EL WAITUKEI Y EL MUNDO VIRTUAL
Estaba recordando las definiciones que nos daban para explicarnos sobre el “efecto dos mil”, especialmente pocos años antes de la llegada del 2000, con el cual, como decían los conferencistas de entonces, llegarían nuevos paradigmas, entre ellos el concepto de lo “virtual”.
Créanme, asistí a muchas conferencias de argentinos, panameños, norteamericanos, hasta de un coreano, todos ellos preparándonos para la llegada del 2,000, por cierto que existía una gran preocupación por el esperado fenómeno “Y2K” (Waitukei).
En síntesis, este fenómeno era el temor a los efectos que podrían producirse por el mal funcionamiento de las computadoras, que estábamos acostumbrados a manejar con fechas de dos dígitos, es decir 1998 era igual a 98, 1999 era 99 y entonces el 2000 tendría que ser 00; son estos dos ceros que las máquinas tendrían que interpretar para trabajar como habían sido programadas y, en la mayoría de casos, estos dos ceros significaban que el operador no había ingresado aún la información o que el archivo no contenía información, lo cual indicaba a la computadora realizar una acción diferente a la que esperábamos. Bueno pues, como en el mundo todo lo hacen las computadoras, desde elevar un ascensor, hasta controlar la temperatura y los signos vitales de un paciente en un quirófano, los resultados parecían desastrosos.
La realidad fue otra, más fue ruido que nueces o, gracias a las previsiones, no se presentó ningún problema a nivel mundial.
Fue justamente este resultado el que le dio más validez al otro concepto, al “virtual”. Este concepto no es otra cosa que quitarle el elemento distancia a cualquier actividad humana, quitarle la distancia a la realidad; es decir, cuando hacemos alguna cosa virtual, no tomamos en cuenta para nada la distancia, por eso que hacemos depósitos bancarios “virtuales”, donde la distancia no existe y lo hacemos desde nuestra casa. El mundo se convirtió entonces en la “aldea virtual” que es ahora. Un hecho que sucede en las Islas Maldivas inmediatamente se conoce en todo el mundo. Las fronteras tendrían que haberse convertido en un elemento de unión más que en una línea limítrofe.
Y efectivamente así es. Es “virtual” nuestro cheque de fin de mes, directo al banco, “virtual” nuestras compras, “virtual” algunos lazos amicales y familiares, “virtual” es casi toda nuestra actividad profesional, nos registramos, recibimos nuestras órdenes, damos cuenta de los resultados, muchas veces sin ver a nuestros jefes durante semanas.
Les juro, rezando en la iglesia también siento que hablar con Dios, la Virgen y los santos es “virtual”.
Si, increíble, casi todo es “virtual”.
Hace algunos días tuve una necesidad urgente de dinero, busqué en mis bolsillos, que parecen de pantalón de payaso pues no tienen fondo, …nada. En la billetera, nones. Entonces reparé en la tarjeta electrónica verde, esa de las tiendas y banco chileno, le dí trámite y asunto solucionado. Claro el verdadero drama seguro que será a fin de mes.
Besé mi tarjeta, creo que más de una vez y para adelante.
¡Que viva el “mundo virtual”!.
Pero…, hay cosas que no pueden ser virtuales, lo digo por experiencia, el beso del amor de tu vida, el calor de tu pareja, la inocente sonrisa de un hijo, la caricia desprevenida del otro hijo, el abrazo a los padres o hermanos, que a veces, en soledad, sientes necesarios, las palmas en el hombro de los amigos, los afectos de todos los que significan algo en tu vida, esos momentos que parecen intrascendestes pero que son fundamentales para mantener el espíritu tranquilo, para reconfortar y alimentar el alma, esos jamás serán virtuales.
Quisiéramos que si.
Sobre todo para poder recuperar el tiempo perdido y decirle a aquel que ofendiste que lo hiciste sin querer, para darles ese beso que quisiste y que no tuviste el valor de darle a tus padres y hermanos, para confundirte en un abrazo con aquellos que ya partieron y darles la esperanza de que seguiremos sus consejos, para evitar esa decisión que nos llevó a una situación de la que hoy nos lamentamos, si, todo esto jamás será virtual.
Ahora espero que para el 2010, 2020, 2030, o, no sé, quizás para el 3000, claro que para entonces ya no me interesa, aparezca otro concepto parecido, pero que en vez de extraer la distancia de la realidad ahora extraiga el tiempo, para poder retroceder y abrazar a los que están lejos, disfrutar los momentos que dejé pasar, ayudar en lo que pude y no lo hice, para volver a elegir a los mismos amigos, los mismos padres y los mismos hermanos, para poder tomar las decisiones correctas… como por ejemplo, …nunca escribir esto.
Un rincón para leer algunos cuentos de desconocida inspiración. No es pretencioso intentar que durante la lectura tengas que guglear, la idea es incorporar algo nuevo a tu conocimiento con cada lectura. Es una apuesta, si no googleas durante uno de los cuentos, me avisas en cual fue y te haces merecedor a un regalo digital. La casa recomienda usar BARD, la inteligencia artificial de Google.
LA PENSION
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LA PENSIÓN
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