LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

lunes, 14 de febrero de 2022

FEMALE

 Era la tercera o cuarta vez que pasaba frente al gran ventanal de la florería, con igual o más indecisiones que las anteriores veces, a través de los vidrios puede ver que hay algunas personas esperando ser atendidas, parece resuelta a ingresar pero en el último instante se decide por seguir de frente. La plazoleta del gran centro comercial hierve de gente que transita apresuradamente poniéndole el ambiente a este día de San Valentín, rebautizado como “día de la amistad” probablemente con fines puramente comerciales.

-          -  ¿Por qué Dios mío, tengo tantas dudas? ¿Por qué me muestro tan insegura?

Preguntas que no desea responder por ahora, será después, inmediatamente piensa en lo que la gente le suele decir sobre ella, sobre todo, lo que él siempre dice para animarla, que es una mujer de decisiones, que tiene sus objetivos claros, que no tiene miedo de caer y que si la han visto caer siempre se ha levantado con más ganas y sobre todo con un particular estilo, muy femenino.

-       - ¿Acaso esta inseguridad es culpa de mamá por ser tan protectora? ¿O de papá, por haberme criado como el hijo que nunca pudo tener? – se dice.

Siguiendo los pasos de la multitud continuó sin rumbo, merodeando la tienda de flores y regalos, se detenía en algunos aparadores para curiosear, pero sobre todo para hacer tiempo y darse valor para un siguiente intento en el negocio aquel que ahora la atemorizaba.

-      -   ¿Tal vez mis temores sean porque nunca se ha visto algo parecido? ¿Quién ha visto alguna vez que una mujer enamorada le envía un ramo de flores a su novio? No es muy común ¿Pero por qué no hacerlo? No es malo ni está prohibido – suspiró hondamente para tomar valor y continuar en su propósito.

-      -  ¿Será por el temor a la burla y al escándalo al que sería sometido por sus compañeros de oficina si recibiera un presente por el día de los enamorados?

Se detuvo en un gran aparador con artículos para oficina, posiblemente una librería, adornado con grandes globos y corazones rojos. De reojo miraba el reflejo de las imágenes en las grandes lunas y disimuladamente vigilaba lo que sucedía en la florería.

Se abstrajo en si por un momento, dejando que afloraran algunos recuerdos, se le vino a la mente el día no muy lejano en que recibió un gran ramo de rosas rojas rodeadas por magnolias rosadas, junto a un peluche, una botella de champán, finos chocolates y una tarjeta en donde él le deseaba feliz cumpleaños con aquellas palabras que siempre recordaría, cosas así nunca se olvidan. No podía calcular si fueron dos, tres o cuatro semanas en las que todos los días era el centro de la chacota, compañeros y compañeras no dejaban de enviarle indirectas y frases cargadas de sarcasmo que precedían a momentos interminables de risitas y carcajeos, la primera vez y pocos días después se sonrojaba, sintió vergüenza y hasta ganas de llorar, sin embargo, al pasar de los días se convenció que éste era un comportamiento habitual de los grupos humanos, la felicidad de alguno siempre era la envidia de otros que la manifestaban a través de la chanza.

Ahora ya nadie la molestaba, habían olvidado el suceso, a pesar de que su relación se había hecho evidente y que algunas veces su novio la dejó en la oficina.

-      -  Si, lo peor que le puede pasar a él es algo similar – pensó – algunos compañeros de seguro que se van a burlar, quizás haga falta que lo acompañe algunas veces a su oficina para que las cosas se normalicen más pronto.

Miró su reflejo y se sonrió, era evidente que su belleza se recalcaba cuando se encontraba feliz, como ahora, se arregló el cinturón que llevaba sobre el vestido y se pasó la palma de la mano por el cabello que le caía sobre la frente, dos jóvenes que pasaron cerca la miraron atrevidamente, uno de ellos volteando la cabeza le dijo modulando su voz como si le hablara al oído:

-         -    ¡Buenos  días mamacita…! Hay que ser tonto para dejarte solita…

Sintió que se llenaba de valor, era evidente que había sido una señal, la decisión estaba tomada, le enviaría un arreglo floral, quizás anturios rojos con narcisos amarillos, unas latas de cerveza alemana, el osito de peluche con la camiseta de su equipo y una enorme tarjeta donde escribiría “De tu estrella, porque éste y todos los días estaré donde me necesitas, aunque esté nublado o llueva”.

Se alisó el vestido con ambas manos, apretó la cartera que llevaba colgada del hombro y con esa actitud resuelta de la que muchos hablaban y de la que más de uno se había enamorado cruzó la plazoleta con dirección al negocio aquel, mientras imaginaba la alegría del novio al recibir este imprevisto presente. Seguro que se consolidaría el amor entre ellos.

Caminó directamente a la entrada de la florería, cada paso parecía acercarla muy poco, tenía la impresión que ahora eran kilómetros los que la separaban de su destino, sintió el sudor frío correrle por la espalda pero no se acobardó para nada, a la distancia pudo darse cuenta que no había clientes, sus venas y arterias parecían bailar al rataplán de un lejano kpanlongo africano que retumbaban en un eco amortiguado en sus sienes, todo en su ser le gritaba que se apurara, que corriera pero de algún lugar recóndito de su conciencia nacía una orden que la detenía, que le quitaban libertad a sus movimientos, como si de pronto sus piernas pudieran discernir por ella, este momento era único, se sintió en una escena ralentizada de Matrix, su cuerpo se había convertido en una antena que percibía cada movimiento que sucedía a su alrededor. Todo estaba tan calmado pero tenía la conciencia de que unos pocos segundos transcurridos ahora le parecían interminables minutos. Estaba a dos metros de la puerta, su sueño de San Valentín podría darse por cumplido.

De pronto todo recuperó su movimiento, su velocidad habitual, el mundo cambió, tenía que darse prisa; quiso estirar el brazo para tirar de la manija de la puerta, pero su cuerpo no le obedeció y apuró el paso pasando de frente como las veces anteriores.

-       -  ¿Qué paso? ¿Qué acabo de hacer? No lo puedo creer – se dijo, como esperando respuestas del mismo lugar de su conciencia que antes le ordenaba detenerse.

No encontraba explicación a este comportamiento que la dominaba, por un momento la invadió una confusión, pero se repuso, no era día para andar con vacilaciones, se detuvo, volteó a mirar la florería sabiendo que ya no entraría y retomó su camino hacia otro lugar, otro asunto. Quizás sería mejor evitarle vergüenzas a su novio.

Una mezcla de resignación, conformidad, abatimiento la invadió, respiró y para justificarse pensó:

-       -   Tal vez sea mejor no hacerlo, mi marido y la señora de él podrían enterarse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...