El
Ministerio de Salud (Minsa) informó que se elevó a 29 la cifra de muertos por
la deflagración en Villa El Salvador (VES), tras el fallecimiento en las
últimas horas de tres de los heridos. El pasado jueves 23 de enero, un camión
cisterna sufrió la rotura de una de sus tuberías, lo que produjo una fuga de
gas, que generó una deflagración en la avenida Pastor Sevilla, en Villa El
Salvador. Al menos 50 personas, entre heridos y fallecidos, fueron víctimas de
la tragedia que afectó a varias viviendas.
El Comercio
– 20 de febrero de 2020.
Era una
mañana fría y un tanto húmeda como los últimos días, pese al verano caluroso
que había anunciado el SENAMHI, para Jaime era el inicio de un día más en Lima,
impredecible, quizás con lluvia, aunque probablemente cálido, el verano en
cualquier desierto tiene que ser cálido, así funcionan las cosas. Era un hombre
de lógica práctica, no necesitaba muchas explicaciones para encontrarle
respuestas a las cosas, estamos en Lima, verano sin lluvias, sin huaycos, sin
inundaciones, friajes o desgracias similares no es verano, su estado de ánimo
estaba ya preparado para sufrir aniegos, cortes de agua, tráfico endemoniado
por las emergencias y también días de playa, fines de semana con los amigos que
terminaban con bastante cerveza después del obligado ceviche; en fin, en Lima
siempre tenemos que vivir preparados, si no es la naturaleza son los choros,
los estafadores, los fumones o por último los políticos. En Lima todo el mundo
jode, hasta los propios limeños.
Terminó de
alistar a su hijo Jhonatan, el niño de diez años estaba matriculado en un
programa de vacaciones útiles de la municipalidad de Villa El Salvador donde
recibía clases de computación y matemáticas y también practicaba natación y
fútbol, cursos elegidos por el mismo Jaime, por su lógica práctica, un
profesional actual debe dominar la computación, las matemáticas; y, saber nadar
y jugar fútbol debe complementarse con bailar salsa para ser una persona
exitosa, era lo que le señalaba su lógica práctica.
Esta mañana
su hijo tendría que ir a las siete de la mañana a su curso porque tenía su
primera clase de natación en la piscina municipal y se debía empezar muy
temprano.
Mientras
Jaime preparaba la mesa y se servía un café negro imprescindible para comenzar
el día preparaba la lonchera que el niño llevaría.
- Mira
Jhonatan, aquí te pongo chicha y dos panes con tortilla en tu lonchera y en
esta bolsita junto a la ventana estoy poniendo dos panes más, si ves que Andrés
no lleva buena lonchera regresas a casa y abres por fuera la ventana y sacas
los panes.
- No
te preocupes pa, Cynthia ya sabe todo lo que tiene que llevar él, me ha hecho jurarle
que no me voy a descuidar de Andrés.
Cynthia, la
pobre mujer la está pasando feo, ojalá que las cosas mejoren pronto. Se acordó
de ella una sonrisa, casi una mueca, se dibujó en su boca al recordarla.
Se habían
conocido cinco años antes, en el colegio donde ambos trabajaban, el era
profesor de matemáticas y ella era administrativa, era la mujer más atractiva
que había pasado por ese colegio en muchos años, se convirtió también en la más
asediada apenas se separó de su pareja, pues era conviviente de un tipo que no
le daba buena vida y la maltrataba, una historia muy común en Villa El
Salvador.
Jaime
también vivía enamorado de ella, todos los días buscaba cualquier motivo para
visitarla en su oficina, a la entrada y salida buscaba coincidir con ella y
siempre sostenían una conversación larga y tendida, a ambos les gustaba
conversar y congeniaban pues poco a poco descubrieron que tenían mucho en
común. Como ella lo decía, lo más común que tenían ambos eran sus hijos.
Cynthia tenía un hijo, ahora de siete años, Andrés, mientras que Jhonatan, de
diez, era hijo de Jaime.
Se casaron
pronto, casi al año de relación, cuando Andrés tenía tres y Jhonatan seis años,
pero ahora, llevaban seis meses de separados, en realidad no hubo infidelidad
ni maltratos ni violencia, fue una decisión de ambos, ella comenzaba a dudar
del amor de él y Jaime comenzó a sentir que no le estaba dando a ella lo que
merecía, que la estaba haciendo vivir un calvario innecesario que parecía
haberse iniciado el día en que se casaron.
A partir de
entonces muchas puertas se les habían cerrado, las necesidades aumentaron,
ambos hijos sufrieron enfermedades seguidas que terminaron con los ahorros que
habían recolectado, el ambiente en el
colegio se hizo insoportable, sobre todo para Cynthia. Un día ella le dijo que
se sentía acosada por hombres y mujeres pues mientras percibía que los hombres
la miraban como una mujer fácil por haberse casado tan pronto con el y las
mujeres la miraban como una oportunista que había embaucado al profesor con el
futuro más brillante del colegio. Cuando él la escuchó le dio la razón pero
además concluyó que quien tenía el futuro mas brillante era ella y que el era
un lastre, un sobrepeso en la vida de ella, quizás era el ancla que no le
permitía avanzar. Su lógica práctica le hizo decidir pronto por la separación
temporal por lo menos, y también le ayudó a conseguir trabajo en otro colegio,
donde ingresó ganando menos, así era de práctica la vida. El le dejó la casa
donde vivían y se hizo cargo del alquiler porque la seguía queriendo pero no
podía atarla a su lado, lo que se quiere no se ofende ni se hiere, no se le
perjudica de ninguna manera. Pese a quererla tenía que hacerse a un lado,
lógica práctica como siempre.
Durante el
tiempo que vivieron juntos Jhonatan y Andrés se hicieron muy amigos, se querían
como verdaderos hermanos, la relación entre los niños se fortaleció; como iban
al mismo colegio, Jhonatan se encargaba de llevar y recoger a Andrés y verlos
caminar juntos era ver la expresión máxima del amor filial, del amor de
hermanos. Todo lo compartían, antes de gastar su propina se aseguraban de que
el otro también tuviera, sino, la que tenían la compartían en partes iguales, intentaban
estar juntos todo el día y seguro que separarse los afectaría enormemente, para
evitarlo, con el consentimiento de Cynthia, Jaime alquiló un departamentito
cerca, a una cuadra de donde vivía ella, en la Avenida Mariano Pastor, a unos
metros de la Avenida Villa del Mar, para que sus hijos se siguieran viendo, el
inmueble era pequeño pero cómodo, se encontraba en el segundo piso de un edificio
de tres.
El amor y la
preocupación de Jaime por su todavía esposa los asumía de la mejor manera, la
apoyaba en todo lo que podía, los fines de semana la invitaba a salir a pasear
con los niños, como generalmente ella no aceptaba él se hacía cargo de ellos.
Ahora que los dos pequeños se encontraban en las vacaciones útiles se afanaba
de que no les faltara nada y al salir de clases se quedaban en su casa hasta
que Cynthia recogía a Andrés después del trabajo.
La sonrisa
que había delineado antes desapareció de golpe cuando vio que eran las seis y
media, apagó la tv, se aseguró que la ventana de la cocina que daba a la
escalera del edificio en donde vivía podía abrirse por fuera pero que no
permitía entrar o salir nadie.
- Vamos
hijo, ya es hora, Andrés ya debe estar listo.
Salieron a
la calle y sintieron el viento que parecía tener vida, que venía de la Avenida
Villa del mar y subía ordenadamente, como un río que sigue su cauce,
refrescando cada una de las viviendas de la Avenida Mariano Pastor. Caminaron
los pocos metros que los separaban de la casa de Cynthia en donde se
despidieron, Jaime se inclinó para recibir el beso en la mejilla de su hijo
mientras le hacía la señal de la cruz a manera de bendición, ritual que se
repetía siempre que se despedían.
- Chau
pa, no te preocupes, yo espero a Andrés.
El padre
continuó su camino para cruzar la Avenida Villa del Mar rumbo a su colegio.
Vaya, hoy llegaré temprano. Aprovechó la caminata de cinco cuadras para pensar
en Cynthia. Era definitivo, la quería mucho y la extrañaba como no había
extrañado a nadie. Es una mujer magnífica, su belleza solo es la parte que se
ve de ella, el tiempo que vivieron juntos sirvió para confirmar que tenía
muchas cualidades, aguerrida, irreverente, lúcida, atrevida, de risa fácil y
llanto difícil, de nunca estar quieta si había algo por hacer, romántica,
enamorada de la vida, inteligente y de fácil conversación, con una claridad de
ideas que a veces era fácil convencerla cuando aceptaba estar errada, era una
compañera de esas que todos los hombres queremos para toda la vida. Ella
necesita ser feliz, debe ser feliz, es joven, un hijo para una mujer como ella
es una oportunidad, el tiempo se separación le va a aclarar las ideas, si
decide no seguir conmigo lo aceptaré y siempre la apoyaré. Suspiró
profundamente.
- Buenos
días cholito – saludó cariñosamente al sexagenario encargado de la portería del
colegio e ingresó dispuesto a hacer de este día otro gran día, así de práctico.
Jhonatan
esperó pocos minutos, Cynthia salió llevando de la mano a Andrés.
- Hola
Cynthia – la saludó, sintiendo otra vez esas ganas que siempre se quedaban muy
dentro de él, de llamarla mamá.
- Hola
amor – le dijo Cynthia – cuídalo por favor, confío en ti – mientras se doblaba
para darles un beso en la frente y despedirse de ambos.
Jhonatan
puso su mano sobre el hombro de Andrés y se echaron a andar bajo la mirada de
Cynthia, unos instantes después ella volvió a ingresar a la casa para terminar
de alistarse para asistir a su trabajo.
Caminaron
casi hasta el final de la cuadra sintiendo el viento inusual chocar en sus
caras, Jhonatan detuvo a Andrés y le pidió su lonchera para revisarla, tenía un
toma todo con agua hervida, tibia, y un paquete de galletas.
- Vamos
a mi casa, tengo un par de sánguches para ti – le dijo y volvieron sobre sus
pasos en dirección hacia el departamento, sigilosos, asegurándose que Cynthia
no los viera pues podría molestarse.
Pasaron por
el frente de la casa de ella y cuando entraban al edificio en búsqueda de los
sánguches les llamó la atención los gritos de una persona allá en el cruce con
la Avenida Villa del Mar, era el chofer de un camión que estaba detenido en
medio de la pista, el vehículo comenzaba a botar un humo blanco, espeso pero
que se expandía fácilmente llevado por el viento, como uno de esos dragones que
se ven en las fiestas de los chinos, que amenazantes avanzan onduleando su
cuerpo de serpiente.
No llegaron
a entender lo que decía el hombre gritando y moviendo los brazos como aspas de
molino ni a comprender de qué se trataba, subieron al segundo piso y Jhonatan
extrajo la bolsita que antes había preparado su papá, cerró la ventana
cuidadosamente y metió los panes con tortilla de huevo en la lonchera de
Andrés, bajaron y cuando pretendieron salir a la calle, a través de la puerta
de vidrio del edificio vieron que el humo blanco cubría la entrada,
oscureciéndola, como una fría neblina de aquellas que anuncian un mal clima,
como la bruma cotidiana que cubre el amanecer de Villa El Salvador,
impredecible que hacía imposible predecir si vendría un día caluroso o uno
frío. Ambos niños se tomaron de la mano instintivamente cuando sintieron que
una luz venía subiendo por la calle trayendo tras de si un extraño sonido, uno
que nunca habían escuchado, como si el dragón arrastrara grandes cadenas, de
esas cadenas que en los cuentos de terror se construyen con los pecados de las
personas.
Jaime se
encontraba en la cafetería del colegio viendo la televisión y tomando otro café
pues la mañana estaba extrañamente fría, el alumnado estaba de vacaciones pero
a el se le habían asignado las clases de matemáticas para los desaprobados, no
le caían mal los ingresos extras. Esperaba que dieran las ocho de la mañana.
Miró su taza y le quedaba un último sorbo de café.
El noticiero
de la tv comenzó a transmitir en vivo, las primeras imágenes le llamaron la
atención, le parecían conocidos los lugares que se enfocaban, el reportero
decía, con palabras apresuradas por la emoción – Se ha producido una
deflagración aquí en el distrito de Villa el Salvador….
La vida le
había hecho un hombre práctico, Jaime era de las personas que nunca se
preocupaban innecesariamente por suposiciones sino por hechos concretos,
probablemente el “hasta no ver no creer” Santo Tomás lo había pensado para gente
como él; sin embargo, un hilo de viento helado que apareció de la nada le
enfrió el cuerpo, primero, luego el alma, sintió miedo, miedo, más miedo,
pánico, sus signos vitales se aceleraron descontrolados, quería salir corriendo
hacia su casa, gritar, maldecir, llorar. Todo su cuerpo se humedeció con el
sudor frío que no nacía en sus poros sino en lo más profundo de su ser y que atravesando
sus huesos y músculos salían hacia su piel enfriándolo por completo.
Intentó
recuperar la calma. Inspiró, expiró lentamente, inspiró, expiró varias veces,
las suficientes hasta sentirse tranquilo. Comenzó a aclarar sus ideas mientras
sus ojos se fijaban en aquellas imágenes que la televisión mostraba. Era en la
esquina de su casa, no pudo pensar más. Le pareció que el piso se abría, que
caía en un pozo profundo, como una garganta gigante, oscura, húmeda y cálida
que se lo tragaba, mientras una tristeza indescriptible, eterna, se apoderaba
de él, lenta e inexorablemente, centímetro a centímetro, su cuerpo ya no era
materia, era emoción, sentimiento, desolación, congoja desamparo eterno,
presentimiento, presentimiento sobre todo. Su vida se terminaba, o por lo menos
la parte más importante de ella.