LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

viernes, 1 de octubre de 2021

LAS SOFÍAS

La miraba mientras su hermana absorta a lo que ocurría en la pantalla del cine parecía haberse desconectado de la realidad para introducirse por completo en la trama de la película; cuando decidió llamarla Sol nunca pensó que estaría tan cerca de la realidad, las luces de la pantalla que bailoteaban en su rostro resaltando en cada cambio de color la belleza de su hermana mayor, le daban la razón.

Isabel Sofía la menor, Olivia Sofía la hermana mayor por un poco más de un año, habían sido criadas como mellizas, quizás sus padres pensaron que así se facilitaba la formación de las dos niñas y porque las hubieran preferido mellizas les pusieron nombres parecidos. Crecieron muy unidas, fueron al mismo colegio, tenían los mismos amigos, los mismos gustos, vestían muy parecido, de adolescentes hicieron las mismas palomilladas, siempre juntas, aunque su hermana prefería que la llamaran por su nombre completo ella sólo se hacía llamar Isabel. Se diría que la vida la vivieron juntas, como verdaderas mellizas, ya de joven, Olivia Sofía conoció a quien ahora es su esposo, Andrés y, desde entonces comenzaron a distanciarse poco a poco.

Isabel Sofía, la más pragmática, sabía desde adolescente que algún día tendría que seguir su camino sola, apenas se enteró que su hermana había decidido casarse decidió abrirse al mundo en busca de su propio futuro, un futuro que al igual que el de su hermana, no tenía  por qué ser compartido. Ella dejó la casa y fue en busca de su destino a otra ciudad, ahora, aunque seguía siendo soltera no precisamente por falta de oportunidades, sentía que estaba consiguiendo aquellas cosas que desde muy pequeña soñó, aunque a veces no le parecía así, a pesar que muchos la veían como una mujer exitosa.

Siempre había admirado a su hermana mayor, además del profundo cariño que tenía por ella, le guardaba una absoluta confianza, la veía como una persona sumamente inteligente, atrevida, visionaria, era su heroína, lo había sido siempre. Ahora, a pesar que llevaba una vida tediosa en la casa de sus padres la seguía admirando, era una madre muy protectora y dedicada, además trabajaba como administradora de una agencia de transportes y se daba tiempo para andar bonita, a todas las reuniones familiares asistía junto a su esposo, algo admirable en estos tiempos; además, la veía mas bonita, mas atractiva, mas mujer, por eso, aprovechaba cualquier ocasión propicia para hablar bien de ella, asignándole algunas cualidades que no tenía, total no importaba, Olivia Sofía siempre sería la más bonita de la familia.

Habían pasado dos años desde la última vez que se vieron, en aquella oportunidad el nacimiento del hijo de Olivia Sofía fue el motivo para que se diera un tiempo a guisa de  vacaciones y visitar de paso a sus padres, fueron días muy agradables, los pasó casi todos dentro de casa pues la debutante madre le dedicaba el tiempo completo a su hijo recién nacido, no se atrevía a salir sola, sabía que también la mayoría de sus amigos habían emigrado.

Esa visita anterior era el motivo de la actual, había una relación entre estos dos viajes, aunque Isabel Sofía se negaba a aceptarlo, les contó a sus padres y a todo el que quisiera escucharla, que regresaba después de dos años por que extrañaba a su sobrino, en general a toda su familia, total, el asunto que la inquietaba era una trivialidad, una banalidad, algo insignificante.

El último día de su anterior visita, estaban las dos hermanas en aquel parque donde habían jugado y corrido tantas veces, donde habían quedado los vestigios de toda su infancia, como rastros profundos en un camino viejo y de légamo por secar, tan profundos que ya no pueden ser más transitados sin que tengas que sufrir para avanzar, sentadas en la misma banca pretérita, donde sus cuerpos seguro que dejaron una marca, o quizás sería al revés, las dos conversaban, ella distraídamente jugaba con su teléfono mientras Olivia Sofía le daba un biberón a su hijo, que dejaba escapar su jadeo al alimentarse, pese a  las mantas con que estaba cubierto para protegerse del clima que a esa hora comenzaba a tornarse frío.

En aquella conversación de despedida acordaron que a partir de entonces ella sería Mary y Olivia Sofía sería Sol, ambas juntas serían Mary y Sol, un parónimo gentil de Marisol. También fue cuando se enteró de aquella historia curiosa de su hermana mayor. Le sorprendió enterarse que fue la correctora oficiosa de un escritor de cuentos que había conocido en un grupo de Face Book, el escritor, antes de publicar un cuento en internet le enviaba a Olivia Sofía la versión todavía inédita de su obra para que la corrigiera. El trabajo no era tan difícil pues solo se encargaba de encontrar las redundancias, la cacofonía, el pleonasmo y hasta el solecismo, esto último fue una iniciativa de ella, que el autor dejaba pasar por alto en ocasiones.

Era un aporte a la obra del cuentista pues no cobraba por este trabajo, a cambio de ello él podía cambiarle el nombre a los personajes por el que ella quisiera, también había aceptado una que otra sugerencia de cambios en algunos de los cuentos ganándose la mención respectiva en los pies de página, aunque para el caso sólo la nombraba, por mutuo acuerdo como “Sofía”.

-       - ¿Y desde cuándo eres la correctora oficial de un escritor? – preguntó en aquella ocasión Isabel Sofía.

-         - En realidad poco tiempo, unos seis meses, no más.

-         -  ¿Y lo conoces? ¿Alguna vez se vieron?

-       - Si, una vez ¿Recuerdas cuando viajé y estuve tres meses contigo? esos tres meses que trabajé en la agencia principal, pues una de las tardes en que salí temprano del trabajo me encontré con el y me acompañó hasta tu departamento. Conversamos sobre cualquier cosa sin importancia, pero descubrí que es un hombre de una gran sensibilidad, tiene una interpretación diferente de cada cosa que le preguntaba, se nota que es muy inteligente – parecía emocionarse al recordarlo.

Aquella vez, tan pronto regresó a su ciudad Isabel Sofía se dio de alta en el grupo de Face Book del escritor e inició la lectura de sus publicaciones en internet, de inmediato se sintió atraída por los cuentos que se zampó con interés, en cada uno de ellos encontraba un parecido, una referencia, una coincidencia con alguna parte de su vida, era lógico, la temática del escritor era mundana, urbana, muy común en acontecimientos cotidianos.

Por recomendación de Olivia Sofía se ofreció como correctora en la primera oportunidad que el escritor solicitó una, sin hacerle conocer su relación con ella, después de algunos mensajes más fue aceptada.

Durante algunos meses en los que revisó una docena de cuentos Isabel Sofía no dejaba de sorprenderse, muchas escenas parecidas a momentos que había vivido se reproducían en las ficciones que leía, hechos de su vida que casi no recordaba regresaban de pronto en cada lectura, cada coincidencia parecía  un deja vu que, además, aumentaban su interés por el hasta ahora desconocido autor ¿Cuál era su fuente de inspiración? ¿De dónde tomaba esos argumentos que describían algún hecho conocido por ella? ¿Eran posibles tantas coincidencias?

Tuvo que esforzarse bastante Isabel Sofía para conseguir un encuentro con el cuentista, él, quería evitar el contacto con ella pues sostenía que cualquier relación personal malograría ese trato tan cordial que tenían a través de los cuentos, en una reunión personal ella podría llevarse una mala impresión de él y esto pondría en peligro su trabajo como correctora, era la principal justificación del autor. Por fin se reunieron, ella lo citó en un café a unas cuadras de su casa, el llegó a la hora exacta de la cita, no parecía el tipo taciturno que pensó encontrar, por el contrario, era un sujeto muy alegre, entretenido, muy culto pero sobre todo irónico. Para conversar con el se tenía que contar con la habilidad de entender los sarcasmos muy rápido, intercalaba frases de doble sentido con otras  irónicas en forma tan natural y rápida que a veces era difícil entenderle. Los primeros dos minutos de la conversación fueron suficientes para darse cuenta que era un tipo agradable, parecía tener unos cincuenta años bien puestos que se hacían casi núbiles tan pronto se ponía a hablar.

Aquella reunión duró cuatro horas que pasaron sin sentirlas, conversaron de todo, ella le mintió y le dijo que era una mujer a punto de casarse, el pareció no prestar atención a este hecho y más bien le confesó que había decidido vivir solo el resto de su vida, arrastraba una condena eterna, le contó que una mujer tan joven como ella le había robado el corazón y se había marchado sin siquiera despedirse y le había dejado una extraña enfermedad.

Cuando Isabel Olivia le contó su curiosidad por saber algo sobre la fuente de sus argumentos y le pidió detalles sobre cómo así muchas partes de su narración coincidían con hechos de su vida, el simplemente contestó

-         - Supongo que me los dejó ella – refiriéndose a la mujer que le había roto el corazón, fue este instante quizás el único momento en que vio en sus ojos un brillo de tristeza, de oscuridad sin esperanzas – es una mujer difícil de olvidar, me niego a olvidarla, se llevó la mejor parte de mi y me dejó la extraña enfermedad que ahora tengo, todas las mujeres bonitas se parecen a ella, todas tienen algo de ella, aunque ninguna es tan bonita, a veces hasta las fotos antiguas y los cuadros me la traen a mi, incluso ahora, en ti encuentro también algunas cosas de ella, es como una eterna penitencia, recordarla en cada mujer que me cruce.

Parecía que iba a quebrarse pero suspiró quedamente y luego volvió a ser el mismo tipo con el que el sarcasmo adquiría su máxima expresión.

 

Las luces de la pantalla del cine seguían brincando sobre el rostro de su hermana, los claroscuros que se formaban y que en instantes desaparecían como una extraña danza de bailarines formados por haces de luz resaltaban su hermosura. Es que ella era bonita no solo de rostro sino, además de su escultural físico pese a ser madre, tenía muchas virtudes que Isabel Sofía secretamente siempre había admirado, ella misma no sería la mujer que ahora es si no la hubiera tenido como ejemplo. Que duda cabía, tenía una gran hermana, un ejemplo de mujer, de madre.

La había invitado a tomar un café y luego la llevó a ver ese estreno del que todos hablaban. Quiso hacerle aquella pregunta casi insignificante que tenía guardada durante el café pero supuso que era mejor momento hacerla durante la función de cine.

La noche anterior había pensado mucho sobre el origen de este viaje, antes de dormirse y durante bastante rato se dedicó a calcular en qué momento le haría esa pregunta casi trivial a Olivia Sofía, también caviló bastante sobre las coincidencias de aquellos pasajes de su vida que tan bien habían sido descritas por el escritor, quiso encontrar algún patrón entre ellas que le explicaran este raro concurso de situaciones conocidas pero no encontró ninguno, o tal vez lo ignoró; antes de quedarse dormida, cuando ya empezaba el camino hacia el sueño se le vino a la mente aquella reunión con el escritor

-       - Es una historia interesante – le dijo ella, después que el confesara lo de su extraña enfermedad, pues el aire por un momento se había tornado en una bruma oscura pero cálida que parecía haberle oprimido un poco la respiración al cuentista.

-         - Y esa mujer tan bella ¿tiene un nombre?

-           -Si – dijo el escritor – como todos los personajes de mis cuentos.

Por un momento Isabel Sofía se incomodó – qué preguntas tan tontas hago – se dijo – claro, hasta mis nombres ahora están en uno de sus cuentos y los de mi hermana y también los otros que le pedí los incluyera.

-       -Ella se llamaba Olivia Sofía – recordó que le escuchó decir justo cuando se quedaba dormida.

Esperó que la intensidad de la película bajara y viendo que la expresión de Olivia Sofía estaba serena apoyó su cabeza en el hombro de ella y quiso soltarle esa pregunta sobre el asunto tan simple que la trajo hasta aquí, pero se quedó callada, sintiéndose tranquila porque cualquiera que fuera la respuesta nada cambiaría.

 

miércoles, 18 de agosto de 2021

LOS OJOS DEL ANIMAL

Había dejado su cama antes de que amaneciera, no pudo conciliar el sueño pensando en ir por aquella pelota, aquella que se metió a una chacra cuando se jugaba la final del campeonato en el que participaron equipos muy conocidos de las haciendas más cercanas, durante la tarde anterior, domingo, en honor al patrón local San Lorenzo, o Tayta Lencho como le  llamaban los lugareños. Había ido con el patrón don Gonzalo desde muy temprano a ver los partidos, porque el patrón que era muy querido y respetado, todos los años se hacía cargo de los premios para los campeones, este año no fue la excepción, aunque muchos no lo esperaban porque don Gonzalo había viajado a Huancayo por motivos de salud, esa misma madrugada había regresado a Chapi, la hacienda de su propiedad y, con las justas había salido a apadrinar el campeonato como tantas otras veces.

Para Alex era un honor acompañar al patrón, cargar a la tolva de la camioneta los porongos de aguardiente y algunas cajas de cerveza, regalos, pelotas y hasta un carnero que iba maneado, rumiando quizás su mala suerte de haber sido elegido como premio mayor. Disfrutaba viajar al lado de la carga y gozar del viento restregándose en su cara mientras el polvo se acumulaba en todo su cuerpo para luego, con saltos desempolvarse creando una nube a su alrededor que se encargaba de disipar con las manos y soplidos. A sus doce años, huérfano y sin futuro, viviendo bajo el amparo de don Gonzalo, que parecía ser la única persona que le daba muestras de afecto, sus mayores alegrías eran aquellas que el mismo se podía dar.

Por eso, había escogido la misma piedra en donde se sentó muchas veces, buscando un lugar un poco alejado desde donde podía gozar en soledad todo lo que pasaba en los encuentros de “fútbol cholo” que se iban sucediendo uno a uno. Desde allí, pudo observar cuando una de las pelotas que el había cargado y que el patrón había regalado para el campeonato salió despedida muy lejos de la polvorienta cancha y se metió entre un brote de pacha mulakas y carrizos. Algunos mozos fueron en busca de la pelota para devolverla al juego pero Alex veía con sorpresa cómo pasaban muy cerca de ella y no la llegaron a advertir, hasta que, después de muy poco desistieron, pues habían tantas pelotas nuevas que una no importaba.

Se pasó el resto de la tarde vigilando desde su puesto; cuando comenzó a anochecer y todos retornaban después de haberse acabado el aguardiente y la cerveza  que llevó el patrón, Alex quiso sacar la pelota de su escondite ocasional y llevársela con él, pero desistió porque alguien podía darse cuenta.

-      Mejor regreso mañana – pensó con una sonrisa que desde sus labios llegaba a sus cejas y se aseguró, hasta que subió de regreso a la camioneta de don Gonzalo, que nadie había reclamado la pelota que seguía perdida.

La noche la pasó casi en vela, durmiendo como si el dormir se tratara de una sucesión de puntos suspensivos, donde cada uno de ellos guardara un sueño irreal o real pero que no tenían relación con el otro, imaginando por ratos aquella pelota, nueva, lustrosa, turgente, sin ningún rasguño todavía, que le estaba esperando; y, soñando episodios cercanos y lejanos que no podía precisar si los había vivido o solo eran evocaciones de momentos que se habían acurrucado en su memoria.

En una de esas recordaciones le vino a la mente la maestra Elicha, tan airosa ella, pero últimamente misteriosa, sigilosa, preguntándole todas las mañanas por cosas de don Gonzalo, si eran parientes, porqué le había matriculado en el colegio, si tenía más hijos, que hacían durante la semana, a dónde iban, a qué hora se acostaban en la hacienda, cuántos la cuidaban, si tenían escopetas o solo zunchos, a dónde viajaba y porqué se había ido a Huancayo. Y cómo le había agradecido la maestra cuando le comentó, el último sábado al mediodía después de finalizar las clases, que el patrón regresaría en la madrugada pues por nada se perdía el campeonato ni las fiestas en honor del Tayta Lencho.

Su cuerpo se puso más tenso después que calculó que si caminaba apurado hasta el lugar en donde se encontraba la pelota de sus sueños tardaría dos horas en ir y venir, tenía que salir cuando el gallo cantara por primera vez para que don Gonzalo no se diera cuenta. Con la ansiedad que le causaban estos pensamientos se vistió y esperó sentado en la cama, cubriéndose con el uncu que alguna vez había sido del patrón, apenas aleteó el gallo se puso en marcha, muy sigiloso pero contento porque comenzaba a construirse un episodio feliz de su vida en el que aquella pelota sería una protagonista importante.

Cuando retornaba feliz con su trofeo envuelto en la chompa que se había sacado porque la mañana comenzaba a elevar la temperatura escuchó aquellas explosiones, como de bombardas, le recordaron que en honor a Tayta Lencho durante la semana se quemaban bombardas y cohetes de hasta siete tiempos que anunciaban el inicio de las misas diarias en su honor, se apuró pues parecían que habían sido en la hacienda, quizás el patrón estaba celebrando, con lo alegre que era; y apuró el paso.

Le faltaban unos dos kilómetros para llegar cuando vio que por el camino que bajaba venían en sentido contrario un grupo de unas veinte personas, desconocidos, algunos con escopetas y armas colgadas al hombro o enfundadas en la cintura; pensó en esconderse como reacción natural pero estaban a una distancia que ya no podía hacerlo sin que lo notaran, no había ningún lugar propicio cerca al sendero así que tras asegurarse que no conocía a nadie de ellos continuó su marcha pues no tenían porqué meterse con él.

Los primeros que cruzó eran niños apenas mayores que él, algunas jovencitas, en el centro el que parecía el jefe, un hombre joven, de unos veinticinco años, con la ropa avejentada por el uso continuo, llevaba una gorra muy parecida a la que tenía don Gonzalo colgada en el centro de la habitación que usaba como oficina, alguna vez le comentó que la tenía colgada como recuerdo del tiempo que había trabajado en el ejército; cuando parecía que ya habían pasado sintió la voz aquella que se grabó en su memoria para siempre:

-       Hey, chiuchi ¿de dónde vienes?

Se detuvo casi de inmediato y volteó lentamente mientras aquel que parecía el jefe estaba casi sobre él. Miró a los ojos del extraño y percibió esa mirada profunda que tenía extraños destellos de desprecio, de rencor, de rabia contenida, de deseos de sangre, como los ojos que una vez había visto en una muca que le atacó cuando accidentalmente invadió su madriguera, ojos de muca que amenazaban, no eres culpable pero igual tienes que pagar con tu sangre, sin que importe otra cosa, tu sangre.

Ahí estaban esos ojos acercándose a el, tras unos lentes de intelectual que más bien parecían vidrios especiales para ampliar el odio y la violencia que reflejaban, Alex pensó rápidamente y contestó:

-       De la banda, papay….

-      ¿De la banda? ¿Has visto policías por ese lado? – volvió a preguntarle el extraño personaje, mientras se acomodaba el arma que llevaba colgada al hombro dejando ver en un gesto ensayado un collar que colgaba de su cuello, al niño le pareció que aquella extraña gargantilla estaba hecha con orejas humanas momificadas, pero eso era imposible, ni al shapi se le ocurriría tal cosa.

-      No papay, allá no hay ni puesto siquiera – tratando de ocultar toda traza de nerviosismo.

-      Cuidado que me mientas, carajo, porque yo soy peor que los pishtacos ¿Qué llevas allí? – le preguntó mientras con la mano le hacía indicaciones para que mostrara el paquete que  quería ocultar.

-      Ah, ésta pelota que me han regalado por mi santo, tayta.

-      ¿Cómo? En lugar de pensar en la revolución, en la guerra popular estás pensando en cosas de la oligarquía, tu eres peón no patrón.

Aguantando las lágrimas a más no poder Alex presenció como aquel sujeto sacó el cuchillo que llevaba en la cintura y con verdadera fruición y un enfermizo deleite la atravesó dejándola cortada en dos pedazos. Lo volvió a mirar con esos ojos que solo podían ser del diablo y poniéndole el cuchillo a la altura de su cara le gritó:

-       Cuidado me mientas porque regreso por ti.

 

El resto del camino hasta la hacienda Chapi lo hizo corriendo, llegó bastante agitado y lo que encontró le produjo tal impresión que recién al día siguiente recuperó el habla. La casa había sido saqueada, los campesinos que el día anterior habían estado en la celebración deportiva ahora se repartían las cosas de la hacienda, los animales, los víveres, los muebles y hasta la ropa. Corrió sin rumbo entre la multitud que enloquecida saqueaba el lugar, no sabía lo que había pasado pero estaba claro que tendrían que haberle hecho algo a don Gonzalo, el no permitiría este vandalismo.

Cuando encontró aquel cuerpo destrozado, irreconocible, que parecían colgajos de distintos cadáveres reunidos por algún artista perverso, sospechó que se trataba del patrón, no tenía forma de identificarlo, la masa que la sangre había formado con el polvo no permitían reconocer de quien se trataba, pero cuando reconoció parte de la ropa y sobre todo aquel calzado militar que conservaba adentro una parte de la pierna era señal indiscutible que el cadáver era de don Gonzalo. Todo era irreal, parecían las pinturas de Théodore Géricault, de uno de los libros que el patrón se empeñaba en mostrarle. La mente se le nubló en ese momento.

 

Cincuenta y cinco años después, Alex, hoy retirado del ejército desde un lustro antes, sentado en el sillón reclinable, comprado especialmente para el, frente al televisor vuelve a revivir parte de esas sensaciones que lo marcaron para siempre. Cuando creció se enlistó en el ejército donde después de casi cuarenta años de trabajo se había retirado, durante su servicio había laborado por mucho tiempo en la sierra central y en la zona de selva combatiendo al terrorismo, esta etapa de su vida le dejó algunas cicatrices y males que hoy padece, agravados por la edad; su vida, como muchos de los héroes olvidados del país, transcurría frente al televisor, aunque no se perdía uno o dos noticieros al día se había visto seducido con aquellos documentales sobre historias del holocausto judío y sobre los juicios de Núremberg, el seguimiento y la captura de estos asesinos; se había quedado impresionado con el caso de Rudolph Hess, “el animal de Auschwitz”, el arquitecto y corresponsable del exterminio de más tres millones de judíos.

Esos ojos bajos dos cejas pobladas le habían impresionado, esa mirada que siempre le había parecido el tránsito entre la locura y la maldad, mirada que como el camaleón cambiaba de tono, como si el color proviniera de esas pupilas y no de la luz, mirada alimentada de odio nacido en lo profundo de un alma de nigromante. En lo más profundo de su ser, sin querer reconocerlo, rehuía la casi certeza de reconocer en esa mirada la maldad que había visto reflejada en el larguirucho extraño aquel que cambió su vida en la hacienda Chapi. En muchas de sus noches en vela se pasaba horas escapando del recuerdo de aquellas miradas, sentía que desde su interior una voz le advertía que no intentara siquiera compararlas porque descubriría un pasaje a la oscuridad, al averno, al corazón de la maldad, una crueldad perpetua, holística.

Sus manos se crisparon, su corazón se disparó y una efervescente sensación que no debía dejar que lo invadiera por completo pues podría tratarse de esa “deficiencia cardíaca” que algún doctor le diagnosticó. El noticiero de la mañana de un canal opositor al gobierno recién instalado había propalado, a toda pantalla la imagen del nuevo ministro de relaciones exteriores bajo el titular “El canciller de la muerte”.

Aquel anciano, parado al lado del pabellón nacional, con el fajín de ministro lo miraba con menosprecio, con encono, con esa conjugación perfecta de locura y odio que había visto en el “animal de Auschwitz” y aquel furibundo sujeto que atacó Chapi, con la misma expresión que quizás vio Abel en el rostro de su hermano. Alex se paralizó, quiso encontrar la explicación cuerda de porqué ese asesino había llegado a tal posición. Sintió la necesidad de escapar de la realidad, era preciso, se negaba a aceptar este contexto, de pronto, el demonio disfrazado de anciano, con la mirada más cruel que vería en su vida, le señaló, como si se tratara del Tío Sam más siniestro imaginable y le dijo:

-       ¡Por fin te encontré…!

  

miércoles, 7 de julio de 2021

CONVERSANDO EN MADRID

 

Su llamada urgente, más que preocuparme me intrigó, debo confesar que esa fue quizás la mayor motivación para acudir presto. Mario S. Fuentes era de aquellos amigos que solo te llaman cuando te necesitan, reconozco que fuimos grandes amigos, una amistad en la que la fidelidad estuvo siempre de mi lado, pero ahora había un manto de desconfianza entre nosotros; crecimos en el mismo barrio y nuestras familias estaban muy relacionadas, ambos estudiamos en el mismo colegio y también, en forma simultánea en dos universidades, la Católica y la San Marcos. Yo soy mayor por cinco años pero le llevaba solo dos en el colegio, nuestros estudios universitarios los hicimos en las mismas promociones y compartimos aulas muchas veces, él estudió derecho y periodismo y yo ya no recuerdo qué, crecimos juntos hasta cuando decidí dejar los estudios universitarios para dedicarme al trabajo que había conseguido en una editorial transnacional.

Cuando ya ganaba mis buenos soles nos tocó vivir una crisis que colocó a su familia en una posición difícil, dura, de carencias; para costear sus estudios Mario tuvo que “cachuelear” de diversas formas, como era hábil aunque bastante reservado, pronto encontró el camino que hasta hoy le permite una vida holgada. En una ocasión mientras tomábamos unas cervezas después de la “pichanga” del domingo me comentó que quería estudiar un curso de tres meses sobre creación de páginas web y administración de web sites  en un instituto de moda y que no tenía el dinero suficiente, al día siguiente lo acompañé a matricularse y le cancelé las cuotas de los tres meses, lo hice porque siempre le he tenido un gran afecto, pese a que él nunca demostró lo mismo y, porque creí en él, creí en sus posibilidades. Antes de un año había creado su propio blog que resultó siendo muy exitoso. Todos quedamos sorprendidos cuando comenzó a demostrar su vena periodística, los reportajes que producía e incluía en su blog eran muy vistos, esto le valió para ser contratado por diversos medios televisivos y luego por la prensa escrita, comenzando así una exitosa carrera que mantiene con esfuerzo. Esa habilidad para describir y explicar las cosas fácilmente, habilidad que no había notado en él, le permitió convertirse muy pronto en un referente, especialmente para los jóvenes, no le costó mucho llegar a su primer millón de seguidores y ser considerado uno de los “influencer” peruanos más exitosos, tanto así que pronto cumplió su sueño de mudarse a España “comprando” una beca.

Cuando la editora para la que trabajaba me envió a Alemania, gracias a que había aprendido el idioma durante mis vacaciones escolares, indudablemente un acierto de mis padres, perdimos contacto durante unos años, no siempre contestaba mis llamadas aunque yo siempre me mantuve informado de lo que pasaba en el Perú a través de uno de los blogs de Mario en su canal de Youtube y sus casi siempre acertadas publicaciones en los diarios; a pesar de ello, solo conversamos por teléfono o video llamadas en oportunidades especiales, más escasas fueron las ocasiones en que nos volvimos a ver, además de las bodas de ambos estoy seguro que no fueron más de tres.

Cuando publicó su primer libro fui uno de los primeros en comprarlo, lo leí de un solo tirón, mis amigos cercanos me escarnecían porque era un libro editado por la competencia. Pronto sacó otros libros pero dejé de leerlo después del segundo porque, a pesar de tener una pluma agradable, la forma en que tocaba los temas no me parecían correctos, intentaba ganarse un espacio como periodista de investigación y para mi sólo era un recopilador, y así se lo dije, juntaba información producida por otros periodistas, generalmente sensible para terceras personas y siempre se aseguraba de indicar su fuente de alguna manera para evitar las acciones legales futuras. Desde mi punto de vista estaba poniendo el parche antes de que saltara el chupo, era su estilo. Pero también lo dejé de leer porque sentía que no había progresado mucho desde que éramos jóvenes universitarios en cuanto a sus ideas socialistas, a veces más extremistas, pero que siempre ocultaba reconociéndose muy sutilmente como progresista, o “caviar”.

Llegué a Madrid después de una hora y media de vuelo desde Hamburgo en un jet ligero de doce pasajeros, aterrizamos en el aeropuerto Cuatro Vientos y en menos de diez minutos ya me encontraba saliendo con mi pequeño maletín y mi chaqueta al hombro, todavía no daban las diez de la mañana; mi plan era alojarme en un hotel cerca de donde vive Mario, un lugar apacible de la calle Toledo, a unas dos cuadras de la biblioteca Pedro Salinas y, después de encontrarme con él, visitar un restaurante peruano, hacer algunas comprar y tomarme unos tragos en algún pub antes de regresar a Hamburgo al medio día siguiente.

Me sorprendió tanto como su llamada el encontrarlo apenas haber traspasado los controles del aeropuerto, allí estaba con la misma sonrisa cachacienta de siempre, tenía algunos quilos más que la última vez que nos vimos, también arrugas y canas, supongo que me pasaba lo mismo. Nos dimos un fuerte abrazo y nos besamos ambas mejillas, así nos saludábamos desde que nos despedimos después de mi boda. Conversamos cruzando nuestras palabras sin orden, ambos estábamos emocionados, me invitó a quedarme en su casa pero me disculpé amablemente y terminamos en el Piscomar, un restaurante de cocina peruana frente a dos enormes copas de pisco sour.

Conversamos de muchas cosas sin importancia, como dándole tiempo a que el pisco hiciera efecto antes de tocar el tema principal.

Después de un silencio prolongado di el  primer paso.

- ¿Y, bueno, para qué me llamaste con tanto apuro? Espero que no estés enfermo.

- No, no se trata de eso, es un tema más personal, más discreto, de mucha trascendencia diría yo.

Allí estaba, esa sonrisa cachacienta, esos ojos insolentes debajo de sus cejas perfectamente irónicas que seguramente usaba para aligerar la tensión en todas sus conversaciones, se acomodó los lentes y continuó.

- La verdad es que me encuentro metido en una situación de la cual no se cómo salir, nunca pensé llegar a esto – y secó su pisco sour como si tuviera mucha sed.

- ¡Oh, mein Gott…! – exclamé en perfecto alemán, a la vez que levanté la mano reclamando atención del mozo - ¿Tú, metido en problemas? No lo puedo creer.

- Espera a que te cuente para que veas – mientras nos cambiaban las copas por otras dos completamente llenas, al tope, como si se tratara de un combustible para echar a andar la historia que se perennizaría esa mañana.

Comenzó a hablar con una expresión lejana, ida, desprendida de todo sentimiento que no esté relacionado con la culpa, me pareció patético, por mi mente pasaron aquellos días de palomilladas cuando se dejaba arrastrar por los sitios por donde yo andaba, era la misma cara que puso después que salió de su primer “servicio” en el “Cinco y medio” porque la puta le cobró más de lo que tenía; como siempre allí estaba yo para protegerlo.

Lo dejé que se fuera por las ramas durante un rato y después de darle un largo sorbo a mi trago me reacomodé ostensiblemente en la silla dándole a entender que era hora de ir al grano. Así lo entendió.

- Todo comenzó los últimos días de setiembre del año pasado, fui invitado a una charla organizada por la embajada de Perú y después del evento, el funcionario encargado me dio una tarjeta con un número telefónico y me dijo que era de la secretaria del presidente y que la llamara en las próximas cuarenta y ocho horas. La llamé al día siguiente y después de saludarnos me preguntó si podía tomar una llamada con el propio presidente, me sorprendió mucho, inicialmente quise negarme pero terminé aceptándola. Imagínate, el mismo presidente “Juancho”. Era la primera vez que conversaba con un mandatario por teléfono, pese a que escribí la vida de algunos de ellos en mis libros. Lo sentí amable, preocupado, comenzó exaltando mi trabajo como periodista independiente, valiente y tozudo, así lo dijo, luego me habló de algunos temas de actualidad, no parecía preocupado, me preguntó si había escuchado que últimamente lo estaban relacionando con un tal “Ricardo Swich” y qué pensaba al respecto. Le contesté que sentía que era una infamia, que me preocupaba que éste tema fuera aprovechado por sus adversarios, especialmente por los congresistas, para desestabilizar su gobierno y que inclusive ya algunos hablaban de vacancia. Pero ¿porqué me llamaba a mi? le pregunté, me contestó que había encontrado que yo era un periodista correcto, lo había demostrado con mis libros, mi posición crítica e independiente ante los temas políticos y que siguiera así, en esa línea y que no me dejara ganar por los enemigos de la democracia.

- ¡Oh, mein Gott…! – nuevamente  yo – imagínate, el propio “Juancho”, ese tipo no da puntada sin hilo. Ambos aprovechamos estos instantes para apurar un sorbo.

- A los pocos días recibí la visita de un empresario que quería financiar uno de mis blogs a cambio de publicidad, era propietario de algunos negocios entre ellos una casa de cambio de dólares on-line que acababa de lanzar, le acepté pero no llegamos a un acuerdo sobre el precio, solo le dije que le costaría entre mil y dos mil dólares. Comencé a poner la cuña antes que me hiciera ningún pago, a los quince días me llamó y me dijo que había depositado un monto mayor que el que le había pedido porque había resultado muy buena la propaganda, la aceptación de la gente fue tremenda. Lo sorprendente fue que me depositó cinco mil dólares.

- ¡Oh, mein Gott…!  - yo otra vez – mierda, un gran negocio, con tal que no sea traficante.

- Para nada. Lo más sorprendente es que parecía que el tipo estaba loco pues a los quince días me volvió a depositar otro monto igual, entonces lo llamé para aclarar el asunto, después del tercer o cuarto depósito.

En este punto Mario se calló unos segundos, pensé que se iba a empujar otro sorbo de pisco pero tomó aire a grandes bocanadas como si necesitara valor para continuar y, siguió.

-              Mi llamada coincidió con aquellos días en que había una gran conmoción después de la vacancia de “Juancho”, el empresario me dijo que el presidente me enviaba saludos y yo quedé sorprendido porque no sospechaba siquiera que estaban relacionados – mientras volvía a tomar aire después de un suspiro profundo – además, me comunicó que querían contratarme como asesor para limpiar la imagen del presidente. Como sabrás yo no accedí, pero le pedí detalles sobre lo que querían realmente, parecía fácil, solo tenía que  hacer públicas las cosas buenas de “Juancho”, ya se habían dado cuenta que mi programa era muy seguido, era tendencia casi a diario.

-              - ¡Oh, mein Gott…!  - nuevamente yo, aunque mi acento alemán había desaparecido por completo a causa del pisco – bueno, si no hay facturas ni recibos yo hubiera aceptado al toque – le dije, con la intención de que siguiera soltándose, sabiendo que lo convencería, lo conocía desde adolescente.

-              Es lo que hice, “Juancho” siempre había demostrado ser intachable, sigo admirándolo, y, hacerlo era como cobrar por permitírseme defender la democracia.

Lo miré sorprendido, ahí estaba esa sonrisa socarrona, “el mismo conchudo de siempre” pensé.

-              Lo defendí a capa y espada de las acusaciones y del ataque despiadado de la prensa y de los políticos corruptos y me pagaron por eso, por un deber patriótico, hasta febrero de este año en que me llamó el mismo “Juancho” para decirme que deseaba que asesorara a alguno de sus amigos y acepté confiadamente. A los pocos días me visitó una comisión de socialistas y caviares que apoyaban al entonces vacado “Juancho”. Me comentaron que tenían un plan para recuperar el poder en las próximas elecciones a través de un “partidito” que en las encuestas siempre aparecía entre los “otros”, nunca habían pasado del uno por ciento, me pareció una aventura descabellada, pero me explicaron que habían copado el jurado electoral y su plan ya estaba en marcha, por lo pronto habían conseguido reemplazar el voto electrónico por el voto tradicional.

- ¡Oh, mein Gott…!  - ya no recuerdo si lo dije o lo pensé, pero el tema se ponía más interesante – Salud compadre… - lo animé a continuar tomando un trago del vaso de pisco sour que acababa de llegar.

- Me contaron con detalle todo lo que tenían preparado para conseguir la victoria, te juro que recordé aquellas elecciones fulleras de la universidad ¿te acuerdas?

Tuve que consentir su afirmación mientras recordaba las cuestionables elecciones universitarias en las que le gustaba participar, parecía haber nacido para eso.

-              Me dieron muchos detalles que mejor no te cuento para no comprometerte, estaban bien organizados y todo lo tenían calculado al milímetro, pero, a pesar de ello se les fue la mano, todo estaba previsto para que quedaran segundos detrás del partido anaranjado, sabían que era la única forma de ganar en la segunda vuelta y salieron primeros. Kerito, de los anaranjados, se dio cuenta de la trampa pero se quedó callada y se apuró en reconocer los resultados, minimizando las denuncias de los candidatos afectados, se comportó conforme lo habían previsto, se llenaría de ambición y su egoísmo la haría seguir adelante; entonces vinieron para que filtrara la idea de que el partido anaranjado ganaría la segunda vuelta y así confirmar que ellos evitaran apoyar cualquier reclamo. Quedé impresionado de la forma cómo lo hicieron, me lo explicaron, adulteraron el software del escaneo para que identificara las actas en donde el “partidito” había conseguido entre uno y diez votos, luego tomara el sesenta por ciento de los  dos partidos de derecha favoritos, de este total el setenta por ciento se la sumaban al “partidito” y el treinta al partido anaranjado, de esta manera ellos se robaban los votos de la derecha. Sencillo y eficiente, pero el resultado fue el que ya sabemos.

- ¡Oh, mein Gott…!  …qué pendejos. Y supongo que hicieron lo mismo en la segunda vuelta.

- Si, pero en menor medida, ahora sólo bastaba quitarle un poco al partido anaranjado pero no durante el escaneo sino observando e impugnando actas sabiendo cuál sería el fallo del tribunal electoral, fue un trabajo de personeros y del jurado; en esta etapa mi trabajo era masificar la idea que el partidito tenía la mayoría de votos porque finalmente sucedería eso, el partidito ganaría si o si.

- Vaya qué interesante – olvidándome del ¡Oh, mein Gott…! por efectos del pisco – pero mira a qué situación hemos llegado.

- Como verás esto fue planificado al detalle, hay mucha gente comprometida y como todo en la vida algún día tendrá que conocerse. Y esto es lo que me tiene preocupado y justo por eso quería ver si puedes ayudarme – lo dijo casi suplicando, intentando borrar su sonrisa cínica y poniendo cara de afligido.

- Tu dirás

- Quiero saber si a través de tu editora se puede publicar un libro con un seudónimo sin que se enteren jamás del autor, algo así como un anónimo.

- ¿En pleno siglo veintiuno? ¿En esta pequeña aldea global? – le pregunté en verdad entusiasmado por conocer más de la propuesta.

- Si, quiero publicar todo lo que se pero que nunca nadie se entere quien fue.

-¿Y por qué no le das la historia a un escritor o un periodista? – le retruqué.

- Es que  si tiene éxito y no se pone la situación peligrosa entonces puedo aparecer – sus ojos iluminaron su mueca burlona e irónica, la misma que tenía desde muchacho.

En lo profundo de  mi mente surgió el grito “ ¡Oh, mein Gott…!” pero no podría asegurar que fui yo, tal vez el pisco.  

- Si pero a alguien se le ocurrirá seguir el pago de las regalías y los derechos de autor y lo más probable es que consigan identificarte pronto – le dije preocupado.

- No hay problema, tengo un par de cuentas fantasmas - Parecía preparado para todo.

Lo primero que se me ocurrió fue tomar el teléfono para pedirle a mi secretaria que investigara sobre el asunto pero Mario me lo impidió poniendo una mano sobre el aparato telefónico.

- Prefiero que lo averigües personalmente, tómate unos días y me envías un mensaje – dijo.

Después de eso es poco lo que recuerdo, tirado cual bulto en la impecable cama, como un caleidoscopio aparecen imágenes en mi mente, mi visita a  algunos pubs hasta casi la salida del sol, los amigos que hice, los espectáculos nocturnos de Madrid; ni el baño con agua caliente, ni las pastillas que tomé me alivian la tremenda resaca que traigo. Si Mario no pasaba por mi seguro que perdía mi vuelo, me levanté y duché con el humor de la mala noche y casi sonámbulo llegué al Cuatro Vientos en su compañía. Había perdido el interés en todo y lo único que deseaba era estar en casa.

Nos despedimos con un abrazo me sentí vacío, pensé que por el efecto de la mala noche, sentí su loción y me dieron ganas de vomitar, difícilmente me contuve y él pareció no notarlo. Esa maldita sonrisa insolente, que ahora sé que siempre he odiado, me respiraba cerca al oído y que hipócritamente soportaba dio paso a ese último pedido, que hasta ahora llevo como una suerte de emético:

-       No sé qué hacer, por favor ayúdame.

- ¡Oh, mein Gott…!  Escribe tu libro y échale la culpa al resto, como solo tú lo sabes hacer - me dije mentalmente.

 

sábado, 22 de mayo de 2021

ÚLTIMOS MICRO CUENTOS.

 Aquí les dejo los últimos micro cuentos que escribí para el reto del twitter. Como alguna ves les comenté, el reto consiste en escribir en un tuit un cuento con la temática o las palabras que te obligan a usar. El resultado son pequeñas ilustraciones que en la mente de cada uno pueden tomar formas distintas. Para entenderlos a veces tendrás que guglear, en todo caso espero que lo disfrutes.

De tanto escribir versos que nunca firma, de llenar papeles con letras en negro, que pretenden expresar lo que sufre por su partida, de exigir a su corazón un olvido que nunca llega, éste se quedó sin sangre. El mismo sólo es un saco de piel humana.

 

 

Todos los hombres aprendimos a odiarlo cuando conversaba con ellas. Superbobi, tenía el poder de motivar a las mujeres, de aumentarles la autoestima, las ganas de superación, de hacerlas crecer, por eso, cuando lo vi con mi novia supe que el fin estaba cerca.

 

 

La mente ve lo que quieres ver. Sabes que estás bajo la luz pero sólo ves oscuridad y tinieblas, todo es negro y te cubres de soledad, conviertes lo cálido en gélido y mueres y vuelves a morir. Es una fortuna haber decidido no stalkearte más.

 

 

Paso los días, tendido, mirando tu retrato colorido, casi no camino, sin familia. Ojalá el puré de manzana con sebo de serpiente sean el remedio para este mal. Entre sombras me niego a encender la lámpara de calavera, su luz me acerca a ti. Te había amado tanto.

 

Siento que mi vida era tu disfraz, o tu pañuelo, o tu corbata, o tu mortaja. A veces un sombrero, un collar, una calabaza. Pero yo, aunque no lo quieras, fui el muérdago que vivió del sabor de tu savia, a veces dulce a veces amargo

 

Tenía fama de ser un juez justo. De niño, una noche, en casa con sus hermanos, a escondidas y sin luz, se metió a la cocina por un dulce. Sintió una respiración agitada tras de el. Volteó y no había nadie .Fue el peor susto de su vida. Supo que jamás volvería a hurtar.

 

Querida María: Hoy me condenaron a muerte, dicen que nací con instinto asesino y soy irrecuperable. Quien mutiló y asesinó a su prole no merece vivir. Recuerda mi sacrificio. Te espero en la otra, para seguir juntos, como lo decías, sin hijos. Siempre tuyo, Víctor.

 

Muy tarde en la noche, solo frente a la tv, que miraba pero no veía, con el corazón aún acelerado por lo vivido ese día, se prometió que la conseguiría, esas manos y ese lunar merecían ser el objetivo supremo de su vida. Como alimento fresco para el hambriento.

 

Más que hotel era una cueva. Pidió la clave del Internet, le dijeron tras del módem. Se conectó y la citó. Soñaba con el fuego y el brillo de esos pelos claros y ensortijados. Se abrió la puerta lentamente y le sorprendió ver ese garrote. Le vino a la cabeza el negro del whatsapp

lunes, 26 de abril de 2021

MON CHÉRI

 Otra vez esta soledad, esta sensación dolorosa que atraviesa todo mi ser, ese hoyo profundo en el que me sumerjo y me abandono al pesimismo, a la eterna espera de algo que tarda demasiado en llegar. Encima hoy es domingo. Cómo odio los domingos. La resaca acentúa esta sensación que acompaña al feriado que me obligo a pasar en casa.

Por la cantidad de luz que atraviesa mis cortinas calculo que estamos cerca del medio día. Me levanto despacio para no despertar al hombre que ronca en mi cama, me dirijo al baño, me doy un rápido duchazo de agua fría, me cepillo los dientes con rabia y después bebo un poco de Gatorade® y bastante agua helada que siempre guardo en el frío bar.

Regreso a la cama, me acomodo muy suavemente para no despertar a mi compañero, total, no hay apuro, apenas despierte le diré que ésta es la última vez que nos veremos, hasta aquí llegó nuestra relación. Puedo adivinar lo que me dirá ¿qué pasó? ¿qué cambió? ¿las cosas que nos dijimos anoche en la discoteca no fueron ciertas?, no lo entenderá; además, no puedo decirle que era un experimento, una perla más del rosario de pretendientes que no logran hacerme olvidar a Fernando, un paso en falso en el camino que tengo que recorrer para encontrar a la persona adecuada. Aquella que acabo de descubrir no es quien me acompaña hoy. Ya imagino la cara que pondrá.

Además es domingo, un buen día para terminar una relación, mañana con el tráfago de mis labores diarias es probable que seas solo un recuerdo y para el próximo fin de semana ni siquiera serás. 

Así soy yo, así he sido siempre.

Y así ha sido siempre, o mejor dicho desde que comenzó la búsqueda del reemplazo de ti, Fernando. ¿Por qué me dejaste? Bueno, la pregunta debería ser ¿Por qué te dejé? ¿Por qué tomé esta decisión cuando parecía que todo iba bien entre nosotros? ¿Por qué se me ocurrió creer todo aquello que decías sobre mi? Que era sumamente independiente, suficiente, luchadora e incansable guerrera. Me decías lúcida e irreverente, que todo lo que me propusiera lo conseguiría y me lo creí. Pensé que podría olvidarte y enrumbarme hacia una meta que aún hoy no tengo clara, que no eras la compañía adecuada, que no te extrañaría nunca, pero en esto último me equivoqué. Ya han pasado más de tres años y todavía te recuerdo como si fuera ayer; en cambio tú, tú, ya tienes un nuevo hogar, se suponía que tenía que ser al revés, las mujeres somos las del luto corto.

Siento un temblor frío en mi cuerpo, una pequeña brisa debe haberse colado entre las cortinas, jalo las sábanas y cubro mi cuerpo todavía húmedo y otra vez me zambullo en el hoyo de la soledad, respiro profundamente pero mi respiración es más bien un suspiro entrecortado, esa sensación que me hace recordar que desde siempre le tuve miedo solo a dos cosas, a la muerte y a estar sola. Bueno, como decías, Fer, la muerte es la nada, dejar de ser, dejar de soñar, dejar de sentir, sobre todo dejar de sufrir, entonces no tiene porqué ser mala. Pero qué te digo, siempre me ha causado un gran temor, miedo profundo a dejar de ser para siempre, pánico a no tener otro despertar, a dejar gente que seguro sentirá tristeza por mi, a perder todo sin siquiera haber comenzado muchas cosas. “No te preocupes, es natural que las mujeres se preocupen por la muerte, acaso no son ellas las que crean vida” me contentabas, me tranquilizabas. También la soledad me atemoriza desde siempre, no recuerdo desde cuándo, me parece haber nacido con este miedo. Peor, sentirse sola estando rodeada de personas. “Yo también me siento solo, a veces, aún cuando estoy en casa rodeado por mi familia; y es cuando me doy cuenta que tú me faltas” Tú siempre Fer, aprovechando para ser galante, inventando situaciones románticas de la nada.

Lo cierto es que el miedo a la soledad y a la muerte siempre me acosan, a veces en mis mejores momentos aparecen como una nube negra que oculta el sol en un santiamén, mis instantes de alegría súbitamente se tornan inciertos, mi estado de ánimo cambia de la nada cuando este temor me invade; y tú, Fer, encontraste que me portaba insegura por culpa de esto “conmigo lo superarás, lo prometo”, te ofreciste.

Vuelvo a suspirar y me invade un enorme deseo de fumar, de encender un cigarrillo que consuma lentamente esta sensación, este temor a las dos cosas que se que todos le temen, por lo menos eso me hiciste creer, Fer. Pero también me enseñaste que tengo que vivir con ambas como si no existieran, con la esperanza de que nunca me alcancen, o por lo menos no tan pronto. Eso lo supe por ti. Aprendí tantas cosas de ti. Ahora que lo pienso, el hombre que sigue durmiendo a mi lado ya no tiene nada que enseñarme y quizás por eso dejó de ser interesante.

Recapitulo, de ti aprendí todos los días algo nuevo, algunas cosas importantes y otras pequeñas pero trascendentes, aprendí a tener paciencia frente a los imprevistos, aprendí que todo puede solucionarse y que a veces esperar un poco nos acerca a esa solución, aprendí que era fácil memorizar una canción si la escuchas todo el día, que el café es la mejor bebida para acompañar la soledad, que la música a veces llena espacios y otras crea vacíos, que leer un libro nos hace más libres pero primero nos esclaviza, que el sol amanece y se oculta cada día de forma diferente, que las ensaladas a veces son más ricas sin aliño, que hay que estar de buen humor para lavar el colador o el rallador, que cuando haces un dulce no es tan bueno si no lo compartes, que siempre es mejor guardar un vino dulce en el frío bar, que un beso de improviso y cogiéndome la cintura se hace eterno, que hacer el amor es diferente a tener sexo, que llorar resulta más común de lo que parece, que mi nombre en francés es “mon chéri”, que entre dos se puede hacer una fiesta, que una flor tras la oreja de cualquier mujer resalta su belleza, que caminar a tu lado diluye el tiempo y acelera el metabolismo, que no necesitas soñar cuando la persona que quieres duerme a tu lado, que no hay nada más erótico que el perfume del maracuyá recién cortado, que aprender poemas largos es sencillo, tan sencillo que memoricé muchos y ahora todos me recuerdan a ti, Fer. ¿Habrá alguna manera de olvidarlos? de borrarlos de mi memoria sin que queden trazas y que nada me recuerde a ti como me recuerda cada verso de ellos.

Pasaron las horas y sucedió todo cual lo planeado, soy una mujer soltera otra vez, nada me ata a nadie, como decías Fernando, nadie es de nadie y todos somos libres, con contrato o sin el. No me fue difícil decirle adiós a este último pretendiente ¿o será que cada vez lo hago mejor? ¿me estaré acostumbrando? No me conviene acostumbrarme pues mi temor a la soledad y a la muerte podrían apoderarse de mi, podrían terminar con mi aparente tranquilidad, con mi fortaleza, con aquellas cualidades que veías en mi.

Como ves, sigo armando mi futuro, “Tú, siempre armando” decías en tono de burla, si supieras cómo quisiera que tuvieras razón y terminara de armar mi vida.

¿Pero por qué seguir pensando en ti? ¿Para evitar sentir ese miedo que los domingos por la tarde siempre me apuñala el alma? ¿Para evitar esa soledad que duele más que nada? ¿Esa soledad que resuena en todo mi cuerpo como una campanada cercana? ¿Para mantener la inútil esperanza de que todavía serás mío? ¿O porque recordarte es la única manera de tenerte conmigo, Fer?

Como ya es mi costumbre comienzo a recitar cada uno de los poemas que me hiciste aprender esperando que me gane el sueño.

Extrañamente me siento bien, mi respiración no está agitada como otras veces, de pronto me siento ligera, libre de peso, me invade una inusitada tranquilidad, un desasosiego. Repaso la última estrofa que acabo de recitar “Por eso en lo profundo de mis sueños despiertos, yo sigo esperando que vengas un día, buscando el refugio de mis brazos abiertos. Y tendrás que ser mía”.

Sonrío, acabo de sentir una transformación en mi que hace bullir mis entrañas. Si, algo acaba de cambiar en mi. No se cómo, solo se que es así. Hasta mi soledad se siente cómoda. Ya no tendré dos temores jamás. Seguro que la vida es mejor con tan solo uno.

Acabo de perderle el temor a la muerte.

sábado, 3 de abril de 2021

EL INVESTIGADOR

 

Se frotó los ojos y miró el reloj sobre el escritorio, las seis y cincuenta de la mañana. Suspiró de alivio porque pensaba que su trabajo había culminado, cerró la laptop y presurosamente se dio un baño, se alistó con la ropa que el había definido como de trabajo, luego un café sin azúcar, que acompañó con un par de barritas de cereal y colgándose al hombro el viejo morral donde había acomodado la laptop salió presuroso a la calle después de elegir una de tantas mascarillas que coleccionaba y que hiciera juego con lo que llevaba puesto, aunque su actitud era firme se sentía angustiado, parecía tener una duda imposible de aclarar, una ligera mueca de su rostro indicaba que se encontraba sorprendido o quizás contrariado.

Tenía dos bachilleratos, una licenciatura, dos maestrías y actualmente estaba por finalizar un doctorado que fue suspendido por la pandemia. César Noé, a sus casi cuarenta años se sentía una persona interesante, casi científico, culto y muy preparado; y, así caminaba por la calle, cuando caminaba, porque a pesar que las distancias fueran cortas, a donde fuera lo hacía con su Audi color negro, que estaba seguro le daba distinción. Sentía que ser distinguido le abría muchas puertas y eran la mejor presentación que podía darle a su preparación y estudios, aunque desde que empezó la pandemia tenía ciertas dudas respecto a esto.

Estaba separado, su matrimonio no llegó a los cinco años pero le dejó un sabor a triunfo, a haber intentado algo que parecía imposible, sabía que si bien era muy bueno para los estudios e investigaciones, no había madurado lo suficiente para llevar adelante un hogar, una familia, algo muy común para la mayoría de personas, pero lo que más le afectaba era vivir en soledad después de terminada esta relación; los días del aislamiento social se le hicieron interminables, el trabajo on line desde casa parecía ser una tortura. Durante el encierro se programó una rutina sin horarios, sólo tareas, una tras otra. Prefirió no ponerse horarios pues no tenía una hora fija para acostarse ni para levantarse, a veces no dormía, como la noche anterior. Al principio la mayor parte de su tiempo lo dedicaba a la lectura, después a escudriñar las redes sociales y también a ver videos de música antigua, pero desde unos meses atrás se había dedicado a hacer investigaciones personales, muy específicas sobre temas que se le ocurrían en el momento.

Le dedicaba poco tiempo a la televisión, los noticieros no le llevaban más de media hora diaria, prefería ver series en Netflix®, porque así las podía interrumpir en cualquier momento y retomar el hilo fácilmente, lo cual constituía un problema cuando se trataba de películas.

Ahora, que algunas de las medidas de aislamiento se habían relajado, durante las mañanas se subía a su auto y se dirigía a una playa o un parque, en donde, bajo la sensación de libertad y aire fresco realizaba su trabajo on line o de búsqueda de información en redes para sus investigaciones personales.

Con todas las tesis que había hecho para obtener los grados universitarios que ostentaba había adquirido destreza, se había mecanizado, en la metodología de la investigación. Una de las primeras dudas que trató de aclarar durante sus investigaciones fue la existencia de Dios. Siempre había querido declararse agnóstico por eso le buscó muchas explicaciones científicas a algunos milagros conocidos y ahondó en las teorías del Big Bang y del evolucionismo de Darwin, pero cuando leyó a Manuel Polo y Peyrolón, la casi seguridad que tenía por el agnosticismo se le debilitó.

Prefirió dejar esta investigación para “después”, no sería la primera ni la última que tendría que esperar en algún directorio de su laptop.

A los tres meses de comenzar el aislamiento por la pandemia, después de ver un noticiero se preguntó ¿por qué una parte de los venezolanos que llegan al Perú se comportan como delincuentes?. Lo convirtió en hipótesis y realizó un trabajo de investigación tipo descriptivo, aunque profundo, no le llevó mas que una semana. Sus resultados lo publicó en un blog personal y de allí lo tomó uno de los editores del diario El Comercio y le pidió permiso para publicarlo en su edición dominical. Aceptó con mucho temor, pensó que a la gente no le agradaría, sin embargo, cuando le ofrecieron publicar todos sus trabajos por un precio convenido se sintió muy importante, comprendió que la a la gente le interesaban sus trabajos.

La siguiente duda que aclaró mediante una investigación personal fue ¿Está preparado el sistema de salud para combatir una pandemia?. Después las interrogantes se hicieron más interesantes y actuales, publicó su siguiente trabajo que nació a la pregunta ¿Qué efectos tendrá sobre la pandemia el retorno de los provincianos que se encontraban en Lima?, luego siguieron ¿Existe un remedio efectivo contra el COVID-19? ¿Por qué confiamos tanto en la ivermectina? ¿Qué le pasará a la economía peruana después del COVID-19? ¿Cómo afectan las clases on line en la formación del niño y adolescente? y muchos más.

La publicación de sus resultados en el dominical de El Comercio eran muy esperadas, aunque hubo domingos en los que no aparecía porque sintió que su trabajo no estaba completo, o el resultado no era lo suficientemente sólido que prefería no publicarlo, algunas las guardaba y las avanzaba de tiempo en tiempo hasta que las terminaba, no era raro que hiciera más de dos investigaciones en simultáneo.

Su trabajo habitual, como responsable de un área importante de una compañía dedicada a la tecnología se vio afectado por su dedicación a las investigaciones personales. Sabía que mucha gente lo seguía y que tenía una responsabilidad como generador de opinión publica, se había propuesto no defraudar a estas personas.

La acuciosidad y la facilidad que tenía para identificar problemas que pudiera convertir en investigación le permitían contar, además de las que estaban en proceso, con una serie de potenciales problemas o dudas que podría resolver previa investigación. Ahora mismo, sentado en un parque miraflorino, con una vista impresionante de la Costa Verde y bajo los efectos de la fría brisa marina se disponía a revisar el trabajo que creía culminado pero que no tenía intenciones de publicarlo, por lo menos no por ahora.

Este era uno de aquellos casos que avanzó de a pocos, quizás era el que más tiempo le había tomado investigar, recuerda que lo inició uno de aquellos domingos en que frente a la televisión, viendo los programas dominicales, presentaron un reportaje de un profesor que había fallecido por COVID-19 con tan solo 36 años, no tan habitual por esos días, muchos alumnos y profesores lo lloraban públicamente, la televisión se preocupada de transmitir estos lastimeros comentarios, cada cual más triste; justo cuando una compañero dal fallecido hacía conocer lo bueno que había sido y el desprendimiento que siempre había mostrado su colega, alcanzó a escuchar que una mujer joven gritaba “No se porqué tantas lágrimas si era un desgraciado”; ningún reportero le dio importancia y mas bien se centraron en las bondades del difunto.

Inicialmente se sorprendió pero tuvo que recurrir a un video en internet sobre este reportaje para darse cuenta con cuánto odio, con cuánta ira contenida la mujer había logrado expresarse, aunque estaba en segundo plano, al revisar el video pudo notar hasta lágrimas en aquella desconocida, lágrimas de odio, pensó.

Tomó nota de los nombres y los principales datos difundidos por el programa de televisión e inició una investigación que le llevó algunos días. Primero hurgó todo lo que pudo en internet, luego visitó a algunos familiares y conocidos del investigado. Lo que iba descubriendo, además de sorprenderlo lo motivaba por saber más, por conocer qué misterios escondía el occiso tan llorado; finalmente, llegó a la conclusión que las lagrimas televisadas no valieron la pena, el fallecido había sido un desgraciado, por decir lo menos, encontró que a los dieciocho años fue acusado de violar a un niño de nueve y nunca fue sentenciado, el caso se archivó por prescripción porque el oscuro abogado que contrató consiguió que la insuficiencia de pruebas convirtieran la violación en actos contra el pudor. Pero no era lo único, al iniciar su carrera como profesor, contratado por el estado y destacado en un pequeño pueblo de Huarochirí, había embarazado a una de sus alumnas de quince años y lo solucionó casándose con la agredida. Dos años después de este hecho fue trasladado a Lima y nunca más volvió a relacionarse con aquella. En Lima, fue acusado tres veces durante el ejercicio de su función por hechos similares, tenía muchas denuncias por acoso sexual que quedaban en quejas y no progresaban; además vestía a la moda con ropa cara, cosa no habitual para un maestro y revisando sus antecedentes policiales era conocido por receptador de robos.

Este descubrimiento lo llevó a investigar a una nueva víctima del COVID-19, esta vez lo tomó del semanario del periodista “H”, en donde aparecía el cadáver tirado en la calle a pocos metros de un hospital, era un caso dramático y muy difundido por los medios. Después de identificarlo adecuadamente inició la investigación con una pequeña sorpresa, el sujeto estaba requisitoriado por la justicia por homicidio, al revisar ese caso se encontró con que además había producido la muerte de una madre con su hijo al atropellarlos con un vehículo que conducía en estado de ebriedad y sin tener licencia de conducir, lo encontró en diversos videos en internet, todos ellos producidos por noticieros, enfrentándose con los fiscalizadores de tránsito para impedir ser detenido cuando conducía una combi en forma ilegal. También le llamó la atención que tenía un impedimento de salida del país dictado por un juez de familia por no cumplir con pagar la alimentación de un hijo, impedimento que tenía diez años de haberse registrado en el sistema de migraciones,

Vaya, se dijo aquella vez, ya son dos.

Con mucho recelo y al azar escogió un tercer sujeto de estudio, ahora una mujer. Lo que encontró no fue muy diferente a los anteriores, quizás peor, esta mujer había sido acusada de provocar un incendio en el que fallecieron su pareja y sus dos hijos, el proceso continuaba en investigación pese a los años de ocurrido el siniestro, mientras tanto, se dedicaba a estafar, especialmente a ancianos, a los que engatusaba hasta conseguir quitarles su fortuna y los abandonada en la miseria mientras ella se daba la gran vida con lo conseguido.

Alarmado por lo que había encontrado se preguntó ¿Hay una causa especial que ocasiona la muerte de personas por COVID-19? y comenzó con mucha incertidumbre esta investigación. Era de aquellas que encajonaba y avanzaba poco a poco.

Para poder generalizar sus resultados estadísticamente, estudió cuarenta y tres casos, gracias a la tecnología y a su verdadero interés avanzó muy rápido. Y ocurrió que cuando terminaba con el sujeto cuarenta y dos falleció por COVID-19 el jefe de la empresa de tecnologías donde trabajaba, lo tomó como obligatorio estudiar su caso, aunque pensó que esta vez no encontraría lo que había encontrando en todos los fallecidos sujetos de estudio.

Don Iván, como lo llamaban con cariño todos los trabajadores, era un jefe muy altruista y dedicado a su negocio de venta y soporte de productos tecnológicos, casi todos los días bajaba de su despacho y se paseaba por las instalaciones, conversando con aquellos empleados que encontraba, siempre preguntaba cómo estaban en casa, si habían problemas él se ofrecía a ayudarles, y sus palabras siempre se convertían en hechos, aunque la ayuda fuera pequeña los empleados agradecía cualquier apoyo, aunque el problema no fuera tan serio, resaltaban su religiosidad y su apego familiar, era de los que iban en familia a la misa del domingo y se confesaban y comulgaban, participaba en todos los eventos para recaudar fondos para los pobres, especialmente niños, en las paredes de su oficina resaltaban las fotos familiares enormes y en tamaños más pequeños muchas vistas de reuniones con trabajadores o en jornadas cívicas, algunas descoloridas poniendo en evidencia su antigüedad.

Cuando falleció lo lloramos todos. Quizás demasiados. Si, demasiados.

Después de la incineración y ceremonia fúnebre le llegó una notificación a su viuda de un compromiso oculto, desconocido que había mantenido don Iván hasta el último de sus días, donde además tenía tres hijos.

Sometido a las investigaciones de César Noé dio positivo para las sorpresas.

Don Iván si que había tenido pasado.

Muy joven había sido desertor del ejército, a los pocos días de iniciar su servicio militar obligatorio había fugado, no con uno sino con dos fusiles. Luego fue sospechoso de dedicarse al asalto en carreteras. Antes de cumplir los veintiuno se hizo conocido por asaltar a narcotraficantes y quitarles la droga y el dinero, se decía que su banda, en muchos casos, mataban a los traficantes y desaparecían los cadáveres sin dejar evidencias de sus actos. Pero fue capturado, sin embargo, fue dejado en libertad pues su libreta electoral, el antiguo DNI, no coincidía con los nombres registrados durante su servicio militar.

Después de eso parecía que se había alejado de la vida delictiva sin embargo, la acuciosidad de César Noé permitió rastrearlo y descubrir que, con otro nombre, apareció como dirigente universitario, integrante del tercio estudiantil, órgano de administración de las universidades elegido por los propios estudiantes, paradójicamente fue la época en las que más denuncias tuvo, desde robos, asaltos, agresiones y hasta un par de homicidios, pero que nunca fueron penalizados porque con dinero o presiones políticas los casos se archivaban siempre por falta de pruebas o porque el afectado renunciaba a su denuncia. Durante esa época don Iván se había afiliado a un partido político corrupto del cual conseguía bastante apoyo gracias a sus aportes económicos.

Luego de “estudiar” doce años en la universidad se recibió de administrador, era evidente que en este tiempo había alcanzado una bonanza económica envidiable. Su primer y único trabajo fue en la empresa de la cual ahora era propietario. Ingresó como asistente del área de contabilidad, se hizo muy amigo del dueño y gerente hasta convertirse en un allegado se su familia; y, curiosamente, cuando el propietario falleció en un extraño accidente automovilístico en el que don Iván sobrevivió todos quedaron sorprendidos, hasta la esposa e hijos, por que unos días antes de su fallecimiento el propietario le había transferido el noventa por ciento de las acciones a don Iván. Con su habilidad, para él fue fácil presionar a la familia que tuvo que vender lo que le quedaba para no caer en la miseria.

César Noé se quedó perplejo cuando también descubrió la doble vida de don Iván, que usaba su empresa para convocar jóvenes por las redes sociales con la promesa de un empleo bien remunerado y luego los inducía a participar en orgías para lo cual había construido toda una empresa paralela hasta con local propio.

Bajo la sombra que proyectaba un gran árbol sobre la banca del parque donde se encontraba sentado con la computador sobre sus rodillas, lo que acababa de descubrir lo sobresaltó, inspiró profundamente por la sorpresa, como para aprovechar el aire frío y húmedo que venía desde el mar; la página web a la que había accedido estaba especializada en pedofilia, el administrador era un tal Návinod, a todas luces un anagrama de “don Iván”, en las cientos de fotos sórdidas que boquiabierto pasaba, en las que un adulto que ocultaba su rostro detrás de un antifaz abusaba de menores era fácil identificar la cara de su ex jefe. Su corazón se alteró como nunca, se reacomodó en la banca hasta casi hacer crujir su columna vertebral, apoyó ambos codos en el respaldar, cerró la computadora con violencia pero con control, cerró sus ojos y aspiró tanto aire como le permitiera expandir su pecho al máximo hasta que su esternón crujiera levemente, se quedó inmóvil muchos segundos y luego comenzó a expirar muy suavemente mientras sentía que su corazón recobraba su ritmo golpeando con su latido todo su cuerpo.

Por unos segundos le pasaron por su cabeza, como mosaicos sobre iluminados, las imágenes de todo lo que había encontrado durante esta investigación, hasta ahora cuando le hablaban de la “miseria humana” había tomado esta expresión como una metáfora exagerada de lo diverso y complicado que es el ser humano, de lo difícil que era entenderlo; ahora, tomaba otro significado. Su nueva visión y trascendencia del ser humano había involucionado, ya no importaba comprenderlo sino más bien interpretarlo, actuarlo, había concluido que todos tenemos un doble argumento para vivir nuestras vidas, actuamos cualquiera de ellos dependiendo de la imagen que quisiéramos dar, así como las máscaras que representan al teatro griego, una es feliz y risueña, mientras que la otra triste y amargada, así transcurre la vida del ser humano, bien y mal siempre juntos, apoderándose cada uno de nuestras conciencias de acuerdo a la situación. Finalmente, era la voluntad de Dios, así nos había creado ¿acaso Dios no tuvo un lado malo? ¿no parió el cielo al peor demonio de todos?

Volvió a respirar, esta vez más calmado, se fue relajando, casi licuando hasta formar una sola entidad con la banca del parque y la laptop, pasaron los minutos y poco a poco recuperaba su consistencia humana, se sintió tieso, rígido y sus ideas se iban aclarando mucho más rápidamente. Sonrió, mas bien una mueca retorcida, sus ojos lucían diferentes, su mirada ya no era la misma, sus pupilas dilatadas parecían las de un muerto.

-       ¿Qué es esto? - se dijo - la muerte o la locura.

En el fondo de su mente luchaban por salir las ideas claras, era una pelea, la eterna pelea, aquella que daba lugar a las conclusiones de sus investigaciones; esta vez era la última pelea.

Se preguntó murmurando entre dientes, como cuando escribía el desenlace de alguna investigación

- ¿No será este mal un castigo divino? ¿Quién se está llevando a las malas personas? ¿Quién esta limpiando el planeta de esta “miseria humana”? ¿Alguien más ya se dio cuenta de esto?.

Sintió temor por lo que acababa de descubrir, era la primera vez en su vida que sentía esta forma de miedo, a lo desconocido, a lo enigmático, a lo divino, al castigo de Dios.

 

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...