LA PENSION

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jueves, 30 de julio de 2020

MORENA O UNA HISTORIA COMÚN


Hubo un tiempo en el que fui supervisor de una gran empresa, una de las primeras y principales franquicias instaladas en Lima, en la que pese al puesto que ocupaba, más cerca de la primera línea que de las gerencias, tuve tiempo para conocer historias de personas que terminan por convencernos que mucho de la literatura fantástica o mágica-real es una realidad que a veces ocurre en nuestras narices, pero también, de aquellas cosas casi intrascendentes que pasan muy cerca nuestro y que arrastran tras de si impresionantes historias de personas, de vidas, de situaciones increíbles por tan básicas pero trascendentes para quienes les tocó vivirlas, historias sorprendentes que están allí pero no lo sabemos.
Pese a tener pocos años trabajando fui muy afortunado al vivir uno de los eventos más tradicionales de la empresa, una renovación de personal de planta. Era una política establecida que los gerentes y empleados de alto nivel extranjeros se renovaban cada dos años, provenientes de algunas de las plantas generalmente en Estados Unidos, mientras que cada diez años se hacía una selección de personal para reemplazar a los que se habían jubilado y a los eventuales contratados por alguna emergencia, todos obreros y empleados de nivel operativo, de los cuales siempre más de la mitad eran previamente seleccionados en el interior del país. En mi caso, había ascendido a supervisor recientemente y fueron asignados a mi responsabilidad quince “calichines”, como solíamos llamarlos los trabajadores más antiguos, eran cinco señoritas y diez muchachos, todos ellos tenían que ser entrenados bajo mi supervisión.
Han pasado muchos años desde aquella vez y ahora recuerdo todas las historias que trajeron consigo y aquellas que se construyeron durante el tiempo que trabajé con ellos, fueron muchas e increíbles, sin embargo, siempre recuerdo una en particular, la de Morena Morales, quizás porque fue una de las primeras en las que me tocó representar mi papel de supervisor y jefe.
La política era que todos ellos serían asignados a las labores de producción, en estas áreas se formaban dos grupos de trabajadores, nosotros los llamábamos los “punches” y los “burócratas”. Los primeros eran llamados así porque eran los operarios de las máquinas de la empresa, eran quienes tenían la responsabilidad de mantener la producción constante de la empresa y trabajaban en tres turnos rotativos quincenalmente de ocho horas, mientras que los “burócratas”, tenían a su cargo las tareas de apoyo para que la producción no se detuviera, tenían un horario de oficina cuya entrada era entre las siete y diez de la mañana y la salida ocho horas y cuarenta minutos después, es decir si un trabajador elegía entrar a las diez su hora de salida era minutos antes de las siete de la noche, ellos trabajaban ocho horas más el tiempo de su refrigerio.
Morena Morales era una jovencita que no aparentaba tener veinticuatro años, parecía de diecisiete o dieciocho, era bonita, mas bien callada, muy dedicada a las tareas que se le asignaba y me había pedido que le asignara el turno de entrada a las diez de la mañana porque pretendía estudiar diseño y marketing, lo conversamos y accedí, pese a que mi política era asignarles el horario desde las siete de la mañana a todos los “calichines”. No era yo un jefe de buen carácter, todos los que estaban a mi cargo me consideraban un jefe drástico, de pocas palabras, recto, que no aguantaba pulgas. Quizás esta muchacha fue una oportunidad que tomé para que la gente humanizara más mi imagen y dejaran de mostrarse temerosos cuando conversábamos.
Después de unos tres o cuatro meses me encontré con Morena en el comedor, ella estaba sola en una mesa para cuatro personas y me senté a su lado; cuando era yo el que estaba solo nunca se sentaba nadie en mi mesa, por eso que siempre que visitaba la cafetería prefería ocupar una mesa en la que ya había uno o dos trabajadores con la intención de que percibieran que ser recto y disciplinado no significaba ser malvado.
-      ¡Qué tal! ¿Cómo van los estudios – pregunté para entrar en confianza con la chica, a la que escruté bien y con agrado me di cuenta que en realidad era una mujer muy bonita.
-      Bien – me dijo – aunque debería esperar las notas finales de este primer ciclo, pero por el momento todo bien.
-      Qué bueno, tienes que tener presente siempre que es una inversión, tu inversión, para tu futuro – siempre yo tratando de dar consejos para la posteridad.

Así fue como iniciamos una larga conversación en la que me contó gran parte de su vida, me enteré que era la única mujer de tres hermanos, que cuando tenía dos años sus padres se separaron, sus dos hermanos se fueron a vivir con su papá mientras ella quedaba al cuidado de su madre y que antes de cumplir los ocho su mamá se volvió a casar con Augusto, un ingeniero divorciado y con un hijo que estudiaba en un colegio tipo internado. Me reseñó que sus problemas comenzaron apenas cumplir los catorce años, cuando el hijo de su padrastro, Frank, comenzó a molestarla, se mostraba muy interesado en ella y aprovechaba cualquier ocasión para intentar declararle su admiración por su belleza, su amor infinito y tentarla o restregarse en ella, cuando lo acusó con su madre ella le pidió que no le dijera nada a su padrastro porque conversaría con ambos para corregir esta situación. Pero nunca hubo un cambio, por el contrario los arrestos de Frank se hacían más seguidos y se vio obligada a capear esta situación por bastante tiempo, a los dieciséis huyó de su casa y se fue a vivir con su abuela paterna.
Me enseñó las fotos de sus redes sociales y me mostró a toda su familia, así conocí a su padre, que vivía en la selva, a sus hermanos que ahora estaban casados y tenían familia, a su madre, de quien había heredado mucho de su alborozada belleza, a su padrastro y a su hermanastro Frank. Me mostró la foto del medio hermano y abundó en detalles comentándome que hacía un año se había recibido de médico y que pese a haberse casado y tener una hijita de pocos meses aún seguía acosándola, la llamaba casi todos los días y hasta en las madrugadas, prometiéndole que seguiría enamorado de ella toda la vida y que solo esperaba un si para correr a su lado; claro que ella nunca quiso nada con el pero entendió que mejor era “hacerse a la loca” que darle mucha importancia al asunto.
-      ¡Pobrecita! –recuerdo haber pensado, pero no lo dije porque no estaba seguro de cuál sería su reacción. Aquella reunión la terminamos intercambiando nuestras redes sociales, cosa poco frecuente con mis subordinados.
Unos meses después de este evento ella vino a mi oficina y me pidió oficialmente dos días de permiso a partir de esa misma mañana, se notaba un poco consternada y nerviosa, no mencionó el asunto pero dijo que era muy importante y urgente; sin ningún problema accedí y me ofrecí a ayudarla en todo lo que fuera necesario para solucionar el asunto que la aquejaba e intenté aprovechar este encuentro para darle más consejos para la posteridad.
-       He notado que has cambiado tu horario y estás entrando a las siete ¿Terminaste tu ciclo? ¿algún problema.
-       No, ninguno, lo que pasa es que he tomado cursos en la noche y prefiero  salir temprano para prepararme – me contestó sin alterarse.
-       Otra cosa, algunos chismosos me han dicho que estás saliendo con el sub gerente de producción, te han visto en su carro varias veces ¿sabes que el es casado, no?
Se sonrojó y su rostro más que expresar sorpresa expresaba un gran desconcierto y un desencanto como si jamás hubiera esperado esa pregunta de mi; me arrepentí de haberla hecho, me dolió verla desamparada, sola, luchando contra los comentarios de algunos chismosos y el permanente acoso de su hermanastro. Para intentar corregir la situación le dije:
-       Si tienes algún problema solo dímelo y te ayudo, cualquier cosa...
-      Muchas gracias jefe, pero es algo que solo yo puedo solucionar – y salió apurada como quien va a enfrentar la pelea final de su vida.
Ese día me sentí sucio, urgido de un buen baño y apenas culminé mi horario salí disparado a casa en busca de ese anhelado duchazo.
Cuando me dirigía al estacionamiento fui testigo de un suceso, vi a  Morena Morales, junto a un hombre unos años mayor que ella, parando un taxi en la esquina, ella iba contrita sosteniendo una gran cartera contra su pecho con ambas manos, a su lado el hombre, con un pantalón verde agua, chaqueta blanca y con un maletín colgado del hombro, definitivamente indumentaria de hospital, apuradamente transaba con el chofer del taxi antes de subir. A lo lejos distinguí la figura del hermanastro, era Frank, estaba igual a las fotos que me había mostrado Morena, se le notaba abusivo, imponente, déspota, inicuo, acosador tal como me lo imaginaba; antes de subir al taxi Morena se le acercó intentando claramente darle un beso de despedida pero él le puso una mano sobre el hombro para mantenerla alejada. El taxi partió y me apresuré a darle el encuentro a aquel abusivo.
-       ¡Hola, que tal! Tú debes ser el hermano de Morena – le dije a manera de saludo.
-       Si, el mismo, mucho gusto, Frank – estirando una mano y esperando que me presentara.
-       Soy su jefe y ella me ha contado algunos problemas que la tienen intranquila – le dije mientras examinaba su rostro en busca de una expresión que me permitiera interpretar su estado de ánimo.
-       ¡Ah, caramba!...entonces le sugiero que le de un par de días más de permiso.
-       Si claro, para que abuses de ella y sigas acosándola, para que te tires como un animal de presa sobre su víctima y saciar sus instintos, para que te aproveches de una mujer joven y sola…acosador de mierda… - pensé decirle.
Frank me seguía mirando con sus ojos profundos y oscuros, sin fin, cansados, y entiendo que la expresión de mi rostro eran el reflejo de ese odio que acababa de descubrir contra el, me imagino las interrogantes que acudieron a su mente en ese momento.
-       Pensé que trabajabas en provincias – le dije, intentando hilvanar una conversación.
-       Así es, tuve que venir de emergencia hoy por el llamado de Morena, hace casi dos años que no nos veíamos.
-       ¿Por el llamado de Morena o porque no puedes controlar tus instintos?...bestia – lo callé otra vez, mis labios no se movieron.
Continuó mirándome y después de exhalar un suspiro con el cual pareció irse parte de su cansancio me dijo como evitando que alguien lo escuchara.
-       Por favor concédale dos días más de permiso. Vine a ayudarla por que está en cinta…bueno…ya no lo está  más.


LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...