LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

sábado, 29 de diciembre de 2018

LAS CUATRO REGLAS


Poco tiempo antes se había percatado que era un poco más de la medianoche, pero como le sucedía siempre que empezaba a revisar los archivos de su computadora encontraba fotos, canciones, imágenes y otras cosas que se ponía a revisar y el tiempo se le iba y terminaba haciendo menos cosas de las que se había propuesto. Era imposible hacerle un buen mantenimiento a su laptop.
Pero ahora había encontrado un screenshot de whatasapp que hizo que inmediatamente le vinieran, como un tsunami, cantidad de recuerdos que se entrecruzaban y pugnaban por robarle su atención, haciendo que su cuerpo temblara y algunas partes de el se le escarapelaran.
La captura de pantalla era un diálogo que por alguna razón, que ahora no recordaba, había guardado, eran unas líneas entre ella y uno de sus ¿enamorados? ¿compromisos? ¿novios?, no sabía como llamarlo. Lo leyó y releyó varias veces como pretendiendo traer cada uno de los momentos que la llevaron a escribirlo, consiguiendo que, más recuerdos se agolparan en su cabeza, al punto de llegarse a intranquilizar. Lorena sabía que no le convenía llegar a ese estado que le ocasionaba una profunda melancolía, no tanto por lo que significara la relación, sino por mirar hacia atrás y descubrir todas las cosas que había vivido y que ahora pretendía olvidar, enterrar en el pasado, borrar cada vestigio de esa vida que ella decía superada.
Eran solo unas líneas sobre el fondo clásico del WhatasApp®, de un poco más de cinco años atrás, por alguna razón había capturado la pantalla a las 2:42 pm, pero las líneas escritas iban de las 11:08 pm a las 11:11 pm de unos días antes con seguridad. En la cabecera decía “Señor Cueva” al lado del ícono de identificación, que era el rostro del hombre con quien tuvo una relación secreta, prohibida y corta.
Ella había escrito “Supongo que la 3 puede ser que existan horarios… Tampoco me gusta saberlo en circunstancias…Así como me cuenta”, el le había contestado “Como sería? Parece complicado”. En seguida había contestado “Ya veremos…es precedente de la 2…Ya que vamos a respetar la U y el trabajo…Nos queda…Casi una hora al día para hablar…Jajaja”.
Terminó de leer y lo marcó para borrarlo. Entonces se quedó pensando mientras los recuerdos comenzaban a ordenarse en su cabeza.
Recordó que con José Luis, de quien “Señor Cueva” era el sobrenombre que le servía para que ojos curiosos no lo identificaran en caso llegaran a fisgonear su celular. Ingresaron a trabajar juntos a la empresa, el era administrador y ella técnica en recursos humanos, a el le designaron como jefe de varias unidades y ella era una de las empleadas encargada de la administración del personal, dependía de el aunque varios escalones abajo. Tenían algunas cosas comunes, ambos estudiaban en universidades aunque diferentes, el una maestría y ella administración, les gustaba la misma música, llegar temprano e irse al último, desayunaban y almorzaban lo mismo y casi siempre se encontraban conversando de algún tema que les interesaba a ambos.
Al cabo de pocos meses ella terminó deslumbrándose por la personalidad de el, de su inteligencia, su paciencia y su costumbre de explicar siempre al detalle la cosas, le parecía un hombre interesante; en cambio el, a pesar de pasar muchas horas juntos no demostraba ningún interés, aparte del laboral por ella, quizás por ser casado. Eso la desconcertaba un poco porque se sabía bonita, era bonita, tenía buen cuerpo y era atractiva para solteros y casados. Durante un día normal, durante muchos momentos se dedicaba a rechazar ofertas y citas de hombres de toda condición y estado. Por eso la conducta de José Luis la turbaba.
Un día, tímidamente el la invitó a almorzar, ella vio la ocasión para hacerse notar más de lo que pensaba la consideraba, le contestó que no podía, que primero le explicara cuáles eran sus intenciones pues el era un hombre casado y ella una señorita con novio. Para su sorpresa el no se mostró extrañado sino que le dio muchas justificaciones, todas agradables para ella, le habló de su belleza, de lo grandioso que era conversar con ella, de lo bonito que sonaba su voz y de lo encantadora que se le veía cuando sonreía, “habemos hombres que nos contentamos con almorzar en compañía de una mujer valiosa como tu, sea cual fuere el riesgo” le había dicho. Esto la convenció, pero para hacerlo intrigante le dijo que en otra ocasión.
Pasaron unos días y ella se preocupó porque el no la volvía a llamar, entonces decidió tomar la iniciativa. Lo ubicó en el FaceBook® y después de presentarse y saludarlo le pidió que le diera una definición del amor y la fidelidad mencionando que era para un trabajo de la universidad. Después de escribirle algunas definiciones personales e interesante el volvió a invitarla a almorzar y ella tras hacerse la difícil aceptó.
Salieron algunas veces pero la otra relación que ella tenía con su “novio” y el hecho que el fuera casado hacía difícil el que se pudieran ver fuera del trabajo y dar un paso adelante, además que era riesgoso porque la empresa prohibía la relación entre sus empleados, si esta no era declarada y se descubría ambos eran despedidos, si era declarada a tiempo uno de los dos tenía que renunciar; y, ninguno de ellos quería dejar el puesto.
El screenshot que estaba leyendo era de esos días, cuando ella aún no lo tuteaba y el ya le había amenazado, después de la segunda cena que tuvieron, que el siguiente paso sería robarle un beso, lo que significaba que quería seguir adelante. Ella le propuso entonces, crear algunas reglas para que las cosas salieran bien y ninguno saliera perjudicado. Acordaron comunicarse por WhatsApp, en lo posible no usar el teléfono “pues no puedo ocultar mis emociones fácilmente” había dicho Lorena.
Decidió no borrar el pantallazo que instantes antes había marcado sino hasta recordar las reglas que habían creado. Comenzó a hurgar en su memoria con ansias, el hacerlo la llevaba casi a un punto de excitación, sentía todo su cuerpo sudar frío con ese temblor previo al éxtasis.
Vino a su mente la cuarta regla “Utilizar solo el WhatsApp®”. Esta regla había sido propuesta por ella, con esta mensajería instalada sólo en su teléfono tenía el control absoluto de su privacidad, nadie podría, ni por casualidad, enterarse de la relación que tenía, evitaba usar la computadora para comunicarse y así asegurarse de no dejar nada abierto cada que se levantaba de su puesto o cada que se acercaba alguien a ella mientras trabajaba. Y vaya que esta regla funcionó bien, chateaban en cualquier momento, incluso en horas de la madrugada, era excitante saber que el estaba escondido en algún rincón de su casa para que no lo sorprendieran mientras chateaban, intercambiaban mensajes y fotos a cada momento y cada uno inventaba mil formas para no ser descubierto. Ella manejaba con mucha habilidad los emojis para hacerle saber a el su estado de ánimo, el de inmediato se daba cuenta y procuraba sintonizarse con ella. Las cosas que se decían antes de un encuentro eran el preludio perfecto para un momento de amor intenso en algún cuarto de hotel, cuando se encontraban no necesitaban decirse mucho, casi todo lo habían dicho ya en el chat.
Luego recordó la tercera regla “Respetar los horarios sin celos”, también propuesta por Lorena. Un tema importante pues ambos debían respetar el tiempo que dedicaban a su relación formal y sobre todo evitar los celos, por lo menos no demostrarlos. Ambos descubrieron que la mejor forma de no sentir celos era evitar los mensajes en horas que sabían que eran dedicadas a su relación formal, mensaje que no se contesta estimula la imaginación; y, sobre todo no preguntar, no se puede sentir celos de lo que no se sabe. A pesar del esfuerzo ambos pusieron a prueba su capacidad para superar situaciones que los llevaron al límite de la razón, era imprescindible dejar los celos de lado para continuar con la relación.
“Respetar la Universidad y el trabajo” fue la segunda regla, la propuesta fue de ambos, coincidieron en ello pues sabían que su relación además de prohibida era peligrosa, vivían al filo de la navaja, cada encuentro, cada salida tenía que hacerse planificada y coordinada al milímetro; para esto les servía mucho el WhatsApp y las llamadas telefónicas cuando sabían que no habían testigos. Aprendieron a movilizarse por las sombras. A pesar que el la esperaba a la salida de la universidad y a la salida del trabajo nunca se dejaron ver, pasaron muchos sustos y situaciones complicadas, como cuando tuvieron que esconderse en los baños de un restaurante por más de dos horas porque otros empleados del trabajo llegaron cuando ellos se encontraban a punto de terminar. O aquella vez que entraron a un karaoke y se dieron cuenta que dentro de el se encontraban dos personas conocidas y no se movieron de aquel lugar oscuro que tuvieron que elegir hasta que tuvieron que retirarse a la carrera, aprovechando que ellos fueron a los baños.
Como siempre los recuerdos llaman más recuerdos, o son la excusa para sentirnos melancólicos reviviendo sentimientos, por eso dicen que recordar es vivir, a pesar que muchos de ellos son como heridas que nunca cierran, cual frutos que nunca maduran y nunca se desprenderán de la rama, poniéndose añejos al punto de hacer peligrar a la planta toda. Los recuerdos nos envuelven, nos devuelven emociones a veces perdidas, nos castigan, nos duelen. O simplemente nos apenan y llenan algunos espacios de nuestro espíritu porque nos sentimos responsables de cosas que pasaron. Lorena se sentía confundida y emocionada, sentía su corazón cerca de sus oídos. Miró la hora, la una y media.
Sin querer había entrado a su correo electrónico y encontró todos los mensajes de José Luis que nunca había leído, los había marcado como spam. Era fácil reconocerlos, pese a que venían de diferentes cuentas porque siempre tenían como remitente a “Angelito”, que así se hacía llamar para evitar ser reconocido por otros. Instintivamente también revisó su celular y verificó que tenía todos los números de el en la lista negra, pese a que ella había cambiado varias veces de teléfono y era probable que el no supiera el actual.
Esto le permitió acordarse que cuando sintió que la relación se ponía incómoda para sus planes le puso fin, al principio le pareció que era de mutuo acuerdo, ambos coincidían en terminar, pero luego vinieron algunos meses de llamadas insistentes de el, de correos, mensajes, regalos enviados por mensajería, de intentos de acercarse en el trabajo, siempre para pedirle que continuaran porque el se encontraba enamorado, no podía vivir sin ella, que le diera tiempo para tomar una decisión con su compromiso formal. Le dejaba mensajes encubiertos en el FaceBook haciéndole saber cómo se encontraba sufriendo. Lorena dejó de estudiar un ciclo en la universidad para evitar que el la buscara o la esperara a las salidas, había decidido enterrar todo vestigio de la relación; aún cuando algunos recuerdos de el la sobresaltaban y le producían un calor inexplicable en sus entrañas tenía que dedicarse a su nueva relación, también tenía derecho a formalizar y construir una familia y ser feliz.
Tuvo deseos de abrir alguno de los correos, sabía que tenía que ser uno de los antiguos pues los correos que recibía de el estaban programados para reportar en cuanto eran abiertos, así podría engañarle que había leído un correo por error. Pero no lo hizo. Comenzó a imaginar qué le habría escrito “Angelito” en cada uno de ellos. Sin duda habría escrito halagando su belleza de mujer, sus cualidades, que lo de ellos no fue para siempre pero que el tiempo compartido había sido maravilloso, y agregaría “gracias por todo amor”, que cuando mires el cielo nublado sabrás que detrás de las nubes siempre hay estrellas y una de ellas seré yo, mirándote, cuidándote, presto a acudir a una llamada tuya. También le diría “quiero que seas feliz, aunque sea con otro, porque te quiero tanto que soy incapaz de hacer algo que te haga daño”. Y seguramente con alguna frase inteligente, de esas que solía usar casi naturalmente pero que a ella le impresionaban, como aquella vez que le dijo que era del tipo de mujer de las que no se regresa porque era el camino y el destino.
Volvió a marcar y desmarcar la captura de pantalla sin atreverse a eliminarla.
Cerró los ojos y suspiró mientras con voz casi callada decía “primera regla: sin enamorarse”.
Regla propuesta por ella y aceptada de inmediato por el.
Pensó que José Luis no había cumplido esta regla y que por eso estaría sufriendo, se sintió culpable, como cuando se acusa a otro por actos que uno cometió, culpable por las promesas que le hizo y nunca cumplió. ¿Hasta cuándo no podría cumplirla?
Aunque no tenía sueño cerró con fuerza la laptop y decidió irse a dormir.


PD. Feliz Año Nuevo para todos ustedes, gracias por leerme.

domingo, 4 de noviembre de 2018

MAS MICRO CUENTOS




Cuando Augusto Monterroso escribió su famoso micro relato "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí." dio inicio a una corriente entretenida de micro cuentos que poco a poco va ganando lectores y escritores. Ahora han aparecido muchos retos literarios que te piden escribir micro relatos cumpliendo algunas condiciones.


El mejor que he encontrado, como reto, es aquel que te da cinco o seis palabras y te pide escribir un micro cuento que alcance en un tweet.


Es entretenido jugar con las palabras hasta alcanzar lo que creemos que estábamos buscando, particularmente, intento dejar en la cabeza de quien lee el interés por escribir el final, el vuelo de su imaginación para encontrar muchas interpretaciones, de acuerdo a lo que quiera ver, porque finalmente, vemos y leemos lo que queremos. A todos nos pasa, terminamos de leer y no estamos conformes con el final. Pues eso es lo que vengo intentando. Me doy cuenta que no siempre lo logro. 


A veces escondo nombres o lugares que tienen una historia propia, que hace necesario conocerla para poder entender lo que estoy diciendo. Creo que eso lo hace más entretenido e interesante.


Aquí les dejo otra selección de unos pocos micro cuentos.






-¿Te enteraste?" Preguntó ella.Mi piel se puso de gallina,mis piernas temblaban. ¿Tan rápido se enteró la gente?¿Cómo lo hacen?¿Dónde nos habrán visto? "¿Que he vuelto a fumar?" Dije cínico. "Sí,todos lo comentan" Respiré tranquilo,y murmuré "- ¡Ja!¡Lo sabía!


La mente ve lo que quieres ver. Sabes que estás bajo la luz pero sólo ves oscuridad y tinieblas, todo es negro y te cubres de soledad, conviertes lo cálido en gélido y mueres y vuelves a morir.Es una fortuna haber decidido no stalkearte más.


Los llamé para... — Hablar de lo bello,dijo Cleopatra. — De lo que hace el fuego,clamó Juana de Arco — De lo que es morir en soledad,gritó Napoleón —O del secreto de la Excalibur,apuntó el Rey Arturo. — No,quiero saber qué hago con el nombre @365Microcuentos en un año bisiesto


Tarde me di cuenta que el viento helado que al doblar la esquina, que te atraviesa de lado a lado cual dagas ancestrales dejando ver jirones de recuerdos, es el mismo viento que hace eterno a este café de esquina.


Paso los días tendido, mirando tu retrato colorido, casi no camino, sin familia. Ojalá el puré de manzana con sebo de serpiente sean el remedio para este mal. Entre sombras me niego a encender la lámpara de calavera, su luz me acerca a ti. Te había amado tanto.


Había sido periodista, ahora escribía cuentos basados en su vida. Solitario, casi abandonado, frente a su última publicación, se cuestionaba qué había hecho mal. Se convenció que solo le quedaba continuar, aunque siguiera perdiendo amigos.




sábado, 11 de agosto de 2018

MICROCUENTOS OTRA VEZ


  • Se dio cuenta que había comenzado a caer y decidió otra vez empezar de cero.

  • Y teniendo su hermoso paisaje por recorrer, preferí perderme en sus ojos.

  • Sintió que había llegado al final del camino pero entonces el sol volvió a aparecer en el horizonte.

  • Estaba seguro que podría disolver todas las distancia con el último café de la tarde.

  • "Hasta hoy nomas sufro por ti" se dijo; y, descubrió que hay cosas dentro de uno en las que no se manda.

  • Corrí toda la noche huyendo de el. Caí mil veces y me levanté. No se cuánto tiempo me persigue. ¿Será que de un sentimiento no se puede huir?

  • Mas que hotel era una cueva. Pidió la clave del Internet, le dijeron tras del módem. Se conectó y la citó. Soñaba con el fuego y el brillo de esos pelos claros y ensortijados. Se abrió la puerta lentamente y le sorprendió ver ese garrote. Le vino a la cabeza el negro del whatsapp.

  • Salió del supermercado de la mano de su papá. Hacía tiempo que no caminaban así, desde que ingresó a la universidad. Lo acompañó a comprar la lotería, cosa que el hacía hace tanto. "Papá -le dijo- ¿alguna vez te has ganado algo?. "Nunca, pero no pierdo la esperanza". Ella se abrazó a el como cuando de pronto sientes mucho frío. "La esperanza se puede comprar, y barato" pensó.

  • Se sentó frente a la tv sin nada que hacer. Sintió aquella tristeza enorme como cuando alguien querido se va y sabes que no volverá. Se acabó el mundial se dijo.

  • Miró el reloj, las agujas eran rojo carmesí. Desde donde estaba sólo podía mover la hoz, dudó pero lo hizo, lo castró. Y por repetir la leyenda, seguro que Cronos estaba enojado.

  • Tengo que dejar de beber. Juro que es la última copa. Pero acabo de darme cuenta que tu recuerdo vale más que mis juramentos. Salud...!

  • Estaba sudoroso, llevaba horas estalkeando. A veces encontraba algo de ella otras no. No sabía que prefería, total con cada acierto su sufrimiento aumentaba.

  • Siempre se sintió bonita y original, por eso tuvo tantos hombres es sus manos, penitentes que hoy arrastran recuerdos; ahora, es increíble verla tan enamorada, de la mano de otra mujer.




martes, 31 de julio de 2018

MI MUNDIAL 2018


Como todos los humanos también me emociona un mundial de fútbol. Por ser peruano la emoción se quintuplica, por lo menos, teniendo en cuenta que, como país futbolero, regresábamos a un mundial después de treinta y seis años. Particularmente, había dejado de incumbirme mucho con el fútbol, hasta que nos clasificamos, entonces volvió a prosperar en mi la misma pasión de antaño, el interés por los partidos de mi selección, aquella que tuvo mil y un tropiezos pero todos los supo superar, aquella que nos hermanó y resucitó en nosotros el verdadero interés nacional, nos permitió recuperar nuestra dignidad nacional ya venida a menos desde mucho atrás.
Volver a sentir las mismas experiencias después de más de treinta años es como volver a conocer por primera vez, cuatro décadas más adelante, a alguien a quien querrás para siempre, las ganas con que se esperan este acontecimiento le ponen un nuevo sabor a tu vida, sobre todo cuando sientes que ya empezaste la rutina de tu último tramo de vida, cuando tu línea de expectativas es eso, una línea recta, sin siquiera un pico de esperanza que te regale buenos momentos y nuevas experiencias, retos y logros.
Había que prepararse para este magnífico evento. Todos lo hacían, la televisión nos martillaba a cada minuto, los diarios, las radios, los paneles publicitarios, las conversaciones en las combis, en los paraderos, en las esquinas, en las colas de las tiendas y hasta en los colegios y universidades se hablaba hasta no más de la participación de la selección en el mundial. A veces uno se siente agobiado de tanto fútbol, se hacen reportajes especiales sobre cada uno de los futbolistas, su vida familiar, sus mamás son el ejemplo para todas las mujeres del Perú, no interesa que otra cosa sepan hacer, además de ser las mamás de.
Y en mi caso, mejor dicho en mi casa, también fue así. Mis hijos, dos hombres y dos mujeres preguntaban a cada rato sobre hechos futbolísticos, sobre el fútbol del Perú, no conocen más allá de los nombres de los actuales seleccionados, así que cada cosa nueva que escuchan soy su inmediato intérprete, historiador, notario; eso me obliga a estar a cada rato googleando para poder absolver todas sus consultas, es claro que algunas de ellas no las se o no las recuerdo.
En algún momento me di cuenta que ellos tenían más interés que yo, posiblemente porque no sienten mayor atracción por ningún otro deporte que no sea algún juego digital. Puedo ver tenis, fórmula 1, básquet, béisbol y en general cualquier deporte que me permita pasarme unas horas frente a la televisión.
Televisión!!!. Con la mamá a la cabeza, mis cuatro hijos comenzaron a presionarme para cambiar de aparato, querían uno de 65 pulgadas y de buena marca para poder apreciar todas las jugadas de la selección. Comencé a sospechar que en realidad mis hijas querían ver más de cerca a sus ídolos, lo digo porque de pronto comenzaron a interesarse por Cristiano Ronaldo, Allison Becker, Andrés Silva, Paulo Dybala, Toni Kroos y otros, que resultaron ser los jugadores más guapos de este mundial. Mi hijo también me presionaba, comentaba que en casa de sus amigos solo veían fútbol en televisores que se activaban con señales o con la voz. Y de eso se aprovechó mi señora para darme la estocada final.
Como antaño, cuando los trabajadores presentaban su pliego de reclamos ante los patronos sin derecho a dar marcha atrás, una noche me presentaron el presupuesto para la compra del nuevo tv y los muebles necesarios para su correcta instalación. Estaba comiendo, cosa rara en mi porque hacía mucho tiempo que no cenaba, cuando recibí el presupuesto, me atraganté de tal manera que comenzó a silbarme la garganta, los pulmones y no se qué más. Fue necesario que me tomara un par de antihistamínicos para poder recuperar la calma.
El presupuesto había sido redondeado en trece mil soles, en realidad un poco menos pero que importan unos soles más si redondeando las cifras se hace más fácil llegar a un consenso, sobre todo para ellos (hablo del recientemente formado frente familiar integrado por mi esposa y mis hijos, eso me convierte en el patrono).
Como siempre, porque creo que es una buena costumbre no ceder fácilmente, después de mucho regañar y darle mil vueltas innecesarias al asunto, cedí por hacer entrega de los trece mil soles, haciéndoles saber que a partir de entonces la economía familiar entraba en crisis. Siempre lo hago y cada vez les importa menos.
En realidad me sentía satisfecho, también me alegraba la idea de ver los partidos de mi selección en un televisor más grande y de mejor calidad, así que esperé a que el bendito aparato llegara para su instalación.
Y no tardó en llegar. Y con el una nueva negociación presupuestal. El bendito aparatito había costado casi tres mil dólares y el presupuesto había resultado insuficiente.
Otra cólera, otra discusión, nuevas amenazas de la bancarrota familiar, pero sabía que era inexorable ceder. Y así fue. El costo, casi cinco mil soles más para satisfacer la demanda del frente familiar.
La ilusión de ver la inauguración del mundial compartiendo los momentos con mis hijos y acompañado de un buen chilcano de pisco le daba un sabor especial a estos días previos al mundial.
Pero como dicen, uno propone pero Dios dispone.
Se contrató y se pagó por adelantado a los que deberían instalar el televisor, era necesario que se construyera el mueble a la medida primero y sobre el luego iría el televisor.
Lamentablemente no llegaron a tiempo, la inauguración la vi en el mismo televisor de siempre y sólo. Mis hijos mayores en clases universitarias y los dos menores viendo otros programas en otros televisores de casa. Ah, tampoco hubo pisco, ni puro ni en ninguna de sus formas, la discusión previa con la jefa del sindicato por la frustrada instalación de la nueva caja boba fue lo suficientemente agria como para que el patrono fuera confinado a la soledad.
No importa, siempre he sido un optimista a rabiar, me dije si no es en la inauguración será para los partidos de mi selección y para la final.
Ja, ilusiones. La instalación se comenzó el 7 de julio a las nueve de la mañana y se terminó a las ocho de la noche, el día en que se jugaron los últimos dos partidos de cuartos del final. Los cuales tampoco pude verlos en 65 pulgadas. Lo peor fue que luego vinieron dos días sin fútbol. Para demostrar mi descontento les dije que vería los partidos en el modesto televisor de mi dormitorio. Lo cierto es que en forma milagrosa ese fin de semana me quedé solo en casa por muchas horas y aproveché para ponerme al día viendo hasta el capítulo que habían dado la semana anterior de la serie de Luis Miguel.
Mi primer partido en 65 pulgadas oficial fue el Francia-Bélgica de la semifinal, también vi la otra semifinal y el partido por el tercer puesto.
Y otra vez la mano de Dios, no la del Diego por supuesto, nos invitaron a la inauguración del campeonato oficial del club al que pertenecemos, que se realiza cada año, justo el mismo día de la final, el 15 de julio en Ñaña, una localidad con buen clima a una hora de Lima. Puta madre qué cólera. Tuvimos que alquilar una cabaña para pasar el fin de semana en el club, porque con la inauguración se realiza una fiesta que por lo general comienza después del desayuno y se prolonga hasta las primeras horas de la noche. Y allí estuvimos. Los amigos que encontramos en la fiesta nos obligaron a olvidarnos del fútbol, tomamos, comimos y bailamos al extremo que no recuerdo a qué hora y en qué condiciones me retiré a dormir.
A las seis de la mañana del día lunes, cuando dormía plácidamente pues era usual dormir hasta las nueve por lo menos en estas circunstancias, me despertó mi hijo mayor.
-       Papá, – me dijo – hoy tengo examen a las diez y media, lo había olvidado.
¿Qué he hecho para que me pasen estas cosas? Le metí una puteada como lo hago cada vez que me hace encolerizar y me miró como siempre, haciéndome sentir que le hablaba a la pared. Respiré profundamente, señal inequívoca de que me había resignado y me levanté, sin lavarme siquiera los dientes lo llevé en el auto hasta la carretera central para que pudiera tomar una combi. Me estacioné al lado de un paradero, mi hijo abrió la puerta para bajarse y como quien no quiere me preguntó:
-       ¿La puerta de la cocina está sin llave?
Nuestra casa tiene dos puertas que dan a la calle, la principal y la cochera, de la principal mis hijos mayores, mi esposa y yo tenemos llave. Luego vienen otras tres, una que da a la cocina, que se usa de diario y de allí se comunica con toda la casa, otra que da a la sala y se abre para las visitas y una mampara grande que se abre muy ocasionalmente cuando hacemos reuniones. Al Salir de casa estas tres quedan con llave y solo yo tengo la llave de la puerta de la cocina pues las otras no las suelo llevar conmigo. Y si mi vástago no abre una de estas puertas no podrá entrar a la casa por sus cosas para ir luego a la universidad.
De golpe sentí que mi hígado copaba toda mi cavidad abdominal, mi salivación seguro que era de la un perro con rabia, comencé a gritar, a llamarle la atención en voz alta aprovechando que no había gente cerca, mi presión se elevó de súbito y los pelos de la nuca se me erizaron como los de una rata antes del combate. Pero el con la cara de siempre, si bien no había una pared cerca a la que le pudiera hablar pero seguro que las lunas del carro las reemplazaban adecuadamente. Como siempre también terminé resignándome y regresamos por la llave mientras intentaba recordar dónde la había guardado.
Después de entregarle la bendita llave y mientras regresábamos al paradero de la carretera central le iba dando las recomendaciones de cómo debía realizar el viaje, pues me di cuenta que pese a su edad nunca había hecho un viaje tan lejos de casa solo. Le pedí que memorizara cada dato que le daba, le dije que tomara una combi hasta la estación del tren eléctrico en la Avenida Grau, allí se podría embarcar en el tren con dirección a Surco y calculamos que todo el viaje lo haría en alrededor de hora y media.
Regresé con la intención de volver a la cama y pescar sueño aunque sea por una hora más. El frío invitaba a arroparse y a buscar el calor de mi esposa, pensé en ponerme en “cucharita” pero tenía un dolor en la columna de unas semanas atrás que me obligaba a dormir en posición fetal justo hacia el otro lado de la cucharita. El sueño comenzó a invadirme y mis músculos se iban relajando; pero de pronto sonó el celular, ¿porqué Dios mío? Miré de quien era la llamada, era de mi hijo.
-      Papá, -escuché su voz un poco angustiada y me preocupé, miré mi reloj y no había pasado media hora desde que lo dejé- estoy en la estación del tren y me parece que no es la avenida Grau.
-      Puta madre huevón, te has bajado en la estación del ferrocarril central.
Para entonces mi esposa también se había levantado y asustada preguntaba qué había pasado, al borde del colapso originado por la cólera irracional comencé a darle nuevas indicaciones para volverse a embarcar y le corté la llamada molesto. Su mamá se las agarró conmigo. Yo era el culpable por no haber sabido explicarle a su hijito la forma correcta para el viaje. Opté por levantarme y a la ducha.
Parece que no sería un buen día, no había agua caliente y salí morado del baño. Y como seguramente lo saben, el agua fría calma los nervios. Me tranquilicé y volví a llamar a mi hijo, ya se había embarcado correctamente y dentro del tiempo necesario llegó a su destino.
Esa noche en casa, sentado frente a la televisión, esperando que terminara el noticiero para conectarme con el nuevo capítulo de la serie de Luis Miguel, pasaron el resumen de las noticias del mundial, no sentí ninguna emoción, lo juro. No me explico que pasó, estaba frente al televisor indicado, veía a los dos mejores equipos del mundo jugar una de las finales más emocionantes de los últimos años pero no sentía nada más allá que el frío del crudo invierno limeño. Hice lo primero que se me ocurrió, sonreir levemente para recuperar el optimismo que podría haber perdido este fin de semana.
Cerré los ojos y me dije “Será para el próximo mundial, ojalá que el Perú clasifique”.

sábado, 31 de marzo de 2018

2 MICRO CUENTOS


1

Pasó todas sus noches de insomnio rezando y finalmente se dio cuenta que nunca podría olvidarla.



2

Y despertó este nuevo día para seguir esperando. Esperó, esperó y esperó, pero ella nunca llegaba. Se preguntó ¿Llegará algún día?



LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...