LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

martes, 31 de julio de 2018

MI MUNDIAL 2018


Como todos los humanos también me emociona un mundial de fútbol. Por ser peruano la emoción se quintuplica, por lo menos, teniendo en cuenta que, como país futbolero, regresábamos a un mundial después de treinta y seis años. Particularmente, había dejado de incumbirme mucho con el fútbol, hasta que nos clasificamos, entonces volvió a prosperar en mi la misma pasión de antaño, el interés por los partidos de mi selección, aquella que tuvo mil y un tropiezos pero todos los supo superar, aquella que nos hermanó y resucitó en nosotros el verdadero interés nacional, nos permitió recuperar nuestra dignidad nacional ya venida a menos desde mucho atrás.
Volver a sentir las mismas experiencias después de más de treinta años es como volver a conocer por primera vez, cuatro décadas más adelante, a alguien a quien querrás para siempre, las ganas con que se esperan este acontecimiento le ponen un nuevo sabor a tu vida, sobre todo cuando sientes que ya empezaste la rutina de tu último tramo de vida, cuando tu línea de expectativas es eso, una línea recta, sin siquiera un pico de esperanza que te regale buenos momentos y nuevas experiencias, retos y logros.
Había que prepararse para este magnífico evento. Todos lo hacían, la televisión nos martillaba a cada minuto, los diarios, las radios, los paneles publicitarios, las conversaciones en las combis, en los paraderos, en las esquinas, en las colas de las tiendas y hasta en los colegios y universidades se hablaba hasta no más de la participación de la selección en el mundial. A veces uno se siente agobiado de tanto fútbol, se hacen reportajes especiales sobre cada uno de los futbolistas, su vida familiar, sus mamás son el ejemplo para todas las mujeres del Perú, no interesa que otra cosa sepan hacer, además de ser las mamás de.
Y en mi caso, mejor dicho en mi casa, también fue así. Mis hijos, dos hombres y dos mujeres preguntaban a cada rato sobre hechos futbolísticos, sobre el fútbol del Perú, no conocen más allá de los nombres de los actuales seleccionados, así que cada cosa nueva que escuchan soy su inmediato intérprete, historiador, notario; eso me obliga a estar a cada rato googleando para poder absolver todas sus consultas, es claro que algunas de ellas no las se o no las recuerdo.
En algún momento me di cuenta que ellos tenían más interés que yo, posiblemente porque no sienten mayor atracción por ningún otro deporte que no sea algún juego digital. Puedo ver tenis, fórmula 1, básquet, béisbol y en general cualquier deporte que me permita pasarme unas horas frente a la televisión.
Televisión!!!. Con la mamá a la cabeza, mis cuatro hijos comenzaron a presionarme para cambiar de aparato, querían uno de 65 pulgadas y de buena marca para poder apreciar todas las jugadas de la selección. Comencé a sospechar que en realidad mis hijas querían ver más de cerca a sus ídolos, lo digo porque de pronto comenzaron a interesarse por Cristiano Ronaldo, Allison Becker, Andrés Silva, Paulo Dybala, Toni Kroos y otros, que resultaron ser los jugadores más guapos de este mundial. Mi hijo también me presionaba, comentaba que en casa de sus amigos solo veían fútbol en televisores que se activaban con señales o con la voz. Y de eso se aprovechó mi señora para darme la estocada final.
Como antaño, cuando los trabajadores presentaban su pliego de reclamos ante los patronos sin derecho a dar marcha atrás, una noche me presentaron el presupuesto para la compra del nuevo tv y los muebles necesarios para su correcta instalación. Estaba comiendo, cosa rara en mi porque hacía mucho tiempo que no cenaba, cuando recibí el presupuesto, me atraganté de tal manera que comenzó a silbarme la garganta, los pulmones y no se qué más. Fue necesario que me tomara un par de antihistamínicos para poder recuperar la calma.
El presupuesto había sido redondeado en trece mil soles, en realidad un poco menos pero que importan unos soles más si redondeando las cifras se hace más fácil llegar a un consenso, sobre todo para ellos (hablo del recientemente formado frente familiar integrado por mi esposa y mis hijos, eso me convierte en el patrono).
Como siempre, porque creo que es una buena costumbre no ceder fácilmente, después de mucho regañar y darle mil vueltas innecesarias al asunto, cedí por hacer entrega de los trece mil soles, haciéndoles saber que a partir de entonces la economía familiar entraba en crisis. Siempre lo hago y cada vez les importa menos.
En realidad me sentía satisfecho, también me alegraba la idea de ver los partidos de mi selección en un televisor más grande y de mejor calidad, así que esperé a que el bendito aparato llegara para su instalación.
Y no tardó en llegar. Y con el una nueva negociación presupuestal. El bendito aparatito había costado casi tres mil dólares y el presupuesto había resultado insuficiente.
Otra cólera, otra discusión, nuevas amenazas de la bancarrota familiar, pero sabía que era inexorable ceder. Y así fue. El costo, casi cinco mil soles más para satisfacer la demanda del frente familiar.
La ilusión de ver la inauguración del mundial compartiendo los momentos con mis hijos y acompañado de un buen chilcano de pisco le daba un sabor especial a estos días previos al mundial.
Pero como dicen, uno propone pero Dios dispone.
Se contrató y se pagó por adelantado a los que deberían instalar el televisor, era necesario que se construyera el mueble a la medida primero y sobre el luego iría el televisor.
Lamentablemente no llegaron a tiempo, la inauguración la vi en el mismo televisor de siempre y sólo. Mis hijos mayores en clases universitarias y los dos menores viendo otros programas en otros televisores de casa. Ah, tampoco hubo pisco, ni puro ni en ninguna de sus formas, la discusión previa con la jefa del sindicato por la frustrada instalación de la nueva caja boba fue lo suficientemente agria como para que el patrono fuera confinado a la soledad.
No importa, siempre he sido un optimista a rabiar, me dije si no es en la inauguración será para los partidos de mi selección y para la final.
Ja, ilusiones. La instalación se comenzó el 7 de julio a las nueve de la mañana y se terminó a las ocho de la noche, el día en que se jugaron los últimos dos partidos de cuartos del final. Los cuales tampoco pude verlos en 65 pulgadas. Lo peor fue que luego vinieron dos días sin fútbol. Para demostrar mi descontento les dije que vería los partidos en el modesto televisor de mi dormitorio. Lo cierto es que en forma milagrosa ese fin de semana me quedé solo en casa por muchas horas y aproveché para ponerme al día viendo hasta el capítulo que habían dado la semana anterior de la serie de Luis Miguel.
Mi primer partido en 65 pulgadas oficial fue el Francia-Bélgica de la semifinal, también vi la otra semifinal y el partido por el tercer puesto.
Y otra vez la mano de Dios, no la del Diego por supuesto, nos invitaron a la inauguración del campeonato oficial del club al que pertenecemos, que se realiza cada año, justo el mismo día de la final, el 15 de julio en Ñaña, una localidad con buen clima a una hora de Lima. Puta madre qué cólera. Tuvimos que alquilar una cabaña para pasar el fin de semana en el club, porque con la inauguración se realiza una fiesta que por lo general comienza después del desayuno y se prolonga hasta las primeras horas de la noche. Y allí estuvimos. Los amigos que encontramos en la fiesta nos obligaron a olvidarnos del fútbol, tomamos, comimos y bailamos al extremo que no recuerdo a qué hora y en qué condiciones me retiré a dormir.
A las seis de la mañana del día lunes, cuando dormía plácidamente pues era usual dormir hasta las nueve por lo menos en estas circunstancias, me despertó mi hijo mayor.
-       Papá, – me dijo – hoy tengo examen a las diez y media, lo había olvidado.
¿Qué he hecho para que me pasen estas cosas? Le metí una puteada como lo hago cada vez que me hace encolerizar y me miró como siempre, haciéndome sentir que le hablaba a la pared. Respiré profundamente, señal inequívoca de que me había resignado y me levanté, sin lavarme siquiera los dientes lo llevé en el auto hasta la carretera central para que pudiera tomar una combi. Me estacioné al lado de un paradero, mi hijo abrió la puerta para bajarse y como quien no quiere me preguntó:
-       ¿La puerta de la cocina está sin llave?
Nuestra casa tiene dos puertas que dan a la calle, la principal y la cochera, de la principal mis hijos mayores, mi esposa y yo tenemos llave. Luego vienen otras tres, una que da a la cocina, que se usa de diario y de allí se comunica con toda la casa, otra que da a la sala y se abre para las visitas y una mampara grande que se abre muy ocasionalmente cuando hacemos reuniones. Al Salir de casa estas tres quedan con llave y solo yo tengo la llave de la puerta de la cocina pues las otras no las suelo llevar conmigo. Y si mi vástago no abre una de estas puertas no podrá entrar a la casa por sus cosas para ir luego a la universidad.
De golpe sentí que mi hígado copaba toda mi cavidad abdominal, mi salivación seguro que era de la un perro con rabia, comencé a gritar, a llamarle la atención en voz alta aprovechando que no había gente cerca, mi presión se elevó de súbito y los pelos de la nuca se me erizaron como los de una rata antes del combate. Pero el con la cara de siempre, si bien no había una pared cerca a la que le pudiera hablar pero seguro que las lunas del carro las reemplazaban adecuadamente. Como siempre también terminé resignándome y regresamos por la llave mientras intentaba recordar dónde la había guardado.
Después de entregarle la bendita llave y mientras regresábamos al paradero de la carretera central le iba dando las recomendaciones de cómo debía realizar el viaje, pues me di cuenta que pese a su edad nunca había hecho un viaje tan lejos de casa solo. Le pedí que memorizara cada dato que le daba, le dije que tomara una combi hasta la estación del tren eléctrico en la Avenida Grau, allí se podría embarcar en el tren con dirección a Surco y calculamos que todo el viaje lo haría en alrededor de hora y media.
Regresé con la intención de volver a la cama y pescar sueño aunque sea por una hora más. El frío invitaba a arroparse y a buscar el calor de mi esposa, pensé en ponerme en “cucharita” pero tenía un dolor en la columna de unas semanas atrás que me obligaba a dormir en posición fetal justo hacia el otro lado de la cucharita. El sueño comenzó a invadirme y mis músculos se iban relajando; pero de pronto sonó el celular, ¿porqué Dios mío? Miré de quien era la llamada, era de mi hijo.
-      Papá, -escuché su voz un poco angustiada y me preocupé, miré mi reloj y no había pasado media hora desde que lo dejé- estoy en la estación del tren y me parece que no es la avenida Grau.
-      Puta madre huevón, te has bajado en la estación del ferrocarril central.
Para entonces mi esposa también se había levantado y asustada preguntaba qué había pasado, al borde del colapso originado por la cólera irracional comencé a darle nuevas indicaciones para volverse a embarcar y le corté la llamada molesto. Su mamá se las agarró conmigo. Yo era el culpable por no haber sabido explicarle a su hijito la forma correcta para el viaje. Opté por levantarme y a la ducha.
Parece que no sería un buen día, no había agua caliente y salí morado del baño. Y como seguramente lo saben, el agua fría calma los nervios. Me tranquilicé y volví a llamar a mi hijo, ya se había embarcado correctamente y dentro del tiempo necesario llegó a su destino.
Esa noche en casa, sentado frente a la televisión, esperando que terminara el noticiero para conectarme con el nuevo capítulo de la serie de Luis Miguel, pasaron el resumen de las noticias del mundial, no sentí ninguna emoción, lo juro. No me explico que pasó, estaba frente al televisor indicado, veía a los dos mejores equipos del mundo jugar una de las finales más emocionantes de los últimos años pero no sentía nada más allá que el frío del crudo invierno limeño. Hice lo primero que se me ocurrió, sonreir levemente para recuperar el optimismo que podría haber perdido este fin de semana.
Cerré los ojos y me dije “Será para el próximo mundial, ojalá que el Perú clasifique”.

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...