Si.
Del amor al odio solo hay un paso.
Dicen que solo una débil línea los separa y que de amor no
se muere, pero de odio tal vez.
Y es cierto que nadie conoce la distancia exacta, solo
sabemos que es tan pequeña que se pasa al otro lado y se vuelve casi sin que lo
percibas.
Por eso cuando te odio también te amo.
Y cuando te amo invariablemente lo hago con el amor más
intenso, por eso es que se que siempre anduve por la frontera amor-odio.
A la sazón son más los que deciden odiar después de darse
cuenta que olvidar es difícil.
Y entiendo que odie lo que amo y que ame lo que odio.
Como odio el día que te conocí. Momento que la vida me dio
para amarte como a nadie.
Te odio como odia el ajusticiado a su verdugo. Porque
después de ejecutada mi condena transité del paraíso de tus brazos al infierno
de tu olvido. O del infierno de tus brazos al paraíso de tu olvido.
Te odio porque al acostarme eres el último pensamiento y al
levantarme el primero.
Odio las noches de insomnio porque me dan la felicidad de
revivir cada uno de mis recuerdos contigo.
Como odio las fotos que me dejaste, porque me hacen perder
la noción del tiempo y me llenan de los recuerdos más tiernos.
Te odio, como odio a Marta Rivera Garrido, que sin
conocerte te describió tal cual y por escribir una prosa que jamás podré
igualar.
Te odio porque de ti sí se regresa pero ya no se vive.
Te odio porque quise hacer de ti una Lady pero ya eras mucho
más que eso y tuve que cambiarme en un caballero para estar a tu altura.
Te odio, por haberme dado cuatro hermosos tesoros que me
acompañarán hasta la muerte, y que me llenan de orgullo. O porque no fueron
más.
Y en verdad te odio tanto que si no lo hago me muero de
amor.
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