LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

miércoles, 7 de julio de 2021

CONVERSANDO EN MADRID

 

Su llamada urgente, más que preocuparme me intrigó, debo confesar que esa fue quizás la mayor motivación para acudir presto. Mario S. Fuentes era de aquellos amigos que solo te llaman cuando te necesitan, reconozco que fuimos grandes amigos, una amistad en la que la fidelidad estuvo siempre de mi lado, pero ahora había un manto de desconfianza entre nosotros; crecimos en el mismo barrio y nuestras familias estaban muy relacionadas, ambos estudiamos en el mismo colegio y también, en forma simultánea en dos universidades, la Católica y la San Marcos. Yo soy mayor por cinco años pero le llevaba solo dos en el colegio, nuestros estudios universitarios los hicimos en las mismas promociones y compartimos aulas muchas veces, él estudió derecho y periodismo y yo ya no recuerdo qué, crecimos juntos hasta cuando decidí dejar los estudios universitarios para dedicarme al trabajo que había conseguido en una editorial transnacional.

Cuando ya ganaba mis buenos soles nos tocó vivir una crisis que colocó a su familia en una posición difícil, dura, de carencias; para costear sus estudios Mario tuvo que “cachuelear” de diversas formas, como era hábil aunque bastante reservado, pronto encontró el camino que hasta hoy le permite una vida holgada. En una ocasión mientras tomábamos unas cervezas después de la “pichanga” del domingo me comentó que quería estudiar un curso de tres meses sobre creación de páginas web y administración de web sites  en un instituto de moda y que no tenía el dinero suficiente, al día siguiente lo acompañé a matricularse y le cancelé las cuotas de los tres meses, lo hice porque siempre le he tenido un gran afecto, pese a que él nunca demostró lo mismo y, porque creí en él, creí en sus posibilidades. Antes de un año había creado su propio blog que resultó siendo muy exitoso. Todos quedamos sorprendidos cuando comenzó a demostrar su vena periodística, los reportajes que producía e incluía en su blog eran muy vistos, esto le valió para ser contratado por diversos medios televisivos y luego por la prensa escrita, comenzando así una exitosa carrera que mantiene con esfuerzo. Esa habilidad para describir y explicar las cosas fácilmente, habilidad que no había notado en él, le permitió convertirse muy pronto en un referente, especialmente para los jóvenes, no le costó mucho llegar a su primer millón de seguidores y ser considerado uno de los “influencer” peruanos más exitosos, tanto así que pronto cumplió su sueño de mudarse a España “comprando” una beca.

Cuando la editora para la que trabajaba me envió a Alemania, gracias a que había aprendido el idioma durante mis vacaciones escolares, indudablemente un acierto de mis padres, perdimos contacto durante unos años, no siempre contestaba mis llamadas aunque yo siempre me mantuve informado de lo que pasaba en el Perú a través de uno de los blogs de Mario en su canal de Youtube y sus casi siempre acertadas publicaciones en los diarios; a pesar de ello, solo conversamos por teléfono o video llamadas en oportunidades especiales, más escasas fueron las ocasiones en que nos volvimos a ver, además de las bodas de ambos estoy seguro que no fueron más de tres.

Cuando publicó su primer libro fui uno de los primeros en comprarlo, lo leí de un solo tirón, mis amigos cercanos me escarnecían porque era un libro editado por la competencia. Pronto sacó otros libros pero dejé de leerlo después del segundo porque, a pesar de tener una pluma agradable, la forma en que tocaba los temas no me parecían correctos, intentaba ganarse un espacio como periodista de investigación y para mi sólo era un recopilador, y así se lo dije, juntaba información producida por otros periodistas, generalmente sensible para terceras personas y siempre se aseguraba de indicar su fuente de alguna manera para evitar las acciones legales futuras. Desde mi punto de vista estaba poniendo el parche antes de que saltara el chupo, era su estilo. Pero también lo dejé de leer porque sentía que no había progresado mucho desde que éramos jóvenes universitarios en cuanto a sus ideas socialistas, a veces más extremistas, pero que siempre ocultaba reconociéndose muy sutilmente como progresista, o “caviar”.

Llegué a Madrid después de una hora y media de vuelo desde Hamburgo en un jet ligero de doce pasajeros, aterrizamos en el aeropuerto Cuatro Vientos y en menos de diez minutos ya me encontraba saliendo con mi pequeño maletín y mi chaqueta al hombro, todavía no daban las diez de la mañana; mi plan era alojarme en un hotel cerca de donde vive Mario, un lugar apacible de la calle Toledo, a unas dos cuadras de la biblioteca Pedro Salinas y, después de encontrarme con él, visitar un restaurante peruano, hacer algunas comprar y tomarme unos tragos en algún pub antes de regresar a Hamburgo al medio día siguiente.

Me sorprendió tanto como su llamada el encontrarlo apenas haber traspasado los controles del aeropuerto, allí estaba con la misma sonrisa cachacienta de siempre, tenía algunos quilos más que la última vez que nos vimos, también arrugas y canas, supongo que me pasaba lo mismo. Nos dimos un fuerte abrazo y nos besamos ambas mejillas, así nos saludábamos desde que nos despedimos después de mi boda. Conversamos cruzando nuestras palabras sin orden, ambos estábamos emocionados, me invitó a quedarme en su casa pero me disculpé amablemente y terminamos en el Piscomar, un restaurante de cocina peruana frente a dos enormes copas de pisco sour.

Conversamos de muchas cosas sin importancia, como dándole tiempo a que el pisco hiciera efecto antes de tocar el tema principal.

Después de un silencio prolongado di el  primer paso.

- ¿Y, bueno, para qué me llamaste con tanto apuro? Espero que no estés enfermo.

- No, no se trata de eso, es un tema más personal, más discreto, de mucha trascendencia diría yo.

Allí estaba, esa sonrisa cachacienta, esos ojos insolentes debajo de sus cejas perfectamente irónicas que seguramente usaba para aligerar la tensión en todas sus conversaciones, se acomodó los lentes y continuó.

- La verdad es que me encuentro metido en una situación de la cual no se cómo salir, nunca pensé llegar a esto – y secó su pisco sour como si tuviera mucha sed.

- ¡Oh, mein Gott…! – exclamé en perfecto alemán, a la vez que levanté la mano reclamando atención del mozo - ¿Tú, metido en problemas? No lo puedo creer.

- Espera a que te cuente para que veas – mientras nos cambiaban las copas por otras dos completamente llenas, al tope, como si se tratara de un combustible para echar a andar la historia que se perennizaría esa mañana.

Comenzó a hablar con una expresión lejana, ida, desprendida de todo sentimiento que no esté relacionado con la culpa, me pareció patético, por mi mente pasaron aquellos días de palomilladas cuando se dejaba arrastrar por los sitios por donde yo andaba, era la misma cara que puso después que salió de su primer “servicio” en el “Cinco y medio” porque la puta le cobró más de lo que tenía; como siempre allí estaba yo para protegerlo.

Lo dejé que se fuera por las ramas durante un rato y después de darle un largo sorbo a mi trago me reacomodé ostensiblemente en la silla dándole a entender que era hora de ir al grano. Así lo entendió.

- Todo comenzó los últimos días de setiembre del año pasado, fui invitado a una charla organizada por la embajada de Perú y después del evento, el funcionario encargado me dio una tarjeta con un número telefónico y me dijo que era de la secretaria del presidente y que la llamara en las próximas cuarenta y ocho horas. La llamé al día siguiente y después de saludarnos me preguntó si podía tomar una llamada con el propio presidente, me sorprendió mucho, inicialmente quise negarme pero terminé aceptándola. Imagínate, el mismo presidente “Juancho”. Era la primera vez que conversaba con un mandatario por teléfono, pese a que escribí la vida de algunos de ellos en mis libros. Lo sentí amable, preocupado, comenzó exaltando mi trabajo como periodista independiente, valiente y tozudo, así lo dijo, luego me habló de algunos temas de actualidad, no parecía preocupado, me preguntó si había escuchado que últimamente lo estaban relacionando con un tal “Ricardo Swich” y qué pensaba al respecto. Le contesté que sentía que era una infamia, que me preocupaba que éste tema fuera aprovechado por sus adversarios, especialmente por los congresistas, para desestabilizar su gobierno y que inclusive ya algunos hablaban de vacancia. Pero ¿porqué me llamaba a mi? le pregunté, me contestó que había encontrado que yo era un periodista correcto, lo había demostrado con mis libros, mi posición crítica e independiente ante los temas políticos y que siguiera así, en esa línea y que no me dejara ganar por los enemigos de la democracia.

- ¡Oh, mein Gott…! – nuevamente  yo – imagínate, el propio “Juancho”, ese tipo no da puntada sin hilo. Ambos aprovechamos estos instantes para apurar un sorbo.

- A los pocos días recibí la visita de un empresario que quería financiar uno de mis blogs a cambio de publicidad, era propietario de algunos negocios entre ellos una casa de cambio de dólares on-line que acababa de lanzar, le acepté pero no llegamos a un acuerdo sobre el precio, solo le dije que le costaría entre mil y dos mil dólares. Comencé a poner la cuña antes que me hiciera ningún pago, a los quince días me llamó y me dijo que había depositado un monto mayor que el que le había pedido porque había resultado muy buena la propaganda, la aceptación de la gente fue tremenda. Lo sorprendente fue que me depositó cinco mil dólares.

- ¡Oh, mein Gott…!  - yo otra vez – mierda, un gran negocio, con tal que no sea traficante.

- Para nada. Lo más sorprendente es que parecía que el tipo estaba loco pues a los quince días me volvió a depositar otro monto igual, entonces lo llamé para aclarar el asunto, después del tercer o cuarto depósito.

En este punto Mario se calló unos segundos, pensé que se iba a empujar otro sorbo de pisco pero tomó aire a grandes bocanadas como si necesitara valor para continuar y, siguió.

-              Mi llamada coincidió con aquellos días en que había una gran conmoción después de la vacancia de “Juancho”, el empresario me dijo que el presidente me enviaba saludos y yo quedé sorprendido porque no sospechaba siquiera que estaban relacionados – mientras volvía a tomar aire después de un suspiro profundo – además, me comunicó que querían contratarme como asesor para limpiar la imagen del presidente. Como sabrás yo no accedí, pero le pedí detalles sobre lo que querían realmente, parecía fácil, solo tenía que  hacer públicas las cosas buenas de “Juancho”, ya se habían dado cuenta que mi programa era muy seguido, era tendencia casi a diario.

-              - ¡Oh, mein Gott…!  - nuevamente yo, aunque mi acento alemán había desaparecido por completo a causa del pisco – bueno, si no hay facturas ni recibos yo hubiera aceptado al toque – le dije, con la intención de que siguiera soltándose, sabiendo que lo convencería, lo conocía desde adolescente.

-              Es lo que hice, “Juancho” siempre había demostrado ser intachable, sigo admirándolo, y, hacerlo era como cobrar por permitírseme defender la democracia.

Lo miré sorprendido, ahí estaba esa sonrisa socarrona, “el mismo conchudo de siempre” pensé.

-              Lo defendí a capa y espada de las acusaciones y del ataque despiadado de la prensa y de los políticos corruptos y me pagaron por eso, por un deber patriótico, hasta febrero de este año en que me llamó el mismo “Juancho” para decirme que deseaba que asesorara a alguno de sus amigos y acepté confiadamente. A los pocos días me visitó una comisión de socialistas y caviares que apoyaban al entonces vacado “Juancho”. Me comentaron que tenían un plan para recuperar el poder en las próximas elecciones a través de un “partidito” que en las encuestas siempre aparecía entre los “otros”, nunca habían pasado del uno por ciento, me pareció una aventura descabellada, pero me explicaron que habían copado el jurado electoral y su plan ya estaba en marcha, por lo pronto habían conseguido reemplazar el voto electrónico por el voto tradicional.

- ¡Oh, mein Gott…!  - ya no recuerdo si lo dije o lo pensé, pero el tema se ponía más interesante – Salud compadre… - lo animé a continuar tomando un trago del vaso de pisco sour que acababa de llegar.

- Me contaron con detalle todo lo que tenían preparado para conseguir la victoria, te juro que recordé aquellas elecciones fulleras de la universidad ¿te acuerdas?

Tuve que consentir su afirmación mientras recordaba las cuestionables elecciones universitarias en las que le gustaba participar, parecía haber nacido para eso.

-              Me dieron muchos detalles que mejor no te cuento para no comprometerte, estaban bien organizados y todo lo tenían calculado al milímetro, pero, a pesar de ello se les fue la mano, todo estaba previsto para que quedaran segundos detrás del partido anaranjado, sabían que era la única forma de ganar en la segunda vuelta y salieron primeros. Kerito, de los anaranjados, se dio cuenta de la trampa pero se quedó callada y se apuró en reconocer los resultados, minimizando las denuncias de los candidatos afectados, se comportó conforme lo habían previsto, se llenaría de ambición y su egoísmo la haría seguir adelante; entonces vinieron para que filtrara la idea de que el partido anaranjado ganaría la segunda vuelta y así confirmar que ellos evitaran apoyar cualquier reclamo. Quedé impresionado de la forma cómo lo hicieron, me lo explicaron, adulteraron el software del escaneo para que identificara las actas en donde el “partidito” había conseguido entre uno y diez votos, luego tomara el sesenta por ciento de los  dos partidos de derecha favoritos, de este total el setenta por ciento se la sumaban al “partidito” y el treinta al partido anaranjado, de esta manera ellos se robaban los votos de la derecha. Sencillo y eficiente, pero el resultado fue el que ya sabemos.

- ¡Oh, mein Gott…!  …qué pendejos. Y supongo que hicieron lo mismo en la segunda vuelta.

- Si, pero en menor medida, ahora sólo bastaba quitarle un poco al partido anaranjado pero no durante el escaneo sino observando e impugnando actas sabiendo cuál sería el fallo del tribunal electoral, fue un trabajo de personeros y del jurado; en esta etapa mi trabajo era masificar la idea que el partidito tenía la mayoría de votos porque finalmente sucedería eso, el partidito ganaría si o si.

- Vaya qué interesante – olvidándome del ¡Oh, mein Gott…! por efectos del pisco – pero mira a qué situación hemos llegado.

- Como verás esto fue planificado al detalle, hay mucha gente comprometida y como todo en la vida algún día tendrá que conocerse. Y esto es lo que me tiene preocupado y justo por eso quería ver si puedes ayudarme – lo dijo casi suplicando, intentando borrar su sonrisa cínica y poniendo cara de afligido.

- Tu dirás

- Quiero saber si a través de tu editora se puede publicar un libro con un seudónimo sin que se enteren jamás del autor, algo así como un anónimo.

- ¿En pleno siglo veintiuno? ¿En esta pequeña aldea global? – le pregunté en verdad entusiasmado por conocer más de la propuesta.

- Si, quiero publicar todo lo que se pero que nunca nadie se entere quien fue.

-¿Y por qué no le das la historia a un escritor o un periodista? – le retruqué.

- Es que  si tiene éxito y no se pone la situación peligrosa entonces puedo aparecer – sus ojos iluminaron su mueca burlona e irónica, la misma que tenía desde muchacho.

En lo profundo de  mi mente surgió el grito “ ¡Oh, mein Gott…!” pero no podría asegurar que fui yo, tal vez el pisco.  

- Si pero a alguien se le ocurrirá seguir el pago de las regalías y los derechos de autor y lo más probable es que consigan identificarte pronto – le dije preocupado.

- No hay problema, tengo un par de cuentas fantasmas - Parecía preparado para todo.

Lo primero que se me ocurrió fue tomar el teléfono para pedirle a mi secretaria que investigara sobre el asunto pero Mario me lo impidió poniendo una mano sobre el aparato telefónico.

- Prefiero que lo averigües personalmente, tómate unos días y me envías un mensaje – dijo.

Después de eso es poco lo que recuerdo, tirado cual bulto en la impecable cama, como un caleidoscopio aparecen imágenes en mi mente, mi visita a  algunos pubs hasta casi la salida del sol, los amigos que hice, los espectáculos nocturnos de Madrid; ni el baño con agua caliente, ni las pastillas que tomé me alivian la tremenda resaca que traigo. Si Mario no pasaba por mi seguro que perdía mi vuelo, me levanté y duché con el humor de la mala noche y casi sonámbulo llegué al Cuatro Vientos en su compañía. Había perdido el interés en todo y lo único que deseaba era estar en casa.

Nos despedimos con un abrazo me sentí vacío, pensé que por el efecto de la mala noche, sentí su loción y me dieron ganas de vomitar, difícilmente me contuve y él pareció no notarlo. Esa maldita sonrisa insolente, que ahora sé que siempre he odiado, me respiraba cerca al oído y que hipócritamente soportaba dio paso a ese último pedido, que hasta ahora llevo como una suerte de emético:

-       No sé qué hacer, por favor ayúdame.

- ¡Oh, mein Gott…!  Escribe tu libro y échale la culpa al resto, como solo tú lo sabes hacer - me dije mentalmente.

 

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