Dicen que todos los días son días de la Madre. Efectivamente, así es para ellas, ellas no pueden dejar un solo día de ser Madres, ¿Pero seremos nosotros buenos hijos todos los días?, una buena pregunta.
En este nuevo día de la Madre quiero transcribir una oración a la madre, al retrato de su madre que hizo el Obispo de La Serena, Ramón Angel Jara:Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que, siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud; la mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo rica, daría con gusto su tesoro para no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud; una mujer que siendo débil se reviste a veces con la bravura del león; una mujer que mientras vive no la sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero que después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus latidos. De esa mujer no me exija el nombre si no quieres que empape de lágrimas vuestro álbum, porque yo la vi pasar en mi camino. Cuando crezcan vuestros hijos, léanles esta página, y ellos, cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero, en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí para vosotros y para ellos, un boceto del Retrato de su madre.
Por mi parte, sólo me queda desearles a todas las Madres, especialmente a la mía, (...desgraciadamente ya perdí la esperanza que lea esto, pero se que alguien la leerá para ella) y a todas aquellas que son el mejor ejemplo de nuestra raza que tengan un hermoso día (¿...y porqúe no un mes por lo menos, es cuestión de que los hijos nos lo propongamos?); y les dejo algo ya dicho un año antes. Hasta más vernos.
Como me sucede muchas veces, en el ámbito en el cual trabajo, en muchas ceremonias a las que asisto me invitan a dar las palabras centrales o el brindis de honor. Fui invitado el sábado a asistir a un pequeño homenaje a las madres que trabajan con nosotros, como nunca, estuve seguro que no me invitarían a dirigir unas palabras en esta ceremonia.
No se porqué tuve este sentimiento de seguridad, de no ser tomado en cuenta. Quizás me descalificaba el hecho de saber que no alcanzo el nivel del buen hijo, del hijo modelo que se acuerda de su madre como debe ser, por lo menos una vez a la semana, o al mes, o para sus cumpleaños y para los días de las madres. Ahora que lo pienso he dejado pasar estas oportunidades de agradecer a mis padres aún en vida como seguramente la mayoría de nosotros, todos sabemos que cuando no los tenemos lamentamos no haberles expresado nuestro cariño cuando en vida.
Será que inconscientemente me vengo descalificando como un buen hijo y ya no intento recuperar esta calidad, me pregunto si mis preocupaciones y necesidades son justificadoras de esta situación, la verdad que no tengo explicación alguna, sin embargo, es cierto que el sábado, desde que me levanté estaba seguro de pasar desapercibido en el homenaje que haríamos a las madres.
Cuando ya salía con destino a mi trabajo alcancé a escuchar una plegaria, recuerdo que fue en el canal 6 del cable, de radio programas, como telón mientras pasan los comerciales de la radio, en la cual una madre le pedía a su hijo que dejara de llorar, porque ella le protegía y que más bien cuando el fuera grande la haría llorar a ella. Algo de esto se me quedó grabado en algún lugar del cerebro, quizás porque no es común que en este día una madre dirija una plegaria para su hijo.A media mañana, cuando ya terminaba la ceremonia me invitaron a ofrecer el brindis de honor, como quiera que algo de experiencia tengo para estos casos empecé diciendo: Queridas madres, existen días especiales de celebración dentro del calendario cívico nacional y para nadie es desconocido que el día más sublime es el día que hoy celebramos, el de las madres. Para muchos es más importante la navidad o alguna fiesta religiosa, pero personalmente creo, que para aquellos que aún tenemos a nuestras madres vivas es más importante el día de las madres (juro que en este momento sentí un escalofrío por toda mi columna vertebral que comenzaba a debilitarme, mientras una vergüenza por lo hipócrita que estaba siendo me calentaba la cara y las manos). No hay acto de agradecimiento que sea lo suficientemente adecuado para equiparar el sacrificio de nuestras madres por el esfuerzo de habernos traído a la vida, por el sufrimiento que le ocasionamos mientras nos criaba, mientras nos educaba, cuidando que nada nos faltara o que lo poco que tenía alcanzara para todos sus hijos. Ahora que muchos de nosotros hemos alcanzado una posición en la vida no debemos dejar de lado la obligación, si, la obligación de demostrarles nuestro afecto, nuestro agradecimiento y darles nuestra protección (Resalté mis palabras modulándolas sílaba por sílaba, mientras el calor de la vergüenza le ganaba al escalofrío de mi cuerpo, entrando en un estado de casi inconsciencia…). Recuerdo una plegaria de una madre que más o menos le decía a su hijo pequeño que desconsolado lloraba en su regazo, hijo no llores, seca esas lágrimas pequeñas que acá estoy, déjame acariciar tu cabecita mientras pueda, déjame cargarte y apretarte contra mi pecho mientras seas pequeño y dependas de mí, que luego ya no habrá tiempo, como siempre ha sido, conocerás a una mujer bella y me dejarás por ella, tú que ahora lloras, sin saberlo me harás llorar, pero no temas yo siempre estaré cuando me llames, y aún si no lo haces, rezaré por ti para que todo en la vida te salga bien, y si por tu trabajo o tus preocupaciones no puedas estar conmigo le pediré a Dios morirme en silencio y lejos de ti para no darte más preocupaciones, por eso mi pequeño, déjame consolarte y secar cada una de tus lágrimas, mientras siento el latido de tu corazón cerca del mío, porque cuando ya no seas pequeño ya no serás mío. (Todo esto lo se por la grabación que se hizo de la celebración) Por eso compañeros, rindamos homenaje en las madres presentes a nuestras madres, por ser los únicos seres que aún en su día no dejan de preocuparse de nosotros, sus hijos. Salud… (No se cómo esa parte de la plegaria de la radio se grabó en mi, tampoco recuerdo cuantas copas tomé, sólo se que volví a tener conciencia de mi cuando me encontraba en el teléfono y al otro lado me contestaba, un poco asombrada por lo inusual de la llamada, la siempre cálida voz de mi madre).