LA PENSION

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viernes, 17 de julio de 2009

EL A/H1-N1 Y SAN JOSEMARIA ESCRIVA

Hace ya algo de tiempo que, haciendo mi recorrido diario, casi siempre nocturno, por el ciberespacio, me di con una página con la biografía, información, milagros e historia de San Josemaría Escrivá de Balaguer, la verdad que no se qué fue lo que atrajo mi atención pero seguí los vínculos por más de dos horas, y la noche siguiente también; al final, quedé converncido de la vida de este santo hombre, que, según yo, tuvo la virtud de reincorporar a los profesionales al seno de la iglesia católica y enseñarnos que para ser agradables y servidores de Dios, algún Dios debe existir, sólo se necesita optimismo y ganas de trabajar, algo que a todos los peruanos nos hace falta.
No debo dejar de decir que San Josemaría Escrivá de Balaguer fue fundador de la "Obra de Dios" o el "Opus Dei" en latín (debería ser más bien la "Opus Dei"), organización que tantos velos de misterio han esparcido entre católicos y no tanto, lo cierto es que desde su existencia grandes obras se han hecho en nombre de Dios y grandes hombres le han dado más espiritualidad a sus vidas.
Con la misma facilidad con que digerí la información que hallé en internet me fui haciendo, sino devoto, por lo menos un gran admirador, aprendí a orar de la forma en que lo hacía e intenté mirar el mundo como lo miró él.
Aprendí a hacer pocos pedidos durante el rezo y más agradecimientos, Los pocos pedidos que hago en mis rezos lo hago en su nombre.
Hace unas noches leí preocupado que la gripe porcina, más conocida por la identificación que se le ha dado al virus que la ocasiona, el A/H1-N1 se viene extendiendo en Lima y en el Callao de manera preocupante, aún cuando el gobierno trata de quitarle importancia a este hecho para no alarmar a la población, sin embargo el aumento del peligro es evidente, tanto, que se han adelantado las vacaciones escolares.
Con esta preocupación en la mente salí a caminar en la noche por las calles del pueblo donde trabajo lejos de la familia, a orillas del río Marañón cerca de los pongos de Retama y Manseriche, con la preocupación de que mis hijos que aún asisten al colegio en el Callao, despreocupados del peligro pueden contagiarse. Lo cierto es que mis pasos se dirigieron, sin querer, a la iglesia matriz del pueblo, una verdadera iglesia de pueblo, pequeña, casi incolora, con arquitectura inidentificable, bancas en su mayoría vacías a esta hora, con una austeridad apostólica que se evidencia en su falta de santos y ornamentos, más parecida a un templo adventista o similar. Me senté, me concentré en San Josemaría, le recordé que era un Santo casi nuevo, con pocos años de servicio y que por eso tenía que escuchar mis pedidos. Imagínense lo ocupados que andarán otros santos más antiguos como San Martín o Santa Rosa con estos tiempos (recién acabo de comprender que esta fue quizás la mayor razón que me hizo su devoto, imaginarme un Santo preocupado por atenderme por no tener a quien más atender). Con esa sensación de seguridad que me atendería por lo que acabo de escribir, le pedí que hiciera alco contra la cochina gripe porcina.
Fue entonces que recién me di cuenta que la misa había comenzado hace un rato que el sacerdtoe anunciaba que aquellos que iban a recibir la hostia en comunión la recibirían en su mano para que no hubiera la posibilidad de contagiarse con "el virus del H1-N1", como lo dijo el mismo, y, que además, cuando el lo indicara, al momento de darse la paz entre hermanos, sólo sería necesario darse una palmadita en el hombro, puer darse la mano, tocarse la cara o darse un beso aumentaba las posiblidades de un contagio.

Me invadió una sensación de seguridad enorme y sonreí. Me dije todos por los que pido siéntanse seguros. Me arrellané en mi lugar y me preparé a repartir palmaditas en el hombro de mis hermanos.
Todos deberíamos tener un santo tan servicial.

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...