La miraba mientras su hermana absorta a lo que ocurría en la pantalla del cine parecía haberse desconectado de la realidad para introducirse por completo en la trama de la película; cuando decidió llamarla Sol nunca pensó que estaría tan cerca de la realidad, las luces de la pantalla que bailoteaban en su rostro resaltando en cada cambio de color la belleza de su hermana mayor, le daban la razón.
Isabel
Sofía la menor, Olivia Sofía la hermana mayor por un poco más de un año, habían
sido criadas como mellizas, quizás sus padres pensaron que así se facilitaba la
formación de las dos niñas y porque las hubieran preferido mellizas les
pusieron nombres parecidos. Crecieron muy unidas, fueron al mismo colegio,
tenían los mismos amigos, los mismos gustos, vestían muy parecido, de
adolescentes hicieron las mismas palomilladas, siempre juntas, aunque su
hermana prefería que la llamaran por su nombre completo ella sólo se hacía
llamar Isabel. Se diría que la vida la vivieron juntas, como verdaderas mellizas,
ya de joven, Olivia Sofía conoció a quien ahora es su esposo, Andrés y, desde
entonces comenzaron a distanciarse poco a poco.
Isabel
Sofía, la más pragmática, sabía desde adolescente que algún día tendría que
seguir su camino sola, apenas se enteró que su hermana había decidido casarse
decidió abrirse al mundo en busca de su propio futuro, un futuro que al igual
que el de su hermana, no tenía por qué
ser compartido. Ella dejó la casa y fue en busca de su destino a otra ciudad,
ahora, aunque seguía siendo soltera no precisamente por falta de oportunidades,
sentía que estaba consiguiendo aquellas cosas que desde muy pequeña soñó,
aunque a veces no le parecía así, a pesar que muchos la veían como una mujer
exitosa.
Siempre
había admirado a su hermana mayor, además del profundo cariño que tenía por
ella, le guardaba una absoluta confianza, la veía como una persona sumamente
inteligente, atrevida, visionaria, era su heroína, lo había sido siempre. Ahora,
a pesar que llevaba una vida tediosa en la casa de sus padres la seguía
admirando, era una madre muy protectora y dedicada, además trabajaba como
administradora de una agencia de transportes y se daba tiempo para andar
bonita, a todas las reuniones familiares asistía junto a su esposo, algo admirable
en estos tiempos; además, la veía mas bonita, mas atractiva, mas mujer, por
eso, aprovechaba cualquier ocasión propicia para hablar bien de ella,
asignándole algunas cualidades que no tenía, total no importaba, Olivia Sofía
siempre sería la más bonita de la familia.
Habían
pasado dos años desde la última vez que se vieron, en aquella oportunidad el
nacimiento del hijo de Olivia Sofía fue el motivo para que se diera un tiempo a
guisa de vacaciones y visitar de paso a
sus padres, fueron días muy agradables, los pasó casi todos dentro de casa pues
la debutante madre le dedicaba el tiempo completo a su hijo recién nacido, no
se atrevía a salir sola, sabía que también la mayoría de sus amigos habían
emigrado.
Esa visita
anterior era el motivo de la actual, había una relación entre estos dos viajes,
aunque Isabel Sofía se negaba a aceptarlo, les contó a sus padres y a todo el
que quisiera escucharla, que regresaba después de dos años por que extrañaba a
su sobrino, en general a toda su familia, total, el asunto que la inquietaba
era una trivialidad, una banalidad, algo insignificante.
El último
día de su anterior visita, estaban las dos hermanas en aquel parque donde
habían jugado y corrido tantas veces, donde habían quedado los vestigios de
toda su infancia, como rastros profundos en un camino viejo y de légamo por
secar, tan profundos que ya no pueden ser más transitados sin que tengas que
sufrir para avanzar, sentadas en la misma banca pretérita, donde sus cuerpos
seguro que dejaron una marca, o quizás sería al revés, las dos conversaban,
ella distraídamente jugaba con su teléfono mientras Olivia Sofía le daba un
biberón a su hijo, que dejaba escapar su jadeo al alimentarse, pese a las mantas con que estaba cubierto para
protegerse del clima que a esa hora comenzaba a tornarse frío.
En aquella
conversación de despedida acordaron que a partir de entonces ella sería Mary y
Olivia Sofía sería Sol, ambas juntas serían Mary y Sol, un parónimo gentil de
Marisol. También fue cuando se enteró de aquella historia curiosa de su hermana
mayor. Le sorprendió enterarse que fue la correctora oficiosa de un escritor de
cuentos que había conocido en un grupo de Face Book, el escritor, antes de
publicar un cuento en internet le enviaba a Olivia Sofía la versión todavía
inédita de su obra para que la corrigiera. El trabajo no era tan difícil pues
solo se encargaba de encontrar las redundancias, la cacofonía, el pleonasmo y hasta
el solecismo, esto último fue una iniciativa de ella, que el autor dejaba pasar
por alto en ocasiones.
Era un
aporte a la obra del cuentista pues no cobraba por este trabajo, a cambio de
ello él podía cambiarle el nombre a los personajes por el que ella quisiera,
también había aceptado una que otra sugerencia de cambios en algunos de los
cuentos ganándose la mención respectiva en los pies de página, aunque para el
caso sólo la nombraba, por mutuo acuerdo como “Sofía”.
- - ¿Y desde cuándo
eres la correctora oficial de un escritor? – preguntó en aquella ocasión Isabel
Sofía.
- - En realidad poco
tiempo, unos seis meses, no más.
- - ¿Y lo conoces?
¿Alguna vez se vieron?
- - Si, una vez
¿Recuerdas cuando viajé y estuve tres meses contigo? esos tres meses que trabajé
en la agencia principal, pues una de las tardes en que salí temprano del
trabajo me encontré con el y me acompañó hasta tu departamento. Conversamos
sobre cualquier cosa sin importancia, pero descubrí que es un hombre de una
gran sensibilidad, tiene una interpretación diferente de cada cosa que le
preguntaba, se nota que es muy inteligente – parecía emocionarse al recordarlo.
Aquella
vez, tan pronto regresó a su ciudad Isabel Sofía se dio de alta en el grupo de
Face Book del escritor e inició la lectura de sus publicaciones en internet, de
inmediato se sintió atraída por los cuentos que se zampó con interés, en cada
uno de ellos encontraba un parecido, una referencia, una coincidencia con
alguna parte de su vida, era lógico, la temática del escritor era mundana,
urbana, muy común en acontecimientos cotidianos.
Por
recomendación de Olivia Sofía se ofreció como correctora en la primera
oportunidad que el escritor solicitó una, sin hacerle conocer su relación con
ella, después de algunos mensajes más fue aceptada.
Durante
algunos meses en los que revisó una docena de cuentos Isabel Sofía no dejaba de
sorprenderse, muchas escenas parecidas a momentos que había vivido se
reproducían en las ficciones que leía, hechos de su vida que casi no recordaba
regresaban de pronto en cada lectura, cada coincidencia parecía un deja vu que, además, aumentaban su interés
por el hasta ahora desconocido autor ¿Cuál era su fuente de inspiración? ¿De
dónde tomaba esos argumentos que describían algún hecho conocido por ella? ¿Eran
posibles tantas coincidencias?
Tuvo que
esforzarse bastante Isabel Sofía para conseguir un encuentro con el cuentista,
él, quería evitar el contacto con ella pues sostenía que cualquier relación
personal malograría ese trato tan cordial que tenían a través de los cuentos,
en una reunión personal ella podría llevarse una mala impresión de él y esto
pondría en peligro su trabajo como correctora, era la principal justificación
del autor. Por fin se reunieron, ella lo citó en un café a unas cuadras de su casa,
el llegó a la hora exacta de la cita, no parecía el tipo taciturno que pensó
encontrar, por el contrario, era un sujeto muy alegre, entretenido, muy culto
pero sobre todo irónico. Para conversar con el se tenía que contar con la
habilidad de entender los sarcasmos muy rápido, intercalaba frases de doble
sentido con otras irónicas en forma tan
natural y rápida que a veces era difícil entenderle. Los primeros dos minutos
de la conversación fueron suficientes para darse cuenta que era un tipo
agradable, parecía tener unos cincuenta años bien puestos que se hacían casi núbiles
tan pronto se ponía a hablar.
Aquella reunión
duró cuatro horas que pasaron sin sentirlas, conversaron de todo, ella le
mintió y le dijo que era una mujer a punto de casarse, el pareció no prestar
atención a este hecho y más bien le confesó que había decidido vivir solo el
resto de su vida, arrastraba una condena eterna, le contó que una mujer tan
joven como ella le había robado el corazón y se había marchado sin siquiera
despedirse y le había dejado una extraña enfermedad.
Cuando
Isabel Olivia le contó su curiosidad por saber algo sobre la fuente de sus
argumentos y le pidió detalles sobre cómo así muchas partes de su narración
coincidían con hechos de su vida, el simplemente contestó
- - Supongo que me
los dejó ella – refiriéndose a la mujer que le había roto el corazón, fue este
instante quizás el único momento en que vio en sus ojos un brillo de tristeza,
de oscuridad sin esperanzas – es una mujer difícil de olvidar, me niego a
olvidarla, se llevó la mejor parte de mi y me dejó la extraña enfermedad que ahora
tengo, todas las mujeres bonitas se parecen a ella, todas tienen algo de ella,
aunque ninguna es tan bonita, a veces hasta las fotos antiguas y los cuadros me
la traen a mi, incluso ahora, en ti encuentro también algunas cosas de ella, es
como una eterna penitencia, recordarla en cada mujer que me cruce.
Parecía
que iba a quebrarse pero suspiró quedamente y luego volvió a ser el mismo tipo
con el que el sarcasmo adquiría su máxima expresión.
Las luces
de la pantalla del cine seguían brincando sobre el rostro de su hermana, los
claroscuros que se formaban y que en instantes desaparecían como una extraña
danza de bailarines formados por haces de luz resaltaban su hermosura. Es que
ella era bonita no solo de rostro sino, además de su escultural físico pese a
ser madre, tenía muchas virtudes que Isabel Sofía secretamente siempre había
admirado, ella misma no sería la mujer que ahora es si no la hubiera tenido
como ejemplo. Que duda cabía, tenía una gran hermana, un ejemplo de mujer, de
madre.
La había invitado a tomar un café y luego la llevó a ver ese estreno del que todos hablaban. Quiso hacerle aquella pregunta casi insignificante que tenía guardada durante el café pero supuso que era mejor momento hacerla durante la función de cine.
La noche
anterior había pensado mucho sobre el origen de este viaje, antes de dormirse y
durante bastante rato se dedicó a calcular en qué momento le haría esa pregunta
casi trivial a Olivia Sofía, también caviló bastante sobre las coincidencias de
aquellos pasajes de su vida que tan bien habían sido descritas por el escritor,
quiso encontrar algún patrón entre ellas que le explicaran este raro concurso
de situaciones conocidas pero no encontró ninguno, o tal vez lo ignoró; antes
de quedarse dormida, cuando ya empezaba el camino hacia el sueño se le vino a
la mente aquella reunión con el escritor
- - Es una historia
interesante – le dijo ella, después que el confesara lo de su extraña
enfermedad, pues el aire por un momento se había tornado en una bruma oscura pero
cálida que parecía haberle oprimido un poco la respiración al cuentista.
- - Y esa mujer tan
bella ¿tiene un nombre?
- -Si – dijo el
escritor – como todos los personajes de mis cuentos.
Por un
momento Isabel Sofía se incomodó – qué preguntas tan tontas hago – se dijo –
claro, hasta mis nombres ahora están en uno de sus cuentos y los de mi hermana
y también los otros que le pedí los incluyera.
- -Ella se llamaba
Olivia Sofía – recordó que le escuchó decir justo cuando se quedaba dormida.
Esperó que la intensidad de la película bajara y viendo que la expresión de Olivia Sofía estaba serena apoyó su cabeza en el hombro de ella y quiso soltarle esa pregunta sobre el asunto tan simple que la trajo hasta aquí, pero se quedó callada, sintiéndose tranquila porque cualquiera que fuera la respuesta nada cambiaría.