LA PENSION

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viernes, 1 de octubre de 2021

LAS SOFÍAS

La miraba mientras su hermana absorta a lo que ocurría en la pantalla del cine parecía haberse desconectado de la realidad para introducirse por completo en la trama de la película; cuando decidió llamarla Sol nunca pensó que estaría tan cerca de la realidad, las luces de la pantalla que bailoteaban en su rostro resaltando en cada cambio de color la belleza de su hermana mayor, le daban la razón.

Isabel Sofía la menor, Olivia Sofía la hermana mayor por un poco más de un año, habían sido criadas como mellizas, quizás sus padres pensaron que así se facilitaba la formación de las dos niñas y porque las hubieran preferido mellizas les pusieron nombres parecidos. Crecieron muy unidas, fueron al mismo colegio, tenían los mismos amigos, los mismos gustos, vestían muy parecido, de adolescentes hicieron las mismas palomilladas, siempre juntas, aunque su hermana prefería que la llamaran por su nombre completo ella sólo se hacía llamar Isabel. Se diría que la vida la vivieron juntas, como verdaderas mellizas, ya de joven, Olivia Sofía conoció a quien ahora es su esposo, Andrés y, desde entonces comenzaron a distanciarse poco a poco.

Isabel Sofía, la más pragmática, sabía desde adolescente que algún día tendría que seguir su camino sola, apenas se enteró que su hermana había decidido casarse decidió abrirse al mundo en busca de su propio futuro, un futuro que al igual que el de su hermana, no tenía  por qué ser compartido. Ella dejó la casa y fue en busca de su destino a otra ciudad, ahora, aunque seguía siendo soltera no precisamente por falta de oportunidades, sentía que estaba consiguiendo aquellas cosas que desde muy pequeña soñó, aunque a veces no le parecía así, a pesar que muchos la veían como una mujer exitosa.

Siempre había admirado a su hermana mayor, además del profundo cariño que tenía por ella, le guardaba una absoluta confianza, la veía como una persona sumamente inteligente, atrevida, visionaria, era su heroína, lo había sido siempre. Ahora, a pesar que llevaba una vida tediosa en la casa de sus padres la seguía admirando, era una madre muy protectora y dedicada, además trabajaba como administradora de una agencia de transportes y se daba tiempo para andar bonita, a todas las reuniones familiares asistía junto a su esposo, algo admirable en estos tiempos; además, la veía mas bonita, mas atractiva, mas mujer, por eso, aprovechaba cualquier ocasión propicia para hablar bien de ella, asignándole algunas cualidades que no tenía, total no importaba, Olivia Sofía siempre sería la más bonita de la familia.

Habían pasado dos años desde la última vez que se vieron, en aquella oportunidad el nacimiento del hijo de Olivia Sofía fue el motivo para que se diera un tiempo a guisa de  vacaciones y visitar de paso a sus padres, fueron días muy agradables, los pasó casi todos dentro de casa pues la debutante madre le dedicaba el tiempo completo a su hijo recién nacido, no se atrevía a salir sola, sabía que también la mayoría de sus amigos habían emigrado.

Esa visita anterior era el motivo de la actual, había una relación entre estos dos viajes, aunque Isabel Sofía se negaba a aceptarlo, les contó a sus padres y a todo el que quisiera escucharla, que regresaba después de dos años por que extrañaba a su sobrino, en general a toda su familia, total, el asunto que la inquietaba era una trivialidad, una banalidad, algo insignificante.

El último día de su anterior visita, estaban las dos hermanas en aquel parque donde habían jugado y corrido tantas veces, donde habían quedado los vestigios de toda su infancia, como rastros profundos en un camino viejo y de légamo por secar, tan profundos que ya no pueden ser más transitados sin que tengas que sufrir para avanzar, sentadas en la misma banca pretérita, donde sus cuerpos seguro que dejaron una marca, o quizás sería al revés, las dos conversaban, ella distraídamente jugaba con su teléfono mientras Olivia Sofía le daba un biberón a su hijo, que dejaba escapar su jadeo al alimentarse, pese a  las mantas con que estaba cubierto para protegerse del clima que a esa hora comenzaba a tornarse frío.

En aquella conversación de despedida acordaron que a partir de entonces ella sería Mary y Olivia Sofía sería Sol, ambas juntas serían Mary y Sol, un parónimo gentil de Marisol. También fue cuando se enteró de aquella historia curiosa de su hermana mayor. Le sorprendió enterarse que fue la correctora oficiosa de un escritor de cuentos que había conocido en un grupo de Face Book, el escritor, antes de publicar un cuento en internet le enviaba a Olivia Sofía la versión todavía inédita de su obra para que la corrigiera. El trabajo no era tan difícil pues solo se encargaba de encontrar las redundancias, la cacofonía, el pleonasmo y hasta el solecismo, esto último fue una iniciativa de ella, que el autor dejaba pasar por alto en ocasiones.

Era un aporte a la obra del cuentista pues no cobraba por este trabajo, a cambio de ello él podía cambiarle el nombre a los personajes por el que ella quisiera, también había aceptado una que otra sugerencia de cambios en algunos de los cuentos ganándose la mención respectiva en los pies de página, aunque para el caso sólo la nombraba, por mutuo acuerdo como “Sofía”.

-       - ¿Y desde cuándo eres la correctora oficial de un escritor? – preguntó en aquella ocasión Isabel Sofía.

-         - En realidad poco tiempo, unos seis meses, no más.

-         -  ¿Y lo conoces? ¿Alguna vez se vieron?

-       - Si, una vez ¿Recuerdas cuando viajé y estuve tres meses contigo? esos tres meses que trabajé en la agencia principal, pues una de las tardes en que salí temprano del trabajo me encontré con el y me acompañó hasta tu departamento. Conversamos sobre cualquier cosa sin importancia, pero descubrí que es un hombre de una gran sensibilidad, tiene una interpretación diferente de cada cosa que le preguntaba, se nota que es muy inteligente – parecía emocionarse al recordarlo.

Aquella vez, tan pronto regresó a su ciudad Isabel Sofía se dio de alta en el grupo de Face Book del escritor e inició la lectura de sus publicaciones en internet, de inmediato se sintió atraída por los cuentos que se zampó con interés, en cada uno de ellos encontraba un parecido, una referencia, una coincidencia con alguna parte de su vida, era lógico, la temática del escritor era mundana, urbana, muy común en acontecimientos cotidianos.

Por recomendación de Olivia Sofía se ofreció como correctora en la primera oportunidad que el escritor solicitó una, sin hacerle conocer su relación con ella, después de algunos mensajes más fue aceptada.

Durante algunos meses en los que revisó una docena de cuentos Isabel Sofía no dejaba de sorprenderse, muchas escenas parecidas a momentos que había vivido se reproducían en las ficciones que leía, hechos de su vida que casi no recordaba regresaban de pronto en cada lectura, cada coincidencia parecía  un deja vu que, además, aumentaban su interés por el hasta ahora desconocido autor ¿Cuál era su fuente de inspiración? ¿De dónde tomaba esos argumentos que describían algún hecho conocido por ella? ¿Eran posibles tantas coincidencias?

Tuvo que esforzarse bastante Isabel Sofía para conseguir un encuentro con el cuentista, él, quería evitar el contacto con ella pues sostenía que cualquier relación personal malograría ese trato tan cordial que tenían a través de los cuentos, en una reunión personal ella podría llevarse una mala impresión de él y esto pondría en peligro su trabajo como correctora, era la principal justificación del autor. Por fin se reunieron, ella lo citó en un café a unas cuadras de su casa, el llegó a la hora exacta de la cita, no parecía el tipo taciturno que pensó encontrar, por el contrario, era un sujeto muy alegre, entretenido, muy culto pero sobre todo irónico. Para conversar con el se tenía que contar con la habilidad de entender los sarcasmos muy rápido, intercalaba frases de doble sentido con otras  irónicas en forma tan natural y rápida que a veces era difícil entenderle. Los primeros dos minutos de la conversación fueron suficientes para darse cuenta que era un tipo agradable, parecía tener unos cincuenta años bien puestos que se hacían casi núbiles tan pronto se ponía a hablar.

Aquella reunión duró cuatro horas que pasaron sin sentirlas, conversaron de todo, ella le mintió y le dijo que era una mujer a punto de casarse, el pareció no prestar atención a este hecho y más bien le confesó que había decidido vivir solo el resto de su vida, arrastraba una condena eterna, le contó que una mujer tan joven como ella le había robado el corazón y se había marchado sin siquiera despedirse y le había dejado una extraña enfermedad.

Cuando Isabel Olivia le contó su curiosidad por saber algo sobre la fuente de sus argumentos y le pidió detalles sobre cómo así muchas partes de su narración coincidían con hechos de su vida, el simplemente contestó

-         - Supongo que me los dejó ella – refiriéndose a la mujer que le había roto el corazón, fue este instante quizás el único momento en que vio en sus ojos un brillo de tristeza, de oscuridad sin esperanzas – es una mujer difícil de olvidar, me niego a olvidarla, se llevó la mejor parte de mi y me dejó la extraña enfermedad que ahora tengo, todas las mujeres bonitas se parecen a ella, todas tienen algo de ella, aunque ninguna es tan bonita, a veces hasta las fotos antiguas y los cuadros me la traen a mi, incluso ahora, en ti encuentro también algunas cosas de ella, es como una eterna penitencia, recordarla en cada mujer que me cruce.

Parecía que iba a quebrarse pero suspiró quedamente y luego volvió a ser el mismo tipo con el que el sarcasmo adquiría su máxima expresión.

 

Las luces de la pantalla del cine seguían brincando sobre el rostro de su hermana, los claroscuros que se formaban y que en instantes desaparecían como una extraña danza de bailarines formados por haces de luz resaltaban su hermosura. Es que ella era bonita no solo de rostro sino, además de su escultural físico pese a ser madre, tenía muchas virtudes que Isabel Sofía secretamente siempre había admirado, ella misma no sería la mujer que ahora es si no la hubiera tenido como ejemplo. Que duda cabía, tenía una gran hermana, un ejemplo de mujer, de madre.

La había invitado a tomar un café y luego la llevó a ver ese estreno del que todos hablaban. Quiso hacerle aquella pregunta casi insignificante que tenía guardada durante el café pero supuso que era mejor momento hacerla durante la función de cine.

La noche anterior había pensado mucho sobre el origen de este viaje, antes de dormirse y durante bastante rato se dedicó a calcular en qué momento le haría esa pregunta casi trivial a Olivia Sofía, también caviló bastante sobre las coincidencias de aquellos pasajes de su vida que tan bien habían sido descritas por el escritor, quiso encontrar algún patrón entre ellas que le explicaran este raro concurso de situaciones conocidas pero no encontró ninguno, o tal vez lo ignoró; antes de quedarse dormida, cuando ya empezaba el camino hacia el sueño se le vino a la mente aquella reunión con el escritor

-       - Es una historia interesante – le dijo ella, después que el confesara lo de su extraña enfermedad, pues el aire por un momento se había tornado en una bruma oscura pero cálida que parecía haberle oprimido un poco la respiración al cuentista.

-         - Y esa mujer tan bella ¿tiene un nombre?

-           -Si – dijo el escritor – como todos los personajes de mis cuentos.

Por un momento Isabel Sofía se incomodó – qué preguntas tan tontas hago – se dijo – claro, hasta mis nombres ahora están en uno de sus cuentos y los de mi hermana y también los otros que le pedí los incluyera.

-       -Ella se llamaba Olivia Sofía – recordó que le escuchó decir justo cuando se quedaba dormida.

Esperó que la intensidad de la película bajara y viendo que la expresión de Olivia Sofía estaba serena apoyó su cabeza en el hombro de ella y quiso soltarle esa pregunta sobre el asunto tan simple que la trajo hasta aquí, pero se quedó callada, sintiéndose tranquila porque cualquiera que fuera la respuesta nada cambiaría.

 

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