Fue durante una reunión realizada un día Lunes dentro de la Sala de Comando del cuartel de la Sexta Brigada de la Selva. El General Solano, conocido por su poca paciencia y su dureza en el trato con el personal estaba a cargo de la reunión. Frente a el una cuarentena de oficiales de diferentes jerarquías. Todos atentos, conocedores de su apego extremo a la disciplina se mostraban atentos, por lo menos se mostraban. El tema principal de la reunión era la evaluación de una serie de actividades de bienestar y de esparcimiento que había dispuesto que se realizaran desde una semana anterior. La reunión ya llevaba casi dos horas, de las cuales más de hora y media habían sido empleadas solo por él.
Se levantó de la silla que era cabecera del recinto, cogiendo sus papeles de la mesa para retirarse, dando por terminada la reunión, al momento que preguntaba:
- ¿Qué opina Ud. Capitán Huatangare del resultado de las acciones que hemos realizado?.
- Me parece maravilloso – le respondió un apurado capitán mientras se ponía en atención para atender el requerimiento del máximo jefe del cuartel.
Todos los presentes se quedaron mudos.
La sorpresa se pintó en el rostro de todos. Menos en la del General. Al principio parecía que sus ojos se hacían espumosos y se tornaban amarillentos, como señal de que la bilis o la bilirrubina habían alcanzado sus límites máximos. Luego se fue desdibujando la dureza de su expresión y finalmente media mueca de pendejo se dibujó en su rostro, pero solo por un momento. Su carácter no le permitía más. Luego dirigiéndose a la salida, con una mirada ladina abrió la puerta a la vez que decía:
- Señores, muchas gracias por su atención, es todo; y, nuevamente felicitaciones a todos por su comportamiento en la actividad de ayer.
Sin embargo el silencio en el recinto todavía duró por algunos segundos. Los allí presentes no llegaban a entender la reacción de su general. En otras ocasiones ante la respuesta del capitán Huatangare habría explotado su mal carácter, pero ahora lo había tomado a la ligera.
Se preguntaban a que se debería.
Lo cierto era que esa expresión “Me parece maravilloso” era empleada por el mismo General. Hasta ahora sólo se le conocía a el su empleo. Así se refería cuando a veces se le daba cuenta del resultado de un trabajo, de una orden o de una operación. No era habitual en el, sólo en ocasiones empleaba esta frase y nadie sabía porqué.
Tres días antes, en la oficina del General Solano, este había reunido a tres capitanes, entre los que se encontraba el capitán Huatangare y les hacía conocer sus disposiciones:
- Señores, les dijo, los he reunido por que esta vez necesito de todo su apoyo. Como ustedes deben saber, el Comando General del Ejército está empeñado en que realicemos una serie de acciones cívicas con la población, pero además tenemos que formular la documentación para efectuar esta acción cívica y encima, como me he comprometido con la gente –se refería al personal del cuartel– tengo que preparar para el domingo una parrillada, la verdad que con tanta chamba esto se me había olvidado.
Como el momento lo ameritaba los capitanes pusieron la mejor expresión de atención en sus caras, mientras el general continuó diciendo:
- He pensado que uno de ustedes debe encargarse de la ejecución de la acción cívica, el otro de la documentación y el último de la parrillada; y la verdad, no se cómo elegir.
Esto último no era cierto, el ya había decidido encargarle la parrillada a Huatangare, de quien, hasta ahora la mejor expresión que le había dedicado era “cholo’e mierda”. Era conocida la procedencia de Huatangare, su mote casi nativo lo delataba como amazónico, aún conservaba muchas de las costumbres nativas de la zona, pese a sus años de formación, era terco, a veces intratable y lo peor de todo que las misiones que se le encargaban casi nunca terminaban como deberían.
Repentinamente el general señalo con el índice izquierdo al capitán que se encontraba a la derecha y le dijo:
- Tú, Farje, te vas a encargar de la ejecución de la acción cívica, tienes experiencia en esto, has trabajado varios años en administración y siempre tus jefes han terminado casi contentos, me parece que eres el hombre ideal.
- Comprendido mi General, dijo Farje parpadeando sus ojillos casi redondos y vidriosos, de alegría por haber sido designado primero, haciendo sonar los tacos.
Luego el General señaló al capitán del centro y le dijo:
- Tú, Martínez, te vas a encargar de la documentación para dar cuenta a la superioridad, tienes condiciones, ya lo has demostrado, se nota que te gusta la discusión filosófica, así que eres aparente para este trabajo.
- A la orden mi General, casi gritó Martinez, haciendo sonar también los tacos y sacando pecho por la consideración que le tenía el General.
- A ti Huatangare, teniendo en cuenta tus condiciones te voy a encargar el trabajo más difícil de todos, organizar la parrillada. Para eso tienes que coordinar con el jefe de administración para escoger el lugar, lo que se va a servir y también el licor, porque sin licor no hay parrillada que sea buena.
El General se quedó mirando a Huatangare para ver su reacción, pero este sólo se limitó a exclamar:
- Comprendido mi General, estoy a cargo de la Parrillada.
- Ten en cuenta –volvió a decir el general– que es necesario que personalmente te encargues de verificar todo, para que nada salga mal y de todo lo que vas haciendo me vas dando cuenta. De verdad que este trabajo solo tú lo podrías hacer bien.
Y nuevamente el General esperó una reacción, pero Huatangare, nada.
Unas tres horas después de esta reunión el capitán Huatangare se acercó a la oficina del General y se presentó diciendo:
- Permiso mi General, para darle cuenta que ya se seleccionó el local donde va a ser la parrillada, el recreo “mi casita” del técnico Maslucán, que tiene espacio, ambiente apropiado, bien discreto y nos va a prestar todo lo que sea necesario entre las mil doscientos y las seis mil (entre las doce y las seis de la tarde) y la cerveza la va a dar a consignación, ya le di cuenta al Jefe de Administración y me dijo que está bien. Ya conseguí un equipo de sonido perfecto para la ocasión, que lo van a prestar sin costo alguno y tengo un trío criollo que va a amenizar el ambiente durante una hora, sólo les vamos a dar su parrilla y un par de cervezas a cada uno, Ya me autorizaron a retirar la carne, papas, choclo aceite y carbón del almacén, en estos momentos ya tengo el vehículo dispuesto para trasladar todo esto al local y nos van a regalar vasos y platos de plástico. Además mi General he me agenciado unos tickets para que haya orden en el reparto de las parrillas y la cerveza, aquí le dejo algunos –mientras estiraba la mano para entregarle al general un sobre de manila doblado–, y su gusta puede invitar a algunos amigos mi general.
El General estaba casi petrificado de la rapidez con que Huatangare había cumplido el encargo, pensó que se había excedido en algunas cosas, pues antes debió consultarle, como lo había ordenado, pero qué podría hacer, ya estaba asegurada la parrillada, así que sólo atinó a pensar “cholo’e mierda”.
- Me parece maravilloso, Huatangare, Me parece maravilloso, farfulló.
Huatangare, que siempre había tenido la sensación de que el General usaba esta expresión cuando las cosas no estaban del todo bien pidió permiso para retirarse, y, mientras se iba, el General Solano pudo verlo que se rascaba la cabeza en señal de que se encontraba preocupado por algo y recordó las películas de Laurel y Hardy, cuando Laurel se rascaba la cabeza como preludio de la cara de imbécil que terminaba poniendo.
El domingo, la parrillada empezó a las doce en punto. La música, los cantantes, la carne, las papas, la cerveza, todo a pedir de boca. Todos se tomaron las cervezas que quisieron, el ambiente era de mucha alegría, al calor de licor los respetos se diluyeron un poco y los abrazos se hicieron comunes.
Pero, quizás como efecto del alcohol, Huatangare comenzó a sentir un zumbido en su cabeza, una alarma, algo tenía que concluir esta tarde. Su subconsciente se había preparado para aprovechar esta reunión. No podía recordar de qué se trataba. Comenzó a mirar por todo el ambiente para recordar qué era. Vio a sus compañeros bailando entre ellos, algunos oficiales acompañados de guapas muchachas, otros sentados, ya derrotados por el alcohol, los platos con parrilladas a medio comer por todo el local, vasos de plástico tirados sobre las mesas y en el piso, vio al General regresar del baño, y recordó lo que le tenía en alerta.
Se acercó apuradamente al general y antes de que llegara a su mesa le preguntó:
- Mi General, ¿Qué le parece la reunión?.
- Me parece maravilloso, me parece maravilloso, le contesto el General.
- Mi General, ¿Porqué a veces usted dice “Me parece maravilloso”, ¿Qué significa?, volvió a preguntar Huatangare, quitándose un peso de encima.
- Ah, eso, dijo el General mientras se sentaba y a la vez apartaba una silla invitando a Huatangare a que se sentara con el.
- Te voy a contar la historia. Pero solo para ti. Espero que no se la cuentes a nadie, le dijo inclinando la cabeza hacia el y poniéndose el anverso de la mano al costado de la boca en señal de máximo secreto.
- Mira cholo, continuó, cuando era muchacho vivía en un barrio pituco de mi ciudad, a dos cuadras vivía un amigo, Nicolás, éste era un serrano de mierda, malcriado hasta el culo, hablaba puro mote y lisuras, de diez palabras que decía ocho eran lisuras o motes, sin embargo, para sorpresa de todos nosotros comenzó a salir con la chica más bonita del barrio, Patricia era ella, además de bonita era muy culta, estaba estudiando en la Escuela Normal pero era mucho lote para él. Ingresé al ejército y después de unos diez años nos volvimos a cruzar. Un día que fui de compras lo encontré bien al terno y lo saludé, y le pregunté que había sido de Patricia, pues yo no sabía nada de ella. ¿Qué, no te enteraste? Me dijo. Nos casamos ya hace ocho años, tenemos dos hijos y nos va bien. Que bien, le dije, aunque nadie daba un sol por ti. Cierto me contestó, Patricia me ha hecho cambiar mucho, ¿Te acuerdas que era bastante motoso y lisuriento?, la verdad es que hablaba así para tratar de esconder mi dejo serrano, pero Patricia me ha hecho cambiar. Si antes decía “Acachau” ahora digo “Por dios, esto quema”, si antes decía “Pototo” ahora digo “Por cierto esto es fofo”, si antes decía “Ándate a la mierda” ahora digo “Mira, no tomemos las cosas así”, si antes decía “Está hasta las huevas” ahora digo “Me parece maravilloso”.
Y enseguida, el general, puso su cara seria de siempre, quedando mudo Huatangare durante un buen tiempo.
Y enseguida, el general, puso su cara seria de siempre, quedando mudo Huatangare durante un buen tiempo.
Ese día Lunes, cuando el General Solano salía de la Sala de Comando, después de mirar a Huatangare unos segundos, sintió apreció por el por la respuesta que había recibido, sin embargo volvió a pensar “cholo’e mierda”.
PD. Los méritos para Beto Mendoza Guevara por sugerir la idea.