CAMILA
Ella se sabía bonita y además tenía el futuro asegurado, la herencia familiar que administraban sus padres era suficiente para garantizar el futuro de las siguientes generaciones, es más, no le preocupa el futuro. En los colegios caros en los que estudió aprendió que no sólo tenía que ser la mejor sino además demostrarlo, por eso estudia derecho en la Universidad de Lima, viste ropa solo de moda y cara, todo lo que usa, toca, come o está relacionado con ella tiene que ser lo mejor y costoso. Es vital ser glamorosa.
A su edad una muchacha de su posición estaría conduciendo un vehículo de lujo seguramente, pero ella no, no le gusta manejar, por eso, si no tiene un carro con chofer solo usa taxis de aplicativo, entiende que tener un coche a su disposición es asumir responsabilidades que se las quitaba a un chofer, tenía muchas otras cosas de qué preocuparse.
No es modesta ni sencilla, se cree detallosa y hasta vanidosa, lo asume con responsabilidad, con dignidad. Camina por la vida segura de si misma, por donde pasa causa admiración, su perfume, su gracia, su elegancia nunca quedan desapercibidas.
Siempre escoge solo lo mejor, tiene muy claro que lo perfecto no existe y por eso no lo persigue, se conforma con estar muy cerca. Sabe que la mejor arma del vanidoso es la humildad.
A pesar que todos en la universidad quieren conocerla tiene pocos amigos, muy parecidos a ella, la imitan pero saben que no estarán a su altura, para complacerlos, les muestra las cosas que piensa comprar o cómo quiere vestirse para que se sientan importantes opinando, creyendo que su opinión fue tomada en cuenta. Su autoestima es indestructible.
Todos sus novios fueron evaluados por sus amigos y amigas más cercanos, a quienes les dio la oportunidad de opinar haciendo que aquellos que acertaron se sintieran más cerca de ella, aunque finalmente la decisión fue únicamente suya.
Había estado con los mejores chicos de su entorno, a todos los dejó cuando creyó que era el momento, por no estar a su nivel o simplemente no demostrar estarlo, les faltaba ambiciones o “carácter”, tal cual ella los describía; aunque decía no tener interés en la posición económica de sus pretendientes era necesario que fueran bellos, una belleza como ella sólo se permitía amigos y pretendientes con presencia de verdaderos modelos. En su vida las apariencias eran muy importantes.
Por eso, quedó convencida de aceptar a su actual enamorado, cuando, después de una encuesta entre sus más allegados, todos opinaron que era un joven muy atractivo, un verdadero proyecto con un futuro muy promisor, no tenía una gran posición económica como la suya pero era un aplicado estudiante de medicina en su etapa final de interno, culto, fino y educado, “culto, mago, delirante, loco” le decía ella, parafraseando un poema que alguna vez publicaron cada uno en su perfil de sus redes como muestra de su amor.
Sabía que lo tenía, por lo menos hasta cuando lo decidiera, si nada cambiaba, estaba completamente entregado a ella, como le gustaba tenerlos, “comiendo de mi mano” como lo pensaba constantemente; nunca, ninguna de sus parejas la había terminado, no, ni pensarlo, ella había tomado esas decisiones, en algunos casos “porque era políticamente correcto” como los justificó oportunamente.
Sabía que su vida era perfecta, tal como lo tenía planeado.
VALENTINA
Se había esforzado tanto por conseguir este trabajo de enfermera porque que era muy importante para su proyecto de vida. Para sus familiares era una esperanza de tener por fin un profesional de quien enorgullecerse; cuando les comentó que además de trabajar había comenzado a estudiar medicina le hicieron una fiesta para reconocer su esfuerzo, fue la ocasión perfecta para ponerla de ejemplo y así motivar a los más jóvenes de la familia.
Le interesaba mucho ser objetiva, equilibrada y culta, por eso cultivaba su intelecto, se le veía permanentemente leyendo y parecía estar siempre ocupada en algo además del trabajo y los estudios. Sudaba seguridad y entereza por todos sus poros, pero también era bonita, tenía la belleza calmada y serena de las mujeres que poseen claras sus ideas, sus movimientos parecían estudiados para impresionar a quien la mirara, sus formas, aunque no llamativas, eran consideradas perfectas para los que la conocían fuera de las batas y mascarillas que usaba cuando trabajaba.
No le gustaba hablar de ella misma, hasta parecía no importarle el futuro pero los pasos que daba eran previamente analizados y no avanzaba si no estaba segura, no le interesaban las apariencias y prefiere mantener su situación sentimental siempre reservada, no publica en redes nada sobre esto porque está convencida que casi siempre publicas sobre aquello que careces.
Era admirable el esfuerzo que le ponía a todas las cosas que hacía, aún cuando se le viera caer su cara no dejaba de mostrar optimismo, su mirada es un himno a la confianza. Confiaba en sus habilidades plenamente y resumía empatía por cada uno de sus poros.
Tiene una relación que está segura que no llegará a buen puerto pero en el fondo espera que algo suceda y cambie esta situación, siempre actúa con fe y es creyente de que la esperanza es lo último que muere, que las cosas siempre suceden por algo, ni un copo de nieve cae sin alguna razón. Por las cosas que averiguó sabe que solo es una aventura para él, no puede asegurarlo pero si se lo pide podrían hacer una pareja para toda la vida, aunque es consciente que forma una pareja de aquellas que terminan en cualquier momento, sabe que es la que más perdería, la que quedaría sumida en la pena y dolor. Incluso para eso se estaba preparando, se sentía prevenida. La vida tiene que continuar “Lo que no es para mí, nunca lo será” se decía intentando conservar su pragmatismo.
Como todas las mujeres tiene sueños y aunque ahora lo ocupaban sus principales objetivos, terminar la carrera y ascender en el trabajo, parte de sus noches imaginaba tener la familia soñada al lado de él.
ANDRÉS
Era domingo, uno de aquellos que le dejaban tiempo para hacer otras cosas que no fuera estudiar, después de correr casi una hora y luego de un frugal desayuno, de revisar algunas anotaciones de clases a la vez que programaba los trabajos que tendría que entregar en la universidad durante la semana, se dirigió a la estación del tren mientras revisaba su celular.
Sentado esperando el siguiente tren contestó aquellos mensajes que tenía pendientes en el celular. Le gustaba jugar a decidir, a cuál de las chicas visitar; cada domingo, lo hacía en el camino, la casa de la primera de ellas quedaba a siete estaciones y la otra a doce.
Se sentía feliz de vivir este juego confuso de tener dos enamoradas. Sabía que una de ellas era el camino a la estabilidad económica y de seguro a la felicidad, la otra era una aventura, un episodio en su vida que no tendría por qué terminar mal. Pero también estaba al corriente que en cualquier momento podía perder todo. Pero confiaba en que todo saldría bien y que como sea tenía que asegurar su futuro.
Se decidió por hacer la primera llamada. Se colocó los audífonos mientras el celular llamaba.
- ¡Hola amor – escuchó la voz delicada al otro lado del teléfono - ¿Cómo estás? ¿Todo bien?
- Si. Reyna, todo bien – contestó – Y tú ¿Qué tal?
- Recién levantándome y extrañándote ¿Vas a estar ocupado hoy o vas a poder venir?
- No se todavía, en unos minutos termino mi guardia, si no hay nada, seguro que me dejan – se produjo un silencio, recordó las decenas de veces que le ofreció ir a verla sabiendo que no cumpliría, ella aceptaba las disculpas siempre de buena gana – el lado bueno es que podremos disfrutar aunque el tiempo sea corto.
- No te preocupes mi amor, no pienso salir hoy, me avisas si vienes porque voy a quedarme en la cama – dijo ella a modo de despedida.
- Ok, te aviso entonces, te quiero mucho princesa, besos.
- Besos para ti mi amor – y colgó la llamada.
Se sintió feliz con el juego, ahora volvería a hacer otra llamada y en el camino decidiría donde bajarse.
Mientras escuchaba el tono en el teeléfono vio a lo lejos venir el tren y se puso de pie para abordarlo.
- Hola, que tal ¿Cómo estas? – preguntó la mujer, con voz evidentemente agitada.
- Que tal babe, extrañándote – le dijo, entusiasmado por la respiración de ella - ¿recién levantándote?
- Jajaja…nooo…acabo de correr cinco kilómetros y estoy recuperándome – con una voz cantarina – sucede que ayer me designaron entre las enfermeras para representar al hospital en esta mini maratón por el día de la mujer, no te conté para no preocuparte.
- Caramba, que bien, se ve que estás en forma, por eso es que me gustas tanto – un espeso silencio siguió a sus palabras.
En ese momento subió al tren que momentos antes se había detenido, se mezcló entre la gente subiendo y bajando.
El silencio parecía eterno, recordó cómo se inició esta relación, cómo aceptó ella que el tuviera otra enamorada y le prometiera “darle un tiempo porque no era nada seguro”, cómo se pusieron de acuerdo para tener intimidad con las reglas de ella “de no enamorarse”.
- Terminé de correr, llegué sexta, puta mare, pude llegar antes, ahora me arrepiento, había premios hasta el quinto puesto – se quejó.
- No te preocupes babe, se que tu eres buena y estás preparada para todo, para grandes cosas – trató de animarla – después te doy tu premio.
- Traje chocolate, de consuelo – dijo quejumbrosa – era hasta el quinto lugar para los premios y demás consideraciones, el quinto puesto se ganó una bicicleta y yo nada. Pude conseguirlo, me siento como esos niños picones.
Andrés sintió que la voz se quebraba, percibió que estaba llorando, se enterneció hasta sentir erizarse su piel, invadido por un calor sicalíptico.
- ¿Estás llorando babe?
- Sip…sólo una lagrima – la voz de ella casi como un suspiro.
- Como quisiera estar a tu lado para secarla con un beso, un beso que acabe con esa pena innecesaria que tu alma corajuda libera, como un grito rebelde por este que consideras un fracaso, darte un beso de esos que se graban para la eternidad, de esos besos a las almas valientes…
- Jajajaja…no sigas por favor – le interrumpió – tú como siempre poeta, o poetizando, pero te contesto que justo ahora necesito tu presencia, tu calor, tu luz, esa que siempre encuentro cuando alguna sombra cruza mi camino, esa que me llena de fortaleza cuando mis debilidades comienzan a desbocarse, esa que alegra mi corazón cuando la tristeza me desanima…¿Ya ves? También puedo calentarte los oídos.
- Jajajaja…babe, no sabes lo orgulloso que me siento de tenerte – le contestó casi gritando, entonces cortó la llamada y apagó su teléfono – El viejo truco de “perdí la señal” – pensó.
Era un movimiento táctico que usaba para ganar un poco de tiempo cuando se encontraba en apuros, manejar su vida entre dos afectos con diferentes rasgos requería de mucho cuidado, cuando sentía que tenía que pensar con claridad o que ponía en peligro el futuro que se estaba construyendo.
Con más calma intentó pensar cuál era el peligro que lo llevó a apagar el teléfono, qué precaución tenía que tomar, por qué necesitaba un momento de claridad, se sorprendió al no encontrar una respuesta, fue una reacción fuera de control.
Metió el teléfono en el bolsillo y se dio cuenta que su cuerpo temblaba, tenía un calor interior pero su piel se estaba cubriendo de un sudor helado, tenía la sensación de estar viviendo una metamorfosis, que de entre sus trémulas ropas saldría un nuevo Andrés. Y sintió una gran inquietud por saber cómo sería ese nuevo Andrés, no sospechaba que esa inquietud lo acompañaría toda su vida.
Entonces, bajo el influjo de esta especie de renovación o resurrección, encendió su teléfono y supo en que estación tenía que bajar, en la que bajaría siempre a partir de ahora.
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