LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

miércoles, 28 de diciembre de 2016

EL AMBIENTE LOS HECHOS Y EL DETALLE.

El Ambiente.
La unidad de emergencias de este hospital es como casi todas, llenas de movimiento, gritos de dolor, palabras de aliento, olor a muerte también. Y como casi todas, con rostros de sufrimiento, de esperanzas, de resignación y de amor también. Y como en todas, se respira un aire de preocupación, de desesperación, de alivio, de cansancio. Y de traición, como en ninguna.
Esta unidad de emergencia está dirigida desde hace mucho por un médico intensivista, uno de los primeros en obtener esta especialidad en el país. Su trabajo, tanto administrativo como en los quirófanos siempre es resaltable. Se trata de un caballero serio, a la antigua y casi taciturno, de figura aún atlética y rostro amable que representa algunos años menos de los cincuenta que había cumplido hace poco. Todo el día se le nota transitando siempre apurado por los pasillos de la unidad; a su paso, los internos, residentes, enfermeros y familiares se le acercan por una opinión o para agradecerle los esfuerzos que continuamente hace para aliviar los males de sus pacientes. Y para todos tiene siempre palabras sabias. Por la forma de tratar a unos y otros y por las maneras de tocar diversos temas por los que se le pregunta demuestra ser una persona sumamente culta, interesado en su trabajo y con una calidez que inspira confianza de inmediato. Es cariñoso con su personal y a pesar de tener las cejas casi siempre fruncidas, como si estuviera preocupado o molesto siempre se encuentra tarareando una canción y termina cualquier tema con una broma inteligente, es sumamente amigable, tanto que prefiere tutearse con todos. A pesar de que su responsabilidad es solo sobre la unidad de emergencias muchos pacientes llegan al hospital a buscarlo, pues traen la referencia que la solución a sus problemas de salud empieza con el doctor Luciano Renato.
Conforman esta unidad, además del personal encargado de la salud, algunos técnicos en enfermería que hacen las labores administrativas y que, a diferencia del resto del personal, llevan puestos mandiles amarillos. La mayoría son mujeres y trabajan en horarios de oficina, pero por lo general comienzan un poco antes de las siete de la mañana y terminan después de las cinco de la tarde.
Hace casi un año se incorporaron médicos, enfermeros y personal administrativo en esta unidad, por gestión de Luciano Renato, quien esperaba darle un ambiente más joven a esta unidad que se estaba llenando de personal muy antiguo.
Con este personal de reciente contratación llegó una muchacha muy hermosa. Es la más bonita y delicada mujer que ha llegado a trabajar desde la fundación del servicio de emergencias. La joven, no ha cumplido aún los veintidós pero se comporta como una mujer mayor. Tiene una personalidad que resalta de las demás, demuestra conocimiento de lo que hace, es responsable, puntual y se convierte en un verdadero apoyo para el médico que la necesite. Además, tiene un rostro exótico, una figura insinuante y una forma de caminar tan femenina que siempre que lo hace da la impresión que estuviera desfilando en una pasarela, inmediatamente atrae la mirada de hombres, y mujeres también. Se nota que es de procedencia humilde pero su espíritu de superación es envidiable, lo que la hace más encantadora. Tiene una voz calmada que en situaciones especiales le suena como una femme fatale de las películas de gangsters de inicios del siglo pasado. Todos los varones parecen enamorados de ella, por lo menos impresionados, a excepción de Luciano  Renato.
En este grupo de contratados también llegó el médico cirujano Melchor Cabanillas, un pujante cirujano egresado de la universidad Cayetano Heredia, heredero de una tradición familiar de profesionales médicos exitosos, que también demuestra, pese a sus veintiocho años una preparación y una cultura superior al promedio etario.
Tiene una buena presencia, le gusta tomar la palabra en todos los asuntos de su competencia, en los que no lo son también. Es el médico que más mandiles y zapatos ha cambiado en el año, todos de reconocidas marcas.
Tiene un ego también superior al promedio y le gusta demostrarlo, se pasea por todos los ambientes con el estetoscopio sobre los hombros porque sabe que esto atrae a las mujeres; y, en este último año, se puso como meta mostrar sus dotes amatorias con cuanta mujer le saliera al frente. Sentía que lo había logrado, pero le faltaba la bella muchacha administrativa, aquella del hermoso caminar.
El cirujano Cabanillas de lejos impresionaba a cualquiera pero después de conocerlo muchos se desencantaban pues se mostraba como un hombre preocupado solo de el, ansioso por el éxito a toda costa y siempre en cualquier decisión primaban sus intereses. Tanto por esta característica como por que era muy selectivo y hasta intolerante sus amigos eran pocos.

Los Hechos.
No cabía en el intelecto de Melchor Cabanillas porqué una muchacha sencilla no había caído subyugada por su presencia, como lo habían hecho casi todas las mujeres en edad reproductiva del servicio de emergencia y de casi todo el hospital. Se sabía conquistador, lo había demostrado toda la vida, tenía aprendidas las recomendaciones para ser un buen dandi y un buen casanovas.
La invitó de muchas formas a salir. A almorzar, a ir al cine, a conciertos, le ofreció llevarla a su casa, pero nunca obtuvo un sí.
Ya estaba por cambiar de actitud con la joven, solía hacerlo así cuando una mujer se escapaba de sus redes, lo que seguía era despotricar de ellas, crearles malos antecedentes a través de chismes muy bien urdidos y para lo que demostraba una gran habilidad.
Se dijo es la última oportunidad que le doy y la invitó a almorzar. Como si hubiera estado enterada, la muchacha le aceptó esa invitación pero le pidió que fuera unos días después porque tenía que realizar algunas tareas particulares.
Fue una magnífica ocasión para el. Preparó el terreno, escogió un buen restaurante de comida fusión, para tener de que hablar e impresionarla con sus conocimientos, revisó la carta un día antes con el mismo fin con que los depredadores toman las mayores precauciones antes de saltar sobre sus presas. Cuando llegó el día la esperó con media hora de anticipación en la puerta del hospital, donde habían acordado encontrarse, de deshizo en atenciones con ella, le abrió la puerta del auto, le retiró la silla en el restaurante para que se sentara, y le dio explicaciones de cada uno de los platos recomendándole el más caro sólo para impresionarla.
Fue en esta ocasión como, por boca de ella, se enteró que a la chica le gustaban los hombres altos, cultos, caballeros, muy sensibles, alegres, optimistas, que sabían lo que querían y hacia donde se dirigían, con ganas de siempre ser mejores y sobre todo que no mientan, pero que además le importaba mucho que fueran detallistas, y puso mucho énfasis en esto último.
Son todas las condiciones que tengo pensó aquella vez, mientras se relamía por la victoria que ya creía alcanzada, incluso se fijó un plazo para que la bella muchacha cayera en sus redes. Ese día se excedió en muestras de atención y caballerosidad y además se dio la maña para halagarla por su belleza, por su inteligencia, por su figura de chica moderna y otros aspectos que creía la iban a impactar, esperando que cuando la llevara a su casa ella ya se podía encontrar lista para caer bajo su encanto. Pero no pasó nada, al llegar a su casa ella solo lo premió con un beso en la mejilla y un nos vemos intrascendente.
Después de este encuentro no pasó nada. Corrieron los días y no hubo mayor progreso respecto a sus pretendidas relaciones con la muchacha. No le volvió a aceptar otra invitación, siempre tenía una excusa para no acceder a ninguna de sus propuestas. A veces parecía que se escondía de el, pero se encontraba desconcertado porque ella nunca le negaba una sonrisa, siempre que conversaban lo hacían en buenos términos pero finalmente no conseguía nada, la excusa de la muchacha en todos los casos resultaba justificable.
La esperó muchas veces a la salida del trabajo para llevarla en su automóvil pero ella nunca accedió. Solo se consolaba con la esperanza de una próxima oportunidad y con el deseo que le renovaba las ganas cuando la veía caminar con una gracia que le aceleraba los sentidos y los latidos también.
Comenzó a hacer cosas que nunca había hecho. Le mandaba mensajes por diversos medios, la seguía en las redes sociales y todo lo que hacía tenía la oculta intención de encontrarse con ella.
Se le ocurrió esperarla por las noches en la puerta de su casa y alcanzar alguna oportunidad que seguramente se le presentaría.
La primera vez que la esperó ella llegó cerca de la media noche, no alcanzó a ver los detalles del moderno vehículo del que bajó pero supuso que era un taxi de los que ahora abundan por la ciudad.
La segunda vez si que se sorprendió, cerca de las diez de la noche se hizo presente el mismo vehículo y ella subió al asiento delantero, llevaba puesto un mini vestido que agigantaban su sensual caminar y su espectacular figura. Solo se le ocurrió seguir al vehículo para ver a dónde se dirigían.
El automóvil se detuvo en el estacionamiento del hotel Hillton y mientras el conductor entregaba las llaves al valet se pudo dar cuenta que era Luciano Renato quien acompañaba a la muchacha. La impresión le cortó la respiración por un momento prolongado. Los siguió mientras se dirigieron al restaurante y los vio servirse la cena conversando como si se trataran de algo más que amigos.
No pudo aguantar esta amargura que comenzó a quemarle todo su ser e inteligentemente prefirió retirarse para no saber lo que podía suceder después. Esto le permitiría por lo menos mantener intactas sus esperanzas.
Durante los días siguientes le hizo muchas invitaciones a la muchacha pero siempre con el mismo resultado, le insinuó de su juventud frente a la edad del director de la unidad y de su capacidad que pronto le permitiría ocupar ese puesto, pues se había enterado que Luciano Renato ya tenía unos meses más sobre la edad límite para el puesto, y tenía que irse.
Le habló de su futuro como médico, le contó de sus formas corteses para tratar a las mujeres, se describió como un eximio caballero y hasta le aseguró que la mujer que viviera con el tendría el futuro asegurado, pretendiendo que ella accedería a una de sus invitaciones, pero todo fue en vano.
La muchacha se había metido en su cabeza. Todo el día pensaba en ella. Se dio cuenta que estaba desesperado.

El Detalle.

Era una especie de locura que nunca había experimentado, Melchor Cabanillas nunca había pasado por una situación así, estaba permanentemente malhumorado y encontraba formas descabelladas para intentar conquistar a la mujer que ahora era su obsesión. Quizás lo que más le causaba daño era la diferencia de edades con Luciano Renato. No entendía como un hombre de esa edad podía haber encandilado a una mujer tan joven. No cabía en su razón sentirse desplazado por otro hombre el cual, según su idea, no le llegaba ni a los talones.
Muchas veces se sorprendió tratando de diagnosticarse un proceso febril o una descompensación generalizada de su organismo cuya causa atribuyó a los celos que sentía. En las noches no soñaba nada pero al despertarse no podía dejar de sentir esta sensación de cólera, de vacío, de abandono que le corroía la razón, su obsesión por la muchacha aumentaba en la misma medida que su odio a Luciano Renato.
Esta mañana al despertar si recordó haber tenido sueños, recordó la imagen de Luciano Renato abrazando al motivo de su obsesión, ella lucía más bella que nunca y sobre todo contenta y radiante. No podía borrar esta escena en la que veía como la muchacha, con los ojos cerrados le ofrecía los labios a Luciano Renato, quien cogiéndola por la cintura la estrujaba contra su cuerpo.
Cada vez que le venía la imagen a la mente todo su cuerpo entraba en una extraña ebullición.
Tomó, como todos los días un café bien cargado antes de dirigirse al hospital. Se detuvo al salir de su casa, y regresó hacia el interior. Súbitamente había nacido una idea que su estado de desesperación la hacía genial. Regresó a su dormitorio y sacó del fondo de un ropero un revólver que había comprado un par de años atrás, más por presumir que por necesidad.
Condujo apresuradamente hacia el hospital pues debía llegar temprano para poder encontrarse en el estacionamiento con Luciano Renato. Lo que iba planeando era darle un susto con el arma pues pensaba que así lo convencería de dejar a la mujer que el tanto ansiaba. Tendría el control de la situación y se propuso por ningún motivo disparar el arma, ni como amenaza pues esto lo pondría en evidencia. Estaba seguro que el director del servicio de emergencia era un tipo cobarde y se convencería tan pronto viera el arma.
Esperó durante algunos minutos dentro del auto estacionado mientras llegaba Luciano Renato, tamborileando sobre el timón acompañando la música que sonaba en la radio, hasta que lo vio llegar. Lo dejó que estacionara y cuando el otro médico se había bajado del auto y recogía algunas cosas de su interior le enfrentó.
-              Buenos días Luciano – le dijo, en un tono desesperado y su interlocutor de inmediato se dio cuenta que algo se traía.
-              Qué pasa amigo Melchor Cabanillas, ¿Te puedo ayudar en algo? – e inmediatamente se dio cuenta del arma que traía en la mano y en vez de sentir miedo sintió curiosidad pues no suponía nada malo.
-              Quiero que sepas Luciano que te he venido siguiendo, ya sé que tienes una relación con la joven técnico – blandiendo el revolver por sobre la frente del amenazado – mejor la dejas a partir de ahora, pues se que eres casado.
Luciano Renato se sintió sorprendido pues no esperaba esta escena y atinó a decirle:
-              Mira hermano, ella es mayor de edad y yo también y lo que hagamos es cuestión nuestra, de nadie más, no seas loco.
-              Si, además ya estoy enterado que estás irregularmente ejerciendo como director pues ya te pasaste de la edad para el cargo, y si no quieres que te denuncie tienes que dejarla – llegando a sonarle la voz a rabia pura.
-              Bueno, eso ya lo saben en la dirección de salud y me han otorgado un año mientras convocan a un concurso, es legal, no hay problema.
Esto encolerizó a Cabanillas y golpeó con el cañón del revólver a Luciano, la sangre brotó de inmediato y el color púrpura del líquido tibio le ocasionó un extraño placer.
Se dio cuenta que se había quedado sin argumentos, no supo que decir, su desesperación iba aumentando, sólo se le ocurrió golpear otra vez a Luciano Renato, esta vez más fuerte y con la cacha del revólver. La sangre comenzó a caer y teñir la camisa del atacado. El rojo llenó toda su visión, de pronto los demás colores desaparecieron y todo lo veía en diferentes tonos de rojo.
Mas con la intención de terminar pronto con esta situación extraña que parecer irónico, Luciano Renato se acomodó y con seriedad le dijo:
-      Podrás lesionarme lo que quieras, pero hay un detalle, mientras tu estés pagando las consecuencias ella estará cuidando de mí y curándome las heridas.
Los tonos de rojo desaparecieron de la visión de Melchor Cabanillas y tuvo la misma vista de la muchacha sonriente acercando sus labios a Luciano Renato, se dejó dominar por un extraño temblor y sonó un disparo en el estacionamiento.

viernes, 2 de diciembre de 2016

ENTRE MAESTROS

Libertad. Siento que la estoy perdiendo en medio de este trabajo agitado, los estudios nocturnos y las responsabilidades con la lejana familia, mis espacios se han ido reduciendo y todo el tiempo que antes tenía para dedicarme a la libre lectura de mis autores favoritos pues ahora lo tengo que dedicar a la lectura especializada de una serie de autores que ni sabía que existían hasta antes de complicarme la vida con esta maestría.
Qué lejanos están aquellos días de la universidad, aquella etapa de mi vida a la que considero la mejor, no pensé que me resultaría tan fácil pasar por la universidad, menos en esta carrera, investigación operativa, fueron diez ciclos cursados sin mayores dificultades y con notas sobresalientes. Claro que la importante ayuda de mi novio fue muy significativa, él era un ingeniero industrial con muchos pergaminos, me llevaba doce años, pero su vitalidad y jovialidad reducían significativamente esta distancia. Lo tuve que cancelar porque sentía que esta relación era muy limitante para las aspiraciones de cada uno de nosotros.
Con veintitrés años de edad, la mujer más joven que ha pasado por esta maestría, me he convertido en el amuleto, la mascota de este grupo de personas adultas, entre 40 y 60 años que ahora son mis compañeros de aula.
Desde que salgo de casa llevo la preocupación de los estudios nocturnos, de seis a diez de la noche como cualquier maestría para gente que trabaja. El horario de la oficina termina a las cuatro, me deja dos horas para llegar a clases, pero éstas casi siempre empiezan cerca de las siete, entonces me tomo una hora completa, después de la oficina para terminar las tareas y revisar las clases de la maestría. Mi hora de meterme al sobre, era casi siempre a las once y media de la noche, con la maldita costumbre de leer antes de dormir. Ahora, no puedo acostarme antes de terminar o dejar a punto las tareas de la maestría, siempre conservando la costumbre de la lectura, nunca después de las dos y media, pues con tres horas tengo para mantenerme en vigilia todo el día.
Hoy es sábado y llegué a casa después de terminar un trabajo grupal con los compañeros de estudios, son cerca de las once, solo pienso en sacarme la ropa que a esta hora pesa, sobre todo el bra push up y darle plena libertad a mis pechos, hasta terminar en trusa. Después de acomodar la ropa sucia y planear lo que usaré al día siguiente recién me pongo un camisón de algodón que me sirve de pijamas. Me preparo algo de comer.
Llevo unos días releyendo “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder, es que tengo un curso de deontología y creí oportuno refrescar algunos conceptos filosóficos, después que en el primer control todos salimos desaprobados pues el profesor nos preguntó sobre historia de la filosofía. No creo que exista una mejor manera de hacerlo.
Así que cogí el libro y a darle hasta que el sueño lo permita.
“Sofía se sentía aturdida. ¿Cómo podía ese hombre misterioso estar, de repente, en la Atenas de hace 2,400 años? ¿Cómo era posible ver una grabación en video de otra época? Naturalmente Sofía sabía que no había video en la antigüedad. ¿Podría estar viendo un largometraje? Pero todos los edificios de mármol parecían auténticos… Tener que reconstruir toda la antigua plaza de Atenas y toda la Acrópolis sólo para una película resultaría carísimo. Y sería un precio demasiado alto sólo para que Sofía aprendiera algo sobre Atenas”.
Lo primero que me llamó la atención al despertar era el brillo del sol entrar por la ventana, era un sol diferente. Vamos, la ventana, las paredes, el piso, todo era diferente. La ventana era una abertura trapezoidal sobre la litera de piedra en la cual dormí, el salón era amplio, escasos muebles, se reducían a sillones con coderas, otros solo banquillos, todos de piedra. Un pedestal sobre el que se ubicaba un gran cuenco tallado en piedra con agua. La impresión de despertarme en un lugar tan diferente al que me acosté me llenaba de curiosidad más que miedo. Me levanté despacio y caminé hacia la puerta como hipnotizada.
Ahora si mi curiosidad se convirtió en algo de temor. ¿Cómo no temer si había reconocido frente a mi el templo de Atenea?
Quede sobrecogida pues no encontraba explicación a este fenómeno.
Me revisé y todavía tenía el gran camisón que me puse al acostarme color rosado sin ningún estampado y que me llegaba hasta las rodillas.
Respiré profundo, la brisa marina que venía de una playa que no lograba divisar era tan fresco y con un aroma muy agradable pero desconocido para mi.
Extendí mi mirada y quedé sorprendida, estaba el Partenón tal cual lo había imaginado alguna vez, tenía una majestuosidad y belleza que era difícil quitarle la mirada. Definitivamente estaba en Atenas.
Comencé a bordear el edificio donde había despertado y me di cuenta que era la Acrópolis. En mi recorrido reconocí el anfiteatro, en cuya tribuna unos adolescentes con el torso desnudo parecían recitar poemas.
Era increíble lo que me estaba pasando.
Al completar la vuelta y reingresar por la puerta que había salido me di cuenta que estaba atravesando los propileos, la mayor puerta de este edificio.
Volví a entrar y entonces recién advertí que había cuatro varones vestidos con túnicas blancas que se diferenciaban por los ribetes que llevaban. Me acerqué a ellos y solo el más joven me prestó atención, los otros, mayores siguieron conversando como si no existiera.
Puse atención sobre lo que discutían y me di cuenta que estaba en una conversación filosófica, reconocí a Platón y Sócrates, pues así los llamó el más adulto de todos, que luego supe que era Critón y por fin alguien llamó por su nombre al cuarto y resultó ser Euclides.
Me dediqué a escuchar atentamente la discusión.
Estaban buscando la mejor forma de graficar en un dibujo la vida y cada uno tenía una posición que defendía y justificaba con argumentos que me parecieron sólidos.
En el medio de la conversación, el más joven, Platón, me miró y me peguntó cómo me llamaba y que hacía allí. Le dije llamarme Alessia y que estaba de paso.
-         Qué extraña tu ropa – alcanzó a decirme antes de voltear y continuar en su discusión como si no existiera.
Me sentí extasiada ver discutir a estas eminencias filosóficas, cada uno tenía una idea descabellada para intentar representar la vida en un solo gráfico. Sócrates había planteado un dibujo como un camino y luego poner algunos obstáculos en forma de piedras, para representar las dificultades de la vida, Platón estaba de acuerdo pero decía que este camino debía estar pegado a un río, el río en algún momento podía invadir el camino, pero el camino no podía invadir el río. Para el, el río era la vida misma y el camino el destino de una persona. Critón decía mas bien que la vida eran muchos caminos, cada uno de ellos una empresa que emprendías, los caminos cortos eran los fracasos y los largos los éxitos de la vida, por eso, la figura más representativa era un gran bosque atravesado por muchos caminos que terminaban en ningún lado. Euclides decía que la vida era fácil de representar como una planta, las raíces eran la base moral e intelectual de la persona y de acuerdo a esta el tallo podía ser endeble como un carrizo o fuerte como un abeto, así, cuando se acababa la vida, el tronco del abeto podía quedar mucho tiempo de pie, porque sus raíces lo permitían.
Era una discusión bastante apasionada, cada uno ponía un punto de vista que parecía ser razonable sin embargo era rebatido por los otros tres. La emoción con la que discutían hacía muy curiosa la escena, sus exposiciones eran serias y apasionadas pero nunca llegaba alguno a perder la compostura, se notaban personas con un control absoluto sobre sus emociones, pero era indudable que el calor de la discusión iba en aumento. Y de todos Sócrates parecía estar a punto de perder la paciencia.
Viéndolos más detenidamente me di cuenta que tras la ligera túnica todos tenían cuerpos musculosos y bien cuidados, se notaba que, o hacían ejercicios o la naturaleza había sido muy generosa con los cuatro. Si alguno de ellos me hubiera coqueteado seguro que hubiera caído rendida a sus pies.
Poco a poco fui acercándome a ellos, que se encontraban ahora de pie, trazando con un pedazo de carbón sobre una especie de pizarrón hecho de cuero, con un marco de troncos rústicos. Trazaban las ideas sobre el y luego las borraban con un paño humedecido. Tan ensimismados estaban ahora en esta discusión que no les importaba mi presencia. Poco a poco me había acercado al grupo, aprovechaba para rozar el brazo o el cuerpo de cada uno, como para salir de dudas que esto estaba ocurriendo. Tanto roce me estaba subiendo la adrenalina y ya comenzaba un fandango hormonal en mí.
Sorpresivamente Euclides me miró y dijo:
-      ¿Y que opina Ud jovencito?
-      En realidad jovencita, maestro – le corrigió Platón – y se llama Alessia.
-      Una niña, al parecer foránea, no recuerdo haberla visto en Atenas – terció Critón.
-      Ah, una niña – dijo Sócrates – Creo que una niña no tiene la posibilidad siquiera de plantear una solución a este problema. ¿O si? – se preguntó con un mohín que tomé como reto.
-      René… - alcancé a decir, pues tuve la intención de referirme a René Descartes, tuve que cambiar sobre la marcha pues advertí que una referencia así era impropia puesto que Descartes nacería siglos después.
-      Rene…goncito, había resultado usted – dije muy entrada en confianza mientras los otros tres ocultaron con dificultad sus risas.
Y comencé con mi punto de vista, muy segura de mi. De pronto se me ocurrió una idea sencilla de cómo graficar la vida.
Tomé el paño húmedo y borré todo lo escrito en el bastidor de cuero que hacía de pizarrón. Más de uno quiso detenerme.
Tracé dos líneas, una vertical y otra horizontal, el primer cuadrante de un plano cartesiano, y les dije:
-      La vida es esta línea – señalando la línea de las abscisas – empieza en la unión con la línea transversal – refiriéndome a las coordenadas.
Noté que había logrado la atención de todos con mi actitud. Y seguí.
-      Este punto, denominado el 0,0 significa el nacimiento, el inicio de la vida, y hacia la derecha el crecimiento, para este caso anual. Entonces anotaremos cada año de vida en esta misma línea. 1,2,3, y así hasta el momento de la muerte, si la persona muriera, por ejemplo a los setenta años, tendríamos en esta recta setenta segmentos del mismo tamaño, uno por año. Es una línea de tiempo.
-      Caramba – se apuró en decir Euclides – es una idea original y sabia, me asombra su simpleza. En una sola línea quedan registrados el nacimiento y la muerte, muy interesante.
-      Sin embargo, para lo que queremos graficar no nos sirve – remarcó  vidrioso, Sócrates - ¿Cómo estarían registrados los eventos más importantes de la vida?, ¿El amor, las alegrías, los sufrimientos, los triunfos y todo aquello que es necesario registrar de nuestras vidas?.
-      Si, maestro, sobre todo el amor – se apuró en decir Platón.
No puedo decirlo ahora pero en ese momento las respuestas a estas preguntas brotaron de mí como si las hubiera preparado, entiendo que podría ser por mi experiencia profesional y mi dominio sobre las matemáticas.
Alcancé a pensar también que intuía de dónde venía el interés de Platón por el amor, si a él le debemos el concepto de amor platónico.
-      Si queremos graficar el amor lo que tenemos que haces es dibujar unas líneas paralelas sobre la línea de la vida, – dije - por lógica la línea del amor debe ser más corta que la vida, incluso alguien podría tener más de una de estas líneas. Tantas como amores haya tenido. Y podría ser necesario que en el mismo lapso de tiempo se registren dos líneas, ¿acaso no hay personas que pueden amar a más de uno?
En seguida comencé a registrar sobre la línea de la vida algunas líneas que graficaran el amor, conforme lo estaba concibiendo.
-      Si, es cierto, esta forma es representativa, pero ¿Cómo graficaría los momentos de felicidad por ejemplo? – volvió a preguntar Sócrates.
Puta madre, filósofo tenía que ser me dije.
Y se me ocurrió casi al instante.
-      Para los momentos de felicidad debemos precisar primero que la felicidad en la vida no puede ser continua, no existe un estado de felicidad permanente, la felicidad son pequeños momentos, unos instantes, pero son tan gratos que su sensación la hacemos duradera porque nos gusta. Por eso que para graficarlos podemos usar puntos – me sentí una genio explicando esta nueva teoría – y para hacerlo más representativa estos puntos podrían ser de colores, un color para las alegrías causadas por el amor, rojo por ejemplo, otro color para las alegrías ocasionadas por los amigos y la familia, y así podríamos registrar nuestros momentos felices.
Parecía que ninguno respiraba, su atención era absoluta a lo que iba diciendo.
-      Entonces – agregué - ¿se imaginan lo colorido que sería graficar la vida de las personas felices y lo sombrío de aquellos que no la conocen o no la han conocido nunca?
-      Y…¿Si quisiera graficar un hecho resaltante en mi vida cómo lo haría?, por ejemplo el nacimiento de un hijo – preguntó Platón.
Respiré profundo y exhalé con lentitud, meditando la respuesta que daría, esto no se me había ocurrido así que la respuesta tendría que ser ingeniosa.
-      Un hecho notable en la vida tiene que ser bueno o malo – apunté – si es bueno, al igual que la felicidad lo anotarás como un punto de color, si el hecho es mucho más duradero, como por ejemplo un cargo público, puedes trazar una línea paralela similar a la del amor, pero acá lo interesante es que debes usar un color, por ejemplo el negro, para los hechos nefastos o malos. Y con colores vivos para hechos que son dignos de recordar y tener presentes siempre. De esta manera, con sólo mirar los colores del gráfico de vida de una persona sabremos si es o fue feliz o por el contrario es una persona infeliz o fracasada.
Comenzaron a aplaudir, no alcanzo a identificar quién fue el primero, pero todos lo hicieron contentos, como era previsible Sócrates parecía hacerlo por compromiso o por no defraudar a sus discípulos.
Ne sentí importante como jamás en mi vida.
Se me escarapeló todo el cuerpo.
De pronto sentí unas inmensas ganas de salir corriendo.
Pensé que seguramente estaba despertando de mi sueño, pues esto solo podía ser un sueño  mío.
Di media vuelta y entre los aplausos me dirigí a la puerta, por donde ahora la luz que entraba era tan brillante que me hizo recordar al túnel que dicen haber visto quienes regresaron del umbral de la muerte.
No hicieron ningún intento por detenerme, pero cuando ya estaba a punto de salir me alcanzaron a gritar, no se quién de ellos:
-      ¿Qué más debemos saber de ti, pequeña extranjera?
Juro que iba a contestar “Pequeña la tienes”, pero preferí seguir adelante.
Mientras levantaba mi brazo derecho sintiéndome una emoji del whatsapp y sabiendo que el término que iba a decir era desconocido todavía, sin voltear alcancé a gritarles:

-      Que soy una sapio sexual…!!!




PD. Gracias a la valiosa colaboración de Patsy Sofía y su alter ego.

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...