Se despertó muy sobresaltado, sus sienes retumbaban como una campana silenciada entre algodones, volteó la almohada y el frío de la funda almidonada de sudores le convenció que el lejano bramido venía de dentro de él. Inspiró profundamente y retuvo el aire, uno, dos, tres…sesenta, soltó el aire retenido para evitar que su respiración continúe agitada. Puso su mente en blanco, o en negro, se sintió mejor por un segundo y comenzó a recapitular su sueño.
- Qué pesadilla de mierda – pensó - ¿Qué
significará?
Cerró los ojos y comenzaron a desfilar en su mente algunas escenas,
sabía que nunca lograría recuperarlo todo, así funcionan los sueños, es parte
de su magia.
Recordó haber visto a Mammón, aquel
demonio con el que estaba intentando pactar. Aquel era con el que había
conversado y que le diera un tiempo para pedir sus tres deseos a cambio de su
alma.
Se levantó
y se dio cuenta que estaba húmedo, tibio, tenía ganas de orinar, levantó su
frazada deshilachada y olió, era orina, su propia orina, se había meado,
suspiró pero no alcanzó a llenar sus pulmones, como si se hubieran achicado,
sintió un vacío, casi un final, pensó que estaba regresando de la muerte, eso
es, quizás soy un sobreviviente se dijo.
El duchazo
en el baño común de su corralón lo despabiló, todavía era el pobre que usaba la
misma ropa toda la semana y cada día tenía que ganar unos soles para seguir
viviendo. O resistiendo. Odiaba su pobreza, desde niño venía soñando con tener
una vida lujosa, en casas como las que acostumbraba limpiar o robar algunos
fines de semana, tener los carros lujosos que acariciaba mientras los pulía,
asistir a las fiestas, conciertos, orgías que conocía solo de oídas; pero la
vida le había dado solo sufrimiento, hambre, humillación permanente, humillación
que a veces imaginaba solo para sentirse una eterna víctima, porque sabe que
pertenece a un solo lugar, el fondo. Allí donde no hay luz, donde los seres no
tienen nombre, donde el frío, el hambre, el dolor, la enfermedad están pegados
como sudor en la piel, donde las oraciones se convierten en humo que rápido se
disipa y vuelven hechas sombras, ahora cargadas de rencor, de odio, ahora
cargadas de esperanzas oscuras en forma de oportunidad, de una oportunidad, la
tomas o la dejas, te vuelves duro o sigues siendo el blando que no responde a
ningún golpe, te atreves a tomar un arma para matar o a juntar las manos en
oración para siempre. De eso está hecha la oportunidad del pobre, de elegir su
suerte, su vida, su final.
Entonces,
cuando se enteró que había un camino a través del mal lo tomó sin pensar.
Ahora, ya
estaba embarcado, tuvo el sueño que le anunciaron que sería la señal de que
pronto vendría el pacto, un alma por tres deseos, nada por una verdadera vida,
porque hay quienes tienen un alma insignificante, reducida a punto de golpes de
la vida, de esos golpes que son como la ira de DIos. Había hecho todo lo leído,
paso a paso, la sangre fresca de un animal, una paloma que creyó en la mano que
le ofrecía migas, agua bendita tomada de la iglesia durante la plegaria
eucarística, un poco de su propia saliva, lágrimas, semen y el tatuaje de una
cruz negra invertida detrás del hombro izquierdo, las oraciones antes de dormir
entre velas encendidas y rociadas del extraño potingue.
En ese sueño se le presentó Nyarlathotep, a
lo lejos, él lo reconoció de inmediato, lo vio de espaldas, como yéndose,
corrió hacia el y se le puso delante, lo detuvo.
-
Hola, se quién eres, Nyarlathotep – había cambiado de forma en un instante y ahora no le
pareció tan espantoso como lo había imaginado.
-
Si, aquí estoy por tu
llamado.
-
¿Es en serio? ¿Ese
mejunje lo hizo posible? – sorprendido.
-
En realidad no son los
ingredientes, es la intención, la convicción, las ganas con la que haces la
invocación, el ardor que se siente salir de tu interior, acumulado durante toda
tu vida, abonado por tu sufrimiento, por tus dudas, por que sientes que necesitas
una revancha. Y eso somos, una única oportunidad de revancha - dijo Nyarlathotep o aquella figura casi humana, sin inmutarse.
-
¿Somos? ¿A qué te
refieres con somos?
- Así como crees que tres cuerpos pueden ser a la vez un solo espíritu y
carne, yo soy más que eso, soy muchos a la vez, quizás todos; entonces, si
adoras a tres que son uno, a quien oras pero nunca responde, ponme mucha fe que
yo ya estoy aquí, estamos aquí, para responderte, por ti – dijo en un tono
mordaz mientras su figura volvía a cambiar de forma, esta vez más lentamente.
A Andrés esta apariencia le pareció más familiar, más aterradora. Creyó
sentir miedo pero lo manejó adecuadamente pensando en que todo era un sueño.
-
¿Y quién eres ahora?
¿Uno de tantos? – dijo ya sin miedo
-
No se, dímelo tú ¿a
quién me parezco? No me digas que a ti – hubo un cambio de voz al hablar.
Andrés supuso que el cambio de apariencia también incluía la voz y posiblemente
otras cosas.
-
Te pareces al diablo, al
demonio, esos cuernos me lo confirman – dijo Andrés sin titubear y hasta seguro
de la situación al pensar que era un sueño.
- Si, soy él, soy Mammón, al que invocaste, soy
Asmodeo, Satanás, Samael, Belial, Tzitzimimeh, Asag y también el Tunche ¿Te das
cuenta? Estás con todos nosotros, estás conmigo, estamos juntos, somos todos y
todo ¿porqué no creer en mí?, sobre todo si vengo a darte esa única oportunidad
que estás pidiendo, que sé que la mereces, tómala, no la deseches, una sola vez
se te “presenta la virgencita” – dijo el ser que ya no era Nyarlathotep ni el diablo como los conocía.
Andrés comenzó a sentirse más cómodo, después de todo el demonio no
parece tan fiero, se puede conversar con el sin que te coma. Pensó en reírse
por lo que acababa de pensar pero prefirió ponerse serio.
-
Entonces ¿cómo firmamos
el pacto, te entrego mi alma y me cumples tres deseos así nomás? – gesticulando
las manos, como haciendo ruedas hacia adelante, para parecer encantado con la
situación.
- No, paciencia – dijo el demonio – Solo queríamos
estar seguros de tu decisión, la próxima vez que te sientas morir en sueños,
nos encontraremos para iniciar el pacto, cumpliendo tu primer deseo.
Los días siguientes Andrés cambió por completo, dejó de ser el tipo
doliente que se sentaba en cualquier esquina y en el que nadie se fijaba, y
que, cuando caminaba era invisible, ahora era una persona llena de alegría, de
optimismo, rezumaba empatía con todos y conversaba con el primero que le diera
la oportunidad. Tenía la sensación de que pronto pasaría algo que lo haría
rico, poderoso, esto le levantaba el ánimo y se sentía motivado para grandes
cosas, se volvió generoso y comenzó a regalar las pocas cosas buenas que tenía,
entre los más pobres que él, algo difícil imaginar, peor encontrar.
Algunas noches después volvió a tener esa curiosa pesadilla donde sentía
de manera vívida estarse muriendo, se despertó, o soñó despertarse, el olor de
su propia orina le confirmó que era la oportunidad.
Se levantó despacio y caminó hacia la calle sin siquiera ponerse el
calzado, las cosas parecían estar ralentizadas, solo él conservaba la velocidad
“normal”, el resto estaba en cámara lenta. Las cosas parecían tener más brillo,
era como si los rayos solares atravesaran paredes y techos, llegó a la calle y
el centelleo era enceguecedor, tuvo que achinar los ojos para poder ver. Ahora
nada tenía movimiento, todo se había detenido, solo él conservaba la habilidad
para moverse. Junto con la quietud el silencio se había apoderado de todo,
parecía tener vida y hasta la capacidad de coagularse. Caminó durante un buen
rato hasta escuchar una musiquilla suave y agradable, la que siguió con
detenimiento. Alcanzó a divisar entre el brillo que cubría todo, como niebla,
una figura conocida, astada – ¡Belcebú! – apenas pensó el nombre se vio
transportado frente a el.
Como la vez anterior, no sintió miedo. Belcebú se paró y entonces salió
un temblor del fondo de sus entrañas, era dos veces más grande de lo que lo
imaginaba, un golpe de esas enormes manos adornadas con uñas de arpía bastaría
para despedazarlo. Un sueño, lo debo tomar como un sueño – se dio valor.
-
Hola Andrés – dijo el
demonio casi sin mover los belfos - ¿Ya estás preparado para el trato?
- Si, creo que es el momento – contestó tratando
de infundirse valor, se dio cuenta que no sentía miedo.
-
Bien, entonces pide tu
primer deseo, recuerda que una vez concedido no hay marcha atrás, deberás
continuar hasta el tercero.
- Si, ningún problema, lo tengo muy claro – Andrés
se solazaba por dentro pensando lo tanto que cambiaría su vida y comenzó con
sus deseos – Quiero ganarme la Tin…
- Aguanta, aguanta – se apuró el demonio mientras
ponía una de sus garras en la boca de Andrés tratando de callarlo – ¡No se te
ocurra pedir la Tinka!
Andrés
se sorprendió, tenía bien estudiado lo que haría con la Tinka, los casi veinte
millones que sorteaba se podían convertir en poco más de cinco millones de
dólares, con tres en el banco podría vivir de los intereses toda la vida.
-
¿Sabes que ese premio no
lo vas a recibir hoy? Seguro que no leíste las letras chiquitas – le dijo Belcebú
entornando los ojos y arrugando la frente – además te vas a meter en camisa de
once varas, tengo algunos casos que
están en la cárcel, uno hasta se suicidó porque la SUNAT y la unidad de
inteligencia financiera los denunciaron por enriquecimiento ilícito.
-
¿Qué…? ¿Cómo es posible?
¡Entonces no eres tan poderoso como haces creer!
- Hay un orden universal de las cosas, Andrés –
pausadamente – los pactos que hacemos son secretos ¿Te has dado cuenta del
ambiente? Te he traído a un lugar donde “los otros”, los buenos no pueden darse
cuenta, tenemos un orden que respetar, si ellos se enteran que estamos
comprando un alma pueden suspender nuestra licencia para operar. Te lo digo
figuradamente para que entiendas claramente cómo son las cosas.
Andrés se quedó perplejo. En todas partes
existen reglas…¿pero en el infierno? – se dijo. Inconcebible, pero ante eso
estamos. Mudo, esperó que Belcebú hablara.
-
Mira muchacho – en tono
paternal – algunos pidieron ganarse ese premio sin saber que en ese momento el
monto sorteado era pequeño, luego cuando se les acaba vienen por más y es
imposible corregir un deseo ¿Sabes en todos los problemas que nos metemos por
cubrir la procedencia del dinero cuando la fiscalía y la unidad de inteligencia
financiera investigan un enriquecimiento ilícito? No podemos probar la compra
del boleto ganador porque nunca lo compraron ¿cómo decirles a los investigadores
que fuimos nosotros? No hay forma.
-
¿Es en serio? – balbuceó
en tono confuso Andrés – puta madre nunca lo hubiera imaginado – y continuó –
ahora que lo dices ¿cómo se que esto no es sólo un sueño? o mejor ¿una
pesadilla?
-
Esa es otra de las cosas
que debes saber – parecía que el tono del demonio era ahora angelical – a
partir del primer deseo vivirás como en un sueño, como en un capitulo de una
novela de la que no podrás salir hasta el cumplimiento de tu tercer deseo. Vivirás
preguntándote si todo fue un sueño. Si esto no fuera así, enloquecerías al ver
todos tus deseos satisfechos, ya pasó más de una vez.
-
No jodas…
-
Pues si – prosiguió el
demonio – necesitas cierto tino para pedir los deseos, recuerdo que hace un
tiempo alguien pidió que todo lo que tocara se convirtiera en oro, creo que
conoces esa historia, fue su tercer deseo, ya no le quedaba otro, murió porque
nunca pudo digerir el oro.
-
Chucha, ahora ¿Cómo
pido? ¿En qué orden? ¿Por qué no me explicaron todo esto?
-
Hay otras cosas que
debes saber, Andrés. Por ejemplo que, a partir de que te conceda tu primer
deseo perderás la conciencia sobre nuestro pacto, vivirás sin saber que eres un
pactado, lo ignorarás por completo, tus siguientes deseos se te concederán
después de un tiempo, días, meses, años, hubo algunos que tuvieron que esperar
siglos para su siguiente deseo, aquellos que primero pidieron vida eterna o muy
prolongada, como un sueño eterno.
-
¿Quién decide en qué
momento conceder los deseos?
-
Aunque no lo creas, tú.
En tu vida casi perfecta, de fantasía, en algún momento lo pedirás a través de
un sueño, tú sentirás que es la hora y lo harás, nosotros solo esperaremos.
También pedirás tu muerte.
-
¿Cómo? ¿Qué tal si uno
de mis deseos es ser inmortal? – preguntó un Andrés ahora preocupado.
-
Serás inmortal, pero en
el resto del mundo nada cambiará y comenzarás a sentirte extrañamente solo y a
alocarte después de perder a tantas personas a las que habrás amado,
inexorablemente pedirás tu final.
-
¿No sería este un cuarto
deseo? Retrucó hábilmente Andrés.
-
Lo dice en las letras
chiquitas.
- ¿Qué otras cosas debo saber?
Belcebú, que ahora tenía la forma de un soldado
inglés, de aquellos que lucharon en la India contra la rebelión de Gandhi,
sentándose a la manera oriental en cuclillas.
-
Que no debes pedir
resucitar ni reencarnar, no está permitido. Tampoco puedes transferir un deseo,
el pacto es contigo. No debes pedir tener magia como la quisieras, aquella que
te permitiría cumplir tu voluntad pestañeando o moviendo la nariz. No debes
involucrarte sentimentalmente ni desear la muerte de otro pactado, no debes pedir
hacerte invisible porque podrías ser detectado por los buenos y tampoco debes
pedir ser el líder de toda la humanidad.
-
Bueno, advertido estoy –
sentenció el joven – pero “debes” no es lo mismo que “puedes”. ¿Qué pasa si
insisto con un deseo que no debo?
- Qué bueno que te hayas dado cuenta, puedes hacer
lo que no debes, pero hacerlo significará que el pacto estará en peligro y por
nuestra salvaguarda tomaremos lo que es nuestro, tu alma – tomó aire y
prosiguió - Entonces, si como primer
deseo quieres hacerte rico o, como lo pensaste, ganarte la Tinka, te sugiero
que pidas, por ejemplo, que nunca te falte dinero, o que siempre tengas más
dinero del que necesitas – recomendó con autoridad el espectro – de esa forma
siempre podrás comprar lo que quieras con tan solo abrir la cartera. O
presentar la tarjeta de crédito que te daremos nosotros. Nunca tendrás ahorros,
no habrá rastro de tus movimientos, adiós unidad de inteligencia financiera,
aprenderás a manejar tus propiedades y podrás llegar a ser un personaje sin
levantar sospechas.
Andrés pidió que el dinero nunca le falte. Primer
deseo concedido.
Vivió la vida como lo había soñado. Creyó haber
encontrado la felicidad a la que confundió con la abundancia. Nunca recordó
haber hecho un pacto con el diablo y parecía no tener límites, su vida se
convirtió en un círculo de placeres y lujuria, todo lo podía, no había nada
imposible para su dinero.
Fue en una de sus desenfrenadas noches de fiesta
en que se topó con una muchacha que le robó el corazón, era muy joven, tenía
una figura que llamaba mucho la atención, él se enamoró de ella. Comenzaron a
frecuentarse y cada día que pasaba ella le gustaba más, era decidida, bastante
culta, se veía que le ponía mucho empeño a cada cosa que hacía. Andrés, intentó
llenarla de regalos pero ella ni se impresionó, fue rechazando cada uno de
ellos conforme le llegaban; pero, parecía encontrarse a gusto con Andrés, nunca
se negaba cuando él le pedía que lo acompañara a cualquier sitio, cada vez que intentaba
sorprenderla, ella se mostraba sorprendida pero no perdía la compostura. Se
tomaban de la mano frecuentemente pero nunca pasaron de un beso en la mejilla.
Él intentó muchos trucos para conquistarla, en una ocasión contrató unas
personas para que simularan un asalto, asalto que él evitó después de pelear a
mano limpia con los sujetos armados. Como premio recibió un beso en la mejilla
y agua oxigenada en sus heridas,
Andrés se obsesionó. La ineficacia de su dinero
frente a ella era lo que más lo enervaba, intento tras intento por conquistarla
lo estaban volviendo loco. Ya casi no dormía, sólo pensaba en ella y la forma
en que podía conquistarla.
Se dio cuenta que toda su riqueza no servía con
Cherí, ella, mostraba desdén por el dinero, cuanto mayor el monto menos parecía
interesarse.
El amor que consumía a Andrés lo llevó a buscar
“alguna solución” diferente, uno de sus recursos lo encontró entre brujería,
santería y otros ritos para conquistar el cariño de la hembra que lo
atormentaba. En una de estas sesiones, después de beber ayahuasca, cuando se
encontraba sumido en un sueño profundo se volvió a encontrar con Belcebú.
Le reconoció de inmediato, se abrazaron como
viejos amigos.
-
¿Cómo te va con tu
primer deseo? – preguntó el demonio.
-
Mejor de lo que
esperaba.
-
Lo se, te va tan bien
que diría que no te hace falta otro deseo por ahora – dijo Belcebú mientras le
tomaba del antebrazo invitándolo a sentarse a la orilla del camino en el que se
encontraban. Apareció un cigarrillo y se lo alcanzó a Andrés.
-
No, gracias, no fumo.
-
¡Carajo! Me sorprendes,
solo falta que seas de los que van a misa todos los domingos.
-
Pues si, voy a misa a
rezar por los pecados de otros, los míos no serán perdonados después de nuestro
pacto.
-
¿Y ahora qué vas a
pedir? – preguntó Belcebú.
-
¿Sabes? Estoy enamorado.
-
Entonces ¿vas a pedir
mujeres?
-
No, no. Mujeres no –
apuró Andrés – Sólo el amor de una mujer, las demás no me interesan.
-
Vaya, eres un caso,
pudiendo pedir todas las mujeres se hace extraño que quieras tener solo una.
-
Si, es justo la que no
puedo tener, se merece más que un deseo - dijo Andrés mostrando una profunda
pena.
-
Bueno pues, vamos al
grano, veamos de quién se trata – uno de los ojos de Belcebú lanzó un destello
de maldad.
- Tu eres el poderoso, tómala de mis pensamientos
y hazla mi esclava.
Era una noche lluviosa, aunque no fría, cuando
Andrés salió apurado de su casa, preparado para conquistar a la chica que tanto
le gustaba. Tenía la seguridad de que esta vez la conquistaría.
- Cherí, Cherí… - iba repitiendo en su mente - por
fin serás mía.
Su cuerpo parecía a punto de estallar, temblaba
por todas partes, sus sueños se cumplirían hoy, “después de que seas mi mujer, no
podrás separarte de mi, serás mía para toda la vida” no tenía duda alguna de
que así sería.
Llegó a la discoteca y apenas ella lo vio entre
la multitud se abalanzó a sus brazos, se besaron como si hubieran sido novios
de toda la vida, los dos hervían. Bailaron y bebieron lo suficiente como para
embriagarse sin perder la conciencia, necesitaba estar sobrio para disfrutar
cada segundo de ella, cada milímetro de su cuerpo.
Unos minutos después de la media noche él la
invitó a su casa, ella aceptó. Salieron presurosos como si corrieran por su
vida. En el trayecto hacia la casa el la miraba de reojo y veía el rostro de
ella iluminada con destellos de felicidad.
- Dios mío, es tan bella – se dijo – y para mi
solito. No se imagina la vida que le voy a dar, viajaremos por el mundo
disfrutando de nuestro amor, Marco Polo y Magallanes serán solo un asomo de lo
que viajaremos.
Llegaron a la casa y entraron corriendo, ella
parecía conocerla desde mucho, se dirigió hacia el dormitorio jalando de una
mano a Andrés. El se dejaba llevar mientras escudriñaba cada milímetro del
cuerpo de ella. Qué perfección, una armonía absoluta entre la mirada, la figura
y la forma de ser.
A medida que se acercaban al dormitorio ella
comenzó a quitarse algunas prendas. Andrés memorizaba cada parte del cuerpo de
ella, su color, su perfume, imaginaba la tersura.
Al pasar por un espejo le pareció ver la sombra
de un ser maligno, tal vez el diablo, no importa, nada puede detener este amor
que recién empieza.
Todo se inmovilizó de pronto, los ojos llenos de
espanto parecían querer volar de su cara, en un segundo pasaron por su mente
los años en los que vivió en el inframundo de la pobreza. Era imposible romper
el pacto cuando todavía le faltaba un deseo.
Sintió miedo. Se soltó de la mano de Cherí, se
quedó inmóvil, sin respirar siquiera, mientras no podía dejar de mirar la cruz
negra invertida tatuada en el hombro izquierdo de la joven.
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