creía que vivía en un hogar feliz, protegido por ambos padres y que comienza a entender que quizás jamás volverá a tenerlos juntos, con los ojos llorosos y una mueca que contiene rasgos de dolor, abandono, infinita incredulidad y la certeza de que jamás la vida será como antes es inconfundible. No me alcanzó el tiempo y no creo encontrar la forma adecuada para explicarle a un niño porqué sus padres ya no se quieren llegando al extremo de agredirse, no lo entienden, sólo presienten que algo ha empezado a quebrarse. Lo se por sus miradas. Con los ojos nos preguntan ¿Y ahora qué?, ¿Es por mi culpa?. Y lo peor es no tener respuestas. La mezcla de tristeza y desconcierto en la mirada de estos niños será por mucho su marca registrada.
¿Y saben qué es lo peor en estos tres casos?, que el resto nos pasaremos la vida acusándoles, señalándoles. ¿Acaso hipócritamente pretendemos no reconocerlos en el colegio, en las iglesias, por las calles? ¿Acaso no evitamos que nuestros hijos traten con ellos? ¿Acaso no cuchicheamos frente a una persona violada, a un ex adicto o sus familiares o frente a un niño que vive sólo con uno de sus padres? ¿Tendremos que, por siempre recordarles el mal momento que les otorgó la vida, y del cual no son culpables?. Es cierto, no existe ni apoyo social ni respuesta del estado a favor de estas personas, y, como siempre trataremos de mantenernos como convidados de piedra frente a estos dramas. Es la forma cómoda que tenemos de sobrevivir.En todo caso, de todas maneras hoy descansaremos bien, sin remordimientos, quizás yo menos que ustedes, al fin, el escribir es una catarsis para mí. Se los dije al principio.
Un rincón para leer algunos cuentos de desconocida inspiración. No es pretencioso intentar que durante la lectura tengas que guglear, la idea es incorporar algo nuevo a tu conocimiento con cada lectura. Es una apuesta, si no googleas durante uno de los cuentos, me avisas en cual fue y te haces merecedor a un regalo digital. La casa recomienda usar BARD, la inteligencia artificial de Google.
LA PENSION
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