Hace ya algo de tiempo que, haciendo mi recorrido diario, casi siempre nocturno, por el ciberespacio, me di con una página con la biografía, información, milagros e historia de San Josemaría Escrivá de Balaguer, la verdad que no se qué fue lo que atrajo mi atención pero seguí los vínculos por más de dos horas, y la noche siguiente también; al final, quedé converncido de la vida de este santo hombre, que, según yo, tuvo la virtud de reincorporar a los profesionales al seno de la iglesia católica y enseñarnos que para ser agradables y servidores de Dios, algún Dios debe existir, sólo se necesita optimismo y ganas de trabajar, algo que a todos los peruanos nos hace falta.
No debo dejar de decir que San Josemaría Escrivá de Balaguer fue fundador de la "Obra de Dios" o el "Opus Dei" en latín (debería ser más bien la "Opus Dei"), organización que tantos velos de misterio han esparcido entre católicos y no tanto, lo cierto es que desde su existencia grandes obras se han hecho en nombre de Dios y grandes hombres le han dado más espiritualidad a sus vidas.
Con la misma facilidad con que digerí la información que hallé en internet me fui haciendo, sino devoto, por lo menos un gran admirador, aprendí a orar de la forma en que lo hacía e intenté mirar el mundo como lo miró él.
Aprendí a hacer pocos pedidos durante el rezo y más agradecimientos, Los pocos pedidos que hago en mis rezos lo hago en su nombre.
Hace unas noches leí preocupado que la gripe porcina, más conocida por la identificación que se le ha dado al virus que la ocasiona, el A/H1-N1 se viene extendiendo en Lima y en el Callao de manera preocupante, aún cuando el gobierno trata de quitarle importancia a este hecho para no alarmar a la población, sin embargo el aumento del peligro es evidente, tanto, que se han adelantado las vacaciones escolares.
Con esta preocupación en la mente salí a caminar en la noche por las calles del pueblo donde trabajo lejos de la familia, a orillas del río Marañón cerca de los pongos de Retama y Manseriche, con la preocupación de que mis hijos que aún asisten al colegio en el Callao, despreocupados del peligro pueden contagiarse. Lo cierto es que mis pasos se dirigieron, sin querer, a la iglesia matriz del pueblo, una verdadera iglesia de pueblo, pequeña, casi incolora, con arquitectura inidentificable, bancas en su mayoría vacías a esta hora, con una austeridad apostólica que se evidencia en su falta de santos y ornamentos, más parecida a un templo adventista o similar. Me senté, me concentré en San Josemaría, le recordé que era un Santo casi nuevo, con pocos años de servicio y que por eso tenía que escuchar mis pedidos. Imagínense lo ocupados que andarán otros santos más antiguos como San Martín o Santa Rosa con estos tiempos (recién acabo de comprender que esta fue quizás la mayor razón que me hizo su devoto, imaginarme un Santo preocupado por atenderme por no tener a quien más atender). Con esa sensación de seguridad que me atendería por lo que acabo de escribir, le pedí que hiciera alco contra la cochina gripe porcina.
Fue entonces que recién me di cuenta que la misa había comenzado hace un rato que el sacerdtoe anunciaba que aquellos que iban a recibir la hostia en comunión la recibirían en su mano para que no hubiera la posibilidad de contagiarse con "el virus del H1-N1", como lo dijo el mismo, y, que además, cuando el lo indicara, al momento de darse la paz entre hermanos, sólo sería necesario darse una palmadita en el hombro, puer darse la mano, tocarse la cara o darse un beso aumentaba las posiblidades de un contagio.
Me invadió una sensación de seguridad enorme y sonreí. Me dije todos por los que pido siéntanse seguros. Me arrellané en mi lugar y me preparé a repartir palmaditas en el hombro de mis hermanos.
Todos deberíamos tener un santo tan servicial.
Un rincón para leer algunos cuentos de desconocida inspiración. No es pretencioso intentar que durante la lectura tengas que guglear, la idea es incorporar algo nuevo a tu conocimiento con cada lectura. Es una apuesta, si no googleas durante uno de los cuentos, me avisas en cual fue y te haces merecedor a un regalo digital. La casa recomienda usar BARD, la inteligencia artificial de Google.
LA PENSION
LA PENSION
viernes, 17 de julio de 2009
domingo, 5 de julio de 2009
EL WAITUKEI Y EL MUNDO VIRTUAL
EL WAITUKEI Y EL MUNDO VIRTUAL
Estaba recordando las definiciones que nos daban para explicarnos sobre el “efecto dos mil”, especialmente pocos años antes de la llegada del 2000, con el cual, como decían los conferencistas de entonces, llegarían nuevos paradigmas, entre ellos el concepto de lo “virtual”.
Créanme, asistí a muchas conferencias de argentinos, panameños, norteamericanos, hasta de un coreano, todos ellos preparándonos para la llegada del 2,000, por cierto que existía una gran preocupación por el esperado fenómeno “Y2K” (Waitukei).
En síntesis, este fenómeno era el temor a los efectos que podrían producirse por el mal funcionamiento de las computadoras, que estábamos acostumbrados a manejar con fechas de dos dígitos, es decir 1998 era igual a 98, 1999 era 99 y entonces el 2000 tendría que ser 00; son estos dos ceros que las máquinas tendrían que interpretar para trabajar como habían sido programadas y, en la mayoría de casos, estos dos ceros significaban que el operador no había ingresado aún la información o que el archivo no contenía información, lo cual indicaba a la computadora realizar una acción diferente a la que esperábamos. Bueno pues, como en el mundo todo lo hacen las computadoras, desde elevar un ascensor, hasta controlar la temperatura y los signos vitales de un paciente en un quirófano, los resultados parecían desastrosos.
La realidad fue otra, más fue ruido que nueces o, gracias a las previsiones, no se presentó ningún problema a nivel mundial.
Fue justamente este resultado el que le dio más validez al otro concepto, al “virtual”. Este concepto no es otra cosa que quitarle el elemento distancia a cualquier actividad humana, quitarle la distancia a la realidad; es decir, cuando hacemos alguna cosa virtual, no tomamos en cuenta para nada la distancia, por eso que hacemos depósitos bancarios “virtuales”, donde la distancia no existe y lo hacemos desde nuestra casa. El mundo se convirtió entonces en la “aldea virtual” que es ahora. Un hecho que sucede en las Islas Maldivas inmediatamente se conoce en todo el mundo. Las fronteras tendrían que haberse convertido en un elemento de unión más que en una línea limítrofe.
Y efectivamente así es. Es “virtual” nuestro cheque de fin de mes, directo al banco, “virtual” nuestras compras, “virtual” algunos lazos amicales y familiares, “virtual” es casi toda nuestra actividad profesional, nos registramos, recibimos nuestras órdenes, damos cuenta de los resultados, muchas veces sin ver a nuestros jefes durante semanas.
Les juro, rezando en la iglesia también siento que hablar con Dios, la Virgen y los santos es “virtual”.
Si, increíble, casi todo es “virtual”.
Hace algunos días tuve una necesidad urgente de dinero, busqué en mis bolsillos, que parecen de pantalón de payaso pues no tienen fondo, …nada. En la billetera, nones. Entonces reparé en la tarjeta electrónica verde, esa de las tiendas y banco chileno, le dí trámite y asunto solucionado. Claro el verdadero drama seguro que será a fin de mes.
Besé mi tarjeta, creo que más de una vez y para adelante.
¡Que viva el “mundo virtual”!.
Pero…, hay cosas que no pueden ser virtuales, lo digo por experiencia, el beso del amor de tu vida, el calor de tu pareja, la inocente sonrisa de un hijo, la caricia desprevenida del otro hijo, el abrazo a los padres o hermanos, que a veces, en soledad, sientes necesarios, las palmas en el hombro de los amigos, los afectos de todos los que significan algo en tu vida, esos momentos que parecen intrascendestes pero que son fundamentales para mantener el espíritu tranquilo, para reconfortar y alimentar el alma, esos jamás serán virtuales.
Quisiéramos que si.
Sobre todo para poder recuperar el tiempo perdido y decirle a aquel que ofendiste que lo hiciste sin querer, para darles ese beso que quisiste y que no tuviste el valor de darle a tus padres y hermanos, para confundirte en un abrazo con aquellos que ya partieron y darles la esperanza de que seguiremos sus consejos, para evitar esa decisión que nos llevó a una situación de la que hoy nos lamentamos, si, todo esto jamás será virtual.
Ahora espero que para el 2010, 2020, 2030, o, no sé, quizás para el 3000, claro que para entonces ya no me interesa, aparezca otro concepto parecido, pero que en vez de extraer la distancia de la realidad ahora extraiga el tiempo, para poder retroceder y abrazar a los que están lejos, disfrutar los momentos que dejé pasar, ayudar en lo que pude y no lo hice, para volver a elegir a los mismos amigos, los mismos padres y los mismos hermanos, para poder tomar las decisiones correctas… como por ejemplo, …nunca escribir esto.
Estaba recordando las definiciones que nos daban para explicarnos sobre el “efecto dos mil”, especialmente pocos años antes de la llegada del 2000, con el cual, como decían los conferencistas de entonces, llegarían nuevos paradigmas, entre ellos el concepto de lo “virtual”.
Créanme, asistí a muchas conferencias de argentinos, panameños, norteamericanos, hasta de un coreano, todos ellos preparándonos para la llegada del 2,000, por cierto que existía una gran preocupación por el esperado fenómeno “Y2K” (Waitukei).
En síntesis, este fenómeno era el temor a los efectos que podrían producirse por el mal funcionamiento de las computadoras, que estábamos acostumbrados a manejar con fechas de dos dígitos, es decir 1998 era igual a 98, 1999 era 99 y entonces el 2000 tendría que ser 00; son estos dos ceros que las máquinas tendrían que interpretar para trabajar como habían sido programadas y, en la mayoría de casos, estos dos ceros significaban que el operador no había ingresado aún la información o que el archivo no contenía información, lo cual indicaba a la computadora realizar una acción diferente a la que esperábamos. Bueno pues, como en el mundo todo lo hacen las computadoras, desde elevar un ascensor, hasta controlar la temperatura y los signos vitales de un paciente en un quirófano, los resultados parecían desastrosos.
La realidad fue otra, más fue ruido que nueces o, gracias a las previsiones, no se presentó ningún problema a nivel mundial.
Fue justamente este resultado el que le dio más validez al otro concepto, al “virtual”. Este concepto no es otra cosa que quitarle el elemento distancia a cualquier actividad humana, quitarle la distancia a la realidad; es decir, cuando hacemos alguna cosa virtual, no tomamos en cuenta para nada la distancia, por eso que hacemos depósitos bancarios “virtuales”, donde la distancia no existe y lo hacemos desde nuestra casa. El mundo se convirtió entonces en la “aldea virtual” que es ahora. Un hecho que sucede en las Islas Maldivas inmediatamente se conoce en todo el mundo. Las fronteras tendrían que haberse convertido en un elemento de unión más que en una línea limítrofe.
Y efectivamente así es. Es “virtual” nuestro cheque de fin de mes, directo al banco, “virtual” nuestras compras, “virtual” algunos lazos amicales y familiares, “virtual” es casi toda nuestra actividad profesional, nos registramos, recibimos nuestras órdenes, damos cuenta de los resultados, muchas veces sin ver a nuestros jefes durante semanas.
Les juro, rezando en la iglesia también siento que hablar con Dios, la Virgen y los santos es “virtual”.
Si, increíble, casi todo es “virtual”.
Hace algunos días tuve una necesidad urgente de dinero, busqué en mis bolsillos, que parecen de pantalón de payaso pues no tienen fondo, …nada. En la billetera, nones. Entonces reparé en la tarjeta electrónica verde, esa de las tiendas y banco chileno, le dí trámite y asunto solucionado. Claro el verdadero drama seguro que será a fin de mes.
Besé mi tarjeta, creo que más de una vez y para adelante.
¡Que viva el “mundo virtual”!.
Pero…, hay cosas que no pueden ser virtuales, lo digo por experiencia, el beso del amor de tu vida, el calor de tu pareja, la inocente sonrisa de un hijo, la caricia desprevenida del otro hijo, el abrazo a los padres o hermanos, que a veces, en soledad, sientes necesarios, las palmas en el hombro de los amigos, los afectos de todos los que significan algo en tu vida, esos momentos que parecen intrascendestes pero que son fundamentales para mantener el espíritu tranquilo, para reconfortar y alimentar el alma, esos jamás serán virtuales.
Quisiéramos que si.
Sobre todo para poder recuperar el tiempo perdido y decirle a aquel que ofendiste que lo hiciste sin querer, para darles ese beso que quisiste y que no tuviste el valor de darle a tus padres y hermanos, para confundirte en un abrazo con aquellos que ya partieron y darles la esperanza de que seguiremos sus consejos, para evitar esa decisión que nos llevó a una situación de la que hoy nos lamentamos, si, todo esto jamás será virtual.
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LA PENSIÓN
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