EL.- Desde pequeño de dedicó al deporte
porque sabía que era la mejor forma de sacar a su familia de la pobreza. Las
recomendaciones de sus padres las siguió al pie de la letra y hoy podía ver los
resultados. Siempre le habían dicho que si haces caso a tus padres todo te debe
salir bien. Y a el las cosas le estaban yendo magníficamente. Había sido
contratado por un club extranjero y era considerado el deportista mejor pagado
del país. El camino no había sido para nada fácil. La vida de un deportista de
alto rendimiento es sacrificada y de renuncias permanentes. El sabía que el
sacrificio de ahora sería el disfrute de su adultez y la felicidad y confort de
su familia. Aunque siempre se preocupó por mejorar como medio para poder
aumentar sus ingresos ahora se encontraba en un momento en que el aspecto
económico tenía que ser postergado por la necesidad del país de conseguir
triunfos deportivos internacionales y de prestigio, que devolvieran la
confianza a los jóvenes, a los ciudadanos comunes y a todos los peruanos que
estamos pasando por una etapa de pérdida de identidad y de credibilidad entre
nosotros mismos. Es claro que aquello que se haga con pasión y con verdadera
intención patriótica acrecentará ese genuino nacionalismo que llevamos muy
dentro de nuestros corazones. La prueba la tenemos en el impulso gastronómico
que nos ha llevado a colocarnos en el primer lugar de la cocina internacional,
la reciente necesidad de la juventud por leer tras la aparición de grandes
escritores después de que un peruano consiguiera un Premio Nóbel. Las cosas son
así en el Perú. Algo se pone de moda y se convierte en el inmediato motivo de
identidad nacional. Y sabía cómo el país había depositado sus esperanzas en un
grupo de nuevos deportistas y en especial en él. Había notado que los ojos de
todos los jóvenes del país lo miraban tratando de captar detalles que poder
imitar. Era un ídolo. Se lo merecía.
Trataba de no pensar en todo lo que había
hecho hasta aquí porque sabía que todavía tenía mucho esfuerzo que dar y había
un trecho importante por caminar. No podía desistir de ninguno de sus sueños
ahora, sino el esfuerzo habría sido en vano.
Siempre se había empeñado en ser un buen
hijo, un buen padre, una buena persona en general. Había cumplido con sus
padres, sus hermanos y sus familiares más cercanos. Todos ellos habían salido
de la pobreza gracias a su carrera deportiva.
Tenía tres hijos pero no era casado, era un
padre soltero, y se le consideraba un buen padre pero pocos sabía las cosas que
venía haciendo para darles una vida digna a sus pequeños. Había conseguido
acuerdos con las madres de sus niños, eran dos, para poder mantener un ambiente
cordial de crianza y poder darles una educación de calidad cosa que el no había
tenido, conocía el sufrimiento por eso no quería que los suyos pasaran por situaciones
por las que había tenido que pasar.
Había renunciado a tener relaciones amorosas
con muchas mujeres hermosas para poder alcanzar el equilibrio familiar y
emocional que requería su carrera. Trataba de evitar la exposición a la prensa
de su vida privada pues lo tenía claro que no contribuía en nada a su
tranquilidad.
Pero hace poco menos de un año ha comenzado a
salir con una muchacha con la que quisiera pasar el resto de su vida. No solo
tiene el perfil para ser la esposa ideal, es profesional, preparada, de buena
familia aunque no muy acomodada, no le conoce malos antecedentes, también se ha
esforzado por conseguir las cosas que tiene en la vida. Es una mujer decidida y
buena compañera.
Cada vez que tiene que alejarse por motivos
de la práctica deportiva trata de llevarla con él. No resiste extrañarla mucho.
Cada noche que pasa con ella es un pedazo de gloria, es la mujer que siempre ha
deseado, muy sencilla, culta y sosegada cuando están frente a otros, pero
cuando están solos y se entregan a las caricias del amor se convierte en una
mujer felina, de sangre hirviente, de piel suave y delicada que transpira deseo
por cada uno de sus poros. Y conoce todos los caminos para llenarlo de placer.
Será por eso que la necesita tanto. Aunque no le gusta que todavía tenga que
asistir a clases y eventos relacionadas con su profesión algunas tardes enteras
sabe que no se lo puede impedir por ser una mujer de mucha independencia.
En esta última aventura deportiva por
conseguir un premio importante por su país está involucrado con todo un equipo,
pero sabe que es la estrella. Como tal lo tratan los dirigentes y el pueblo,
por eso que el aprovecha y aunque está prohibido hasta la prensa amarilla
cierra los ojos para no ver que ella la visita durante las concentraciones.
Concesiones que se le da a los verdaderos ídolos.
Ya cenó y tiene autorización para acostarse
temprano. Mañana tiene una competencia importante, sabe que hay mucho esfuerzo
y estrés por venir. Presiones de la prensa, dirigentes, auspiciadores, sesiones
de fotos, de charlas, pruebas y exámenes que van desde el chequeo del peso
hasta la muestra para el test de anti doping, pero para nada ella forma parte
de ese desbarajuste previo a la competencia. Por eso la extraña. Por eso la
desea. Por eso la espera.
ELLA.- Siempre que lo dejaba partir a la
competencia, antes de ir a verlo desde un palco preferencial, tenía unas horas
de soledad en un cuarto de hotel de cinco estrellas en algún lugar del mundo
donde el solía viajar con su equipo, para ponerse a pensar en el camino que
había transitado para llegar hasta aquí. Qué poco tiempo había pasado desde que
lo conoció. Nunca había pensado en que terminarían siendo pareja. Y cada vez que
practicaba este ejercicio mental terminaba sintiendo un remordimiento, como cuando
ocultas algún pequeño detalle para que una relación funcione.
Se conocieron hace poco más de dos años.
Había conseguido trabajo como practicante en el mismo club y eso le había dado
la oportunidad de conocerlo. Recuerda aquellos días en que lo miraba de reojo y
a lo lejos mientras su corazón se llenaba de admiración.
Un día se le acercó ingenuamente y le
preguntó su nombre, quedó impresionada por su sencillez, casi timidez, desde
entonces las cosas se habían dado muy rápido. Ahora era la novia oficial y el
club la trataba como tal. Era la novia de la estrella y lo primero que
consiguió fue que le aumentaran el sueldo, luego el reconocimiento para su
familia y la atención permanente de la prensa deportiva, de espectáculos y del
corazón.
Parecía que se conocían de hace mucho, a el
se le notaba enamorado y sentía que le había abierto su corazón y sus más
recónditos secretos. Le había hecho conocer la intención de sentar cabeza con
ella, teniendo en cuenta que no esperaba que su carrera se prolongara más de
cinco años.
Claro que ella se había esforzado por hacerse
querer, se había mostrado dócil, le había colmado de atenciones y dejado
conducir por los caminos más hermosos del amor compartido entre sábanas, habían
explorado los placeres más profundos por los pasajes que un verdadero amor te
pudiera conducir. Se había generado en el, la necesidad de regresar pronto a
estar con ella y cuando fuera posible llevarla a los lugares donde debía
competir. Las veces que hacían el amor previos a algún evento eran más dulces,
más fogosos, dejaban huella, el hecho de ser casi clandestinos le daban ese
condimento para volverlos momentos inolvidables.
Últimamente había estado pensando la forma y
el momento de contarle ese secreto que guarda para ella, sabe que para que la relación
sea duradera tiene que terminar con este tapado. Su conclusión era contarlo
después de haber hecho el amor, durante esos minutos que el la toma entre sus
brazos y la obliga a estar en cucharita bajo las sabanas por unos minutos,
respirando el mismo aire, transpirando el mismo sudor, mezclando sus
sentimientos en uno solo, instantes mágicos de suspiros y callados gemidos que
algunos poetas han identificado como el momento del verdadero amor. Y hoy lo
hicieron como pocas veces.
Ayer había pasado mucho tiempo pensando que hoy
tendría que decirle todo de la manera más sencilla y clara, con la voz más
dulce, que no solo lo convenciera sino que fuera el reflejo del verdadero amor
que sentía por el, que con seguridad era correspondido. Lo había llegado a
conocer tanto que seguro todo esto sólo serviría para reforzar este cariño.
Ayer tenía las palabras exactas para contarle
cómo había tenido una pequeña etapa de su vida en la que por una decepción
amorosa se había refugiado en los brazos de esa maldita sustancia llamada
cocaína, esa que tu país tiene la fama de hacer la mejor, le iba a decir; pero
que ya había pasado un proceso de desintoxicación que estaba llegando a su fin
y que no había sido necesario, pues lo suyo no era grave. Por eso tenía que
tomarse algunas tardes.
Si, todo eso había preparado para decirle,
pero ahora no tenía nada, se sentía vacía. Todo lo ensayado ya no era oportuno.
No tenía pensado como decirle que durante la noche la soledad la convenció, que
al ver el enorme éxito que vendría pronto se asustó y sus inseguridades la
atacaron, el temor de que con los triunfos el iría por otra mujer de más talla
fue el impulso, la causa de la ceguera que le nubló la visión, la mente y las
ilusiones que guardaba y que la llevó a repetir una dosis, una pequeñísima
dosis, la del estribo.
El momento del amor pasó y ella guardó
silencio.
Cuando lo vio
optimista antes de partir, se convenció que no era tiempo para decirle
nada. El le dio un último beso e intercambiaron mordidas como iniciando un nuevo
encuentro y le beso la frente como un acuerdo tácito de terminar lo empezado tras
el retorno exitoso para hacerlo inolvidable.
Lo observó tomar algunas prendas que las puso
en uno de sus hombros, ajustarse los audífonos como otras veces y después de
guiñar un ojo y soplar un beso alegórico de la palma de su mano para ella le
dio la espalda y abrió la puerta.
Antes de que la cerrara ella sintió un viento
frío en toda su desnudez, un viento que a su alma le pareció el presagio de una
desgracia.