LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

sábado, 11 de agosto de 2018

MICROCUENTOS OTRA VEZ


  • Se dio cuenta que había comenzado a caer y decidió otra vez empezar de cero.

  • Y teniendo su hermoso paisaje por recorrer, preferí perderme en sus ojos.

  • Sintió que había llegado al final del camino pero entonces el sol volvió a aparecer en el horizonte.

  • Estaba seguro que podría disolver todas las distancia con el último café de la tarde.

  • "Hasta hoy nomas sufro por ti" se dijo; y, descubrió que hay cosas dentro de uno en las que no se manda.

  • Corrí toda la noche huyendo de el. Caí mil veces y me levanté. No se cuánto tiempo me persigue. ¿Será que de un sentimiento no se puede huir?

  • Mas que hotel era una cueva. Pidió la clave del Internet, le dijeron tras del módem. Se conectó y la citó. Soñaba con el fuego y el brillo de esos pelos claros y ensortijados. Se abrió la puerta lentamente y le sorprendió ver ese garrote. Le vino a la cabeza el negro del whatsapp.

  • Salió del supermercado de la mano de su papá. Hacía tiempo que no caminaban así, desde que ingresó a la universidad. Lo acompañó a comprar la lotería, cosa que el hacía hace tanto. "Papá -le dijo- ¿alguna vez te has ganado algo?. "Nunca, pero no pierdo la esperanza". Ella se abrazó a el como cuando de pronto sientes mucho frío. "La esperanza se puede comprar, y barato" pensó.

  • Se sentó frente a la tv sin nada que hacer. Sintió aquella tristeza enorme como cuando alguien querido se va y sabes que no volverá. Se acabó el mundial se dijo.

  • Miró el reloj, las agujas eran rojo carmesí. Desde donde estaba sólo podía mover la hoz, dudó pero lo hizo, lo castró. Y por repetir la leyenda, seguro que Cronos estaba enojado.

  • Tengo que dejar de beber. Juro que es la última copa. Pero acabo de darme cuenta que tu recuerdo vale más que mis juramentos. Salud...!

  • Estaba sudoroso, llevaba horas estalkeando. A veces encontraba algo de ella otras no. No sabía que prefería, total con cada acierto su sufrimiento aumentaba.

  • Siempre se sintió bonita y original, por eso tuvo tantos hombres es sus manos, penitentes que hoy arrastran recuerdos; ahora, es increíble verla tan enamorada, de la mano de otra mujer.




martes, 31 de julio de 2018

MI MUNDIAL 2018


Como todos los humanos también me emociona un mundial de fútbol. Por ser peruano la emoción se quintuplica, por lo menos, teniendo en cuenta que, como país futbolero, regresábamos a un mundial después de treinta y seis años. Particularmente, había dejado de incumbirme mucho con el fútbol, hasta que nos clasificamos, entonces volvió a prosperar en mi la misma pasión de antaño, el interés por los partidos de mi selección, aquella que tuvo mil y un tropiezos pero todos los supo superar, aquella que nos hermanó y resucitó en nosotros el verdadero interés nacional, nos permitió recuperar nuestra dignidad nacional ya venida a menos desde mucho atrás.
Volver a sentir las mismas experiencias después de más de treinta años es como volver a conocer por primera vez, cuatro décadas más adelante, a alguien a quien querrás para siempre, las ganas con que se esperan este acontecimiento le ponen un nuevo sabor a tu vida, sobre todo cuando sientes que ya empezaste la rutina de tu último tramo de vida, cuando tu línea de expectativas es eso, una línea recta, sin siquiera un pico de esperanza que te regale buenos momentos y nuevas experiencias, retos y logros.
Había que prepararse para este magnífico evento. Todos lo hacían, la televisión nos martillaba a cada minuto, los diarios, las radios, los paneles publicitarios, las conversaciones en las combis, en los paraderos, en las esquinas, en las colas de las tiendas y hasta en los colegios y universidades se hablaba hasta no más de la participación de la selección en el mundial. A veces uno se siente agobiado de tanto fútbol, se hacen reportajes especiales sobre cada uno de los futbolistas, su vida familiar, sus mamás son el ejemplo para todas las mujeres del Perú, no interesa que otra cosa sepan hacer, además de ser las mamás de.
Y en mi caso, mejor dicho en mi casa, también fue así. Mis hijos, dos hombres y dos mujeres preguntaban a cada rato sobre hechos futbolísticos, sobre el fútbol del Perú, no conocen más allá de los nombres de los actuales seleccionados, así que cada cosa nueva que escuchan soy su inmediato intérprete, historiador, notario; eso me obliga a estar a cada rato googleando para poder absolver todas sus consultas, es claro que algunas de ellas no las se o no las recuerdo.
En algún momento me di cuenta que ellos tenían más interés que yo, posiblemente porque no sienten mayor atracción por ningún otro deporte que no sea algún juego digital. Puedo ver tenis, fórmula 1, básquet, béisbol y en general cualquier deporte que me permita pasarme unas horas frente a la televisión.
Televisión!!!. Con la mamá a la cabeza, mis cuatro hijos comenzaron a presionarme para cambiar de aparato, querían uno de 65 pulgadas y de buena marca para poder apreciar todas las jugadas de la selección. Comencé a sospechar que en realidad mis hijas querían ver más de cerca a sus ídolos, lo digo porque de pronto comenzaron a interesarse por Cristiano Ronaldo, Allison Becker, Andrés Silva, Paulo Dybala, Toni Kroos y otros, que resultaron ser los jugadores más guapos de este mundial. Mi hijo también me presionaba, comentaba que en casa de sus amigos solo veían fútbol en televisores que se activaban con señales o con la voz. Y de eso se aprovechó mi señora para darme la estocada final.
Como antaño, cuando los trabajadores presentaban su pliego de reclamos ante los patronos sin derecho a dar marcha atrás, una noche me presentaron el presupuesto para la compra del nuevo tv y los muebles necesarios para su correcta instalación. Estaba comiendo, cosa rara en mi porque hacía mucho tiempo que no cenaba, cuando recibí el presupuesto, me atraganté de tal manera que comenzó a silbarme la garganta, los pulmones y no se qué más. Fue necesario que me tomara un par de antihistamínicos para poder recuperar la calma.
El presupuesto había sido redondeado en trece mil soles, en realidad un poco menos pero que importan unos soles más si redondeando las cifras se hace más fácil llegar a un consenso, sobre todo para ellos (hablo del recientemente formado frente familiar integrado por mi esposa y mis hijos, eso me convierte en el patrono).
Como siempre, porque creo que es una buena costumbre no ceder fácilmente, después de mucho regañar y darle mil vueltas innecesarias al asunto, cedí por hacer entrega de los trece mil soles, haciéndoles saber que a partir de entonces la economía familiar entraba en crisis. Siempre lo hago y cada vez les importa menos.
En realidad me sentía satisfecho, también me alegraba la idea de ver los partidos de mi selección en un televisor más grande y de mejor calidad, así que esperé a que el bendito aparato llegara para su instalación.
Y no tardó en llegar. Y con el una nueva negociación presupuestal. El bendito aparatito había costado casi tres mil dólares y el presupuesto había resultado insuficiente.
Otra cólera, otra discusión, nuevas amenazas de la bancarrota familiar, pero sabía que era inexorable ceder. Y así fue. El costo, casi cinco mil soles más para satisfacer la demanda del frente familiar.
La ilusión de ver la inauguración del mundial compartiendo los momentos con mis hijos y acompañado de un buen chilcano de pisco le daba un sabor especial a estos días previos al mundial.
Pero como dicen, uno propone pero Dios dispone.
Se contrató y se pagó por adelantado a los que deberían instalar el televisor, era necesario que se construyera el mueble a la medida primero y sobre el luego iría el televisor.
Lamentablemente no llegaron a tiempo, la inauguración la vi en el mismo televisor de siempre y sólo. Mis hijos mayores en clases universitarias y los dos menores viendo otros programas en otros televisores de casa. Ah, tampoco hubo pisco, ni puro ni en ninguna de sus formas, la discusión previa con la jefa del sindicato por la frustrada instalación de la nueva caja boba fue lo suficientemente agria como para que el patrono fuera confinado a la soledad.
No importa, siempre he sido un optimista a rabiar, me dije si no es en la inauguración será para los partidos de mi selección y para la final.
Ja, ilusiones. La instalación se comenzó el 7 de julio a las nueve de la mañana y se terminó a las ocho de la noche, el día en que se jugaron los últimos dos partidos de cuartos del final. Los cuales tampoco pude verlos en 65 pulgadas. Lo peor fue que luego vinieron dos días sin fútbol. Para demostrar mi descontento les dije que vería los partidos en el modesto televisor de mi dormitorio. Lo cierto es que en forma milagrosa ese fin de semana me quedé solo en casa por muchas horas y aproveché para ponerme al día viendo hasta el capítulo que habían dado la semana anterior de la serie de Luis Miguel.
Mi primer partido en 65 pulgadas oficial fue el Francia-Bélgica de la semifinal, también vi la otra semifinal y el partido por el tercer puesto.
Y otra vez la mano de Dios, no la del Diego por supuesto, nos invitaron a la inauguración del campeonato oficial del club al que pertenecemos, que se realiza cada año, justo el mismo día de la final, el 15 de julio en Ñaña, una localidad con buen clima a una hora de Lima. Puta madre qué cólera. Tuvimos que alquilar una cabaña para pasar el fin de semana en el club, porque con la inauguración se realiza una fiesta que por lo general comienza después del desayuno y se prolonga hasta las primeras horas de la noche. Y allí estuvimos. Los amigos que encontramos en la fiesta nos obligaron a olvidarnos del fútbol, tomamos, comimos y bailamos al extremo que no recuerdo a qué hora y en qué condiciones me retiré a dormir.
A las seis de la mañana del día lunes, cuando dormía plácidamente pues era usual dormir hasta las nueve por lo menos en estas circunstancias, me despertó mi hijo mayor.
-       Papá, – me dijo – hoy tengo examen a las diez y media, lo había olvidado.
¿Qué he hecho para que me pasen estas cosas? Le metí una puteada como lo hago cada vez que me hace encolerizar y me miró como siempre, haciéndome sentir que le hablaba a la pared. Respiré profundamente, señal inequívoca de que me había resignado y me levanté, sin lavarme siquiera los dientes lo llevé en el auto hasta la carretera central para que pudiera tomar una combi. Me estacioné al lado de un paradero, mi hijo abrió la puerta para bajarse y como quien no quiere me preguntó:
-       ¿La puerta de la cocina está sin llave?
Nuestra casa tiene dos puertas que dan a la calle, la principal y la cochera, de la principal mis hijos mayores, mi esposa y yo tenemos llave. Luego vienen otras tres, una que da a la cocina, que se usa de diario y de allí se comunica con toda la casa, otra que da a la sala y se abre para las visitas y una mampara grande que se abre muy ocasionalmente cuando hacemos reuniones. Al Salir de casa estas tres quedan con llave y solo yo tengo la llave de la puerta de la cocina pues las otras no las suelo llevar conmigo. Y si mi vástago no abre una de estas puertas no podrá entrar a la casa por sus cosas para ir luego a la universidad.
De golpe sentí que mi hígado copaba toda mi cavidad abdominal, mi salivación seguro que era de la un perro con rabia, comencé a gritar, a llamarle la atención en voz alta aprovechando que no había gente cerca, mi presión se elevó de súbito y los pelos de la nuca se me erizaron como los de una rata antes del combate. Pero el con la cara de siempre, si bien no había una pared cerca a la que le pudiera hablar pero seguro que las lunas del carro las reemplazaban adecuadamente. Como siempre también terminé resignándome y regresamos por la llave mientras intentaba recordar dónde la había guardado.
Después de entregarle la bendita llave y mientras regresábamos al paradero de la carretera central le iba dando las recomendaciones de cómo debía realizar el viaje, pues me di cuenta que pese a su edad nunca había hecho un viaje tan lejos de casa solo. Le pedí que memorizara cada dato que le daba, le dije que tomara una combi hasta la estación del tren eléctrico en la Avenida Grau, allí se podría embarcar en el tren con dirección a Surco y calculamos que todo el viaje lo haría en alrededor de hora y media.
Regresé con la intención de volver a la cama y pescar sueño aunque sea por una hora más. El frío invitaba a arroparse y a buscar el calor de mi esposa, pensé en ponerme en “cucharita” pero tenía un dolor en la columna de unas semanas atrás que me obligaba a dormir en posición fetal justo hacia el otro lado de la cucharita. El sueño comenzó a invadirme y mis músculos se iban relajando; pero de pronto sonó el celular, ¿porqué Dios mío? Miré de quien era la llamada, era de mi hijo.
-      Papá, -escuché su voz un poco angustiada y me preocupé, miré mi reloj y no había pasado media hora desde que lo dejé- estoy en la estación del tren y me parece que no es la avenida Grau.
-      Puta madre huevón, te has bajado en la estación del ferrocarril central.
Para entonces mi esposa también se había levantado y asustada preguntaba qué había pasado, al borde del colapso originado por la cólera irracional comencé a darle nuevas indicaciones para volverse a embarcar y le corté la llamada molesto. Su mamá se las agarró conmigo. Yo era el culpable por no haber sabido explicarle a su hijito la forma correcta para el viaje. Opté por levantarme y a la ducha.
Parece que no sería un buen día, no había agua caliente y salí morado del baño. Y como seguramente lo saben, el agua fría calma los nervios. Me tranquilicé y volví a llamar a mi hijo, ya se había embarcado correctamente y dentro del tiempo necesario llegó a su destino.
Esa noche en casa, sentado frente a la televisión, esperando que terminara el noticiero para conectarme con el nuevo capítulo de la serie de Luis Miguel, pasaron el resumen de las noticias del mundial, no sentí ninguna emoción, lo juro. No me explico que pasó, estaba frente al televisor indicado, veía a los dos mejores equipos del mundo jugar una de las finales más emocionantes de los últimos años pero no sentía nada más allá que el frío del crudo invierno limeño. Hice lo primero que se me ocurrió, sonreir levemente para recuperar el optimismo que podría haber perdido este fin de semana.
Cerré los ojos y me dije “Será para el próximo mundial, ojalá que el Perú clasifique”.

sábado, 31 de marzo de 2018

2 MICRO CUENTOS


1

Pasó todas sus noches de insomnio rezando y finalmente se dio cuenta que nunca podría olvidarla.



2

Y despertó este nuevo día para seguir esperando. Esperó, esperó y esperó, pero ella nunca llegaba. Se preguntó ¿Llegará algún día?



martes, 19 de diciembre de 2017

¿NAVIDAD?



¡… Diciembre, mes de Navidad!
Mes de los niños, de regalos, de dulces-
Mes de melancolía, para algunos.
Mes de incendios.
Mes de Suicidios.
Mes de robos.
Mes de homicidios.

…Pero es navidad, las luces de la Navidad
Nos hacen olvidar todo.
Las risas de los niños, de nuestros hijos,
Sus sonrisas, su alegría nos contagian
Nos trasladan hacia tierras felices.
Sin sufrimiento, sin frío.

¿Y qué hay de aquellos que en verdad si sufren?
Los desahuciados, los olvidados.
Los que decidieron dejar este mundo por propia mano
Los cobardes ¿O valientes?
Los olvidados, los que no reciben ni un abrazo
Los desterrados por propia voluntad
En busca de mejora.
Los sentenciados sin prueba suficiente
Los deudos de los que partieron por voluntad ajena
Los hijos de los que murieron defendiendo a otros
Los sufridos que nunca se quejan
Porque se les acalló a tiempo.
Los miserables cuyo techo y abrigo es la noche.

¿Para ellos también es Navidad?
Si, porque la Navidad además de alegría es dolor.
Dolor como ninguno, el de la madre que sabe
Que quien nació debe acabar en una cruz.
Si, la Navidad también es dolor…


                                   Jean Baptiste Grenouille


Encontré esto entre mis cosas, evidentemente no es de quien dice ser.

lunes, 6 de noviembre de 2017

LUEGO TE CUENTO

EL.- Desde pequeño de dedicó al deporte porque sabía que era la mejor forma de sacar a su familia de la pobreza. Las recomendaciones de sus padres las siguió al pie de la letra y hoy podía ver los resultados. Siempre le habían dicho que si haces caso a tus padres todo te debe salir bien. Y a el las cosas le estaban yendo magníficamente. Había sido contratado por un club extranjero y era considerado el deportista mejor pagado del país. El camino no había sido para nada fácil. La vida de un deportista de alto rendimiento es sacrificada y de renuncias permanentes. El sabía que el sacrificio de ahora sería el disfrute de su adultez y la felicidad y confort de su familia. Aunque siempre se preocupó por mejorar como medio para poder aumentar sus ingresos ahora se encontraba en un momento en que el aspecto económico tenía que ser postergado por la necesidad del país de conseguir triunfos deportivos internacionales y de prestigio, que devolvieran la confianza a los jóvenes, a los ciudadanos comunes y a todos los peruanos que estamos pasando por una etapa de pérdida de identidad y de credibilidad entre nosotros mismos. Es claro que aquello que se haga con pasión y con verdadera intención patriótica acrecentará ese genuino nacionalismo que llevamos muy dentro de nuestros corazones. La prueba la tenemos en el impulso gastronómico que nos ha llevado a colocarnos en el primer lugar de la cocina internacional, la reciente necesidad de la juventud por leer tras la aparición de grandes escritores después de que un peruano consiguiera un Premio Nóbel. Las cosas son así en el Perú. Algo se pone de moda y se convierte en el inmediato motivo de identidad nacional. Y sabía cómo el país había depositado sus esperanzas en un grupo de nuevos deportistas y en especial en él. Había notado que los ojos de todos los jóvenes del país lo miraban tratando de captar detalles que poder imitar. Era un ídolo. Se lo merecía.
Trataba de no pensar en todo lo que había hecho hasta aquí porque sabía que todavía tenía mucho esfuerzo que dar y había un trecho importante por caminar. No podía desistir de ninguno de sus sueños ahora, sino el esfuerzo habría sido en vano.
Siempre se había empeñado en ser un buen hijo, un buen padre, una buena persona en general. Había cumplido con sus padres, sus hermanos y sus familiares más cercanos. Todos ellos habían salido de la pobreza gracias a su carrera deportiva.
Tenía tres hijos pero no era casado, era un padre soltero, y se le consideraba un buen padre pero pocos sabía las cosas que venía haciendo para darles una vida digna a sus pequeños. Había conseguido acuerdos con las madres de sus niños, eran dos, para poder mantener un ambiente cordial de crianza y poder darles una educación de calidad cosa que el no había tenido, conocía el sufrimiento por eso no quería que los suyos pasaran por situaciones por las que había tenido que pasar.
Había renunciado a tener relaciones amorosas con muchas mujeres hermosas para poder alcanzar el equilibrio familiar y emocional que requería su carrera. Trataba de evitar la exposición a la prensa de su vida privada pues lo tenía claro que no contribuía en nada a su tranquilidad.
Pero hace poco menos de un año ha comenzado a salir con una muchacha con la que quisiera pasar el resto de su vida. No solo tiene el perfil para ser la esposa ideal, es profesional, preparada, de buena familia aunque no muy acomodada, no le conoce malos antecedentes, también se ha esforzado por conseguir las cosas que tiene en la vida. Es una mujer decidida y buena compañera.
Cada vez que tiene que alejarse por motivos de la práctica deportiva trata de llevarla con él. No resiste extrañarla mucho. Cada noche que pasa con ella es un pedazo de gloria, es la mujer que siempre ha deseado, muy sencilla, culta y sosegada cuando están frente a otros, pero cuando están solos y se entregan a las caricias del amor se convierte en una mujer felina, de sangre hirviente, de piel suave y delicada que transpira deseo por cada uno de sus poros. Y conoce todos los caminos para llenarlo de placer. Será por eso que la necesita tanto. Aunque no le gusta que todavía tenga que asistir a clases y eventos relacionadas con su profesión algunas tardes enteras sabe que no se lo puede impedir por ser una mujer de mucha independencia.
En esta última aventura deportiva por conseguir un premio importante por su país está involucrado con todo un equipo, pero sabe que es la estrella. Como tal lo tratan los dirigentes y el pueblo, por eso que el aprovecha y aunque está prohibido hasta la prensa amarilla cierra los ojos para no ver que ella la visita durante las concentraciones. Concesiones que se le da a los verdaderos ídolos.
Ya cenó y tiene autorización para acostarse temprano. Mañana tiene una competencia importante, sabe que hay mucho esfuerzo y estrés por venir. Presiones de la prensa, dirigentes, auspiciadores, sesiones de fotos, de charlas, pruebas y exámenes que van desde el chequeo del peso hasta la muestra para el test de anti doping, pero para nada ella forma parte de ese desbarajuste previo a la competencia. Por eso la extraña. Por eso la desea. Por eso la espera.


ELLA.- Siempre que lo dejaba partir a la competencia, antes de ir a verlo desde un palco preferencial, tenía unas horas de soledad en un cuarto de hotel de cinco estrellas en algún lugar del mundo donde el solía viajar con su equipo, para ponerse a pensar en el camino que había transitado para llegar hasta aquí. Qué poco tiempo había pasado desde que lo conoció. Nunca había pensado en que terminarían siendo pareja. Y cada vez que practicaba este ejercicio mental terminaba sintiendo un remordimiento, como cuando ocultas algún pequeño detalle para que una relación funcione.
Se conocieron hace poco más de dos años. Había conseguido trabajo como practicante en el mismo club y eso le había dado la oportunidad de conocerlo. Recuerda aquellos días en que lo miraba de reojo y a lo lejos mientras su corazón se llenaba de admiración.
Un día se le acercó ingenuamente y le preguntó su nombre, quedó impresionada por su sencillez, casi timidez, desde entonces las cosas se habían dado muy rápido. Ahora era la novia oficial y el club la trataba como tal. Era la novia de la estrella y lo primero que consiguió fue que le aumentaran el sueldo, luego el reconocimiento para su familia y la atención permanente de la prensa deportiva, de espectáculos y del corazón.
Parecía que se conocían de hace mucho, a el se le notaba enamorado y sentía que le había abierto su corazón y sus más recónditos secretos. Le había hecho conocer la intención de sentar cabeza con ella, teniendo en cuenta que no esperaba que su carrera se prolongara más de cinco años.
Claro que ella se había esforzado por hacerse querer, se había mostrado dócil, le había colmado de atenciones y dejado conducir por los caminos más hermosos del amor compartido entre sábanas, habían explorado los placeres más profundos por los pasajes que un verdadero amor te pudiera conducir. Se había generado en el, la necesidad de regresar pronto a estar con ella y cuando fuera posible llevarla a los lugares donde debía competir. Las veces que hacían el amor previos a algún evento eran más dulces, más fogosos, dejaban huella, el hecho de ser casi clandestinos le daban ese condimento para volverlos momentos inolvidables.
Últimamente había estado pensando la forma y el momento de contarle ese secreto que guarda para ella, sabe que para que la relación sea duradera tiene que terminar con este tapado. Su conclusión era contarlo después de haber hecho el amor, durante esos minutos que el la toma entre sus brazos y la obliga a estar en cucharita bajo las sabanas por unos minutos, respirando el mismo aire, transpirando el mismo sudor, mezclando sus sentimientos en uno solo, instantes mágicos de suspiros y callados gemidos que algunos poetas han identificado como el momento del verdadero amor. Y hoy lo hicieron como pocas veces.
Ayer había pasado mucho tiempo pensando que hoy tendría que decirle todo de la manera más sencilla y clara, con la voz más dulce, que no solo lo convenciera sino que fuera el reflejo del verdadero amor que sentía por el, que con seguridad era correspondido. Lo había llegado a conocer tanto que seguro todo esto sólo serviría para reforzar este cariño.
Ayer tenía las palabras exactas para contarle cómo había tenido una pequeña etapa de su vida en la que por una decepción amorosa se había refugiado en los brazos de esa maldita sustancia llamada cocaína, esa que tu país tiene la fama de hacer la mejor, le iba a decir; pero que ya había pasado un proceso de desintoxicación que estaba llegando a su fin y que no había sido necesario, pues lo suyo no era grave. Por eso tenía que tomarse algunas tardes.
Si, todo eso había preparado para decirle, pero ahora no tenía nada, se sentía vacía. Todo lo ensayado ya no era oportuno. No tenía pensado como decirle que durante la noche la soledad la convenció, que al ver el enorme éxito que vendría pronto se asustó y sus inseguridades la atacaron, el temor de que con los triunfos el iría por otra mujer de más talla fue el impulso, la causa de la ceguera que le nubló la visión, la mente y las ilusiones que guardaba y que la llevó a repetir una dosis, una pequeñísima dosis, la del estribo.
El momento del amor pasó y ella guardó silencio.
Cuando lo vio  optimista antes de partir, se convenció que no era tiempo para decirle nada. El le dio un último beso e intercambiaron mordidas como iniciando un nuevo encuentro y le beso la frente como un acuerdo tácito de terminar lo empezado tras el retorno exitoso para hacerlo inolvidable.
Lo observó tomar algunas prendas que las puso en uno de sus hombros, ajustarse los audífonos como otras veces y después de guiñar un ojo y soplar un beso alegórico de la palma de su mano para ella le dio la espalda y abrió la puerta.
Antes de que la cerrara ella sintió un viento frío en toda su desnudez, un viento que a su alma le pareció el presagio de una desgracia.


jueves, 16 de febrero de 2017

TE ODIO

Si.
Del amor al odio solo hay un paso.
Dicen que solo una débil línea los separa y que de amor no se muere, pero de odio tal vez.
Y es cierto que nadie conoce la distancia exacta, solo sabemos que es tan pequeña que se pasa al otro lado y se vuelve casi sin que lo percibas.
Por eso cuando te odio también te amo.
Y cuando te amo invariablemente lo hago con el amor más intenso, por eso es que se que siempre anduve por la frontera amor-odio.
A la sazón son más los que deciden odiar después de darse cuenta que olvidar es difícil.
Y entiendo que odie lo que amo y que ame lo que odio.
Como odio el día que te conocí. Momento que la vida me dio para amarte como a nadie.
Te odio como odia el ajusticiado a su verdugo. Porque después de ejecutada mi condena transité del paraíso de tus brazos al infierno de tu olvido. O del infierno de tus brazos al paraíso de tu olvido.
Te odio porque al acostarme eres el último pensamiento y al levantarme el primero.
Odio las noches de insomnio porque me dan la felicidad de revivir cada uno de mis recuerdos contigo.
Como odio las fotos que me dejaste, porque me hacen perder la noción del tiempo y me llenan de los recuerdos más tiernos.
Te odio, como odio a Marta Rivera Garrido, que sin conocerte te describió tal cual y por escribir una prosa que jamás podré igualar.
Te odio porque de ti sí se regresa pero ya no se vive.
Te odio porque quise hacer de ti una Lady pero ya eras mucho más que eso y tuve que cambiarme en un caballero para estar a tu altura.
Te odio, por haberme dado cuatro hermosos tesoros que me acompañarán hasta la muerte, y que me llenan de orgullo. O porque no fueron más.

Y en verdad te odio tanto que si no lo hago me muero de amor.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

EL AMBIENTE LOS HECHOS Y EL DETALLE.

El Ambiente.
La unidad de emergencias de este hospital es como casi todas, llenas de movimiento, gritos de dolor, palabras de aliento, olor a muerte también. Y como casi todas, con rostros de sufrimiento, de esperanzas, de resignación y de amor también. Y como en todas, se respira un aire de preocupación, de desesperación, de alivio, de cansancio. Y de traición, como en ninguna.
Esta unidad de emergencia está dirigida desde hace mucho por un médico intensivista, uno de los primeros en obtener esta especialidad en el país. Su trabajo, tanto administrativo como en los quirófanos siempre es resaltable. Se trata de un caballero serio, a la antigua y casi taciturno, de figura aún atlética y rostro amable que representa algunos años menos de los cincuenta que había cumplido hace poco. Todo el día se le nota transitando siempre apurado por los pasillos de la unidad; a su paso, los internos, residentes, enfermeros y familiares se le acercan por una opinión o para agradecerle los esfuerzos que continuamente hace para aliviar los males de sus pacientes. Y para todos tiene siempre palabras sabias. Por la forma de tratar a unos y otros y por las maneras de tocar diversos temas por los que se le pregunta demuestra ser una persona sumamente culta, interesado en su trabajo y con una calidez que inspira confianza de inmediato. Es cariñoso con su personal y a pesar de tener las cejas casi siempre fruncidas, como si estuviera preocupado o molesto siempre se encuentra tarareando una canción y termina cualquier tema con una broma inteligente, es sumamente amigable, tanto que prefiere tutearse con todos. A pesar de que su responsabilidad es solo sobre la unidad de emergencias muchos pacientes llegan al hospital a buscarlo, pues traen la referencia que la solución a sus problemas de salud empieza con el doctor Luciano Renato.
Conforman esta unidad, además del personal encargado de la salud, algunos técnicos en enfermería que hacen las labores administrativas y que, a diferencia del resto del personal, llevan puestos mandiles amarillos. La mayoría son mujeres y trabajan en horarios de oficina, pero por lo general comienzan un poco antes de las siete de la mañana y terminan después de las cinco de la tarde.
Hace casi un año se incorporaron médicos, enfermeros y personal administrativo en esta unidad, por gestión de Luciano Renato, quien esperaba darle un ambiente más joven a esta unidad que se estaba llenando de personal muy antiguo.
Con este personal de reciente contratación llegó una muchacha muy hermosa. Es la más bonita y delicada mujer que ha llegado a trabajar desde la fundación del servicio de emergencias. La joven, no ha cumplido aún los veintidós pero se comporta como una mujer mayor. Tiene una personalidad que resalta de las demás, demuestra conocimiento de lo que hace, es responsable, puntual y se convierte en un verdadero apoyo para el médico que la necesite. Además, tiene un rostro exótico, una figura insinuante y una forma de caminar tan femenina que siempre que lo hace da la impresión que estuviera desfilando en una pasarela, inmediatamente atrae la mirada de hombres, y mujeres también. Se nota que es de procedencia humilde pero su espíritu de superación es envidiable, lo que la hace más encantadora. Tiene una voz calmada que en situaciones especiales le suena como una femme fatale de las películas de gangsters de inicios del siglo pasado. Todos los varones parecen enamorados de ella, por lo menos impresionados, a excepción de Luciano  Renato.
En este grupo de contratados también llegó el médico cirujano Melchor Cabanillas, un pujante cirujano egresado de la universidad Cayetano Heredia, heredero de una tradición familiar de profesionales médicos exitosos, que también demuestra, pese a sus veintiocho años una preparación y una cultura superior al promedio etario.
Tiene una buena presencia, le gusta tomar la palabra en todos los asuntos de su competencia, en los que no lo son también. Es el médico que más mandiles y zapatos ha cambiado en el año, todos de reconocidas marcas.
Tiene un ego también superior al promedio y le gusta demostrarlo, se pasea por todos los ambientes con el estetoscopio sobre los hombros porque sabe que esto atrae a las mujeres; y, en este último año, se puso como meta mostrar sus dotes amatorias con cuanta mujer le saliera al frente. Sentía que lo había logrado, pero le faltaba la bella muchacha administrativa, aquella del hermoso caminar.
El cirujano Cabanillas de lejos impresionaba a cualquiera pero después de conocerlo muchos se desencantaban pues se mostraba como un hombre preocupado solo de el, ansioso por el éxito a toda costa y siempre en cualquier decisión primaban sus intereses. Tanto por esta característica como por que era muy selectivo y hasta intolerante sus amigos eran pocos.

Los Hechos.
No cabía en el intelecto de Melchor Cabanillas porqué una muchacha sencilla no había caído subyugada por su presencia, como lo habían hecho casi todas las mujeres en edad reproductiva del servicio de emergencia y de casi todo el hospital. Se sabía conquistador, lo había demostrado toda la vida, tenía aprendidas las recomendaciones para ser un buen dandi y un buen casanovas.
La invitó de muchas formas a salir. A almorzar, a ir al cine, a conciertos, le ofreció llevarla a su casa, pero nunca obtuvo un sí.
Ya estaba por cambiar de actitud con la joven, solía hacerlo así cuando una mujer se escapaba de sus redes, lo que seguía era despotricar de ellas, crearles malos antecedentes a través de chismes muy bien urdidos y para lo que demostraba una gran habilidad.
Se dijo es la última oportunidad que le doy y la invitó a almorzar. Como si hubiera estado enterada, la muchacha le aceptó esa invitación pero le pidió que fuera unos días después porque tenía que realizar algunas tareas particulares.
Fue una magnífica ocasión para el. Preparó el terreno, escogió un buen restaurante de comida fusión, para tener de que hablar e impresionarla con sus conocimientos, revisó la carta un día antes con el mismo fin con que los depredadores toman las mayores precauciones antes de saltar sobre sus presas. Cuando llegó el día la esperó con media hora de anticipación en la puerta del hospital, donde habían acordado encontrarse, de deshizo en atenciones con ella, le abrió la puerta del auto, le retiró la silla en el restaurante para que se sentara, y le dio explicaciones de cada uno de los platos recomendándole el más caro sólo para impresionarla.
Fue en esta ocasión como, por boca de ella, se enteró que a la chica le gustaban los hombres altos, cultos, caballeros, muy sensibles, alegres, optimistas, que sabían lo que querían y hacia donde se dirigían, con ganas de siempre ser mejores y sobre todo que no mientan, pero que además le importaba mucho que fueran detallistas, y puso mucho énfasis en esto último.
Son todas las condiciones que tengo pensó aquella vez, mientras se relamía por la victoria que ya creía alcanzada, incluso se fijó un plazo para que la bella muchacha cayera en sus redes. Ese día se excedió en muestras de atención y caballerosidad y además se dio la maña para halagarla por su belleza, por su inteligencia, por su figura de chica moderna y otros aspectos que creía la iban a impactar, esperando que cuando la llevara a su casa ella ya se podía encontrar lista para caer bajo su encanto. Pero no pasó nada, al llegar a su casa ella solo lo premió con un beso en la mejilla y un nos vemos intrascendente.
Después de este encuentro no pasó nada. Corrieron los días y no hubo mayor progreso respecto a sus pretendidas relaciones con la muchacha. No le volvió a aceptar otra invitación, siempre tenía una excusa para no acceder a ninguna de sus propuestas. A veces parecía que se escondía de el, pero se encontraba desconcertado porque ella nunca le negaba una sonrisa, siempre que conversaban lo hacían en buenos términos pero finalmente no conseguía nada, la excusa de la muchacha en todos los casos resultaba justificable.
La esperó muchas veces a la salida del trabajo para llevarla en su automóvil pero ella nunca accedió. Solo se consolaba con la esperanza de una próxima oportunidad y con el deseo que le renovaba las ganas cuando la veía caminar con una gracia que le aceleraba los sentidos y los latidos también.
Comenzó a hacer cosas que nunca había hecho. Le mandaba mensajes por diversos medios, la seguía en las redes sociales y todo lo que hacía tenía la oculta intención de encontrarse con ella.
Se le ocurrió esperarla por las noches en la puerta de su casa y alcanzar alguna oportunidad que seguramente se le presentaría.
La primera vez que la esperó ella llegó cerca de la media noche, no alcanzó a ver los detalles del moderno vehículo del que bajó pero supuso que era un taxi de los que ahora abundan por la ciudad.
La segunda vez si que se sorprendió, cerca de las diez de la noche se hizo presente el mismo vehículo y ella subió al asiento delantero, llevaba puesto un mini vestido que agigantaban su sensual caminar y su espectacular figura. Solo se le ocurrió seguir al vehículo para ver a dónde se dirigían.
El automóvil se detuvo en el estacionamiento del hotel Hillton y mientras el conductor entregaba las llaves al valet se pudo dar cuenta que era Luciano Renato quien acompañaba a la muchacha. La impresión le cortó la respiración por un momento prolongado. Los siguió mientras se dirigieron al restaurante y los vio servirse la cena conversando como si se trataran de algo más que amigos.
No pudo aguantar esta amargura que comenzó a quemarle todo su ser e inteligentemente prefirió retirarse para no saber lo que podía suceder después. Esto le permitiría por lo menos mantener intactas sus esperanzas.
Durante los días siguientes le hizo muchas invitaciones a la muchacha pero siempre con el mismo resultado, le insinuó de su juventud frente a la edad del director de la unidad y de su capacidad que pronto le permitiría ocupar ese puesto, pues se había enterado que Luciano Renato ya tenía unos meses más sobre la edad límite para el puesto, y tenía que irse.
Le habló de su futuro como médico, le contó de sus formas corteses para tratar a las mujeres, se describió como un eximio caballero y hasta le aseguró que la mujer que viviera con el tendría el futuro asegurado, pretendiendo que ella accedería a una de sus invitaciones, pero todo fue en vano.
La muchacha se había metido en su cabeza. Todo el día pensaba en ella. Se dio cuenta que estaba desesperado.

El Detalle.

Era una especie de locura que nunca había experimentado, Melchor Cabanillas nunca había pasado por una situación así, estaba permanentemente malhumorado y encontraba formas descabelladas para intentar conquistar a la mujer que ahora era su obsesión. Quizás lo que más le causaba daño era la diferencia de edades con Luciano Renato. No entendía como un hombre de esa edad podía haber encandilado a una mujer tan joven. No cabía en su razón sentirse desplazado por otro hombre el cual, según su idea, no le llegaba ni a los talones.
Muchas veces se sorprendió tratando de diagnosticarse un proceso febril o una descompensación generalizada de su organismo cuya causa atribuyó a los celos que sentía. En las noches no soñaba nada pero al despertarse no podía dejar de sentir esta sensación de cólera, de vacío, de abandono que le corroía la razón, su obsesión por la muchacha aumentaba en la misma medida que su odio a Luciano Renato.
Esta mañana al despertar si recordó haber tenido sueños, recordó la imagen de Luciano Renato abrazando al motivo de su obsesión, ella lucía más bella que nunca y sobre todo contenta y radiante. No podía borrar esta escena en la que veía como la muchacha, con los ojos cerrados le ofrecía los labios a Luciano Renato, quien cogiéndola por la cintura la estrujaba contra su cuerpo.
Cada vez que le venía la imagen a la mente todo su cuerpo entraba en una extraña ebullición.
Tomó, como todos los días un café bien cargado antes de dirigirse al hospital. Se detuvo al salir de su casa, y regresó hacia el interior. Súbitamente había nacido una idea que su estado de desesperación la hacía genial. Regresó a su dormitorio y sacó del fondo de un ropero un revólver que había comprado un par de años atrás, más por presumir que por necesidad.
Condujo apresuradamente hacia el hospital pues debía llegar temprano para poder encontrarse en el estacionamiento con Luciano Renato. Lo que iba planeando era darle un susto con el arma pues pensaba que así lo convencería de dejar a la mujer que el tanto ansiaba. Tendría el control de la situación y se propuso por ningún motivo disparar el arma, ni como amenaza pues esto lo pondría en evidencia. Estaba seguro que el director del servicio de emergencia era un tipo cobarde y se convencería tan pronto viera el arma.
Esperó durante algunos minutos dentro del auto estacionado mientras llegaba Luciano Renato, tamborileando sobre el timón acompañando la música que sonaba en la radio, hasta que lo vio llegar. Lo dejó que estacionara y cuando el otro médico se había bajado del auto y recogía algunas cosas de su interior le enfrentó.
-              Buenos días Luciano – le dijo, en un tono desesperado y su interlocutor de inmediato se dio cuenta que algo se traía.
-              Qué pasa amigo Melchor Cabanillas, ¿Te puedo ayudar en algo? – e inmediatamente se dio cuenta del arma que traía en la mano y en vez de sentir miedo sintió curiosidad pues no suponía nada malo.
-              Quiero que sepas Luciano que te he venido siguiendo, ya sé que tienes una relación con la joven técnico – blandiendo el revolver por sobre la frente del amenazado – mejor la dejas a partir de ahora, pues se que eres casado.
Luciano Renato se sintió sorprendido pues no esperaba esta escena y atinó a decirle:
-              Mira hermano, ella es mayor de edad y yo también y lo que hagamos es cuestión nuestra, de nadie más, no seas loco.
-              Si, además ya estoy enterado que estás irregularmente ejerciendo como director pues ya te pasaste de la edad para el cargo, y si no quieres que te denuncie tienes que dejarla – llegando a sonarle la voz a rabia pura.
-              Bueno, eso ya lo saben en la dirección de salud y me han otorgado un año mientras convocan a un concurso, es legal, no hay problema.
Esto encolerizó a Cabanillas y golpeó con el cañón del revólver a Luciano, la sangre brotó de inmediato y el color púrpura del líquido tibio le ocasionó un extraño placer.
Se dio cuenta que se había quedado sin argumentos, no supo que decir, su desesperación iba aumentando, sólo se le ocurrió golpear otra vez a Luciano Renato, esta vez más fuerte y con la cacha del revólver. La sangre comenzó a caer y teñir la camisa del atacado. El rojo llenó toda su visión, de pronto los demás colores desaparecieron y todo lo veía en diferentes tonos de rojo.
Mas con la intención de terminar pronto con esta situación extraña que parecer irónico, Luciano Renato se acomodó y con seriedad le dijo:
-      Podrás lesionarme lo que quieras, pero hay un detalle, mientras tu estés pagando las consecuencias ella estará cuidando de mí y curándome las heridas.
Los tonos de rojo desaparecieron de la visión de Melchor Cabanillas y tuvo la misma vista de la muchacha sonriente acercando sus labios a Luciano Renato, se dejó dominar por un extraño temblor y sonó un disparo en el estacionamiento.

viernes, 2 de diciembre de 2016

ENTRE MAESTROS

Libertad. Siento que la estoy perdiendo en medio de este trabajo agitado, los estudios nocturnos y las responsabilidades con la lejana familia, mis espacios se han ido reduciendo y todo el tiempo que antes tenía para dedicarme a la libre lectura de mis autores favoritos pues ahora lo tengo que dedicar a la lectura especializada de una serie de autores que ni sabía que existían hasta antes de complicarme la vida con esta maestría.
Qué lejanos están aquellos días de la universidad, aquella etapa de mi vida a la que considero la mejor, no pensé que me resultaría tan fácil pasar por la universidad, menos en esta carrera, investigación operativa, fueron diez ciclos cursados sin mayores dificultades y con notas sobresalientes. Claro que la importante ayuda de mi novio fue muy significativa, él era un ingeniero industrial con muchos pergaminos, me llevaba doce años, pero su vitalidad y jovialidad reducían significativamente esta distancia. Lo tuve que cancelar porque sentía que esta relación era muy limitante para las aspiraciones de cada uno de nosotros.
Con veintitrés años de edad, la mujer más joven que ha pasado por esta maestría, me he convertido en el amuleto, la mascota de este grupo de personas adultas, entre 40 y 60 años que ahora son mis compañeros de aula.
Desde que salgo de casa llevo la preocupación de los estudios nocturnos, de seis a diez de la noche como cualquier maestría para gente que trabaja. El horario de la oficina termina a las cuatro, me deja dos horas para llegar a clases, pero éstas casi siempre empiezan cerca de las siete, entonces me tomo una hora completa, después de la oficina para terminar las tareas y revisar las clases de la maestría. Mi hora de meterme al sobre, era casi siempre a las once y media de la noche, con la maldita costumbre de leer antes de dormir. Ahora, no puedo acostarme antes de terminar o dejar a punto las tareas de la maestría, siempre conservando la costumbre de la lectura, nunca después de las dos y media, pues con tres horas tengo para mantenerme en vigilia todo el día.
Hoy es sábado y llegué a casa después de terminar un trabajo grupal con los compañeros de estudios, son cerca de las once, solo pienso en sacarme la ropa que a esta hora pesa, sobre todo el bra push up y darle plena libertad a mis pechos, hasta terminar en trusa. Después de acomodar la ropa sucia y planear lo que usaré al día siguiente recién me pongo un camisón de algodón que me sirve de pijamas. Me preparo algo de comer.
Llevo unos días releyendo “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder, es que tengo un curso de deontología y creí oportuno refrescar algunos conceptos filosóficos, después que en el primer control todos salimos desaprobados pues el profesor nos preguntó sobre historia de la filosofía. No creo que exista una mejor manera de hacerlo.
Así que cogí el libro y a darle hasta que el sueño lo permita.
“Sofía se sentía aturdida. ¿Cómo podía ese hombre misterioso estar, de repente, en la Atenas de hace 2,400 años? ¿Cómo era posible ver una grabación en video de otra época? Naturalmente Sofía sabía que no había video en la antigüedad. ¿Podría estar viendo un largometraje? Pero todos los edificios de mármol parecían auténticos… Tener que reconstruir toda la antigua plaza de Atenas y toda la Acrópolis sólo para una película resultaría carísimo. Y sería un precio demasiado alto sólo para que Sofía aprendiera algo sobre Atenas”.
Lo primero que me llamó la atención al despertar era el brillo del sol entrar por la ventana, era un sol diferente. Vamos, la ventana, las paredes, el piso, todo era diferente. La ventana era una abertura trapezoidal sobre la litera de piedra en la cual dormí, el salón era amplio, escasos muebles, se reducían a sillones con coderas, otros solo banquillos, todos de piedra. Un pedestal sobre el que se ubicaba un gran cuenco tallado en piedra con agua. La impresión de despertarme en un lugar tan diferente al que me acosté me llenaba de curiosidad más que miedo. Me levanté despacio y caminé hacia la puerta como hipnotizada.
Ahora si mi curiosidad se convirtió en algo de temor. ¿Cómo no temer si había reconocido frente a mi el templo de Atenea?
Quede sobrecogida pues no encontraba explicación a este fenómeno.
Me revisé y todavía tenía el gran camisón que me puse al acostarme color rosado sin ningún estampado y que me llegaba hasta las rodillas.
Respiré profundo, la brisa marina que venía de una playa que no lograba divisar era tan fresco y con un aroma muy agradable pero desconocido para mi.
Extendí mi mirada y quedé sorprendida, estaba el Partenón tal cual lo había imaginado alguna vez, tenía una majestuosidad y belleza que era difícil quitarle la mirada. Definitivamente estaba en Atenas.
Comencé a bordear el edificio donde había despertado y me di cuenta que era la Acrópolis. En mi recorrido reconocí el anfiteatro, en cuya tribuna unos adolescentes con el torso desnudo parecían recitar poemas.
Era increíble lo que me estaba pasando.
Al completar la vuelta y reingresar por la puerta que había salido me di cuenta que estaba atravesando los propileos, la mayor puerta de este edificio.
Volví a entrar y entonces recién advertí que había cuatro varones vestidos con túnicas blancas que se diferenciaban por los ribetes que llevaban. Me acerqué a ellos y solo el más joven me prestó atención, los otros, mayores siguieron conversando como si no existiera.
Puse atención sobre lo que discutían y me di cuenta que estaba en una conversación filosófica, reconocí a Platón y Sócrates, pues así los llamó el más adulto de todos, que luego supe que era Critón y por fin alguien llamó por su nombre al cuarto y resultó ser Euclides.
Me dediqué a escuchar atentamente la discusión.
Estaban buscando la mejor forma de graficar en un dibujo la vida y cada uno tenía una posición que defendía y justificaba con argumentos que me parecieron sólidos.
En el medio de la conversación, el más joven, Platón, me miró y me peguntó cómo me llamaba y que hacía allí. Le dije llamarme Alessia y que estaba de paso.
-         Qué extraña tu ropa – alcanzó a decirme antes de voltear y continuar en su discusión como si no existiera.
Me sentí extasiada ver discutir a estas eminencias filosóficas, cada uno tenía una idea descabellada para intentar representar la vida en un solo gráfico. Sócrates había planteado un dibujo como un camino y luego poner algunos obstáculos en forma de piedras, para representar las dificultades de la vida, Platón estaba de acuerdo pero decía que este camino debía estar pegado a un río, el río en algún momento podía invadir el camino, pero el camino no podía invadir el río. Para el, el río era la vida misma y el camino el destino de una persona. Critón decía mas bien que la vida eran muchos caminos, cada uno de ellos una empresa que emprendías, los caminos cortos eran los fracasos y los largos los éxitos de la vida, por eso, la figura más representativa era un gran bosque atravesado por muchos caminos que terminaban en ningún lado. Euclides decía que la vida era fácil de representar como una planta, las raíces eran la base moral e intelectual de la persona y de acuerdo a esta el tallo podía ser endeble como un carrizo o fuerte como un abeto, así, cuando se acababa la vida, el tronco del abeto podía quedar mucho tiempo de pie, porque sus raíces lo permitían.
Era una discusión bastante apasionada, cada uno ponía un punto de vista que parecía ser razonable sin embargo era rebatido por los otros tres. La emoción con la que discutían hacía muy curiosa la escena, sus exposiciones eran serias y apasionadas pero nunca llegaba alguno a perder la compostura, se notaban personas con un control absoluto sobre sus emociones, pero era indudable que el calor de la discusión iba en aumento. Y de todos Sócrates parecía estar a punto de perder la paciencia.
Viéndolos más detenidamente me di cuenta que tras la ligera túnica todos tenían cuerpos musculosos y bien cuidados, se notaba que, o hacían ejercicios o la naturaleza había sido muy generosa con los cuatro. Si alguno de ellos me hubiera coqueteado seguro que hubiera caído rendida a sus pies.
Poco a poco fui acercándome a ellos, que se encontraban ahora de pie, trazando con un pedazo de carbón sobre una especie de pizarrón hecho de cuero, con un marco de troncos rústicos. Trazaban las ideas sobre el y luego las borraban con un paño humedecido. Tan ensimismados estaban ahora en esta discusión que no les importaba mi presencia. Poco a poco me había acercado al grupo, aprovechaba para rozar el brazo o el cuerpo de cada uno, como para salir de dudas que esto estaba ocurriendo. Tanto roce me estaba subiendo la adrenalina y ya comenzaba un fandango hormonal en mí.
Sorpresivamente Euclides me miró y dijo:
-      ¿Y que opina Ud jovencito?
-      En realidad jovencita, maestro – le corrigió Platón – y se llama Alessia.
-      Una niña, al parecer foránea, no recuerdo haberla visto en Atenas – terció Critón.
-      Ah, una niña – dijo Sócrates – Creo que una niña no tiene la posibilidad siquiera de plantear una solución a este problema. ¿O si? – se preguntó con un mohín que tomé como reto.
-      René… - alcancé a decir, pues tuve la intención de referirme a René Descartes, tuve que cambiar sobre la marcha pues advertí que una referencia así era impropia puesto que Descartes nacería siglos después.
-      Rene…goncito, había resultado usted – dije muy entrada en confianza mientras los otros tres ocultaron con dificultad sus risas.
Y comencé con mi punto de vista, muy segura de mi. De pronto se me ocurrió una idea sencilla de cómo graficar la vida.
Tomé el paño húmedo y borré todo lo escrito en el bastidor de cuero que hacía de pizarrón. Más de uno quiso detenerme.
Tracé dos líneas, una vertical y otra horizontal, el primer cuadrante de un plano cartesiano, y les dije:
-      La vida es esta línea – señalando la línea de las abscisas – empieza en la unión con la línea transversal – refiriéndome a las coordenadas.
Noté que había logrado la atención de todos con mi actitud. Y seguí.
-      Este punto, denominado el 0,0 significa el nacimiento, el inicio de la vida, y hacia la derecha el crecimiento, para este caso anual. Entonces anotaremos cada año de vida en esta misma línea. 1,2,3, y así hasta el momento de la muerte, si la persona muriera, por ejemplo a los setenta años, tendríamos en esta recta setenta segmentos del mismo tamaño, uno por año. Es una línea de tiempo.
-      Caramba – se apuró en decir Euclides – es una idea original y sabia, me asombra su simpleza. En una sola línea quedan registrados el nacimiento y la muerte, muy interesante.
-      Sin embargo, para lo que queremos graficar no nos sirve – remarcó  vidrioso, Sócrates - ¿Cómo estarían registrados los eventos más importantes de la vida?, ¿El amor, las alegrías, los sufrimientos, los triunfos y todo aquello que es necesario registrar de nuestras vidas?.
-      Si, maestro, sobre todo el amor – se apuró en decir Platón.
No puedo decirlo ahora pero en ese momento las respuestas a estas preguntas brotaron de mí como si las hubiera preparado, entiendo que podría ser por mi experiencia profesional y mi dominio sobre las matemáticas.
Alcancé a pensar también que intuía de dónde venía el interés de Platón por el amor, si a él le debemos el concepto de amor platónico.
-      Si queremos graficar el amor lo que tenemos que haces es dibujar unas líneas paralelas sobre la línea de la vida, – dije - por lógica la línea del amor debe ser más corta que la vida, incluso alguien podría tener más de una de estas líneas. Tantas como amores haya tenido. Y podría ser necesario que en el mismo lapso de tiempo se registren dos líneas, ¿acaso no hay personas que pueden amar a más de uno?
En seguida comencé a registrar sobre la línea de la vida algunas líneas que graficaran el amor, conforme lo estaba concibiendo.
-      Si, es cierto, esta forma es representativa, pero ¿Cómo graficaría los momentos de felicidad por ejemplo? – volvió a preguntar Sócrates.
Puta madre, filósofo tenía que ser me dije.
Y se me ocurrió casi al instante.
-      Para los momentos de felicidad debemos precisar primero que la felicidad en la vida no puede ser continua, no existe un estado de felicidad permanente, la felicidad son pequeños momentos, unos instantes, pero son tan gratos que su sensación la hacemos duradera porque nos gusta. Por eso que para graficarlos podemos usar puntos – me sentí una genio explicando esta nueva teoría – y para hacerlo más representativa estos puntos podrían ser de colores, un color para las alegrías causadas por el amor, rojo por ejemplo, otro color para las alegrías ocasionadas por los amigos y la familia, y así podríamos registrar nuestros momentos felices.
Parecía que ninguno respiraba, su atención era absoluta a lo que iba diciendo.
-      Entonces – agregué - ¿se imaginan lo colorido que sería graficar la vida de las personas felices y lo sombrío de aquellos que no la conocen o no la han conocido nunca?
-      Y…¿Si quisiera graficar un hecho resaltante en mi vida cómo lo haría?, por ejemplo el nacimiento de un hijo – preguntó Platón.
Respiré profundo y exhalé con lentitud, meditando la respuesta que daría, esto no se me había ocurrido así que la respuesta tendría que ser ingeniosa.
-      Un hecho notable en la vida tiene que ser bueno o malo – apunté – si es bueno, al igual que la felicidad lo anotarás como un punto de color, si el hecho es mucho más duradero, como por ejemplo un cargo público, puedes trazar una línea paralela similar a la del amor, pero acá lo interesante es que debes usar un color, por ejemplo el negro, para los hechos nefastos o malos. Y con colores vivos para hechos que son dignos de recordar y tener presentes siempre. De esta manera, con sólo mirar los colores del gráfico de vida de una persona sabremos si es o fue feliz o por el contrario es una persona infeliz o fracasada.
Comenzaron a aplaudir, no alcanzo a identificar quién fue el primero, pero todos lo hicieron contentos, como era previsible Sócrates parecía hacerlo por compromiso o por no defraudar a sus discípulos.
Ne sentí importante como jamás en mi vida.
Se me escarapeló todo el cuerpo.
De pronto sentí unas inmensas ganas de salir corriendo.
Pensé que seguramente estaba despertando de mi sueño, pues esto solo podía ser un sueño  mío.
Di media vuelta y entre los aplausos me dirigí a la puerta, por donde ahora la luz que entraba era tan brillante que me hizo recordar al túnel que dicen haber visto quienes regresaron del umbral de la muerte.
No hicieron ningún intento por detenerme, pero cuando ya estaba a punto de salir me alcanzaron a gritar, no se quién de ellos:
-      ¿Qué más debemos saber de ti, pequeña extranjera?
Juro que iba a contestar “Pequeña la tienes”, pero preferí seguir adelante.
Mientras levantaba mi brazo derecho sintiéndome una emoji del whatsapp y sabiendo que el término que iba a decir era desconocido todavía, sin voltear alcancé a gritarles:

-      Que soy una sapio sexual…!!!




PD. Gracias a la valiosa colaboración de Patsy Sofía y su alter ego.

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...