LA PENSION

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lunes, 4 de noviembre de 2024

EL PACTO

 Se despertó muy sobresaltado, sus sienes retumbaban como una campana silenciada entre algodones, volteó la almohada y el frío de la funda almidonada de sudores le convenció que el lejano bramido venía de dentro de él. Inspiró profundamente y retuvo el aire, uno, dos, tres…sesenta, soltó el aire retenido para evitar que su respiración continúe agitada. Puso su mente en blanco, o en negro, se sintió mejor por un segundo y comenzó a recapitular su sueño.

-       Qué pesadilla de mierda – pensó - ¿Qué significará?

Cerró los ojos y comenzaron a desfilar en su mente algunas escenas, sabía que nunca lograría recuperarlo todo, así funcionan los sueños, es parte de su magia.

Recordó haber visto a Mammón, aquel demonio con el que estaba intentando pactar. Aquel era con el que había conversado y que le diera un tiempo para pedir sus tres deseos a cambio de su alma.

Se levantó y se dio cuenta que estaba húmedo, tibio, tenía ganas de orinar, levantó su frazada deshilachada y olió, era orina, su propia orina, se había meado, suspiró pero no alcanzó a llenar sus pulmones, como si se hubieran achicado, sintió un vacío, casi un final, pensó que estaba regresando de la muerte, eso es, quizás soy un sobreviviente se dijo.

El duchazo en el baño común de su corralón lo despabiló, todavía era el pobre que usaba la misma ropa toda la semana y cada día tenía que ganar unos soles para seguir viviendo. O resistiendo. Odiaba su pobreza, desde niño venía soñando con tener una vida lujosa, en casas como las que acostumbraba limpiar o robar algunos fines de semana, tener los carros lujosos que acariciaba mientras los pulía, asistir a las fiestas, conciertos, orgías que conocía solo de oídas; pero la vida le había dado solo sufrimiento, hambre, humillación permanente, humillación que a veces imaginaba solo para sentirse una eterna víctima, porque sabe que pertenece a un solo lugar, el fondo. Allí donde no hay luz, donde los seres no tienen nombre, donde el frío, el hambre, el dolor, la enfermedad están pegados como sudor en la piel, donde las oraciones se convierten en humo que rápido se disipa y vuelven hechas sombras, ahora cargadas de rencor, de odio, ahora cargadas de esperanzas oscuras en forma de oportunidad, de una oportunidad, la tomas o la dejas, te vuelves duro o sigues siendo el blando que no responde a ningún golpe, te atreves a tomar un arma para matar o a juntar las manos en oración para siempre. De eso está hecha la oportunidad del pobre, de elegir su suerte, su vida, su final.

Entonces, cuando se enteró que había un camino a través del mal lo tomó sin pensar.

Ahora, ya estaba embarcado, tuvo el sueño que le anunciaron que sería la señal de que pronto vendría el pacto, un alma por tres deseos, nada por una verdadera vida, porque hay quienes tienen un alma insignificante, reducida a punto de golpes de la vida, de esos golpes que son como la ira de DIos. Había hecho todo lo leído, paso a paso, la sangre fresca de un animal, una paloma que creyó en la mano que le ofrecía migas, agua bendita tomada de la iglesia durante la plegaria eucarística, un poco de su propia saliva, lágrimas, semen y el tatuaje de una cruz negra invertida detrás del hombro izquierdo, las oraciones antes de dormir entre velas encendidas y rociadas del extraño potingue.

En ese sueño se le presentó Nyarlathotep, a lo lejos, él lo reconoció de inmediato, lo vio de espaldas, como yéndose, corrió hacia el y se le puso delante, lo detuvo.

-       Hola, se quién eres, Nyarlathotep – había cambiado de forma en un instante y ahora no le pareció tan espantoso como lo había imaginado.

-       Si, aquí estoy por tu llamado.

-       ¿Es en serio? ¿Ese mejunje lo hizo posible? – sorprendido.

-       En realidad no son los ingredientes, es la intención, la convicción, las ganas con la que haces la invocación, el ardor que se siente salir de tu interior, acumulado durante toda tu vida, abonado por tu sufrimiento, por tus dudas, por que sientes que necesitas una revancha. Y eso somos, una única oportunidad de revancha - dijo Nyarlathotep o aquella figura casi humana, sin inmutarse.

-       ¿Somos? ¿A qué te refieres con somos?

-       Así como crees que tres cuerpos pueden ser a la vez un solo espíritu y carne, yo soy más que eso, soy muchos a la vez, quizás todos; entonces, si adoras a tres que son uno, a quien oras pero nunca responde, ponme mucha fe que yo ya estoy aquí, estamos aquí, para responderte, por ti – dijo en un tono mordaz mientras su figura volvía a cambiar de forma, esta vez más lentamente.

A Andrés esta apariencia le pareció más familiar, más aterradora. Creyó sentir miedo pero lo manejó adecuadamente pensando en que todo era un sueño.

-       ¿Y quién eres ahora? ¿Uno de tantos? – dijo ya sin miedo

-       No se, dímelo tú ¿a quién me parezco? No me digas que a ti – hubo un cambio de voz al hablar. Andrés supuso que el cambio de apariencia también incluía la voz y posiblemente otras cosas.

-       Te pareces al diablo, al demonio, esos cuernos me lo confirman – dijo Andrés sin titubear y hasta seguro de la situación al pensar que era un sueño.

-       Si, soy él, soy Mammón, al que invocaste, soy Asmodeo, Satanás, Samael, Belial, Tzitzimimeh, Asag y también el Tunche ¿Te das cuenta? Estás con todos nosotros, estás conmigo, estamos juntos, somos todos y todo ¿porqué no creer en mí?, sobre todo si vengo a darte esa única oportunidad que estás pidiendo, que sé que la mereces, tómala, no la deseches, una sola vez se te “presenta la virgencita” – dijo el ser que ya no era Nyarlathotep ni el diablo como los conocía.

Andrés comenzó a sentirse más cómodo, después de todo el demonio no parece tan fiero, se puede conversar con el sin que te coma. Pensó en reírse por lo que acababa de pensar pero prefirió ponerse serio.

-       Entonces ¿cómo firmamos el pacto, te entrego mi alma y me cumples tres deseos así nomás? – gesticulando las manos, como haciendo ruedas hacia adelante, para parecer encantado con la situación.

-       No, paciencia – dijo el demonio – Solo queríamos estar seguros de tu decisión, la próxima vez que te sientas morir en sueños, nos encontraremos para iniciar el pacto, cumpliendo tu primer deseo.

 

Los días siguientes Andrés cambió por completo, dejó de ser el tipo doliente que se sentaba en cualquier esquina y en el que nadie se fijaba, y que, cuando caminaba era invisible, ahora era una persona llena de alegría, de optimismo, rezumaba empatía con todos y conversaba con el primero que le diera la oportunidad. Tenía la sensación de que pronto pasaría algo que lo haría rico, poderoso, esto le levantaba el ánimo y se sentía motivado para grandes cosas, se volvió generoso y comenzó a regalar las pocas cosas buenas que tenía, entre los más pobres que él, algo difícil imaginar, peor encontrar.

 

Algunas noches después volvió a tener esa curiosa pesadilla donde sentía de manera vívida estarse muriendo, se despertó, o soñó despertarse, el olor de su propia orina le confirmó que era la oportunidad.

Se levantó despacio y caminó hacia la calle sin siquiera ponerse el calzado, las cosas parecían estar ralentizadas, solo él conservaba la velocidad “normal”, el resto estaba en cámara lenta. Las cosas parecían tener más brillo, era como si los rayos solares atravesaran paredes y techos, llegó a la calle y el centelleo era enceguecedor, tuvo que achinar los ojos para poder ver. Ahora nada tenía movimiento, todo se había detenido, solo él conservaba la habilidad para moverse. Junto con la quietud el silencio se había apoderado de todo, parecía tener vida y hasta la capacidad de coagularse. Caminó durante un buen rato hasta escuchar una musiquilla suave y agradable, la que siguió con detenimiento. Alcanzó a divisar entre el brillo que cubría todo, como niebla, una figura conocida, astada – ¡Belcebú! – apenas pensó el nombre se vio transportado frente a el.

Como la vez anterior, no sintió miedo. Belcebú se paró y entonces salió un temblor del fondo de sus entrañas, era dos veces más grande de lo que lo imaginaba, un golpe de esas enormes manos adornadas con uñas de arpía bastaría para despedazarlo. Un sueño, lo debo tomar como un sueño – se dio valor.

-       Hola Andrés – dijo el demonio casi sin mover los belfos - ¿Ya estás preparado para el trato?

-     Si, creo que es el momento – contestó tratando de infundirse valor, se dio cuenta que no sentía miedo.

-       Bien, entonces pide tu primer deseo, recuerda que una vez concedido no hay marcha atrás, deberás continuar hasta el tercero.

-     Si, ningún problema, lo tengo muy claro – Andrés se solazaba por dentro pensando lo tanto que cambiaría su vida y comenzó con sus deseos – Quiero ganarme la Tin…

-     Aguanta, aguanta – se apuró el demonio mientras ponía una de sus garras en la boca de Andrés tratando de callarlo – ¡No se te ocurra pedir la Tinka!

Andrés se sorprendió, tenía bien estudiado lo que haría con la Tinka, los casi veinte millones que sorteaba se podían convertir en poco más de cinco millones de dólares, con tres en el banco podría vivir de los intereses toda la vida.

-     ¿Sabes que ese premio no lo vas a recibir hoy? Seguro que no leíste las letras chiquitas – le dijo Belcebú entornando los ojos y arrugando la frente – además te vas a meter en camisa de once varas, tengo algunos casos que  están en la cárcel, uno hasta se suicidó porque la SUNAT y la unidad de inteligencia financiera los denunciaron por enriquecimiento ilícito.

-     ¿Qué…? ¿Cómo es posible? ¡Entonces no eres tan poderoso como haces creer!

-     Hay un orden universal de las cosas, Andrés – pausadamente – los pactos que hacemos son secretos ¿Te has dado cuenta del ambiente? Te he traído a un lugar donde “los otros”, los buenos no pueden darse cuenta, tenemos un orden que respetar, si ellos se enteran que estamos comprando un alma pueden suspender nuestra licencia para operar. Te lo digo figuradamente para que entiendas claramente cómo son las cosas.

Andrés se quedó perplejo. En todas partes existen reglas…¿pero en el infierno? – se dijo. Inconcebible, pero ante eso estamos. Mudo, esperó que Belcebú hablara.

-     Mira muchacho – en tono paternal – algunos pidieron ganarse ese premio sin saber que en ese momento el monto sorteado era pequeño, luego cuando se les acaba vienen por más y es imposible corregir un deseo ¿Sabes en todos los problemas que nos metemos por cubrir la procedencia del dinero cuando la fiscalía y la unidad de inteligencia financiera investigan un enriquecimiento ilícito? No podemos probar la compra del boleto ganador porque nunca lo compraron ¿cómo decirles a los investigadores que fuimos nosotros? No hay forma.

-     ¿Es en serio? – balbuceó en tono confuso Andrés – puta madre nunca lo hubiera imaginado – y continuó – ahora que lo dices ¿cómo se que esto no es sólo un sueño? o mejor ¿una pesadilla?

-     Esa es otra de las cosas que debes saber – parecía que el tono del demonio era ahora angelical – a partir del primer deseo vivirás como en un sueño, como en un capitulo de una novela de la que no podrás salir hasta el cumplimiento de tu tercer deseo. Vivirás preguntándote si todo fue un sueño. Si esto no fuera así, enloquecerías al ver todos tus deseos satisfechos, ya pasó más de una vez.

-     No jodas…

-     Pues si – prosiguió el demonio – necesitas cierto tino para pedir los deseos, recuerdo que hace un tiempo alguien pidió que todo lo que tocara se convirtiera en oro, creo que conoces esa historia, fue su tercer deseo, ya no le quedaba otro, murió porque nunca pudo digerir el oro.

-     Chucha, ahora ¿Cómo pido? ¿En qué orden? ¿Por qué no me explicaron todo esto?

-     Hay otras cosas que debes saber, Andrés. Por ejemplo que, a partir de que te conceda tu primer deseo perderás la conciencia sobre nuestro pacto, vivirás sin saber que eres un pactado, lo ignorarás por completo, tus siguientes deseos se te concederán después de un tiempo, días, meses, años, hubo algunos que tuvieron que esperar siglos para su siguiente deseo, aquellos que primero pidieron vida eterna o muy prolongada, como un sueño eterno.

-     ¿Quién decide en qué momento conceder los deseos?

-     Aunque no lo creas, tú. En tu vida casi perfecta, de fantasía, en algún momento lo pedirás a través de un sueño, tú sentirás que es la hora y lo harás, nosotros solo esperaremos. También pedirás tu muerte.

-     ¿Cómo? ¿Qué tal si uno de mis deseos es ser inmortal? – preguntó un Andrés ahora preocupado.

-     Serás inmortal, pero en el resto del mundo nada cambiará y comenzarás a sentirte extrañamente solo y a alocarte después de perder a tantas personas a las que habrás amado, inexorablemente pedirás tu final.

-     ¿No sería este un cuarto deseo? Retrucó hábilmente Andrés.

-     Lo dice en las letras chiquitas.

-     ¿Qué otras cosas debo saber?

Belcebú, que ahora tenía la forma de un soldado inglés, de aquellos que lucharon en la India contra la rebelión de Gandhi, sentándose a la manera oriental en cuclillas.

-     Que no debes pedir resucitar ni reencarnar, no está permitido. Tampoco puedes transferir un deseo, el pacto es contigo. No debes pedir tener magia como la quisieras, aquella que te permitiría cumplir tu voluntad pestañeando o moviendo la nariz. No debes involucrarte sentimentalmente ni desear la muerte de otro pactado, no debes pedir hacerte invisible porque podrías ser detectado por los buenos y tampoco debes pedir ser el líder de toda la humanidad.

-     Bueno, advertido estoy – sentenció el joven – pero “debes” no es lo mismo que “puedes”. ¿Qué pasa si insisto con un deseo que no debo?

-     Qué bueno que te hayas dado cuenta, puedes hacer lo que no debes, pero hacerlo significará que el pacto estará en peligro y por nuestra salvaguarda tomaremos lo que es nuestro, tu alma – tomó aire y prosiguió -  Entonces, si como primer deseo quieres hacerte rico o, como lo pensaste, ganarte la Tinka, te sugiero que pidas, por ejemplo, que nunca te falte dinero, o que siempre tengas más dinero del que necesitas – recomendó con autoridad el espectro – de esa forma siempre podrás comprar lo que quieras con tan solo abrir la cartera. O presentar la tarjeta de crédito que te daremos nosotros. Nunca tendrás ahorros, no habrá rastro de tus movimientos, adiós unidad de inteligencia financiera, aprenderás a manejar tus propiedades y podrás llegar a ser un personaje sin levantar sospechas.

Andrés pidió que el dinero nunca le falte. Primer deseo concedido.

Vivió la vida como lo había soñado. Creyó haber encontrado la felicidad a la que confundió con la abundancia. Nunca recordó haber hecho un pacto con el diablo y parecía no tener límites, su vida se convirtió en un círculo de placeres y lujuria, todo lo podía, no había nada imposible para su dinero.

Fue en una de sus desenfrenadas noches de fiesta en que se topó con una muchacha que le robó el corazón, era muy joven, tenía una figura que llamaba mucho la atención, él se enamoró de ella. Comenzaron a frecuentarse y cada día que pasaba ella le gustaba más, era decidida, bastante culta, se veía que le ponía mucho empeño a cada cosa que hacía. Andrés, intentó llenarla de regalos pero ella ni se impresionó, fue rechazando cada uno de ellos conforme le llegaban; pero, parecía encontrarse a gusto con Andrés, nunca se negaba cuando él le pedía que lo acompañara a cualquier sitio, cada vez que intentaba sorprenderla, ella se mostraba sorprendida pero no perdía la compostura. Se tomaban de la mano frecuentemente pero nunca pasaron de un beso en la mejilla. Él intentó muchos trucos para conquistarla, en una ocasión contrató unas personas para que simularan un asalto, asalto que él evitó después de pelear a mano limpia con los sujetos armados. Como premio recibió un beso en la mejilla y agua oxigenada en sus heridas,

Andrés se obsesionó. La ineficacia de su dinero frente a ella era lo que más lo enervaba, intento tras intento por conquistarla lo estaban volviendo loco. Ya casi no dormía, sólo pensaba en ella y la forma en que podía conquistarla.

Se dio cuenta que toda su riqueza no servía con Cherí, ella, mostraba desdén por el dinero, cuanto mayor el monto menos parecía interesarse.

El amor que consumía a Andrés lo llevó a buscar “alguna solución” diferente, uno de sus recursos lo encontró entre brujería, santería y otros ritos para conquistar el cariño de la hembra que lo atormentaba. En una de estas sesiones, después de beber ayahuasca, cuando se encontraba sumido en un sueño profundo se volvió a encontrar con Belcebú.

Le reconoció de inmediato, se abrazaron como viejos amigos.

-     ¿Cómo te va con tu primer deseo? – preguntó el demonio.

-     Mejor de lo que esperaba.

-     Lo se, te va tan bien que diría que no te hace falta otro deseo por ahora – dijo Belcebú mientras le tomaba del antebrazo invitándolo a sentarse a la orilla del camino en el que se encontraban. Apareció un cigarrillo y se lo alcanzó a Andrés.

-     No, gracias, no fumo.

-     ¡Carajo! Me sorprendes, solo falta que seas de los que van a misa todos los domingos.

-     Pues si, voy a misa a rezar por los pecados de otros, los míos no serán perdonados después de nuestro pacto.

-     ¿Y ahora qué vas a pedir? – preguntó Belcebú.

-     ¿Sabes? Estoy enamorado.

-     Entonces ¿vas a pedir mujeres?

-     No, no. Mujeres no – apuró Andrés – Sólo el amor de una mujer, las demás no me interesan.

-     Vaya, eres un caso, pudiendo pedir todas las mujeres se hace extraño que quieras tener solo una.

-     Si, es justo la que no puedo tener, se merece más que un deseo - dijo Andrés mostrando una profunda pena.

-     Bueno pues, vamos al grano, veamos de quién se trata – uno de los ojos de Belcebú lanzó un destello de maldad.

-     Tu eres el poderoso, tómala de mis pensamientos y hazla mi esclava.

 

Era una noche lluviosa, aunque no fría, cuando Andrés salió apurado de su casa, preparado para conquistar a la chica que tanto le gustaba. Tenía la seguridad de que esta vez la conquistaría.

-     Cherí, Cherí… - iba repitiendo en su mente - por fin serás mía.

Su cuerpo parecía a punto de estallar, temblaba por todas partes, sus sueños se cumplirían hoy, “después de que seas mi mujer, no podrás separarte de mi, serás mía para toda la vida” no tenía duda alguna de que así sería.

Llegó a la discoteca y apenas ella lo vio entre la multitud se abalanzó a sus brazos, se besaron como si hubieran sido novios de toda la vida, los dos hervían. Bailaron y bebieron lo suficiente como para embriagarse sin perder la conciencia, necesitaba estar sobrio para disfrutar cada segundo de ella, cada milímetro de su cuerpo.

Unos minutos después de la media noche él la invitó a su casa, ella aceptó. Salieron presurosos como si corrieran por su vida. En el trayecto hacia la casa el la miraba de reojo y veía el rostro de ella iluminada con destellos de felicidad.

-     Dios mío, es tan bella – se dijo – y para mi solito. No se imagina la vida que le voy a dar, viajaremos por el mundo disfrutando de nuestro amor, Marco Polo y Magallanes serán solo un asomo de lo que viajaremos.

 

Llegaron a la casa y entraron corriendo, ella parecía conocerla desde mucho, se dirigió hacia el dormitorio jalando de una mano a Andrés. El se dejaba llevar mientras escudriñaba cada milímetro del cuerpo de ella. Qué perfección, una armonía absoluta entre la mirada, la figura y la forma de ser.

A medida que se acercaban al dormitorio ella comenzó a quitarse algunas prendas. Andrés memorizaba cada parte del cuerpo de ella, su color, su perfume, imaginaba la tersura.

Al pasar por un espejo le pareció ver la sombra de un ser maligno, tal vez el diablo, no importa, nada puede detener este amor que recién empieza.

Todo se inmovilizó de pronto, los ojos llenos de espanto parecían querer volar de su cara, en un segundo pasaron por su mente los años en los que vivió en el inframundo de la pobreza. Era imposible romper el pacto cuando todavía le faltaba un deseo.

Sintió miedo. Se soltó de la mano de Cherí, se quedó inmóvil, sin respirar siquiera, mientras no podía dejar de mirar la cruz negra invertida tatuada en el hombro izquierdo de la joven.

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