LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

lunes, 26 de abril de 2021

MON CHÉRI

 Otra vez esta soledad, esta sensación dolorosa que atraviesa todo mi ser, ese hoyo profundo en el que me sumerjo y me abandono al pesimismo, a la eterna espera de algo que tarda demasiado en llegar. Encima hoy es domingo. Cómo odio los domingos. La resaca acentúa esta sensación que acompaña al feriado que me obligo a pasar en casa.

Por la cantidad de luz que atraviesa mis cortinas calculo que estamos cerca del medio día. Me levanto despacio para no despertar al hombre que ronca en mi cama, me dirijo al baño, me doy un rápido duchazo de agua fría, me cepillo los dientes con rabia y después bebo un poco de Gatorade® y bastante agua helada que siempre guardo en el frío bar.

Regreso a la cama, me acomodo muy suavemente para no despertar a mi compañero, total, no hay apuro, apenas despierte le diré que ésta es la última vez que nos veremos, hasta aquí llegó nuestra relación. Puedo adivinar lo que me dirá ¿qué pasó? ¿qué cambió? ¿las cosas que nos dijimos anoche en la discoteca no fueron ciertas?, no lo entenderá; además, no puedo decirle que era un experimento, una perla más del rosario de pretendientes que no logran hacerme olvidar a Fernando, un paso en falso en el camino que tengo que recorrer para encontrar a la persona adecuada. Aquella que acabo de descubrir no es quien me acompaña hoy. Ya imagino la cara que pondrá.

Además es domingo, un buen día para terminar una relación, mañana con el tráfago de mis labores diarias es probable que seas solo un recuerdo y para el próximo fin de semana ni siquiera serás. 

Así soy yo, así he sido siempre.

Y así ha sido siempre, o mejor dicho desde que comenzó la búsqueda del reemplazo de ti, Fernando. ¿Por qué me dejaste? Bueno, la pregunta debería ser ¿Por qué te dejé? ¿Por qué tomé esta decisión cuando parecía que todo iba bien entre nosotros? ¿Por qué se me ocurrió creer todo aquello que decías sobre mi? Que era sumamente independiente, suficiente, luchadora e incansable guerrera. Me decías lúcida e irreverente, que todo lo que me propusiera lo conseguiría y me lo creí. Pensé que podría olvidarte y enrumbarme hacia una meta que aún hoy no tengo clara, que no eras la compañía adecuada, que no te extrañaría nunca, pero en esto último me equivoqué. Ya han pasado más de tres años y todavía te recuerdo como si fuera ayer; en cambio tú, tú, ya tienes un nuevo hogar, se suponía que tenía que ser al revés, las mujeres somos las del luto corto.

Siento un temblor frío en mi cuerpo, una pequeña brisa debe haberse colado entre las cortinas, jalo las sábanas y cubro mi cuerpo todavía húmedo y otra vez me zambullo en el hoyo de la soledad, respiro profundamente pero mi respiración es más bien un suspiro entrecortado, esa sensación que me hace recordar que desde siempre le tuve miedo solo a dos cosas, a la muerte y a estar sola. Bueno, como decías, Fer, la muerte es la nada, dejar de ser, dejar de soñar, dejar de sentir, sobre todo dejar de sufrir, entonces no tiene porqué ser mala. Pero qué te digo, siempre me ha causado un gran temor, miedo profundo a dejar de ser para siempre, pánico a no tener otro despertar, a dejar gente que seguro sentirá tristeza por mi, a perder todo sin siquiera haber comenzado muchas cosas. “No te preocupes, es natural que las mujeres se preocupen por la muerte, acaso no son ellas las que crean vida” me contentabas, me tranquilizabas. También la soledad me atemoriza desde siempre, no recuerdo desde cuándo, me parece haber nacido con este miedo. Peor, sentirse sola estando rodeada de personas. “Yo también me siento solo, a veces, aún cuando estoy en casa rodeado por mi familia; y es cuando me doy cuenta que tú me faltas” Tú siempre Fer, aprovechando para ser galante, inventando situaciones románticas de la nada.

Lo cierto es que el miedo a la soledad y a la muerte siempre me acosan, a veces en mis mejores momentos aparecen como una nube negra que oculta el sol en un santiamén, mis instantes de alegría súbitamente se tornan inciertos, mi estado de ánimo cambia de la nada cuando este temor me invade; y tú, Fer, encontraste que me portaba insegura por culpa de esto “conmigo lo superarás, lo prometo”, te ofreciste.

Vuelvo a suspirar y me invade un enorme deseo de fumar, de encender un cigarrillo que consuma lentamente esta sensación, este temor a las dos cosas que se que todos le temen, por lo menos eso me hiciste creer, Fer. Pero también me enseñaste que tengo que vivir con ambas como si no existieran, con la esperanza de que nunca me alcancen, o por lo menos no tan pronto. Eso lo supe por ti. Aprendí tantas cosas de ti. Ahora que lo pienso, el hombre que sigue durmiendo a mi lado ya no tiene nada que enseñarme y quizás por eso dejó de ser interesante.

Recapitulo, de ti aprendí todos los días algo nuevo, algunas cosas importantes y otras pequeñas pero trascendentes, aprendí a tener paciencia frente a los imprevistos, aprendí que todo puede solucionarse y que a veces esperar un poco nos acerca a esa solución, aprendí que era fácil memorizar una canción si la escuchas todo el día, que el café es la mejor bebida para acompañar la soledad, que la música a veces llena espacios y otras crea vacíos, que leer un libro nos hace más libres pero primero nos esclaviza, que el sol amanece y se oculta cada día de forma diferente, que las ensaladas a veces son más ricas sin aliño, que hay que estar de buen humor para lavar el colador o el rallador, que cuando haces un dulce no es tan bueno si no lo compartes, que siempre es mejor guardar un vino dulce en el frío bar, que un beso de improviso y cogiéndome la cintura se hace eterno, que hacer el amor es diferente a tener sexo, que llorar resulta más común de lo que parece, que mi nombre en francés es “mon chéri”, que entre dos se puede hacer una fiesta, que una flor tras la oreja de cualquier mujer resalta su belleza, que caminar a tu lado diluye el tiempo y acelera el metabolismo, que no necesitas soñar cuando la persona que quieres duerme a tu lado, que no hay nada más erótico que el perfume del maracuyá recién cortado, que aprender poemas largos es sencillo, tan sencillo que memoricé muchos y ahora todos me recuerdan a ti, Fer. ¿Habrá alguna manera de olvidarlos? de borrarlos de mi memoria sin que queden trazas y que nada me recuerde a ti como me recuerda cada verso de ellos.

Pasaron las horas y sucedió todo cual lo planeado, soy una mujer soltera otra vez, nada me ata a nadie, como decías Fernando, nadie es de nadie y todos somos libres, con contrato o sin el. No me fue difícil decirle adiós a este último pretendiente ¿o será que cada vez lo hago mejor? ¿me estaré acostumbrando? No me conviene acostumbrarme pues mi temor a la soledad y a la muerte podrían apoderarse de mi, podrían terminar con mi aparente tranquilidad, con mi fortaleza, con aquellas cualidades que veías en mi.

Como ves, sigo armando mi futuro, “Tú, siempre armando” decías en tono de burla, si supieras cómo quisiera que tuvieras razón y terminara de armar mi vida.

¿Pero por qué seguir pensando en ti? ¿Para evitar sentir ese miedo que los domingos por la tarde siempre me apuñala el alma? ¿Para evitar esa soledad que duele más que nada? ¿Esa soledad que resuena en todo mi cuerpo como una campanada cercana? ¿Para mantener la inútil esperanza de que todavía serás mío? ¿O porque recordarte es la única manera de tenerte conmigo, Fer?

Como ya es mi costumbre comienzo a recitar cada uno de los poemas que me hiciste aprender esperando que me gane el sueño.

Extrañamente me siento bien, mi respiración no está agitada como otras veces, de pronto me siento ligera, libre de peso, me invade una inusitada tranquilidad, un desasosiego. Repaso la última estrofa que acabo de recitar “Por eso en lo profundo de mis sueños despiertos, yo sigo esperando que vengas un día, buscando el refugio de mis brazos abiertos. Y tendrás que ser mía”.

Sonrío, acabo de sentir una transformación en mi que hace bullir mis entrañas. Si, algo acaba de cambiar en mi. No se cómo, solo se que es así. Hasta mi soledad se siente cómoda. Ya no tendré dos temores jamás. Seguro que la vida es mejor con tan solo uno.

Acabo de perderle el temor a la muerte.

sábado, 3 de abril de 2021

EL INVESTIGADOR

 

Se frotó los ojos y miró el reloj sobre el escritorio, las seis y cincuenta de la mañana. Suspiró de alivio porque pensaba que su trabajo había culminado, cerró la laptop y presurosamente se dio un baño, se alistó con la ropa que el había definido como de trabajo, luego un café sin azúcar, que acompañó con un par de barritas de cereal y colgándose al hombro el viejo morral donde había acomodado la laptop salió presuroso a la calle después de elegir una de tantas mascarillas que coleccionaba y que hiciera juego con lo que llevaba puesto, aunque su actitud era firme se sentía angustiado, parecía tener una duda imposible de aclarar, una ligera mueca de su rostro indicaba que se encontraba sorprendido o quizás contrariado.

Tenía dos bachilleratos, una licenciatura, dos maestrías y actualmente estaba por finalizar un doctorado que fue suspendido por la pandemia. César Noé, a sus casi cuarenta años se sentía una persona interesante, casi científico, culto y muy preparado; y, así caminaba por la calle, cuando caminaba, porque a pesar que las distancias fueran cortas, a donde fuera lo hacía con su Audi color negro, que estaba seguro le daba distinción. Sentía que ser distinguido le abría muchas puertas y eran la mejor presentación que podía darle a su preparación y estudios, aunque desde que empezó la pandemia tenía ciertas dudas respecto a esto.

Estaba separado, su matrimonio no llegó a los cinco años pero le dejó un sabor a triunfo, a haber intentado algo que parecía imposible, sabía que si bien era muy bueno para los estudios e investigaciones, no había madurado lo suficiente para llevar adelante un hogar, una familia, algo muy común para la mayoría de personas, pero lo que más le afectaba era vivir en soledad después de terminada esta relación; los días del aislamiento social se le hicieron interminables, el trabajo on line desde casa parecía ser una tortura. Durante el encierro se programó una rutina sin horarios, sólo tareas, una tras otra. Prefirió no ponerse horarios pues no tenía una hora fija para acostarse ni para levantarse, a veces no dormía, como la noche anterior. Al principio la mayor parte de su tiempo lo dedicaba a la lectura, después a escudriñar las redes sociales y también a ver videos de música antigua, pero desde unos meses atrás se había dedicado a hacer investigaciones personales, muy específicas sobre temas que se le ocurrían en el momento.

Le dedicaba poco tiempo a la televisión, los noticieros no le llevaban más de media hora diaria, prefería ver series en Netflix®, porque así las podía interrumpir en cualquier momento y retomar el hilo fácilmente, lo cual constituía un problema cuando se trataba de películas.

Ahora, que algunas de las medidas de aislamiento se habían relajado, durante las mañanas se subía a su auto y se dirigía a una playa o un parque, en donde, bajo la sensación de libertad y aire fresco realizaba su trabajo on line o de búsqueda de información en redes para sus investigaciones personales.

Con todas las tesis que había hecho para obtener los grados universitarios que ostentaba había adquirido destreza, se había mecanizado, en la metodología de la investigación. Una de las primeras dudas que trató de aclarar durante sus investigaciones fue la existencia de Dios. Siempre había querido declararse agnóstico por eso le buscó muchas explicaciones científicas a algunos milagros conocidos y ahondó en las teorías del Big Bang y del evolucionismo de Darwin, pero cuando leyó a Manuel Polo y Peyrolón, la casi seguridad que tenía por el agnosticismo se le debilitó.

Prefirió dejar esta investigación para “después”, no sería la primera ni la última que tendría que esperar en algún directorio de su laptop.

A los tres meses de comenzar el aislamiento por la pandemia, después de ver un noticiero se preguntó ¿por qué una parte de los venezolanos que llegan al Perú se comportan como delincuentes?. Lo convirtió en hipótesis y realizó un trabajo de investigación tipo descriptivo, aunque profundo, no le llevó mas que una semana. Sus resultados lo publicó en un blog personal y de allí lo tomó uno de los editores del diario El Comercio y le pidió permiso para publicarlo en su edición dominical. Aceptó con mucho temor, pensó que a la gente no le agradaría, sin embargo, cuando le ofrecieron publicar todos sus trabajos por un precio convenido se sintió muy importante, comprendió que la a la gente le interesaban sus trabajos.

La siguiente duda que aclaró mediante una investigación personal fue ¿Está preparado el sistema de salud para combatir una pandemia?. Después las interrogantes se hicieron más interesantes y actuales, publicó su siguiente trabajo que nació a la pregunta ¿Qué efectos tendrá sobre la pandemia el retorno de los provincianos que se encontraban en Lima?, luego siguieron ¿Existe un remedio efectivo contra el COVID-19? ¿Por qué confiamos tanto en la ivermectina? ¿Qué le pasará a la economía peruana después del COVID-19? ¿Cómo afectan las clases on line en la formación del niño y adolescente? y muchos más.

La publicación de sus resultados en el dominical de El Comercio eran muy esperadas, aunque hubo domingos en los que no aparecía porque sintió que su trabajo no estaba completo, o el resultado no era lo suficientemente sólido que prefería no publicarlo, algunas las guardaba y las avanzaba de tiempo en tiempo hasta que las terminaba, no era raro que hiciera más de dos investigaciones en simultáneo.

Su trabajo habitual, como responsable de un área importante de una compañía dedicada a la tecnología se vio afectado por su dedicación a las investigaciones personales. Sabía que mucha gente lo seguía y que tenía una responsabilidad como generador de opinión publica, se había propuesto no defraudar a estas personas.

La acuciosidad y la facilidad que tenía para identificar problemas que pudiera convertir en investigación le permitían contar, además de las que estaban en proceso, con una serie de potenciales problemas o dudas que podría resolver previa investigación. Ahora mismo, sentado en un parque miraflorino, con una vista impresionante de la Costa Verde y bajo los efectos de la fría brisa marina se disponía a revisar el trabajo que creía culminado pero que no tenía intenciones de publicarlo, por lo menos no por ahora.

Este era uno de aquellos casos que avanzó de a pocos, quizás era el que más tiempo le había tomado investigar, recuerda que lo inició uno de aquellos domingos en que frente a la televisión, viendo los programas dominicales, presentaron un reportaje de un profesor que había fallecido por COVID-19 con tan solo 36 años, no tan habitual por esos días, muchos alumnos y profesores lo lloraban públicamente, la televisión se preocupada de transmitir estos lastimeros comentarios, cada cual más triste; justo cuando una compañero dal fallecido hacía conocer lo bueno que había sido y el desprendimiento que siempre había mostrado su colega, alcanzó a escuchar que una mujer joven gritaba “No se porqué tantas lágrimas si era un desgraciado”; ningún reportero le dio importancia y mas bien se centraron en las bondades del difunto.

Inicialmente se sorprendió pero tuvo que recurrir a un video en internet sobre este reportaje para darse cuenta con cuánto odio, con cuánta ira contenida la mujer había logrado expresarse, aunque estaba en segundo plano, al revisar el video pudo notar hasta lágrimas en aquella desconocida, lágrimas de odio, pensó.

Tomó nota de los nombres y los principales datos difundidos por el programa de televisión e inició una investigación que le llevó algunos días. Primero hurgó todo lo que pudo en internet, luego visitó a algunos familiares y conocidos del investigado. Lo que iba descubriendo, además de sorprenderlo lo motivaba por saber más, por conocer qué misterios escondía el occiso tan llorado; finalmente, llegó a la conclusión que las lagrimas televisadas no valieron la pena, el fallecido había sido un desgraciado, por decir lo menos, encontró que a los dieciocho años fue acusado de violar a un niño de nueve y nunca fue sentenciado, el caso se archivó por prescripción porque el oscuro abogado que contrató consiguió que la insuficiencia de pruebas convirtieran la violación en actos contra el pudor. Pero no era lo único, al iniciar su carrera como profesor, contratado por el estado y destacado en un pequeño pueblo de Huarochirí, había embarazado a una de sus alumnas de quince años y lo solucionó casándose con la agredida. Dos años después de este hecho fue trasladado a Lima y nunca más volvió a relacionarse con aquella. En Lima, fue acusado tres veces durante el ejercicio de su función por hechos similares, tenía muchas denuncias por acoso sexual que quedaban en quejas y no progresaban; además vestía a la moda con ropa cara, cosa no habitual para un maestro y revisando sus antecedentes policiales era conocido por receptador de robos.

Este descubrimiento lo llevó a investigar a una nueva víctima del COVID-19, esta vez lo tomó del semanario del periodista “H”, en donde aparecía el cadáver tirado en la calle a pocos metros de un hospital, era un caso dramático y muy difundido por los medios. Después de identificarlo adecuadamente inició la investigación con una pequeña sorpresa, el sujeto estaba requisitoriado por la justicia por homicidio, al revisar ese caso se encontró con que además había producido la muerte de una madre con su hijo al atropellarlos con un vehículo que conducía en estado de ebriedad y sin tener licencia de conducir, lo encontró en diversos videos en internet, todos ellos producidos por noticieros, enfrentándose con los fiscalizadores de tránsito para impedir ser detenido cuando conducía una combi en forma ilegal. También le llamó la atención que tenía un impedimento de salida del país dictado por un juez de familia por no cumplir con pagar la alimentación de un hijo, impedimento que tenía diez años de haberse registrado en el sistema de migraciones,

Vaya, se dijo aquella vez, ya son dos.

Con mucho recelo y al azar escogió un tercer sujeto de estudio, ahora una mujer. Lo que encontró no fue muy diferente a los anteriores, quizás peor, esta mujer había sido acusada de provocar un incendio en el que fallecieron su pareja y sus dos hijos, el proceso continuaba en investigación pese a los años de ocurrido el siniestro, mientras tanto, se dedicaba a estafar, especialmente a ancianos, a los que engatusaba hasta conseguir quitarles su fortuna y los abandonada en la miseria mientras ella se daba la gran vida con lo conseguido.

Alarmado por lo que había encontrado se preguntó ¿Hay una causa especial que ocasiona la muerte de personas por COVID-19? y comenzó con mucha incertidumbre esta investigación. Era de aquellas que encajonaba y avanzaba poco a poco.

Para poder generalizar sus resultados estadísticamente, estudió cuarenta y tres casos, gracias a la tecnología y a su verdadero interés avanzó muy rápido. Y ocurrió que cuando terminaba con el sujeto cuarenta y dos falleció por COVID-19 el jefe de la empresa de tecnologías donde trabajaba, lo tomó como obligatorio estudiar su caso, aunque pensó que esta vez no encontraría lo que había encontrando en todos los fallecidos sujetos de estudio.

Don Iván, como lo llamaban con cariño todos los trabajadores, era un jefe muy altruista y dedicado a su negocio de venta y soporte de productos tecnológicos, casi todos los días bajaba de su despacho y se paseaba por las instalaciones, conversando con aquellos empleados que encontraba, siempre preguntaba cómo estaban en casa, si habían problemas él se ofrecía a ayudarles, y sus palabras siempre se convertían en hechos, aunque la ayuda fuera pequeña los empleados agradecía cualquier apoyo, aunque el problema no fuera tan serio, resaltaban su religiosidad y su apego familiar, era de los que iban en familia a la misa del domingo y se confesaban y comulgaban, participaba en todos los eventos para recaudar fondos para los pobres, especialmente niños, en las paredes de su oficina resaltaban las fotos familiares enormes y en tamaños más pequeños muchas vistas de reuniones con trabajadores o en jornadas cívicas, algunas descoloridas poniendo en evidencia su antigüedad.

Cuando falleció lo lloramos todos. Quizás demasiados. Si, demasiados.

Después de la incineración y ceremonia fúnebre le llegó una notificación a su viuda de un compromiso oculto, desconocido que había mantenido don Iván hasta el último de sus días, donde además tenía tres hijos.

Sometido a las investigaciones de César Noé dio positivo para las sorpresas.

Don Iván si que había tenido pasado.

Muy joven había sido desertor del ejército, a los pocos días de iniciar su servicio militar obligatorio había fugado, no con uno sino con dos fusiles. Luego fue sospechoso de dedicarse al asalto en carreteras. Antes de cumplir los veintiuno se hizo conocido por asaltar a narcotraficantes y quitarles la droga y el dinero, se decía que su banda, en muchos casos, mataban a los traficantes y desaparecían los cadáveres sin dejar evidencias de sus actos. Pero fue capturado, sin embargo, fue dejado en libertad pues su libreta electoral, el antiguo DNI, no coincidía con los nombres registrados durante su servicio militar.

Después de eso parecía que se había alejado de la vida delictiva sin embargo, la acuciosidad de César Noé permitió rastrearlo y descubrir que, con otro nombre, apareció como dirigente universitario, integrante del tercio estudiantil, órgano de administración de las universidades elegido por los propios estudiantes, paradójicamente fue la época en las que más denuncias tuvo, desde robos, asaltos, agresiones y hasta un par de homicidios, pero que nunca fueron penalizados porque con dinero o presiones políticas los casos se archivaban siempre por falta de pruebas o porque el afectado renunciaba a su denuncia. Durante esa época don Iván se había afiliado a un partido político corrupto del cual conseguía bastante apoyo gracias a sus aportes económicos.

Luego de “estudiar” doce años en la universidad se recibió de administrador, era evidente que en este tiempo había alcanzado una bonanza económica envidiable. Su primer y único trabajo fue en la empresa de la cual ahora era propietario. Ingresó como asistente del área de contabilidad, se hizo muy amigo del dueño y gerente hasta convertirse en un allegado se su familia; y, curiosamente, cuando el propietario falleció en un extraño accidente automovilístico en el que don Iván sobrevivió todos quedaron sorprendidos, hasta la esposa e hijos, por que unos días antes de su fallecimiento el propietario le había transferido el noventa por ciento de las acciones a don Iván. Con su habilidad, para él fue fácil presionar a la familia que tuvo que vender lo que le quedaba para no caer en la miseria.

César Noé se quedó perplejo cuando también descubrió la doble vida de don Iván, que usaba su empresa para convocar jóvenes por las redes sociales con la promesa de un empleo bien remunerado y luego los inducía a participar en orgías para lo cual había construido toda una empresa paralela hasta con local propio.

Bajo la sombra que proyectaba un gran árbol sobre la banca del parque donde se encontraba sentado con la computador sobre sus rodillas, lo que acababa de descubrir lo sobresaltó, inspiró profundamente por la sorpresa, como para aprovechar el aire frío y húmedo que venía desde el mar; la página web a la que había accedido estaba especializada en pedofilia, el administrador era un tal Návinod, a todas luces un anagrama de “don Iván”, en las cientos de fotos sórdidas que boquiabierto pasaba, en las que un adulto que ocultaba su rostro detrás de un antifaz abusaba de menores era fácil identificar la cara de su ex jefe. Su corazón se alteró como nunca, se reacomodó en la banca hasta casi hacer crujir su columna vertebral, apoyó ambos codos en el respaldar, cerró la computadora con violencia pero con control, cerró sus ojos y aspiró tanto aire como le permitiera expandir su pecho al máximo hasta que su esternón crujiera levemente, se quedó inmóvil muchos segundos y luego comenzó a expirar muy suavemente mientras sentía que su corazón recobraba su ritmo golpeando con su latido todo su cuerpo.

Por unos segundos le pasaron por su cabeza, como mosaicos sobre iluminados, las imágenes de todo lo que había encontrado durante esta investigación, hasta ahora cuando le hablaban de la “miseria humana” había tomado esta expresión como una metáfora exagerada de lo diverso y complicado que es el ser humano, de lo difícil que era entenderlo; ahora, tomaba otro significado. Su nueva visión y trascendencia del ser humano había involucionado, ya no importaba comprenderlo sino más bien interpretarlo, actuarlo, había concluido que todos tenemos un doble argumento para vivir nuestras vidas, actuamos cualquiera de ellos dependiendo de la imagen que quisiéramos dar, así como las máscaras que representan al teatro griego, una es feliz y risueña, mientras que la otra triste y amargada, así transcurre la vida del ser humano, bien y mal siempre juntos, apoderándose cada uno de nuestras conciencias de acuerdo a la situación. Finalmente, era la voluntad de Dios, así nos había creado ¿acaso Dios no tuvo un lado malo? ¿no parió el cielo al peor demonio de todos?

Volvió a respirar, esta vez más calmado, se fue relajando, casi licuando hasta formar una sola entidad con la banca del parque y la laptop, pasaron los minutos y poco a poco recuperaba su consistencia humana, se sintió tieso, rígido y sus ideas se iban aclarando mucho más rápidamente. Sonrió, mas bien una mueca retorcida, sus ojos lucían diferentes, su mirada ya no era la misma, sus pupilas dilatadas parecían las de un muerto.

-       ¿Qué es esto? - se dijo - la muerte o la locura.

En el fondo de su mente luchaban por salir las ideas claras, era una pelea, la eterna pelea, aquella que daba lugar a las conclusiones de sus investigaciones; esta vez era la última pelea.

Se preguntó murmurando entre dientes, como cuando escribía el desenlace de alguna investigación

- ¿No será este mal un castigo divino? ¿Quién se está llevando a las malas personas? ¿Quién esta limpiando el planeta de esta “miseria humana”? ¿Alguien más ya se dio cuenta de esto?.

Sintió temor por lo que acababa de descubrir, era la primera vez en su vida que sentía esta forma de miedo, a lo desconocido, a lo enigmático, a lo divino, al castigo de Dios.

 

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...