LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

jueves, 18 de mayo de 2023

MUCHACHO SIN SOMBRA

Estaba cansado, tenía mucho tiempo sentado en aquella banca de la avenida Arequipa donde solía esperar a que la tarde diera paso a la oscuridad de la noche. Era agradable tener un lugar donde todavía se pudiera recibir el aire en la cara. Cerró los ojos otra vez y comenzó a contar mentalmente hasta que sus pensamientos encontrarán algo con que distraerse, generalmente recuerdos alegres de su vida, de su tierra, de sus amistades, había tenido muchas. Evitaba pensar en su madre, tenía la certeza que cuanto menos la pensara lograría sacarla de sus pensamientos, de su recuerdo.  Tampoco quería pensar en Valentina por ahora.

A su mente llegaron inevitablemente las imágenes frescas de esta chica que se había convertido en su motivo de vida, en todo su interés, todo giraba ahora en torno a Valentina, le había robado el corazón. Hoy sería la noche escogida, era sábado de descanso y mañana comenzaría a trabajar a las once de la mañana. Para Joseph, la vida eran ciclos de un día. Sus últimos trabajos habían sido en horarios de 24 horas de trabajo y 24 horas de descanso. Hoy le tocaba descanso, trabajaba como mozo principal, era el jefe de un salón en el restaurante de un hotel de cinco estrellas.

No había sido fácil llegar hasta allí, pese a su juventud era independiente y se autosostenía desde adolescente y había hecho de todo. Nació en el margen derecho del río Yavarí, en territorio brasileño, cruzó al territorio peruano de la mano de su madre, huyendo de los malos tratos que el hombre devoto del alcohol les daba como único sustento. Vivió con su madre hasta los catorce años, cuando se dio cuenta que tenía que huir por segunda vez en su vida.

Como cualquier niño pobre se sabía protegido por su madre, la quería mucho, ella le dedicaba todo su tiempo, la vio hacer de mil oficios para que pudiera estudiar, era una mujer decidida a no dejarse vencer por las adversidades de la vida, "toda noche oscura tiene un amanecer", palabras motivadoras que le escuchaba decir cuando las penurias se tornaban muy crudas y necesitaba darse un respiro. A pesar de vivir en un ambiente cruel, como toda la selva, se sintió privilegiado por el amor de su madre.

Nunca pensó que las cosas cambiarían cuando el tío Esteban decidió quedarse a vivir con ellos, había algo en él que no le gustaba, aunque tenía momentos en los que se mostraba cariñoso, sus ojos tenían una expresión maligna. Una vez cuando el tío Esteban se tomó todo el masato que su mamá guardaba pudo ver esa mirada de maldad que desnudaba el espíritu extraviado de un ser que tiene su vida dedicada a la maldad.

El cariño de su madre, que ya había dado muestras de cambio, se transformó completamente cuando nació Ceferino, su medio hermano, el interés de ella por las cosas que le pasaban iban perdiendo importancia, solo le interesaba su hermano; ahora tenía que arreglárselas solo, porque ni siquiera se acordaba de alimentarlo. Su madre comenzó a mostrarse lejana.

Un día en que la fiebre lo obligó a quedarse en cama, temiendo que podría ser la “fiebre rompe huesos”, mientras su madre le preparaba un brebaje alcanzó a escuchar una extraña discusión fuera del palafito en que vivían (que en esta época del año parecía una choza remangándose los pantalones para cruzar el río), entre ella y el tío Esteban; con dificultad se paró y se acercó a la puerta evitando ser visto. Fue el inicio de su nueva vida, completamente diferente a la vivida hasta entonces.

- Lo mejor que podrías hacer es llevarlo con su papá al otro lado del río, si no lo encuentras lo pierdes al frente y te regresas sola - dijo el tío Esteban.

Se dio cuenta que hablaban de él ¿le pedía a su madre que lo abandonara?

- No se, el chamán me dijo que tal vez la maldición pasaría pronto - contestó su mamá sin demostrar mayor emoción - todo fue por lo de la tanrilla, no debí matar a todas las crías.

- Si no tienes valor me dices y yo lo soluciono, pero tienes que decidirlo pronto, antes que se de cuenta que no tiene sombra.

Regresó preocupado a su lecho y se hizo al dormido. Esperó a que todos se encontraran sumidos en el sueño y, pese a que nuevamente tenía calentura y se escuchaban algunos truenos anunciando la proximidad de una lluvia, salió y buscó un claro en el amplio huerto que rodeaba la casa parándose bajo los rayos de la luna llena. Con temor comenzó a buscar la sombra que proyectaba su cuerpo, no había nada hacia adelante. Temerosamente buscó por detrás suyo y tampoco había nada. Se dio media vuelta, volvió a aguaitar en busca de su sombra, comparó su posición con la de las sombras de los árboles cercanos y revisó si proyectaba alguna como ellos y nada. Se acercó a un tronco viejo, se abrazó de él y miro hacía el piso, no cambió nada en la sombra del árbol. Se separó un poco y abrió los brazos y nada.

-       No tengo sombra – exclamó asustado y llorando.

Sintió como un fuerte golpe dentro suyo que rebotaba en cada resquicio de su cuerpo. Miedo, sorpresa, desesperación y una enorme incertidumbre atiborraron todo su ser. Comenzó a correr bajo los pocos árboles intentando encontrar su sombra entre ellos, diez, quince minutos, una hora, una vida le parecía estar dando vueltas sin cansarse. Comenzó a llover y el agua fresca chorreando por su torso desnudo le devolvió la salud, dejó de sentirse enfermo, ahora una hesitación lo cubriría por el resto de su vida.

Sentado apoyando la espalda en uno de los pilares de su palafito y con las rodillas abrazadas miraba hacia las siluetas oscuras que escapaban de la selva y que la lluvia se encargaba de darles vida ¿Cuántos seres imaginarios carentes de sombra se estarían acercando a él y no podía verlos? Tembló.

En silencio regresó al interior, tomó una linterna y tapando el foco con la mano de tal manera que controlaba el haz de luz comenzó a revisar entre las cosas de su madre y de su padrastro. Algo tenía que encontrar. Lo que encontró lo asustó más. Era un pequeño y viejo revólver similar a los que llevaban los policías que pasaron hace años por la casa, lo acarició, sintió el frío del metal y lo volvió a envolver con el mismo pedazo de tela y lo acomodó procurando dejarlo como estaba antes.

Volvieron a sonar en su cabeza las palabras de su padrastro “me dices y yo lo soluciono”.

 

El aire en la cara, frío, que a esa hora de la noche corría por la avenida Arequipa lo sacó de sus cavilaciones, su cabeza se llenó de imágenes de Valentina, en apenas unos instantes recordó la primera vez que la vio, la forma en que se enamode ella y las muchas maneras en que se preparó para llegar a este día en que le pediría matrimonio. Todo lo había hecho bien, a partir de esta noche toda su vida cambiaría, con ella sería más fácil encontrar la felicidad para el resto de la vida. Se acabaría para siempre esa sensación de sentirse culpable sin saber que daño había cometido. Suspiró, miró su reloj y su mente de desenfocó.

 

Las tres primeras noches después de haber fugado se su casa al enterarse que no tenía sombra fueron las más difíciles, no se decidía alejarse por completo de su madre, durmió en medio del monte sin perder de vista el hogar del cual ya se iba alejando. Al cuarto día acoderó la barcaza "Tío Barba" en el puerto artesanal del lugar; desde muy pequeño había pasado horas mirando cómo descargaban enormes cantidades de cajas de cerveza, conocía al capitán, un tipo de unos cincuenta años, alto, de ojos claros, de tez dorada por el sol, con abundante barba, siempre risueño y exageradamente atento con las mujeres. Le bastó derramar unas lágrimas para convencer al capitán y ser aceptado como parte de su tripulacion.

Así fue como inició su nueva vida, de puerto en puerto siguiendo el curso de casi todos los ríos navegables de la zona. Preocupado por que nadie se diera cuenta de su falta de sombra, aprendió a calcular sus pasos para caminar por aquellos lugares donde no se notara su carencia. Trabajó mucho, ahorró cada centavo ganado por si el problema de la sombra pudiera arreglarse con dinero. Pero su vida como grumete le duró un par de años, hasta aquella noche en que el capitán, muy enfermo lo llamó a su camarote y le dijo:

- Joseph, hace mucho que quería decirte que desde el día que llegaste me di cuenta que no tenías sombra, aunque para algunos es una maldición para mi es algo muy conocido ¿sabías que si miras a través del hueso de la pata de la tanrilla a una persona ésta quedará perdidamente enamorada de ti?

- Si - contestó recordando la historia que tantas veces había escuchado, otras tantas veces había visto a las tanrillas correr entre las plantas a orillas de los ríos. En más de una ocasión les lanzó piedras y las correteó para atraparlas pero se zambullían en cualquier curso se agua; si, conocía muy bien la magia que tenía el hueso de la pata de esta ave cuando se miraba a través de el, sentía que algún día tendría la oportunidad de verificar esta leyenda.

- Es lo que hizo tu madre antes de tenerte. Ella encontró un nido y tomó el más grande de los pichones y le cortó una pata después de matarlo - hablaba el Capitán atragantándose con el aire de su respiración - pero cometió un error, también mató a los otros pichones sin una razón, por eso no tienes sombra, cargas con la culpa de tu madre.

A Joseph se le agrandaron los ojos por la sorpresa, tanto, como por las ansias que de pronto sintió por preguntar si había una forma de recuperar su sombra.

- Tienes una única forma de recuperar tu sombra – continuó el Tío Barba como si hubiera adivinado lo que le preguntaría – Debes decirle la verdad, mostrarte como eres, sin sombra, a una persona querida a la que tienes que llevar hasta debajo de la sombra de un eclipse de Luna – Joseph sentía que el corazón le quería reventar el pecho – pero todo tiene un costo, a cambio de tu sombra la otra persona perderá la vista o la voz, en el mismo instante o en un año, pero se quedará ciega o muda.

 

Joseph volvió a mirar la hora y apuró el paso. Tenía tiempo suficiente para recoger a Valentina y caminar con ella hasta Larco Mar. Había calculado los tiempos al detalle, el eclipse conocido como “luna de sangre” empezaría a las 9 con 9 minutos como eclipse parcial y, a las 10 con 16 sería un eclipse total.

Había elegido el lugar perfecto, la luz de los negocios y la nubosidad de la temporada no permitirían ver el eclipse, pero sabia que aún bajo un cielo tormentoso su influencia  haría el milagro, allí estaría y ella nunca de daría cuenta.

Se pregunto ¿Estoy enamorado de Valentina? Y se contestó “Claro que sí”.

La quiero, es la muchacha que estará siempre en mi corazón, me comprometo a amarla toda la vida, quizás después de un tiempo, cuando ella ya se haya acostumbrado a la oscuridad total, a la ceguera, porque estoy seguro que ese será el precio, le diré el sacrificio que la obligué a hacer para recuperar mi sombra. Me comprometo a atenderla, a nunca abandonarla, a tener dos o tres hijos que nos proporcionen la felicidad completa. La pondré a estudiar ¿Acaso no hay ciegos profesionales? Será una mujer feliz, si, lo será, lo juro por Dios. Yo seré su sostén y viviré en su mente tal cual me vea por última vez.

Siempre la había recogido de la puerta de su trabajo pero esta vez ella no quiso, se negó rotundamente y le pidió que él la esperara. "No soy una criatura para que me estés recogiendo siempre, déjame esta vez que yo te recoja" había argumentado; solo le quedó complacerla y se sintió feliz de tener una mujer de carácter a su lado.

 

Aspiró profundamente hasta donde su pecho lo permitió, entrecerró los ojos para verla venir, para disfrutar de su caminar, de su belleza. Le dio un beso en los labios como saludo y la estrujó por la cintura como queriendo aspirar de su respiración. Su corazón vibró como pocas veces, tomó su mano y caminaron como cualquier pareja de enamorados que las sombras de la noche acompañan en el preludio de una noche importante.

Caminaron un buen rato conversando de muchas cosas, él evitaba mirarla directamente a los ojos pues podría notar su gran ansiedad, ella, bonita como siempre, caminaba despreocupada y feliz mientras el aire frío jugaba con el vuelo de su hermoso vestido smock. El la miraba a contraluz de cada escaparate que pasaban solo para comprobar lo bonita que era, hasta parecía brillar.

- Nunca te dije que mi nombre no era Valentina ¿No? - dijo ella con un mohín de fantasía y con ese tono que le recordaba a su tierra y que a Joseph le encantaba, ella era tumbesina.

- ¿Ah? ¿Y cómo te llamabas, huambrilla?

- Mi papá me puso Cristal - y mirándolo con un guiño encantador agregó - no creo que fuera por la cerveza.

- Seguro por qué brillabas mucho - le respondió él, feliz por qué le compartieran el secreto.

- Creo que era transparente - acotó ella mostrando su dentadura perfecta en una sonrisa de ángel - Si creo que era eso.

- No, seguro que no eres transparente pero eres bien blanca, hermosamente blanca - se relamió los labios dejando que ella lo viera para que sepa cuánto la amaba.

Compraron un par de arepas a una vendedora venezolana y se sentaron a comer en las gradas de un gran centro comercial. El miraba su reloj casi impulsivamente.

Después de un rato siguieron su camino y llegaron a Larco Mar, caminaron mirando y bromeando frente a los escaparates, Joseph la tomó de la mano para atravesar sin separase a un grupo de gente que salía del cine.

Llegaron a una pequeña plaza, calculó que el eclipse ya era parcial, la detuvo, la tomó de la cintura y doblándole la espalda le estampó otro gran beso que ella evidentemente disfrutaba, hasta parecía necesitarlo.

Se arrodilló, sacó del bolsillo el estuche que contenía el anillo de compromiso con el cual le pediría matrimonio.

Ella le tocó la cabeza como hace uno habitualmente cuando una mascota se porta mal.

- No, eso no se puede dar, es imposible, creo que es muy pronto – con el rostro sorprendido habló ella.

Joseph se quedó boquiabierto, se le heló todo el cuerpo y dejó caer el estuche entre los pies de la chica. Se agachó para recogerlo y un mareo, como un torbellino que acababa de salir bajo sus pies le envolvió, todo giraba violentamente y en cada giro su cuerpo se helada más.  En su cabeza muchas cosas cobraron distinto y cruel significado, ¿Por qué no dejó que la recogiera como siempre? ¿Le pusieron Cristal por algo especial?   Quiso apartar sus ojos de los pies de ella pero justo cuando su visión comenzaba a ponerse borrosa se dio cuenta que, definitivamente, la muchacha no tenía sombra.

  

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...