LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

jueves, 5 de diciembre de 2019

MAS MICRO CUENTOS TOO


Ya les había comentado que los Micro cuentos son un reto que se da en el tweeter. Te exigen que estén presentes cinco o seis palabras con las cuales tienes que construir una historia con menos de 280 caracteres, incluidos los espacios. Aquí les muestro algunas de las historias publicadas recientemente.

  • Tengo que volver a beber. Había dejado el licor por ti. Bebía para matar tus recuerdos pero solo conseguía avivarlos. Me mataba yo. Ahora voy a volver a beber, por ti.

  • Cuando la maestra nos mostró el cuerpo del hombre desnudo nos pareció uno más, luego nos dimos cuenta. ¡Era el sexto!...¡Sesto...! Sin vida. Pensar que el quinto sigue vivo. La maestra lo resumió así. Con razón o sin razón....triste final.
  •  
  • Volvió a pasar la semana pasada, la vi y me pareció más linda, pero su andar ya no es gracioso, aunque ella dice que es muy feliz. Su sonrisa ya no es como la Luna llena. Me miró, gris y fría, me sentí como en la noche de un Viernes 13, funesto y callado.
  •  
  • Los hombres aprendimos a odiarlo cuando conversaba con ellas. Superbobi, tenía el poder de motivar a las mujeres, de aumentarles la autoestima, las ganas de superación, de hacerlas crecer, por eso, cuando lo vi con mi novia supe que el fin estaba cerca.
  •  
  • De tanto escribir versos que nunca firma, de llenar papeles con letras en negro, que pretenden expresar lo que sufre por su partida, de exigir a su corazón un olvido que nunca llega, éste se quedó sin sangre. Él mismo sólo es un saco de piel humana.


miércoles, 8 de mayo de 2019

NO TE CONOZCO MAMÁ.

 Salió de su casa más emocionado que de costumbre, más apresurado, tenía las horas del día contadas para terminar de hacer lo que se habían propuesto. Antes de salir de casa debía realizar una pequeña rutina que estaba obligado a revisar, pequeñas cosas que le servían para recordar algunos rostros importantes en su vida y apretó la agenda que llevaba en la mano. Pero hoy, era el último día en este lugar, en unas horas iniciaría la partida hacia un nuevo destino, una nueva vida, se había tomado tiempo planificarlo pero valía la pena. Hoy tenía que hacer esta gestión importante para ambos, se encontrarían en las oficinas del registro civil de la municipalidad para firmar junto a los testigos, el acta de matrimonio que los uniría para siempre. Tenía que tomar el primer taxi que encontrara. Vio pasar uno por la calzada contraria y le levantó el brazo, el auto se detuvo unos diez metros más adelante y se apresuró a llegar a el. Se cruzó con una señora que parecía conocerle, el le dibujó una sonrisa seca, como restándole importancia pero alcanzó a mirar que llevaba una flor anaranjada adornándole la cabellera, desviándole la mirada se apresuró en subir al taxi que había detenido.
No había podido dormir solo, Ana Claudia, había tenido su último turno de noche en el hospital y habían quedado que temprano pasaría ella por los dos testigos, los llevaría a la municipalidad y allí se encontrarían para realizar el matrimonio civil programado para las nueve de la mañana.
Marco Aurelio había conocido a Ana Claudia dos años atrás en el hospital donde trabajaban, el acababa de llegar del interior del país donde vivía, donde logró conseguir un puesto en el sector salud, de donde fue trasladado a Lima por exceso de personal, era el más joven de todos y le tocó en suerte. Apenas verla se enamoró de ella, quedó prendado, nunca había tenido un amor en serio, por lo menos no con una mujer como Ana Claudia, una belleza exquisita, una mujer que con solo quedarse quieta resaltaba en un grupo de ellas. Le llamaron la atención su carácter, siempre estaba haciendo algo y nunca se quedaba callada cuando se tenía que decir algo, llamaba a las cosas por su nombre y, aunque parecía una mujer dominante, con el era bastante dócil, si cabe el término. Antes de seis meses ya vivían juntos en un cuarto alquilado por el. Al principio no hacían planes pero luego de casi un año de convivir se les metió en la cabeza la idea de casarse y más adelante, especializarse con la idea de viajar al extranjero, a Estados Unidos, así no le gustara a Trump.
Hace unas semanas se les presentó una oportunidad, leyeron un comunicado en internet de una empresa que estaba buscando personal de tripulantes para trabajar en un crucero que recorría el Caribe, entre las especialidades que pedían se encontraban la de ellos, no lo pensaron, se inscribieron por internet y casi de inmediato les comunicaron que habían sido aceptados y recibieron un plazo para presentar la documentación que les permitiera trabajar en el extranjero. No fue difícil conseguirla, pero para ellos faltaba lo más importante, el matrimonio, la unión legal antes de salir del país.
Estaba todo calculado, la idea era, apenas tuvieran oportunidad de pisar suelo norteamericano quedarse a vivir, aún como ilegales, estaba decidido. Tenían algunos ahorros y juntando todo lo que les pagarían durante seis meses, que era el tiempo previsto antes de tocar suelo americano, les alcanzaría para darse una estabilidad hasta que consiguieran algo seguro en las tierras del Tío Sam.
Cuando se acostó la noche anterior, se le vino a la cabeza las conversaciones que había tenido con su mamá la última vez que junto a Ana Claudia viajaron a visitarla, fue para el último feriado largo, su mamá, a solas le había dicho que cuidara de involucrarse demasiado con Ana Claudia pues ella se había enterado de algunas cosas que no le gustaban y que familiares cercanos estaban tratando de confirmar, era sobre su pasado, para su mamá ninguna mujer sería buena pues contaba con la ayuda mensual que el podía alcanzarle, esta ayuda debería continuar porque todavía tenía dos hijos más que mantener, y como el esposo la había abandonado Marco Aurelio se convertía en el reemplazo, en el “hombre de la casa”, como solía decirle. Evaluó si había sido bueno no contarle nada sobre su decisión, de casarse y viajar al extranjero, quizás le chocaría un poco, ya había pensado llamarla apenas se encontraran fuera del país y después de haberle depositado un poco de dinero para aliviarle su pena de alguna forma, no tenía otra. Se le vino a la cabeza también que le dijo que estaba preocupada pues las cosas que sabían de “esa chica”, por Ana Claudia, eran terribles. ¿Cuán terribles tendrían que ser para dejar de amarla? se preguntó ¿Qué tipo de traición tendría que haberme hecho para dejarla? ¿Su pasado es importante para nuestro futuro? ¿Lo que haya hecho antes es importante para su relación actual? ¿Si decido dejarla podré olvidarla? ¿Podré vivir sin ella? ¿Cuánto tiempo pasará para encontrar otra mujer como ella? ¿Habrá otra mujer como ella? Todas estas preguntas se hizo durante la noche, pero ninguna tuvo respuesta, no quería conocer las respuestas, no le interesaba. No. Ana Claudia estaba siempre por encima de cualquier dura. ¿Lo estaba? Recordó que los últimos días discutieron porque alguien le había mandado varias fotos de ella, extraídas de las redes sociales, donde se le veía con diferentes compañías bailando, tomando, cenando, en discotecas, bares, piscinas, y hasta posando sola, con ropa interior, de manera provocativa. Cuando el le preguntó por estas fotos, sin inmutarse demasiado, tomando apenas aire le dijo que eran cosas del pasado y que si quería se las explicaría una por una pero prefería que no se lo pidiera como muestra de confianza. Y el confió, no le pidió nada, solo le exigió que le asegurara que mientras estuvieran juntos no habría secretos entre ellos, “lo nuestro es una vida nueva juntos” había dicho Ana Claudia para zanjar la discusión y antes de entregarse como si fuera la primera vez.
Con estos pensamientos bien entrada la madrugada se durmió. Y tuvo un sueño. Vio a su madre, con un rostro que no reconocía, que le mostraba unos papeles y le decía que tenía pruebas de Ana Claudia, “Ella no es una mujer cualquiera, ella es un demonio” le gritó en su cara y el despertó sudando y con todos sus signos vitales acelerados. Ya comenzaba a amanecer, miró la hora en el celular que siempre dejaba bajo la almohada y decidió levantarse. Se fue directo a la ducha. Intentó reconstruir el rostro de su madre y le fue imposible. Esta prosopagnosia no me va a dejar nunca pensó. Cuatro años antes, después de saltar de un muro de más de tres metros, al caer sintió un dolor en el cuello al que no le dio importancia, con el tiempo, los médicos identificaron este hecho como la causa de su prosopagnosia, posiblemente había sido adquirida por una pequeña lesión en la base del cerebro. No podía recordar algunos rostros, con el tiempo descubrió que solo le sucedía con algunos, no podía precisar cuáles, ni las razones, casi todos de parientes lejanos y conocidos, el único caso de parientes cercanos y de personas que a el le interesaban eran el de su madre, su madrina Juana y su prima Pilar. No encontró la razón por qué el rostro de estas personas que estimaba no podía recordarlas y el de otras personas si. No tenía problemas con el rostro de sus hermanos, dos hombres y una mujer, tampoco con tíos o primos, ni siquiera con los amigos del barrio. Lo cierto era que por alguna causa desconocida algunos rostros se le borraban de la memoria durante la noche. Si lograba identificar uno de ellos durante la mañana, el resto de ese día los podía recordar, pero después de dormir los olvidaba por completo. Esto le había ocasionado muchas contrariedades en su vida, alguna gente que no lo conocía bien lo tildaba de “sobrado” o “creído” porque no devolvía el saludo, cuando lo más probable era que el no podía recordarlas.
Había inventado un sistema para minimizar sus problemas. Siempre llevaba una agenda en donde, en diversas partes de ella, sobre post it recordatorios, al borde de muchas hojas había escrito datos que le permitían recordar a las personas que solía olvidar; además, había aprendido a usar el mecanismo de la sonrisa para expresar sus emociones, cuando se le acercaba alguien que le despertaba interés y quería seguir averiguando de quién se trataba sonreía de una forma amigable, dándole confianza, invitándole a la otra persona a continuar. Si por el contrario no deseaba saber nada de la persona que lo abordaba su sonrisa era una especie de mueca que decía “no te conozco y no me interesa conocerte”, un rictus de cortesía que mataba la intención de cualquiera de acercársele.
Ya en el taxi comenzó a repasar las cosas que tenía que hacer durante el día, el último día antes de comenzar su nueva vida.
El día anterior habían llevado a la agencia que los contrató las maletas con la ropa y las cosas que habían decidido conservar, el resto lo habían vendido y el cuarto ya había sido entregado al propietario, quien lo ocuparía a partir del mediodía. Después de la ceremonia civil irían a almorzar, junto con los testigos a aquel restaurante que le gustaba tanto a Ana Claudia, había mandado a preparar para todos, panceta de chancho a la caja china y dos rondas de pisco sour. No irían a trabajar, nadie los echaría de menos por faltar un turno, en la tarde se irían al cine y luego quizás a una disco, finalmente, con lo que tenían puesto y los papeles de su matrimonio se embarcarían, habían sido citados a las tres de la mañana y el barco zarparía a las ocho.
Recapitular las cosas que había planeado lo ponían un poco tenso, cerró los ojos y respiró profundamente para tranquilizarse, entonces recordó que no había revisado la agenda. La abrió lentamente y leyó uno de los muchos post it de colores que se encontraban por todas las hojas “Madrina Juana, mordiendo lentes”, si, era la forma en que ella debía acercársele para que el la recordara, era una manera hábil de superar su mal. Por supuesto que su madrina lo sabía, ella usaba lentes los que se quitaba y mordisqueaba una de las patitas como señal de identificación, este conocimiento junto a la voz de la madrina disparaban los recuerdos en su mente permitiéndole superar la prosopagnosia. Siguió leyendo “Pilar chasqueando los dedos”. Sonrió. Intentó recordar la voz de su prima para luego hacer emerger el recuerdo de su rostro, volvió a cerrar los ojos. No consiguió materializar en su recuerdo ningún rostro. Abrió los ojos y continuó leyendo uno de los papelitos de colores brillantes. “Mamá, flor anaranjada en el cabello”. Cerró de golpe la agenda. Miró hacia atrás por la ventana del taxi intentando encontrar la imagen de su mamá. Quiso volver. Pensó en Ana Claudia y su “vida nueva juntos”. Recordó el rostro de sus hermanos, el de su padre, el de casi todas las personas que podía recordar. Entonces escuchó la voz del taxista.
-       Señor, llegamos al registro civil.

viernes, 22 de marzo de 2019

MI VIDA RESUELTA


No se cuándo sucedió pero me acabo de dar cuenta que le he agarrado cariño a mis visitas al hospital, hace unos años era lo que más odiaba, cada visita la comparaba como un paseo por el purgatorio previo a descender a los infiernos del Dante, sin embargo ahora, otro sentimiento es el que me invade, cuando llego y sobre todo cuando me retiro, pese a que por lo general no estoy para nada conforme con la atención recibida.
Lo he meditado para mencionar lo de “por lo general” porque también debo reconocer que algunas veces fui bien atendido, quizás la suerte o la situación en la que ingresé fue lo que influyó en estos casos. La primera vez que recibí una atención agradable fue cuando me operaron la rotura de mi tendón de Aquiles derecho, estuve hospitalizado casi 20 días, no porque fuera grave sino porque mi operación coincidió con la semana santa y fueron casi quince días de preparación antes de la operación.
La segunda vez fue cuando tuve un incidente de tiro y una bala me atravesó, ingresando por debajo de mi axila derecha y saliendo por el pecho, casi por la tetilla, pero sin afectar ni huesos ni órganos, la bala milagrosamente rebotó en una costilla, se fraccionó en por lo menos cuatro pedazos y todos salieron por el pecho, la hemorragia inicial fue profusa pero después de controlarla en mi casa fui al hospital casi un día después donde me dieron una atención que me dejó conforme.
Y la última vez fue una operación para sacarme un racimo de pólipos que habían llenado la cavidad de mi bóveda nasal y comenzaban a complicar la garganta y otras partes de la cara, en esta ocasión, aprovecharon para corregirme el tabique del lado izquierdo que lo tenía desviado y en hacerme un limpieza de lo que parecía una sinusitis crónica.
Y punto.
Después de estas diría que todas mis asistencias al hospital fueron desagradables, incluidas las fichas médicas que tenía que pasar cada año durante mis treinta y nueve años de servicios.
Pero como lo señalé, últimamente esto ha cambiado. No se cómo ni cuándo.
Presiento que lo que inicialmente nació como una ansiedad, la ansiedad que me provocaba la esperanza de encontrarme con alguien conocido en el hospital, es a lo que luego, poco a poco le he ido agarrando cariño.
Algunas veces me encontraba con amigos que acababan de recuperarse de una enfermedad grave o la de su esposa o uno de sus hijos, la alegría con que lo comentaban me alegraba, me llenaba de optimismo por la vida y me hacía sentir que yo podría ser uno de ellos en cualquier momento. Y regresaba a casa contento.
Pero otras veces me encontraba con conocidos que recientemente había sido diagnosticados con una enfermedad grave que no sabían que tenían, casi siempre cáncer, el pesar, la tristeza, el abatimiento porque quizás solo estaban esperando el momento del desenlace final, me lo contagiaban, me iba a casa lleno de pesar, todo el día pensaba en su caso y como antes, me veía en una situación similar y me deprimía; ahora que hago este análisis, caigo en cuenta que a muchos de ellos los vi en sus últimos días o semanas de vida, antes de enterarme de su triste deceso. Como soy una persona que no puede asistir ni a velorios ni a sepelios, cosa que algún día se los contaré, me sentía pésimo por saber que los tenía al alcance de la mano para por lo menos despedirme de ellos con una oración
Lo peor de este encuentro era cuando estaban acompañados de familiares. Las expresiones de padres, esposas o hijos angustiados porque no sabían lo que les pasaría, con esa mirada que he visto en gente desesperada que cuestiona a Dios el porqué de su actitud contra uno. Esos rostros se apoderaban de mi pensamiento, me martillaban con recuerdos durante todo el día y para acostarme tenía que recurrir a pastillas para dormir, completamente deprimido.
Pero en una extraña sinergia, estos dos aspectos de mi visita al hospital se juntaron y cambiaron mi manera de pensar. Ya no paseo por purgatorios imaginarios, ahora camino con la confianza que me da la esperanza de que me encontraré con alguien para conversar, recordar momentos vividos y hacer proyectos para un próximo encuentro.
No había reparado, sino hasta hace poco, que uno de los aspectos que han producido este cambio en mi, ha sido el encontrarme con compañeros que llevaban a sus hijos con habilidades diferentes, niños con síndromes diversos, down, áspeger, moebius y otros tantos, niños con autismo ligero hasta severo. De estos compañeros intentaba contagiarme su alegría, su tesón, su empeño por llevar a sus hijos a su tratamiento. Recordé, al apreciar que todos estos niños eran felices, exento de toda maldad que alguien me dijo “Dios manda a esos angelitos a hogares donde sabe que los van a cuidar”. Por haber conocido de antes a estos padres abnegados me daba cuenta que habían cambiado bastante, para ellos la responsabilidad de educar y darle la mejor vida a sus hijos es fundamental, con su forma de conversar, de tratar cualquier tema con alegría y optimismo nos cuentan que llevan una vida feliz, al lado de sus hijos especiales.
Ahora que tengo mi angelito a quien veo crecer y que con todas sus limitaciones, pese a todos los problemas, las operaciones y las asistencias a diversos hospitales para tratar los diferentes males asociados a su síndrome, mi alma, mi conciencia, se contagia de su voluntad, de su inocencia, de su absoluta falta de maldad para hacerme más llevadera esta vida. Me di cuenta que lo necesitaba, más que el a mi, cuando alguien, haciendo referencia a mi edad y al hecho de haberme convertido en pensionista mencionó que “Tenía mi vida resuelta”. Sentí que me decía que ya no tenía más porqué luchar, ya había logrado lo que tenía que lograr, era un muerto que no se había enterado que lo estaba, quizás un inútil.
Me hice muchísimas preguntas, no lograba contestarme porqué y para qué seguía en este mundo, me deprimí, tenía ganas de pelear con todos, me convertí en un ogro para mi familia, esa sola apreciación había tenido la propiedad de sacarme del camino de la vida, de convertirme en un “caminante” esperando sucumbir a manos de cualquier Rick Grimes que se me cruzara y que finalmente no podría evitar.
Y así vivía, casi llamando a la muerte, sin visión, sin futuro, sobre todo sin ganas.
Hasta aquel día en que llevé a mi hijo a visitar a su abuelo. Mi padre, está cerca de los noventa años y no puede hacer casi nada solo, ese día lo encontré con la barba muy crecida y le dije que podía afeitarlo, aceptó; para que mi hijo no se aburra le pedí al niño que me ayudara. Solo miraba, me alcanzaba la toalla, la loción, la máquina de afeitar a cada pedido mío. Al terminar lo vi bastante alegre, parecía impresionado por el cambio en el rostro de su abuelo.
En un momento en que estábamos solos me jaló del brazo para que acercara mi cara a el, tenía algo que decirme. Casi pegué mi oreja a su boca y el niño moebius, el que no puede hablar y nunca debe sonreir me dijo “Papá, cuando tu seas viejito yo te voy a afeitar”.
Ahora cuando regreso del hospital me siento como esos padres que nunca muestran abatimiento ni cansancio, ni pesar, no tienen temor de nada, no se les nota sufrir, tienen un futuro, un compromiso con sus hijos. Si, me siento como ellos.
No tengo nada resuelto. Dios me ha mandado un angelito.

miércoles, 27 de febrero de 2019

MORE MICROCUENTOS

La magia de poder escribir un cuento en 280 caracteres (un tweet) es un placer del cual no se puede escapar después de haberlo probado. Como lo comenté antes, cuando encima se cumple un reto, el darle sentido a un microcuento te proporciona una gratificación enorme. Siempre comienzo con una idea pero nunca se el final, el final casi siempre se escribe solo; y, eso es lo enorme de los microcentos. Aquí va mi última producción:



Salí a los 17, después de 40 años regreso a mi barrio de La Victoria en Lima. Juré no hacerlo mientras no hubiera progresado. Ahora, recién divorciado por segunda vez, más quebrado que nunca, tengo la urgencia de volver."Todos vuelven al lugar en que nacieron..."



Ambas tomadas de la mano a punto de llorar, apretadas cuál tentáculos, ya habían contestado la pregunta final. Una pensaba en la vía láctea y la otra en su mamá para no soltar lágrimas. "La ganadora de este certamen de belleza es mis Colombia" dijo Steve Harvey.


Creía que todo era un mito, que no existía la depresión navideña, la soledad de fin de año. Ahora vivo en un estado de melancolía general. Dijiste que nunca te irías, hasta lloraste en mis brazos. ¿Es tu voz? Cuando...Jojojo, se escuchó a la distancia.


A pesar de recordar sus labios y su aroma nada rompía la concentración para olvidarla, el ambiente, el frío de la piedra y los viejos muros hacían fácil la transición a la tranquilidad total, la necesitaba. Hasta que sonaron las primeras notas del "Hallelujah".


Si, tenía novio, pero viajó los doscientos kilómetros. Tocó la puerta. Sólo queda esperar...


Apurado caminaba por la calle, tenía que llegar antes que ella se marchara. Llegó. Igual que todos los días, la mesa estaba vacía.


"Por fin, en el más allá" gritaron los animales. Reunidos en grupos debatían que seguía. Por un lado las aves, por otro los de cuatro patas, más allá los de dos patas, hasta los peces parecían gritar. Si, como lo predijo G.Orwell, los cerdos estaban al mando.


Ya no era tictac lo que hacía su corazón, ahora tronaba un ¡¡¡Boom!!! repetido en su cabeza, esperaba y le parecía una eternidad. ¡¡¡Boom!!! y su impaciencia crecía. Ella seguía callada, pensando. ¡¡¡Boom!!! hecha la pregunta sólo le queda esperar la respuesta.


Tantas noches transitando a oscuras por este tenebroso pasadizo, que iba como pluma al viento, el escarabajo de metal que llevaba en el pecho saltaba al ritmo de su corazón. En Egipto al adúltero se le enterraba vivo en sal. Pero por ella iría al mismo infierno.


ACERTIJO. Salí de casa por cinco días. Fui a los pagos del cabo Savino de donde partí oficialmente, pasé por el túnel de Juan Pablo Castel, viaje a la granja "Solariega" y de regreso visité a Atalanta, la leona. Ya estoy en casa, a orillas del río que habla.


Ya no alegras, no hablas, no escribes, no comentas, no me lees, no me miras, no te muestras, ni me piensas, pero igual, vives y me sigues matando.


— Entonces, Afrodita, ¿Lanzo una flecha como broma por el 14 de febrero?
— Si, Eros, y apunta al de piel de chocolate, el de la gran sonrisa.


—Ahí va. Huy, no debió salir sangre. Por suerte era una flecha salada.
—Mañana, ni Andrés ni César sabrán que pasó.




Todo comenzó en San Valentín, del año pasado. Ese día se despidieron, terminaron su relación adúltera. Ha pasado un año y se han vuelto a encontrar en el parque de siempre. El suplicó regresar. Ella le pidió 2 días para responder. Al día siguiente ya no estaba.


martes, 29 de enero de 2019

DEMONIO


- Aló, aló…Hola “Avión” ¿Cómo estás? ¿qué tal? ¿Qué estás haciendo?...

- Aló, ¿Qué tal amigo “Jotajota”? ¿Qué haces? Varios meses que no se de tu vida ¿dónde te has metido? ¿estabas de viaje?

- Nada “avioncito” un poco enfermo, extrañando las caminatas diarias y todo eso. Mira, recién puedo salir a hacer un poco de ejercicios después de dos meses, tu sabes que ya es mi costumbre caminar y trotar todos los días.

- ¿Qué pasó “Jotajota”? cuenta por favor…

- Tu sabes. El problema de los cálculos y encima me dio una infección en las vías respiratorias que me tumbó, como nunca.

- Será la próstata, pendejo….

- Nooo!!! Todavía tengo para un par de años, seguro que mi “Avión” ya quemó pastillas de frenos y tiene que orinar con Viagra®…

- Tú eres el que necesita Viagra, yo todavía hermano, sino pregúntale a tu vieja, jajaja…

- Jajajaja…tu siempre jodiendo “Avión”, no puedes con tu genio ¿Y qué andas haciendo? ¿chambeando en algo?

- Nada hermano, estuve chambeando con el alcalde de Surco pero acabó su mandato y adiós chamba, ahora estoy caminando en el parque frente de mi casa, con la chamba subí unos cuantos kilos y tengo que bajarlos. ¡A cuidar el “bobo” se ha dicho!

- Putamare, qué casualidad, yo también estoy caminando pero salí hace un rato de mi casa por toda la avenida principal y debo estar a unas seis cuadras de tu parque. Oye “Avión”, si has engordado debes estar sobre los 130 kilos…

- Siiii, “Jotajota”, estoy en 135, estos meses, en la chamba, he tragado como un chancho, no queda otra que bajar de peso como sea.

- Lo bueno que tu mides como metro noventa y no se nota que pesas como una vaca, jajajaja..

- ¿Y tu cuánto estás pesando “Jotajota”?

- Bueno, ahora debo estar en ochenta y ocho….

- ¿Y con ésta adentro…?

- Jajajaja….jajaja..conchesumare tu siempre jodido….

- Lo que pasa que tu no cambias, nunca dejarás de ser el “lorna” de siempre…¿Te acuerdas cuando trabajábamos luchando contra el terrorismo en Ayacucho? Cuando todavía no se le conocía como VRAEM.

- Claro que si…! Cuando llegaste te decían “Camión”, pero a los seis meses te cambiaron por “Avión” Es que habías subido de peso y entonces eras más grande. Creo que desde ese día no has podido bajar.

- Si, así es. Y a ti te decían “Orejón” pero luego te pusieron “Jotajota Oré” Pensé que era por tu parecido con el jugador, luego la “paré”, me di cuenta que al repetirlo varias veces “Jotajota Oré”  “Jotajota Oré” lo que primero se escucha es “orejota”.

- Jajajaja…Siii…esos conchasusmares nos rebautizaron. Y para siempre. ¿te acuerdas del enamorado de la vida?

- Si, claro…!! Era mi forma de enfrentar la situación, siempre pensé que estar enamorado era la mejor forma de sobrevivir en esa maldita guerra, me decían el “enamorado de la vida”. Me la pasaba hablando del amor, del amor por la vida, era mi forma de quitarme las tensiones; pero siempre es mejor estar enamorado. ¡Qué tiempos! Es parte de nuestra vida en combate “Jotajota”, qué gusto!

- Y…¿Caminas solo o con tu esposa, “avioncito”?

- Nada hermano, estoy paseando a “Demonio”.

- ¿Demonio? ¿Tu hijo o tu nieto? Jajajaja, conchesumare, lo que se hereda no se hurta. Jajaja…

- No seas pendejo “Jotajota”, es mi perro, tengo que sacarlo a cagar, lo peor es que tengo que recoger su caca, excretas como dice la municipalidad.

- ¿Y de qué raza es?

- Es un cruce de Pitbull con Dóberman y en su sangre tiene rastros de Dogo con Rottweiler.

- Mierda, entonces el nombre le cae de perillas. Dime “Avión” ¿Es bravo?

- Siii!!. Es una mierda, tengo que sacarlo con cadena y con bozal, tengo miedo a veces porque en el parque hay muchos niños.

- Ah si, si muerde a un niño cuando conozcan a “Demonio” va a ser una tragedia nacional. Ya te veo en los noticieros “Avión”, poniendo cara de huevón, jajajjajajja

- Jajaja…te salió con rima. Si, hermano, por eso tengo que estar muy “mosca”, atento a lo que pueda pasar, como si estuviera de vigilante en la zona de emergencia. Y todavía tiene un carácter de mierda, no quiere regresar a casa, por lo general tengo que arrastrarlo y cuando ve una paloma o algo que le llama la atención me jala como tractor, se desespera, tengo que achicarle la cadena para ahogarlo y tranquilizarlo. Pero creo que me va a ayudar a bajar de peso.

- Putamare, tengo curiosidad por verte.

- Qué pasa “Jotajota” ¿Enamorado de mi todavía?

- Jajajaja…Nooo! Debe ser un gran espectáculo verte, “Avión”, un tremendo huevón de 135 kilos paseando a cancerbero 

- Jajajaja…cierto, siento las miradas ajenas, pero creo que más miran a “Demonio”, si pudieras ver sus ojos, es un animal que tiene la mirada atrevida, pidiendo violencia a gritos, diciéndote hazme caso, pégame o te muerdo, creo que eso dice con los ojos. Una vez se me escapó y mató dos gatos del parque, generó un tremendo alboroto, me denunciaron por violencia con los animales, empiezo a creer que es un riesgo innecesario sacarlo a pasear, pero encerrado se estresa y me destroza la casa. Mi hija me saca en cara a cada rato y dice que es un error criarlo porque ni siquiera se deja acariciar.

- Oye “Avión”, mejor me despido porque hasta yo me he puesto nervioso, concéntrate en “Demonio”.

- Si, “Jotajota”, ya conversaremos en cualquier momento, no te pierdas y llama siempre.

- Chau “Avioncito”.

- Chau mi hermano.


A FEW MINUTES LATER…


- Si, aló, ¿Qué pasó “Jotajota”? tu dirás…

- Oye “Avión” eres el mismo de siempre, no has cambiado nada, putamare. No cambies hermano, sigue siendo así.

- No te preocupes “Jotajota”, cuando uno está enamorado, nunca cambia…¿y dónde estás?

- Estoy atrás tuyo, hermano…




"Avión", hablando por teléfono, paseando a demonio
















LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...