He estado buscando, casi desesperadamente un tema para este rincón, pero estoy siendo atacado por una sequía de ideas e inspiración, tengo la impresión que mucho tiene que ver un repucho y la ansiada posibilidad de regresarme a Lima, pero, buscando algún material para enviar a un compañero que me solicitó información sobre el operativo policial en el Santuario Histórico Bosques de Pómac encontré un editorial publicado en el periódico mural de la Comisaría de "José Leonardo Ortiz" unos días después de estos acontecimientos, me parece que, coincidiendo con la fecha merece darle una miradita a lo que sigue.
Es una buena forma de empezar este 2011.
EL PRECIO DE LA LEGALIDAD. El día 20ENE09, a partir de las 04.00 horas, nos tocó formar parte del contingente de policías de Chiclayo, Trujillo, Piura y Lima que ejecutaron la orden judicial de desalojar a los invasores del Bosque de Pómac, el último bosque denso de la costa peruana, nos tocó ejecutar un mandato judicial destinado a restablecer el orden en un terreno que pertenece a todos los peruanos y que venía siendo explotado y depredado salvajemente por ocupantes preocupados de obtener ganancias sin mayor interés por conservar los últimos vestigios naturales y arqueológicos que debemos conservar para nuestros hijos; y como siempre lo hacemos, emprendimos la tarea con optimismo y hasta con alegría por que entendemos que es una muestra de que la cordura y la legalidad está retomando espacios perdidos en el país.
A las pocas horas, cuando cargábamos desesperadamente el cuerpo de nuestro compañero el SO3 PNP Fernando HIDALGO IBARRA, desde la carpa instalada por ESSALUD en el centro poblado El Progreso, hacia el helicóptero que lo trasladaría a Chiclayo, el sentimiento era distinto, fueron 200 metros o algo más de esfuerzo inútil, porque el casi adolescente amarrado a la camilla con la mirada al infinito, a la nada, no hizo ningún movimiento, ninguna señal que nos advirtiera que su inmovilidad no era la muerte, la esperanza de que sólo estaba dormido de cansancio se esfumó cuando el viento desprendido del rotor de la aeronave le levantó la camisa dejando ver el orificio negro, mortal, a un costado de un abdomen de color cadavérico, ese color que los policías que hemos enterrado compañeros podemos reconocer de inmediato. No había nada que hacer. El sentimiento pasaba de pena e impotencia a rabia. Este casi adolescente podría tratarse de un hijo nuestro. Era muy tierno para siquiera ser nuestro hermano. ¿Se han dado cuenta que el valor no tiene edad?, no existe tampoco la edad para la heroicidad, y tampoco para la muerte.
El ambiente en el improvisado helipuerto se cargó de pena, se podía percibir el llanto de los corazones en silencio, los policías nos mirábamos unos a otros tratando de encontrar una respuesta a esta atrocidad. ¿Se han dado cuenta qué jóvenes son los policías de ahora? Quizás por su juventud uno de ellos murmuró “es el precio de la legalidad”. Lo miré sin expresión en mi rostro. Era otro policía-casi-adolescente. Una brizna de alegría calmó mi pesar mientras pensaba “Si, es el precio de la legalidad, y que bueno que lo entiendas así siendo tan joven…”
Mientras se alejaba el helicóptero me preguntaba cuántas vidas de policías más serán necesarias en nombre de la legalidad. Todas las que sean necesarias, pero por favor, que esta vez el policía-casi-adolescente se recupere, que no se muera por Dios. La nave se desvaneció en la distancia, y con ella lo que quedaba de nuestras esperanzas.