Su llamada
urgente, más que preocuparme me intrigó, debo confesar que esa fue quizás la mayor
motivación para acudir presto. Mario S. Fuentes era de aquellos amigos que solo
te llaman cuando te necesitan, reconozco que fuimos grandes amigos, una amistad
en la que la fidelidad estuvo siempre de mi lado, pero ahora había un manto de desconfianza
entre nosotros; crecimos en el mismo barrio y nuestras familias estaban muy
relacionadas, ambos estudiamos en el mismo colegio y también, en forma
simultánea en dos universidades, la Católica y la San Marcos. Yo soy mayor por
cinco años pero le llevaba solo dos en el colegio, nuestros estudios
universitarios los hicimos en las mismas promociones y compartimos aulas muchas
veces, él estudió derecho y periodismo y yo ya no recuerdo qué, crecimos juntos
hasta cuando decidí dejar los estudios universitarios para dedicarme al trabajo
que había conseguido en una editorial transnacional.
Cuando ya
ganaba mis buenos soles nos tocó vivir una crisis que colocó a su familia en
una posición difícil, dura, de carencias; para costear sus estudios Mario tuvo
que “cachuelear” de diversas formas, como era hábil aunque bastante reservado,
pronto encontró el camino que hasta hoy le permite una vida holgada. En una
ocasión mientras tomábamos unas cervezas después de la “pichanga” del domingo
me comentó que quería estudiar un curso de tres meses sobre creación de páginas
web y administración de web sites en un
instituto de moda y que no tenía el dinero suficiente, al día siguiente lo
acompañé a matricularse y le cancelé las cuotas de los tres meses, lo hice
porque siempre le he tenido un gran afecto, pese a que él nunca demostró lo
mismo y, porque creí en él, creí en sus posibilidades. Antes de un año había
creado su propio blog que resultó siendo muy exitoso. Todos quedamos
sorprendidos cuando comenzó a demostrar su vena periodística, los reportajes
que producía e incluía en su blog eran muy vistos, esto le valió para ser
contratado por diversos medios televisivos y luego por la prensa escrita,
comenzando así una exitosa carrera que mantiene con esfuerzo. Esa habilidad
para describir y explicar las cosas fácilmente, habilidad que no había notado
en él, le permitió convertirse muy pronto en un referente, especialmente para
los jóvenes, no le costó mucho llegar a su primer millón de seguidores y ser
considerado uno de los “influencer” peruanos más exitosos, tanto así que pronto
cumplió su sueño de mudarse a España “comprando” una beca.
Cuando la
editora para la que trabajaba me envió a Alemania, gracias a que había
aprendido el idioma durante mis vacaciones escolares, indudablemente un acierto
de mis padres, perdimos contacto durante unos años, no siempre contestaba mis
llamadas aunque yo siempre me mantuve informado de lo que pasaba en el Perú a
través de uno de los blogs de Mario en su canal de Youtube y sus casi siempre
acertadas publicaciones en los diarios; a pesar de ello, solo conversamos por
teléfono o video llamadas en oportunidades especiales, más escasas fueron las
ocasiones en que nos volvimos a ver, además de las bodas de ambos estoy seguro
que no fueron más de tres.
Cuando
publicó su primer libro fui uno de los primeros en comprarlo, lo leí de un solo
tirón, mis amigos cercanos me escarnecían porque era un libro editado por la
competencia. Pronto sacó otros libros pero dejé de leerlo después del segundo
porque, a pesar de tener una pluma agradable, la forma en que tocaba los temas
no me parecían correctos, intentaba ganarse un espacio como periodista de
investigación y para mi sólo era un recopilador, y así se lo dije, juntaba
información producida por otros periodistas, generalmente sensible para
terceras personas y siempre se aseguraba de indicar su fuente de alguna manera
para evitar las acciones legales futuras. Desde mi punto de vista estaba
poniendo el parche antes de que saltara el chupo, era su estilo. Pero también
lo dejé de leer porque sentía que no había progresado mucho desde que éramos
jóvenes universitarios en cuanto a sus ideas socialistas, a veces más
extremistas, pero que siempre ocultaba reconociéndose muy sutilmente como
progresista, o “caviar”.
Llegué a
Madrid después de una hora y media de vuelo desde Hamburgo en un jet ligero de
doce pasajeros, aterrizamos en el aeropuerto Cuatro Vientos y en menos de diez
minutos ya me encontraba saliendo con mi pequeño maletín y mi chaqueta al
hombro, todavía no daban las diez de la mañana; mi plan era alojarme en un
hotel cerca de donde vive Mario, un lugar apacible de la calle Toledo, a unas
dos cuadras de la biblioteca Pedro Salinas y, después de encontrarme con él,
visitar un restaurante peruano, hacer algunas comprar y tomarme unos tragos en
algún pub antes de regresar a Hamburgo al medio día siguiente.
Me
sorprendió tanto como su llamada el encontrarlo apenas haber traspasado los
controles del aeropuerto, allí estaba con la misma sonrisa cachacienta de
siempre, tenía algunos quilos más que la última vez que nos vimos, también
arrugas y canas, supongo que me pasaba lo mismo. Nos dimos un fuerte abrazo y
nos besamos ambas mejillas, así nos saludábamos desde que nos despedimos
después de mi boda. Conversamos cruzando nuestras palabras sin orden, ambos
estábamos emocionados, me invitó a quedarme en su casa pero me disculpé
amablemente y terminamos en el Piscomar, un restaurante de cocina peruana
frente a dos enormes copas de pisco sour.
Conversamos
de muchas cosas sin importancia, como dándole tiempo a que el pisco hiciera
efecto antes de tocar el tema principal.
Después de
un silencio prolongado di el primer
paso.
- ¿Y,
bueno, para qué me llamaste con tanto apuro? Espero que no estés enfermo.
- No, no
se trata de eso, es un tema más personal, más discreto, de mucha trascendencia
diría yo.
Allí
estaba, esa sonrisa cachacienta, esos ojos insolentes debajo de sus cejas
perfectamente irónicas que seguramente usaba para aligerar la tensión en todas
sus conversaciones, se acomodó los lentes y continuó.
- La
verdad es que me encuentro metido en una situación de la cual no se cómo salir,
nunca pensé llegar a esto – y secó su pisco sour como si tuviera mucha sed.
- ¡Oh,
mein Gott…! – exclamé en perfecto alemán, a la vez que levanté la mano
reclamando atención del mozo - ¿Tú, metido en problemas? No lo puedo creer.
- Espera a
que te cuente para que veas – mientras nos cambiaban las copas por otras dos
completamente llenas, al tope, como si se tratara de un combustible para echar
a andar la historia que se perennizaría esa mañana.
Comenzó a
hablar con una expresión lejana, ida, desprendida de todo sentimiento que no
esté relacionado con la culpa, me pareció patético, por mi mente pasaron
aquellos días de palomilladas cuando se dejaba arrastrar por los sitios por
donde yo andaba, era la misma cara que puso después que salió de su primer
“servicio” en el “Cinco y medio” porque la puta le cobró más de lo que tenía;
como siempre allí estaba yo para protegerlo.
Lo dejé
que se fuera por las ramas durante un rato y después de darle un largo sorbo a
mi trago me reacomodé ostensiblemente en la silla dándole a entender que era
hora de ir al grano. Así lo entendió.
- Todo
comenzó los últimos días de setiembre del año pasado, fui invitado a una charla
organizada por la embajada de Perú y después del evento, el funcionario
encargado me dio una tarjeta con un número telefónico y me dijo que era de la
secretaria del presidente y que la llamara en las próximas cuarenta y ocho
horas. La llamé al día siguiente y después de saludarnos me preguntó si podía
tomar una llamada con el propio presidente, me sorprendió mucho, inicialmente
quise negarme pero terminé aceptándola. Imagínate, el mismo presidente “Juancho”.
Era la primera vez que conversaba con un mandatario por teléfono, pese a que
escribí la vida de algunos de ellos en mis libros. Lo sentí amable, preocupado,
comenzó exaltando mi trabajo como periodista independiente, valiente y tozudo,
así lo dijo, luego me habló de algunos temas de actualidad, no parecía
preocupado, me preguntó si había escuchado que últimamente lo estaban
relacionando con un tal “Ricardo Swich” y qué pensaba al respecto. Le contesté
que sentía que era una infamia, que me preocupaba que éste tema fuera
aprovechado por sus adversarios, especialmente por los congresistas, para
desestabilizar su gobierno y que inclusive ya algunos hablaban de vacancia.
Pero ¿porqué me llamaba a mi? le pregunté, me contestó que había encontrado que
yo era un periodista correcto, lo había demostrado con mis libros, mi posición
crítica e independiente ante los temas políticos y que siguiera así, en esa
línea y que no me dejara ganar por los enemigos de la democracia.
- ¡Oh,
mein Gott…! – nuevamente yo – imagínate,
el propio “Juancho”, ese tipo no da puntada sin hilo. Ambos aprovechamos estos
instantes para apurar un sorbo.
- A los
pocos días recibí la visita de un empresario que quería financiar uno de mis
blogs a cambio de publicidad, era propietario de algunos negocios entre ellos
una casa de cambio de dólares on-line que acababa de lanzar, le acepté pero no
llegamos a un acuerdo sobre el precio, solo le dije que le costaría entre mil y
dos mil dólares. Comencé a poner la cuña antes que me hiciera ningún pago, a
los quince días me llamó y me dijo que había depositado un monto mayor que el
que le había pedido porque había resultado muy buena la propaganda, la
aceptación de la gente fue tremenda. Lo sorprendente fue que me depositó cinco
mil dólares.
- ¡Oh,
mein Gott…! - yo otra vez – mierda, un
gran negocio, con tal que no sea traficante.
- Para
nada. Lo más sorprendente es que parecía que el tipo estaba loco pues a los
quince días me volvió a depositar otro monto igual, entonces lo llamé para
aclarar el asunto, después del tercer o cuarto depósito.
En este
punto Mario se calló unos segundos, pensé que se iba a empujar otro sorbo de
pisco pero tomó aire a grandes bocanadas como si necesitara valor para
continuar y, siguió.
-
Mi llamada
coincidió con aquellos días en que había una gran conmoción después de la
vacancia de “Juancho”, el empresario me dijo que el presidente me enviaba
saludos y yo quedé sorprendido porque no sospechaba siquiera que estaban
relacionados – mientras volvía a tomar aire después de un suspiro profundo –
además, me comunicó que querían contratarme como asesor para limpiar la imagen
del presidente. Como sabrás yo no accedí, pero le pedí detalles sobre lo que
querían realmente, parecía fácil, solo tenía que hacer públicas las cosas buenas de “Juancho”,
ya se habían dado cuenta que mi programa era muy seguido, era tendencia casi a
diario.
-
- ¡Oh, mein
Gott…! - nuevamente yo, aunque mi acento
alemán había desaparecido por completo a causa del pisco – bueno, si no hay
facturas ni recibos yo hubiera aceptado al toque – le dije, con la intención de
que siguiera soltándose, sabiendo que lo convencería, lo conocía desde
adolescente.
-
Es lo que hice, “Juancho”
siempre había demostrado ser intachable, sigo admirándolo, y, hacerlo era como
cobrar por permitírseme defender la democracia.
Lo miré
sorprendido, ahí estaba esa sonrisa socarrona, “el mismo conchudo de siempre”
pensé.
-
Lo defendí a capa
y espada de las acusaciones y del ataque despiadado de la prensa y de los
políticos corruptos y me pagaron por eso, por un deber patriótico, hasta
febrero de este año en que me llamó el mismo “Juancho” para decirme que deseaba
que asesorara a alguno de sus amigos y acepté confiadamente. A los pocos días
me visitó una comisión de socialistas y caviares que apoyaban al entonces vacado
“Juancho”. Me comentaron que tenían un plan para recuperar el poder en las
próximas elecciones a través de un “partidito” que en las encuestas siempre
aparecía entre los “otros”, nunca habían pasado del uno por ciento, me pareció
una aventura descabellada, pero me explicaron que habían copado el jurado
electoral y su plan ya estaba en marcha, por lo pronto habían conseguido
reemplazar el voto electrónico por el voto tradicional.
- ¡Oh,
mein Gott…! - ya no recuerdo si lo dije
o lo pensé, pero el tema se ponía más interesante – Salud compadre… - lo animé
a continuar tomando un trago del vaso de pisco sour que acababa de llegar.
- Me
contaron con detalle todo lo que tenían preparado para conseguir la victoria,
te juro que recordé aquellas elecciones fulleras de la universidad ¿te
acuerdas?
Tuve que
consentir su afirmación mientras recordaba las cuestionables elecciones
universitarias en las que le gustaba participar, parecía haber nacido para eso.
-
Me dieron muchos
detalles que mejor no te cuento para no comprometerte, estaban bien organizados
y todo lo tenían calculado al milímetro, pero, a pesar de ello se les fue la
mano, todo estaba previsto para que quedaran segundos detrás del partido
anaranjado, sabían que era la única forma de ganar en la segunda vuelta y
salieron primeros. Kerito, de los anaranjados, se dio cuenta de la trampa pero
se quedó callada y se apuró en reconocer los resultados, minimizando las
denuncias de los candidatos afectados, se comportó conforme lo habían previsto,
se llenaría de ambición y su egoísmo la haría seguir adelante; entonces
vinieron para que filtrara la idea de que el partido anaranjado ganaría la
segunda vuelta y así confirmar que ellos evitaran apoyar cualquier reclamo.
Quedé impresionado de la forma cómo lo hicieron, me lo explicaron, adulteraron
el software del escaneo para que identificara las actas en donde el “partidito”
había conseguido entre uno y diez votos, luego tomara el sesenta por ciento de
los dos partidos de derecha favoritos,
de este total el setenta por ciento se la sumaban al “partidito” y el treinta
al partido anaranjado, de esta manera ellos se robaban los votos de la derecha.
Sencillo y eficiente, pero el resultado fue el que ya sabemos.
- ¡Oh,
mein Gott…! …qué pendejos. Y supongo que
hicieron lo mismo en la segunda vuelta.
- Si, pero
en menor medida, ahora sólo bastaba quitarle un poco al partido anaranjado pero
no durante el escaneo sino observando e impugnando actas sabiendo cuál sería el
fallo del tribunal electoral, fue un trabajo de personeros y del jurado; en
esta etapa mi trabajo era masificar la idea que el partidito tenía la mayoría
de votos porque finalmente sucedería eso, el partidito ganaría si o si.
- Vaya qué
interesante – olvidándome del ¡Oh, mein Gott…! por efectos del pisco – pero
mira a qué situación hemos llegado.
- Como verás
esto fue planificado al detalle, hay mucha gente comprometida y como todo en la
vida algún día tendrá que conocerse. Y esto es lo que me tiene preocupado y
justo por eso quería ver si puedes ayudarme – lo dijo casi suplicando,
intentando borrar su sonrisa cínica y poniendo cara de afligido.
- Tu dirás
- Quiero
saber si a través de tu editora se puede publicar un libro con un seudónimo sin
que se enteren jamás del autor, algo así como un anónimo.
- ¿En
pleno siglo veintiuno? ¿En esta pequeña aldea global? – le pregunté en verdad
entusiasmado por conocer más de la propuesta.
- Si,
quiero publicar todo lo que se pero que nunca nadie se entere quien fue.
-¿Y por
qué no le das la historia a un escritor o un periodista? – le retruqué.
- Es
que si tiene éxito y no se pone la
situación peligrosa entonces puedo aparecer – sus ojos iluminaron su mueca
burlona e irónica, la misma que tenía desde muchacho.
En lo
profundo de mi mente surgió el grito “
¡Oh, mein Gott…!” pero no podría asegurar que fui yo, tal vez el pisco.
- Si pero a alguien se le ocurrirá seguir el
pago de las regalías y los derechos de autor y lo más probable es que consigan
identificarte pronto – le dije preocupado.
- No hay problema, tengo un par de cuentas fantasmas
- Parecía preparado para todo.
Lo primero
que se me ocurrió fue tomar el teléfono para pedirle a mi secretaria que
investigara sobre el asunto pero Mario me lo impidió poniendo una mano sobre el
aparato telefónico.
- Prefiero
que lo averigües personalmente, tómate unos días y me envías un mensaje – dijo.
Después de
eso es poco lo que recuerdo, tirado cual bulto en la impecable cama, como un
caleidoscopio aparecen imágenes en mi mente, mi visita a algunos pubs hasta casi la salida del sol,
los amigos que hice, los espectáculos nocturnos de Madrid; ni el baño con agua
caliente, ni las pastillas que tomé me alivian la tremenda resaca que traigo.
Si Mario no pasaba por mi seguro que perdía mi vuelo, me levanté y duché con el
humor de la mala noche y casi sonámbulo llegué al Cuatro Vientos en su
compañía. Había perdido el interés en todo y lo único que deseaba era estar en
casa.
Nos
despedimos con un abrazo me sentí vacío, pensé que por el efecto de la mala
noche, sentí su loción y me dieron ganas de vomitar, difícilmente me contuve y
él pareció no notarlo. Esa maldita sonrisa insolente, que ahora sé que siempre
he odiado, me respiraba cerca al oído y que hipócritamente soportaba dio paso a
ese último pedido, que hasta ahora llevo como una suerte de emético:
-
No sé qué hacer, por
favor ayúdame.
- ¡Oh, mein Gott…! Escribe tu libro y échale la culpa al resto, como solo tú lo sabes hacer - me dije mentalmente.
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