LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

miércoles, 28 de diciembre de 2016

EL AMBIENTE LOS HECHOS Y EL DETALLE.

El Ambiente.
La unidad de emergencias de este hospital es como casi todas, llenas de movimiento, gritos de dolor, palabras de aliento, olor a muerte también. Y como casi todas, con rostros de sufrimiento, de esperanzas, de resignación y de amor también. Y como en todas, se respira un aire de preocupación, de desesperación, de alivio, de cansancio. Y de traición, como en ninguna.
Esta unidad de emergencia está dirigida desde hace mucho por un médico intensivista, uno de los primeros en obtener esta especialidad en el país. Su trabajo, tanto administrativo como en los quirófanos siempre es resaltable. Se trata de un caballero serio, a la antigua y casi taciturno, de figura aún atlética y rostro amable que representa algunos años menos de los cincuenta que había cumplido hace poco. Todo el día se le nota transitando siempre apurado por los pasillos de la unidad; a su paso, los internos, residentes, enfermeros y familiares se le acercan por una opinión o para agradecerle los esfuerzos que continuamente hace para aliviar los males de sus pacientes. Y para todos tiene siempre palabras sabias. Por la forma de tratar a unos y otros y por las maneras de tocar diversos temas por los que se le pregunta demuestra ser una persona sumamente culta, interesado en su trabajo y con una calidez que inspira confianza de inmediato. Es cariñoso con su personal y a pesar de tener las cejas casi siempre fruncidas, como si estuviera preocupado o molesto siempre se encuentra tarareando una canción y termina cualquier tema con una broma inteligente, es sumamente amigable, tanto que prefiere tutearse con todos. A pesar de que su responsabilidad es solo sobre la unidad de emergencias muchos pacientes llegan al hospital a buscarlo, pues traen la referencia que la solución a sus problemas de salud empieza con el doctor Luciano Renato.
Conforman esta unidad, además del personal encargado de la salud, algunos técnicos en enfermería que hacen las labores administrativas y que, a diferencia del resto del personal, llevan puestos mandiles amarillos. La mayoría son mujeres y trabajan en horarios de oficina, pero por lo general comienzan un poco antes de las siete de la mañana y terminan después de las cinco de la tarde.
Hace casi un año se incorporaron médicos, enfermeros y personal administrativo en esta unidad, por gestión de Luciano Renato, quien esperaba darle un ambiente más joven a esta unidad que se estaba llenando de personal muy antiguo.
Con este personal de reciente contratación llegó una muchacha muy hermosa. Es la más bonita y delicada mujer que ha llegado a trabajar desde la fundación del servicio de emergencias. La joven, no ha cumplido aún los veintidós pero se comporta como una mujer mayor. Tiene una personalidad que resalta de las demás, demuestra conocimiento de lo que hace, es responsable, puntual y se convierte en un verdadero apoyo para el médico que la necesite. Además, tiene un rostro exótico, una figura insinuante y una forma de caminar tan femenina que siempre que lo hace da la impresión que estuviera desfilando en una pasarela, inmediatamente atrae la mirada de hombres, y mujeres también. Se nota que es de procedencia humilde pero su espíritu de superación es envidiable, lo que la hace más encantadora. Tiene una voz calmada que en situaciones especiales le suena como una femme fatale de las películas de gangsters de inicios del siglo pasado. Todos los varones parecen enamorados de ella, por lo menos impresionados, a excepción de Luciano  Renato.
En este grupo de contratados también llegó el médico cirujano Melchor Cabanillas, un pujante cirujano egresado de la universidad Cayetano Heredia, heredero de una tradición familiar de profesionales médicos exitosos, que también demuestra, pese a sus veintiocho años una preparación y una cultura superior al promedio etario.
Tiene una buena presencia, le gusta tomar la palabra en todos los asuntos de su competencia, en los que no lo son también. Es el médico que más mandiles y zapatos ha cambiado en el año, todos de reconocidas marcas.
Tiene un ego también superior al promedio y le gusta demostrarlo, se pasea por todos los ambientes con el estetoscopio sobre los hombros porque sabe que esto atrae a las mujeres; y, en este último año, se puso como meta mostrar sus dotes amatorias con cuanta mujer le saliera al frente. Sentía que lo había logrado, pero le faltaba la bella muchacha administrativa, aquella del hermoso caminar.
El cirujano Cabanillas de lejos impresionaba a cualquiera pero después de conocerlo muchos se desencantaban pues se mostraba como un hombre preocupado solo de el, ansioso por el éxito a toda costa y siempre en cualquier decisión primaban sus intereses. Tanto por esta característica como por que era muy selectivo y hasta intolerante sus amigos eran pocos.

Los Hechos.
No cabía en el intelecto de Melchor Cabanillas porqué una muchacha sencilla no había caído subyugada por su presencia, como lo habían hecho casi todas las mujeres en edad reproductiva del servicio de emergencia y de casi todo el hospital. Se sabía conquistador, lo había demostrado toda la vida, tenía aprendidas las recomendaciones para ser un buen dandi y un buen casanovas.
La invitó de muchas formas a salir. A almorzar, a ir al cine, a conciertos, le ofreció llevarla a su casa, pero nunca obtuvo un sí.
Ya estaba por cambiar de actitud con la joven, solía hacerlo así cuando una mujer se escapaba de sus redes, lo que seguía era despotricar de ellas, crearles malos antecedentes a través de chismes muy bien urdidos y para lo que demostraba una gran habilidad.
Se dijo es la última oportunidad que le doy y la invitó a almorzar. Como si hubiera estado enterada, la muchacha le aceptó esa invitación pero le pidió que fuera unos días después porque tenía que realizar algunas tareas particulares.
Fue una magnífica ocasión para el. Preparó el terreno, escogió un buen restaurante de comida fusión, para tener de que hablar e impresionarla con sus conocimientos, revisó la carta un día antes con el mismo fin con que los depredadores toman las mayores precauciones antes de saltar sobre sus presas. Cuando llegó el día la esperó con media hora de anticipación en la puerta del hospital, donde habían acordado encontrarse, de deshizo en atenciones con ella, le abrió la puerta del auto, le retiró la silla en el restaurante para que se sentara, y le dio explicaciones de cada uno de los platos recomendándole el más caro sólo para impresionarla.
Fue en esta ocasión como, por boca de ella, se enteró que a la chica le gustaban los hombres altos, cultos, caballeros, muy sensibles, alegres, optimistas, que sabían lo que querían y hacia donde se dirigían, con ganas de siempre ser mejores y sobre todo que no mientan, pero que además le importaba mucho que fueran detallistas, y puso mucho énfasis en esto último.
Son todas las condiciones que tengo pensó aquella vez, mientras se relamía por la victoria que ya creía alcanzada, incluso se fijó un plazo para que la bella muchacha cayera en sus redes. Ese día se excedió en muestras de atención y caballerosidad y además se dio la maña para halagarla por su belleza, por su inteligencia, por su figura de chica moderna y otros aspectos que creía la iban a impactar, esperando que cuando la llevara a su casa ella ya se podía encontrar lista para caer bajo su encanto. Pero no pasó nada, al llegar a su casa ella solo lo premió con un beso en la mejilla y un nos vemos intrascendente.
Después de este encuentro no pasó nada. Corrieron los días y no hubo mayor progreso respecto a sus pretendidas relaciones con la muchacha. No le volvió a aceptar otra invitación, siempre tenía una excusa para no acceder a ninguna de sus propuestas. A veces parecía que se escondía de el, pero se encontraba desconcertado porque ella nunca le negaba una sonrisa, siempre que conversaban lo hacían en buenos términos pero finalmente no conseguía nada, la excusa de la muchacha en todos los casos resultaba justificable.
La esperó muchas veces a la salida del trabajo para llevarla en su automóvil pero ella nunca accedió. Solo se consolaba con la esperanza de una próxima oportunidad y con el deseo que le renovaba las ganas cuando la veía caminar con una gracia que le aceleraba los sentidos y los latidos también.
Comenzó a hacer cosas que nunca había hecho. Le mandaba mensajes por diversos medios, la seguía en las redes sociales y todo lo que hacía tenía la oculta intención de encontrarse con ella.
Se le ocurrió esperarla por las noches en la puerta de su casa y alcanzar alguna oportunidad que seguramente se le presentaría.
La primera vez que la esperó ella llegó cerca de la media noche, no alcanzó a ver los detalles del moderno vehículo del que bajó pero supuso que era un taxi de los que ahora abundan por la ciudad.
La segunda vez si que se sorprendió, cerca de las diez de la noche se hizo presente el mismo vehículo y ella subió al asiento delantero, llevaba puesto un mini vestido que agigantaban su sensual caminar y su espectacular figura. Solo se le ocurrió seguir al vehículo para ver a dónde se dirigían.
El automóvil se detuvo en el estacionamiento del hotel Hillton y mientras el conductor entregaba las llaves al valet se pudo dar cuenta que era Luciano Renato quien acompañaba a la muchacha. La impresión le cortó la respiración por un momento prolongado. Los siguió mientras se dirigieron al restaurante y los vio servirse la cena conversando como si se trataran de algo más que amigos.
No pudo aguantar esta amargura que comenzó a quemarle todo su ser e inteligentemente prefirió retirarse para no saber lo que podía suceder después. Esto le permitiría por lo menos mantener intactas sus esperanzas.
Durante los días siguientes le hizo muchas invitaciones a la muchacha pero siempre con el mismo resultado, le insinuó de su juventud frente a la edad del director de la unidad y de su capacidad que pronto le permitiría ocupar ese puesto, pues se había enterado que Luciano Renato ya tenía unos meses más sobre la edad límite para el puesto, y tenía que irse.
Le habló de su futuro como médico, le contó de sus formas corteses para tratar a las mujeres, se describió como un eximio caballero y hasta le aseguró que la mujer que viviera con el tendría el futuro asegurado, pretendiendo que ella accedería a una de sus invitaciones, pero todo fue en vano.
La muchacha se había metido en su cabeza. Todo el día pensaba en ella. Se dio cuenta que estaba desesperado.

El Detalle.

Era una especie de locura que nunca había experimentado, Melchor Cabanillas nunca había pasado por una situación así, estaba permanentemente malhumorado y encontraba formas descabelladas para intentar conquistar a la mujer que ahora era su obsesión. Quizás lo que más le causaba daño era la diferencia de edades con Luciano Renato. No entendía como un hombre de esa edad podía haber encandilado a una mujer tan joven. No cabía en su razón sentirse desplazado por otro hombre el cual, según su idea, no le llegaba ni a los talones.
Muchas veces se sorprendió tratando de diagnosticarse un proceso febril o una descompensación generalizada de su organismo cuya causa atribuyó a los celos que sentía. En las noches no soñaba nada pero al despertarse no podía dejar de sentir esta sensación de cólera, de vacío, de abandono que le corroía la razón, su obsesión por la muchacha aumentaba en la misma medida que su odio a Luciano Renato.
Esta mañana al despertar si recordó haber tenido sueños, recordó la imagen de Luciano Renato abrazando al motivo de su obsesión, ella lucía más bella que nunca y sobre todo contenta y radiante. No podía borrar esta escena en la que veía como la muchacha, con los ojos cerrados le ofrecía los labios a Luciano Renato, quien cogiéndola por la cintura la estrujaba contra su cuerpo.
Cada vez que le venía la imagen a la mente todo su cuerpo entraba en una extraña ebullición.
Tomó, como todos los días un café bien cargado antes de dirigirse al hospital. Se detuvo al salir de su casa, y regresó hacia el interior. Súbitamente había nacido una idea que su estado de desesperación la hacía genial. Regresó a su dormitorio y sacó del fondo de un ropero un revólver que había comprado un par de años atrás, más por presumir que por necesidad.
Condujo apresuradamente hacia el hospital pues debía llegar temprano para poder encontrarse en el estacionamiento con Luciano Renato. Lo que iba planeando era darle un susto con el arma pues pensaba que así lo convencería de dejar a la mujer que el tanto ansiaba. Tendría el control de la situación y se propuso por ningún motivo disparar el arma, ni como amenaza pues esto lo pondría en evidencia. Estaba seguro que el director del servicio de emergencia era un tipo cobarde y se convencería tan pronto viera el arma.
Esperó durante algunos minutos dentro del auto estacionado mientras llegaba Luciano Renato, tamborileando sobre el timón acompañando la música que sonaba en la radio, hasta que lo vio llegar. Lo dejó que estacionara y cuando el otro médico se había bajado del auto y recogía algunas cosas de su interior le enfrentó.
-              Buenos días Luciano – le dijo, en un tono desesperado y su interlocutor de inmediato se dio cuenta que algo se traía.
-              Qué pasa amigo Melchor Cabanillas, ¿Te puedo ayudar en algo? – e inmediatamente se dio cuenta del arma que traía en la mano y en vez de sentir miedo sintió curiosidad pues no suponía nada malo.
-              Quiero que sepas Luciano que te he venido siguiendo, ya sé que tienes una relación con la joven técnico – blandiendo el revolver por sobre la frente del amenazado – mejor la dejas a partir de ahora, pues se que eres casado.
Luciano Renato se sintió sorprendido pues no esperaba esta escena y atinó a decirle:
-              Mira hermano, ella es mayor de edad y yo también y lo que hagamos es cuestión nuestra, de nadie más, no seas loco.
-              Si, además ya estoy enterado que estás irregularmente ejerciendo como director pues ya te pasaste de la edad para el cargo, y si no quieres que te denuncie tienes que dejarla – llegando a sonarle la voz a rabia pura.
-              Bueno, eso ya lo saben en la dirección de salud y me han otorgado un año mientras convocan a un concurso, es legal, no hay problema.
Esto encolerizó a Cabanillas y golpeó con el cañón del revólver a Luciano, la sangre brotó de inmediato y el color púrpura del líquido tibio le ocasionó un extraño placer.
Se dio cuenta que se había quedado sin argumentos, no supo que decir, su desesperación iba aumentando, sólo se le ocurrió golpear otra vez a Luciano Renato, esta vez más fuerte y con la cacha del revólver. La sangre comenzó a caer y teñir la camisa del atacado. El rojo llenó toda su visión, de pronto los demás colores desaparecieron y todo lo veía en diferentes tonos de rojo.
Mas con la intención de terminar pronto con esta situación extraña que parecer irónico, Luciano Renato se acomodó y con seriedad le dijo:
-      Podrás lesionarme lo que quieras, pero hay un detalle, mientras tu estés pagando las consecuencias ella estará cuidando de mí y curándome las heridas.
Los tonos de rojo desaparecieron de la visión de Melchor Cabanillas y tuvo la misma vista de la muchacha sonriente acercando sus labios a Luciano Renato, se dejó dominar por un extraño temblor y sonó un disparo en el estacionamiento.

viernes, 2 de diciembre de 2016

ENTRE MAESTROS

Libertad. Siento que la estoy perdiendo en medio de este trabajo agitado, los estudios nocturnos y las responsabilidades con la lejana familia, mis espacios se han ido reduciendo y todo el tiempo que antes tenía para dedicarme a la libre lectura de mis autores favoritos pues ahora lo tengo que dedicar a la lectura especializada de una serie de autores que ni sabía que existían hasta antes de complicarme la vida con esta maestría.
Qué lejanos están aquellos días de la universidad, aquella etapa de mi vida a la que considero la mejor, no pensé que me resultaría tan fácil pasar por la universidad, menos en esta carrera, investigación operativa, fueron diez ciclos cursados sin mayores dificultades y con notas sobresalientes. Claro que la importante ayuda de mi novio fue muy significativa, él era un ingeniero industrial con muchos pergaminos, me llevaba doce años, pero su vitalidad y jovialidad reducían significativamente esta distancia. Lo tuve que cancelar porque sentía que esta relación era muy limitante para las aspiraciones de cada uno de nosotros.
Con veintitrés años de edad, la mujer más joven que ha pasado por esta maestría, me he convertido en el amuleto, la mascota de este grupo de personas adultas, entre 40 y 60 años que ahora son mis compañeros de aula.
Desde que salgo de casa llevo la preocupación de los estudios nocturnos, de seis a diez de la noche como cualquier maestría para gente que trabaja. El horario de la oficina termina a las cuatro, me deja dos horas para llegar a clases, pero éstas casi siempre empiezan cerca de las siete, entonces me tomo una hora completa, después de la oficina para terminar las tareas y revisar las clases de la maestría. Mi hora de meterme al sobre, era casi siempre a las once y media de la noche, con la maldita costumbre de leer antes de dormir. Ahora, no puedo acostarme antes de terminar o dejar a punto las tareas de la maestría, siempre conservando la costumbre de la lectura, nunca después de las dos y media, pues con tres horas tengo para mantenerme en vigilia todo el día.
Hoy es sábado y llegué a casa después de terminar un trabajo grupal con los compañeros de estudios, son cerca de las once, solo pienso en sacarme la ropa que a esta hora pesa, sobre todo el bra push up y darle plena libertad a mis pechos, hasta terminar en trusa. Después de acomodar la ropa sucia y planear lo que usaré al día siguiente recién me pongo un camisón de algodón que me sirve de pijamas. Me preparo algo de comer.
Llevo unos días releyendo “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder, es que tengo un curso de deontología y creí oportuno refrescar algunos conceptos filosóficos, después que en el primer control todos salimos desaprobados pues el profesor nos preguntó sobre historia de la filosofía. No creo que exista una mejor manera de hacerlo.
Así que cogí el libro y a darle hasta que el sueño lo permita.
“Sofía se sentía aturdida. ¿Cómo podía ese hombre misterioso estar, de repente, en la Atenas de hace 2,400 años? ¿Cómo era posible ver una grabación en video de otra época? Naturalmente Sofía sabía que no había video en la antigüedad. ¿Podría estar viendo un largometraje? Pero todos los edificios de mármol parecían auténticos… Tener que reconstruir toda la antigua plaza de Atenas y toda la Acrópolis sólo para una película resultaría carísimo. Y sería un precio demasiado alto sólo para que Sofía aprendiera algo sobre Atenas”.
Lo primero que me llamó la atención al despertar era el brillo del sol entrar por la ventana, era un sol diferente. Vamos, la ventana, las paredes, el piso, todo era diferente. La ventana era una abertura trapezoidal sobre la litera de piedra en la cual dormí, el salón era amplio, escasos muebles, se reducían a sillones con coderas, otros solo banquillos, todos de piedra. Un pedestal sobre el que se ubicaba un gran cuenco tallado en piedra con agua. La impresión de despertarme en un lugar tan diferente al que me acosté me llenaba de curiosidad más que miedo. Me levanté despacio y caminé hacia la puerta como hipnotizada.
Ahora si mi curiosidad se convirtió en algo de temor. ¿Cómo no temer si había reconocido frente a mi el templo de Atenea?
Quede sobrecogida pues no encontraba explicación a este fenómeno.
Me revisé y todavía tenía el gran camisón que me puse al acostarme color rosado sin ningún estampado y que me llegaba hasta las rodillas.
Respiré profundo, la brisa marina que venía de una playa que no lograba divisar era tan fresco y con un aroma muy agradable pero desconocido para mi.
Extendí mi mirada y quedé sorprendida, estaba el Partenón tal cual lo había imaginado alguna vez, tenía una majestuosidad y belleza que era difícil quitarle la mirada. Definitivamente estaba en Atenas.
Comencé a bordear el edificio donde había despertado y me di cuenta que era la Acrópolis. En mi recorrido reconocí el anfiteatro, en cuya tribuna unos adolescentes con el torso desnudo parecían recitar poemas.
Era increíble lo que me estaba pasando.
Al completar la vuelta y reingresar por la puerta que había salido me di cuenta que estaba atravesando los propileos, la mayor puerta de este edificio.
Volví a entrar y entonces recién advertí que había cuatro varones vestidos con túnicas blancas que se diferenciaban por los ribetes que llevaban. Me acerqué a ellos y solo el más joven me prestó atención, los otros, mayores siguieron conversando como si no existiera.
Puse atención sobre lo que discutían y me di cuenta que estaba en una conversación filosófica, reconocí a Platón y Sócrates, pues así los llamó el más adulto de todos, que luego supe que era Critón y por fin alguien llamó por su nombre al cuarto y resultó ser Euclides.
Me dediqué a escuchar atentamente la discusión.
Estaban buscando la mejor forma de graficar en un dibujo la vida y cada uno tenía una posición que defendía y justificaba con argumentos que me parecieron sólidos.
En el medio de la conversación, el más joven, Platón, me miró y me peguntó cómo me llamaba y que hacía allí. Le dije llamarme Alessia y que estaba de paso.
-         Qué extraña tu ropa – alcanzó a decirme antes de voltear y continuar en su discusión como si no existiera.
Me sentí extasiada ver discutir a estas eminencias filosóficas, cada uno tenía una idea descabellada para intentar representar la vida en un solo gráfico. Sócrates había planteado un dibujo como un camino y luego poner algunos obstáculos en forma de piedras, para representar las dificultades de la vida, Platón estaba de acuerdo pero decía que este camino debía estar pegado a un río, el río en algún momento podía invadir el camino, pero el camino no podía invadir el río. Para el, el río era la vida misma y el camino el destino de una persona. Critón decía mas bien que la vida eran muchos caminos, cada uno de ellos una empresa que emprendías, los caminos cortos eran los fracasos y los largos los éxitos de la vida, por eso, la figura más representativa era un gran bosque atravesado por muchos caminos que terminaban en ningún lado. Euclides decía que la vida era fácil de representar como una planta, las raíces eran la base moral e intelectual de la persona y de acuerdo a esta el tallo podía ser endeble como un carrizo o fuerte como un abeto, así, cuando se acababa la vida, el tronco del abeto podía quedar mucho tiempo de pie, porque sus raíces lo permitían.
Era una discusión bastante apasionada, cada uno ponía un punto de vista que parecía ser razonable sin embargo era rebatido por los otros tres. La emoción con la que discutían hacía muy curiosa la escena, sus exposiciones eran serias y apasionadas pero nunca llegaba alguno a perder la compostura, se notaban personas con un control absoluto sobre sus emociones, pero era indudable que el calor de la discusión iba en aumento. Y de todos Sócrates parecía estar a punto de perder la paciencia.
Viéndolos más detenidamente me di cuenta que tras la ligera túnica todos tenían cuerpos musculosos y bien cuidados, se notaba que, o hacían ejercicios o la naturaleza había sido muy generosa con los cuatro. Si alguno de ellos me hubiera coqueteado seguro que hubiera caído rendida a sus pies.
Poco a poco fui acercándome a ellos, que se encontraban ahora de pie, trazando con un pedazo de carbón sobre una especie de pizarrón hecho de cuero, con un marco de troncos rústicos. Trazaban las ideas sobre el y luego las borraban con un paño humedecido. Tan ensimismados estaban ahora en esta discusión que no les importaba mi presencia. Poco a poco me había acercado al grupo, aprovechaba para rozar el brazo o el cuerpo de cada uno, como para salir de dudas que esto estaba ocurriendo. Tanto roce me estaba subiendo la adrenalina y ya comenzaba un fandango hormonal en mí.
Sorpresivamente Euclides me miró y dijo:
-      ¿Y que opina Ud jovencito?
-      En realidad jovencita, maestro – le corrigió Platón – y se llama Alessia.
-      Una niña, al parecer foránea, no recuerdo haberla visto en Atenas – terció Critón.
-      Ah, una niña – dijo Sócrates – Creo que una niña no tiene la posibilidad siquiera de plantear una solución a este problema. ¿O si? – se preguntó con un mohín que tomé como reto.
-      René… - alcancé a decir, pues tuve la intención de referirme a René Descartes, tuve que cambiar sobre la marcha pues advertí que una referencia así era impropia puesto que Descartes nacería siglos después.
-      Rene…goncito, había resultado usted – dije muy entrada en confianza mientras los otros tres ocultaron con dificultad sus risas.
Y comencé con mi punto de vista, muy segura de mi. De pronto se me ocurrió una idea sencilla de cómo graficar la vida.
Tomé el paño húmedo y borré todo lo escrito en el bastidor de cuero que hacía de pizarrón. Más de uno quiso detenerme.
Tracé dos líneas, una vertical y otra horizontal, el primer cuadrante de un plano cartesiano, y les dije:
-      La vida es esta línea – señalando la línea de las abscisas – empieza en la unión con la línea transversal – refiriéndome a las coordenadas.
Noté que había logrado la atención de todos con mi actitud. Y seguí.
-      Este punto, denominado el 0,0 significa el nacimiento, el inicio de la vida, y hacia la derecha el crecimiento, para este caso anual. Entonces anotaremos cada año de vida en esta misma línea. 1,2,3, y así hasta el momento de la muerte, si la persona muriera, por ejemplo a los setenta años, tendríamos en esta recta setenta segmentos del mismo tamaño, uno por año. Es una línea de tiempo.
-      Caramba – se apuró en decir Euclides – es una idea original y sabia, me asombra su simpleza. En una sola línea quedan registrados el nacimiento y la muerte, muy interesante.
-      Sin embargo, para lo que queremos graficar no nos sirve – remarcó  vidrioso, Sócrates - ¿Cómo estarían registrados los eventos más importantes de la vida?, ¿El amor, las alegrías, los sufrimientos, los triunfos y todo aquello que es necesario registrar de nuestras vidas?.
-      Si, maestro, sobre todo el amor – se apuró en decir Platón.
No puedo decirlo ahora pero en ese momento las respuestas a estas preguntas brotaron de mí como si las hubiera preparado, entiendo que podría ser por mi experiencia profesional y mi dominio sobre las matemáticas.
Alcancé a pensar también que intuía de dónde venía el interés de Platón por el amor, si a él le debemos el concepto de amor platónico.
-      Si queremos graficar el amor lo que tenemos que haces es dibujar unas líneas paralelas sobre la línea de la vida, – dije - por lógica la línea del amor debe ser más corta que la vida, incluso alguien podría tener más de una de estas líneas. Tantas como amores haya tenido. Y podría ser necesario que en el mismo lapso de tiempo se registren dos líneas, ¿acaso no hay personas que pueden amar a más de uno?
En seguida comencé a registrar sobre la línea de la vida algunas líneas que graficaran el amor, conforme lo estaba concibiendo.
-      Si, es cierto, esta forma es representativa, pero ¿Cómo graficaría los momentos de felicidad por ejemplo? – volvió a preguntar Sócrates.
Puta madre, filósofo tenía que ser me dije.
Y se me ocurrió casi al instante.
-      Para los momentos de felicidad debemos precisar primero que la felicidad en la vida no puede ser continua, no existe un estado de felicidad permanente, la felicidad son pequeños momentos, unos instantes, pero son tan gratos que su sensación la hacemos duradera porque nos gusta. Por eso que para graficarlos podemos usar puntos – me sentí una genio explicando esta nueva teoría – y para hacerlo más representativa estos puntos podrían ser de colores, un color para las alegrías causadas por el amor, rojo por ejemplo, otro color para las alegrías ocasionadas por los amigos y la familia, y así podríamos registrar nuestros momentos felices.
Parecía que ninguno respiraba, su atención era absoluta a lo que iba diciendo.
-      Entonces – agregué - ¿se imaginan lo colorido que sería graficar la vida de las personas felices y lo sombrío de aquellos que no la conocen o no la han conocido nunca?
-      Y…¿Si quisiera graficar un hecho resaltante en mi vida cómo lo haría?, por ejemplo el nacimiento de un hijo – preguntó Platón.
Respiré profundo y exhalé con lentitud, meditando la respuesta que daría, esto no se me había ocurrido así que la respuesta tendría que ser ingeniosa.
-      Un hecho notable en la vida tiene que ser bueno o malo – apunté – si es bueno, al igual que la felicidad lo anotarás como un punto de color, si el hecho es mucho más duradero, como por ejemplo un cargo público, puedes trazar una línea paralela similar a la del amor, pero acá lo interesante es que debes usar un color, por ejemplo el negro, para los hechos nefastos o malos. Y con colores vivos para hechos que son dignos de recordar y tener presentes siempre. De esta manera, con sólo mirar los colores del gráfico de vida de una persona sabremos si es o fue feliz o por el contrario es una persona infeliz o fracasada.
Comenzaron a aplaudir, no alcanzo a identificar quién fue el primero, pero todos lo hicieron contentos, como era previsible Sócrates parecía hacerlo por compromiso o por no defraudar a sus discípulos.
Ne sentí importante como jamás en mi vida.
Se me escarapeló todo el cuerpo.
De pronto sentí unas inmensas ganas de salir corriendo.
Pensé que seguramente estaba despertando de mi sueño, pues esto solo podía ser un sueño  mío.
Di media vuelta y entre los aplausos me dirigí a la puerta, por donde ahora la luz que entraba era tan brillante que me hizo recordar al túnel que dicen haber visto quienes regresaron del umbral de la muerte.
No hicieron ningún intento por detenerme, pero cuando ya estaba a punto de salir me alcanzaron a gritar, no se quién de ellos:
-      ¿Qué más debemos saber de ti, pequeña extranjera?
Juro que iba a contestar “Pequeña la tienes”, pero preferí seguir adelante.
Mientras levantaba mi brazo derecho sintiéndome una emoji del whatsapp y sabiendo que el término que iba a decir era desconocido todavía, sin voltear alcancé a gritarles:

-      Que soy una sapio sexual…!!!




PD. Gracias a la valiosa colaboración de Patsy Sofía y su alter ego.

jueves, 27 de septiembre de 2012


LA TARDA
(José María Eguren)
Despunta por la rambla amarillenta,
donde el puma se acobarda;
viene de lágrimas exenta
la Tarda.
Ella del esqueleto madre
al puente baja inescuchada,
y antes que el rondín ladre
a la alborada
lanza ronca carcajada…

Ahora que me pongo a pensar me doy cuenta que no son pocas las cosas que he experimentado en esta etapa de mi vida que espero culminar pronto, estoy frente a mi Escuela Normal, mirando con orgullo sus altas paredes verdes y cómo la idea que tenía de lo que había dentro ha cambiado radicalmente en estos últimos tres años, recuerdo el temor que me invadía cuando como postulante me acercaba al portón de madera, entonces misterioso, y lo poco que alcanzaba a ver siempre me atemorizaba, pese a lo simpáticas que se veía a las normalistas caminando por los jardines, uniformadas con sus faldas y sacos azules, sus blusas blancas y esa especie de boina que llamábamos bonete de color guinda que descuidada adecuadamente, siempre a punto de caer, adornaba sus cabezas, algunos sobre trenzas o moños. Entonces jamás creí que alcanzaría la meta de ser una de ellas, pero ahora después de tres años no me parece un gran logro el estar a punto de egresar.
En esta institución encargada de formar a futuras técnicos en pedagogía y personal administrativo que luego laborarían en el magisterio convivíamos un promedio de ciento ochenta normalistas, por año ingresaban sesenta y la carrera se alcanzaba en tres años, de las sesenta anuales que ingresábamos 30 lo hacían en la modalidad de internado de tal manera que éramos noventa las que vivíamos prácticamente encerradas con salidas los días sábado después de misa para recogernos los domingos a las seis de la tarde. Todo el barrio se sentía orgulloso de tener su escuela normal, porque de alguna forma, el ver a las normalistas caminar uniformadas por las calles los sábados y domingos le daban un aire melancólico a las calles, la belleza de estas chicas próximas a la pedagogía era un motivo aparte de alegría y curiosidad, sobre todo por parte de los jóvenes que solían arremolinarse durante las salidas y retornos de las normalistas internas y se notaba un orgullo especial a flor de piel, por ser una normalista, en cada una de nosotras.
También éramos cotizadas para las fiestas, una fiesta, reunión social, pasacalle, función de cine o evento social no era importante si no estábamos presentes uniformadas, le poníamos la prestancia a todos los eventos, nos llegaban las invitaciones de alcaldes, gobernadores, prefectos, sub prefectos, directores de colegios y todo tipo de autoridades para que participáramos en sus ceremonias y por lo tanto también teníamos una nutrida agenda social que quienes administraban la escuela normal se encargaban de compatibilizar con las horas de instrucción y estudios.
Las fiestas de fin de semana a las que solíamos asistir solían ser las más buscadas por hombres y mujeres pues eran la mejor oportunidad de socializar con chicas interesantes, que eso nos sentíamos por lo menos, además de bonitas e inteligentes algunas. Casi todos los sábados teníamos compromisos diferentes, juergas, discotecas, parrandas y todo tipo de diversión que pudiera conseguirse en este espacio de la tierra donde, como en todo el mundo, estábamos en la edad en la que por lo general mandan las hormonas, entre los diecisiete y veintitrés años.
Del grupo de internas la mayoría proveníamos de lugares lejanos y las que eran de la zona por lo general eran muy humildes, esto se debía a que gran parte del presupuesto para el funcionamiento de esta modalidad educativa provenían de las donaciones que hacía una compañía minera y por lo tanto, era un servicio casi gratuito. De las veintiseis chicas internas que conformábamos esta promoción, tres se habían retirado y una había fallecido (ojalá que un día me atreva a escribir su historia), solo dos éramos de la costa y la mayoría provenían de la selva y la sierra, lo cual hacía de la convivencia un experiencia sorprendentemente enriquecedora; para mi resulta más importante que la misma preparación para la docencia.
Si, estoy en lo cierto, las experiencias vividas junto a mis compañeras en estos casi tres años van a ser recuerdos importantes en nuestras vidas, especialmente las que me acompañaron como internas, a todas debo dejarles un espacio en mi corazón. Los momentos vividos, los sufrimientos iniciales, los exámenes, las fiestas, los secretos de amor intercambiados, los préstamos de ropa para que una de nosotras pudiera impresionar en una fiesta importante, las mentiras para encubrir las faltas de las compañeras y miles de anécdotas suficientes para escribir un gran libro.
Pero, mientras me dirijo a su encuentro en un estado de emoción especial, creo que hace mucho que estoy más interesada en Kristen que en el resto de mis compañeras.
Camino con los recuerdos revoloteando en mi cabeza y me viene a la memoria cuando Kristen ingresó a la escuela normal casi de casualidad, se sentó al costado de la más brillante de la promoción y su aguda vista le permitió copiar suficiente examen para poder alcanzar una vacante, claro que hasta ahora nadie se explica cómo, aquel profesor encargado de cuidar el examen, el más malo de todos, se quedó dormido durante esta importante evaluación, facilitando que la linda Kristen cumpliera su cometido casi en sus narices. Ya entonces parecía predestinada para alcanzar muchas cosas casi sin esfuerzo.
Al principio nadie se fijó en ella, se le veía como una muchachita más del montón, pero en estos casi tres años había experimentado un gran cambio, especialmente físico,  era increíble, parecía que hasta se le había aclarado el color de la piel. Cuando revisaba las fotos de nuestros inicios como normalistas no podía creer lo diferente que era Kristen por esos días. Nadie puede precisar en qué momento se volvió bonita, en qué momento el patito feo se convirtió en cisne. Por aquellos días su humildad podía percibirse con solo verla, vestida con prendas de moda pero usadas muchas veces y desvencijadas de tanto lavado, provenía de una familia muy pobre de la ciudad, donde además de sus padres, eran cinco hermanos, tres mujeres y un varón, ella era la menor, todos estaban casados pero ninguno había prosperado mucho; lo curioso de esta familia era que ninguno se parecía a Kristen ahora, quizás en la época de patito feo tuvieran algunas semejanzas, pero ya no, era diametralmente opuesta a las casi obesas hermanas.
Verla caminar, sobre todo cuando no llevaba el uniforme era todo un acontecimiento, a pesar de no ser muy alta, tenía una figura descollante, casi perfecta, sus movimientos se notaban atléticos, pese a que sabíamos que no era muy amiga de los ejercicios, tenía un cuello largo y cabello corto que cuando volteaba la cabeza para un lado parecía la posición natural de su cabeza, el busto, perfecto para su figura era sostenido por una cintura que parecía retocada por un cirujano y un experto del photo shop, pero las que la conocíamos sabían que era de buen diente, definitivamente la madre naturaleza la había bendecido con una espalda perfecta y unas piernas musculosas y firmes, aunque parecían flacas eran las más perfectas para su talle elegante, al caminar todo su cuerpo se movía en forma sincronizada con un efecto sensual e inocente a la vez, a ratos sumamente recatada y otros provocativa y desafiante. Y todo esto parecía no importarle. Lo que la hacía más interesante.
Me pasé muchas horas analizando su transformación, hasta ahora no le encuentro una explicación, de pronto todos nos dimos cuenta que era muy bonita y sobre todo muy femenina. Empecé a fijarme en ella durante las mañanas cuando en todas las formaciones terminaba de retocarse, se arreglaba el cabello, se ajustaba la falda por la cintura, lustraba sus zapatos sobándoles en la parte posterior de las medias, acomodaba la insignia hasta dejarla en posición perfecta, se acomodaba la blusa estirándola por un costado, jalándola de atrás, ponía en su lugar un mechón de cabello suelto, hasta el último instante en que mandaban firmes ella no dejaba de acicalarse muy coquetamente; si hacía calor se limpiaba el sudor del rostro con el anverso de la muñeca con una naturalidad, una delicadeza tal que cada uno de sus gráciles movimientos se convertían en una postal de femineidad, una poesía a la mujer bella pero a la vez parecían una invitación al desenfreno, era un acontecimiento diario el poder verla en esta situación, a veces, cuando se ponía nerviosa frente a algún profesor se limpiaba el sudor con ese mismo mohín que la hacían bella e indefensa y no les quedaba más remedio a los embobados profesores que pedirle disculpas pues ellos eran los imprudentes por ponerla nerviosa. Y tampoco parecía importarle estas situaciones que creaba.
Su belleza no radicaba en la perfección de sus rasgos y formas sino más bien en lo exótico de su rostro y la delicadeza y vigor de sus movimientos, no conozco a mujer alguna que tenga los movimientos más femeninos que ella. Digo que su apariencia es más bien exótica porque no es común, muchas veces hice el ejercicio de analizar cada una de las partes de su rostro y llegué a la conclusión que no tenía los ojos bonitos. Estos parecían haber sido girados sobre su eje horizontal y colocados en forma descuidada sobre su rostro, su nariz era en realidad fea si la pusiéramos en otro rostro, su boca no era atractiva, hasta que sonreía, entonces alcanzaban otra dimensión cuando mostraba los blancos dientes, un poco separados, que fuera de esa boca hasta podrían ser desagradables. Pero la naturaleza había hecho el trabajo de juntar todos estos defectos en un rostro adecuado alcanzando una inaudita perfección. Su voz también era exótica, cuando la escuché por primera vez me pareció escuchar a Rita Hayworth en “Gilda”, después de haberse amanecido bebiendo wiskhy y fumando. El mirar todo el rostro era diferente, la belleza no era de aquellas que te impresionan de golpe sino cuando tratas de recordarla por primera vez. Después de mirarla muchas veces llegué a la conclusión que era bella porque todo lo tenía en el lugar exacto, no era de las mujeres que pudieran lucir algo en especial de su cuerpo, no, ella era toda especial, tenía que lucirse toda. Por eso, aquella mañana de domingo cuando nos encontrábamos en mi cuarto, recién cambiadas para irnos de paseo al club de la empresa minera donde almorzaríamos después de un chapuzón en la piscina, en que me preguntó, después de pararse en las puntas de los pies y levantarse el cabello con ambas manos mientras daba una vueltita para mostrarse toda:
-       ¿Crees que parezco una “pirañita”?, así me han dicho ayer -, le contesté sin reparos
-       Pues si, me parece que si te vieron de la forma cómo vas vestida ahora pues si, ese short tan pequeño que pretende resaltarte el culo y las piernas, con esa especie de polera que parece varias tallas más grande y esas sandalias que no encuadran con tu figura te dan una apariencia de “pirañita”, no necesitas resaltar nada de tu cuerpo, hacerlo significaría aceptar que sólo una parte de ti es hermosa, en tu caso es diferente, no tienes partes hermosas, tú eres hermosa.
Me salió del corazón y estoy segura que lo dije sin ningún interés, recordé que alguien me dijo alguna vez que todas las cosas tienen su belleza pero no todos podemos verlas. Como también sin ningún interés la apoyé económicamente muchas veces sin que me lo pidiera.
Ella sería incapaz de pedir algo, menos dinero, no directamente, le bastó contarme que estaba pasando apremios pues su papá había sido despedido del trabajo y una de sus hermanas cuyo marido tampoco tenía trabajo se había enfermado, para ofrecerle, sin ningún compromiso, casi toda la mensualidad que mis padres me habían enviado; la forma como lo agradeció, con un beso helado en mi mejilla, pues sus labios siempre parecían helados, me impidieron cobrarle nunca pues me consideraba suficientemente pagada. Y no recuerdo ahora cuántas veces más le adiviné y solucioné sus apremios económicos por el mismo agradecimiento. Alguna vez intenté cobrarle y solo logré sentirme como la “mujer ballena” de Alonso Cueto, susurrando.
Kristen siempre parecía distraída, no se daba cuenta cómo se les iban los ojos a los profesores durante sus clases, cómo algunos hasta babeaban, muchos hacían las clases sólo para ella, se paraban delante de su carpeta y no se movían hasta finalizar su hora, claro que este efecto de su belleza fue después del tiempo en que pasó desapercibida en el internado, cuando terminó de convertirse en cisne. En una ocasión, después de un examen nada fácil, ella me confesó que había contestado sólo dos de las seis preguntas por lo que daba por seguro que tendría una nota desaprobatoria. Como el profesor que nos había examinado era uno de aquellos que hacía la clase con la mandíbula dislocada por el efecto Kristen estuve atenta el día de entrega de resultados, el profesor comenzó a llamar una a una en orden alfabético, cuando ella recibió su examen contenta me lo mostró, tenía diecisiete de veinte puntos, entonces le hice recordar que sus temores había sido exagerados. Ella revisó nuevamente el examen, lo tiró sobre la carpeta, le dio una mirada al profesor, quien también la observaba, mientras la hoja caía sobre el tablero de la carpeta, dijo “el llenó mi examen” y se distrajo casi de inmediato enfrascándose en una conversación intrascendente con la compañera de atrás.
En lo que si se le notaba permanentemente interesada era en la lectura, durante las horas libres casi no conversaba, prefería pasarla leyendo, y descubrí que era lectora asidua de poemas y poesías románticas, las releía muchas veces, parecía estar aprendiéndolas de memoria, se notaba que se esforzaba pero nunca le escuché declamar alguna, siempre supuse que las recitaba al oído a algún enamorado furtivo, nunca dio la impresión de interesarse por otro tipo de lectura. En cambio a mí nunca me gustó el verso, todas mis lecturas fueron novelas y cuentos, me sentí avergonzada de no haber pasado de aprender algunas poesías de Jose María Eguren durante mi etapa de escolar, poesías que, además, nunca entendí.
Siempre se le veía distraída, parecía nada llamarle la atención, a excepción del enamorado de turno. Durante estos casi tres años le conocí, cuatro. El primero un muchacho de su edad, medio mongo llamado Johny, al cual después de cuatro meses dejó porque era muy “hijito de mamá”, claro que cuando estuvo con el todas sus miradas fueron solo para el mientras que para el resto del mundo siempre se mostraba distraída.
Luego se enamoró de un tal Jordi, un tremendo muchacho al que conoció en una fiesta en la que el era la atracción, con este joven quizás mayor que ella por un par de años estuvo unos dos meses y luego lo dejó por mujeriego, así de pronto, apenas se enteró que lo habían visto coqueteando con otra chica. Del estado “te dedico todas mis miradas” pasó a “ya no me interesas y por eso no te miro”. Siempre me resultó increíble como superaba cada una de estas experiencias amorosas como si no le costara nada. Nunca se le borró la sonrisa y menos se le vio apenada por alguno de los amores perdidos. Luego entró a su vida un tipo al que sólo conocimos como Wilmer, con el estuvo algo más de un año, definitivamente no era para ella, era un tipo grosero, se notaba no muy amigo del aseo, recuerdo haberlo visto más veces borracho que sobrio, siempre andaba con dinero y nadie sabía de dónde, la venía a recoger cuando salía del internado a veces en motocicleta otras en una camioneta. Y claro, durante el tiempo que pasó con el no tuvo ojos para nadie más, se les vio en discotecas, fiestas, restaurantes y lugares públicos de la zona siempre abrazados, siempre de la mano, parecían la pareja más feliz del mundo y eran la pareja del momento. Pero de pronto, otra vez, ella se dio cuenta que el  no era para ella, era un tipo sin dignidad, agresivo y borracho, lo dejó de la noche a la mañana, por supuesto que en la mañana la sonrisa de ella seguía siendo la misma, esta ruptura también pareció no significarle nada. No puedo decir lo mismo de ellos. A todos se les percibía el dolor de la pérdida, buscaron refugio en otros brazos pero cuando la veían no podían de dejar de torcer el pescuezo por verla, el último, se convirtió en un borracho empedernido, se pasó días enteros, llorando en las paredes de la normal pretendiendo recuperar el amor de Kristen y amenazando con lo peor, pero “ya fue”, como suele decir ella.
Ahora me dicen que anda con un tal Steven, el hermano menor de tres herederos de una de las mayores fortunas de la zona, le lleva seis años de edad, algunas veces he visto al muchacho y tampoco me parece que vaya a durarle mucho tiempo a Kristen, aunque imaginándolos juntos parecen la pareja ideal, lo digo porque para muchos como para mi el susodicho suertudo tiene más bien tendencias a gustos más modernos, he llegado a escuchar que los más felices son sus familiares pues nunca le habían conocido enamorada alguna (y si muchos amiguitos raros) pese a sus años y a ser un buen partido. En fin, el tiempo lo dirá.
Claro que en el internado todos los días no fueron de felicidad para la bella Kristen, tuvo sus días difíciles, como cuando casi la expulsan porque un borracho se quiso propasar con ella cuando se la cruzó en el camino mientras ella iba saliendo de un restaurante, parece que el tipo se confundió e intentó persuadirla para que subiera a su vehículo creyendo que se trataba de una alegre y fácil muchacha como las había por todo el pueblo. En este caso no le cuestionaron el ataque en si o haberlo provocado sino el lugar en donde se había producido, puesto que las normalistas teníamos prohibido transitar por lugares de dudosa reputación y esta era una pulpería en la que sabían recalar muchos borrachos, cerca de uno de los barrios de peor fama del pueblo, lo que nadie sabía es que una de sus hermanas trabajaba allí. Todas la apoyamos, especialmente yo, le hice las tareas, la ayudé en los exámenes, la acompañé a la Dirección para que diera sus descargos, me convertí en su abogada gratuita y hasta hablé con mis padres para que usaran alguna influencia a favor de ella. Y todo salió bien. Lo admirable fue darme cuenta como esta situación casi extrema tampoco pareció afectarla mucho, la sonrisa nunca se le borró del rostro y ni siquiera perdió el apetito ni le afectó un ápice a su belleza.
Ahora, caminando despacio, recordando cómo la semana anterior, cuando estábamos en el cine viendo una película de terror, ella, yo y el tal Steven, cada apretón que me dio cuando reemplacé al enamorado las dos veces que se fue al baño, presionando mi brazo y acurrucándose a mi lado en los momentos de mayor acción de la película sentí sus turgentes pechos y sus manos sudorosas mientras esa misma sensación que hoy me acompaña me invadía cada momento haciendo volar mi espíritu fuera de mi hacia espacios de libertad donde se permiten nuevas sensaciones. Percibí muy de cerca su perfume, de inmediato me trajo la sensación de estar cerca de una mujer pura, dulce, sencilla y enorme, una mujer que sin esfuerzo estaba destinada a ser buena hija, buena hermana, buena esposa, en resumen buena mujer. Y esa noche antes de dormirme pensé en la suerte de aquellos que pudieron estar cerca de ella y ser dueños, aunque sea por poco, de sus miradas y sus atenciones.
En mi vida he transitado por muchos caminos, algunos de verdad difíciles, a pesar de ser joven soy una mujer de no poca experiencia. He tomado decisiones difíciles y siempre me enorgullezco de haberlo hecho rápido. Así que ahora también, rápidamente, hace una semana tomé la decisión de transitar por los caminos que me conduzcan a Lesbos en busca de mi propia Safo, en la noche en que invité a Kristen a cenar solas en esta fonda famosa porque en ella suelen hacerse muchas citas de amor. Este es el origen de la sensación que permanentemente me acompaña mientras me dirijo al encuentro de Kristen.
Ya estoy en la esquina señalada como lugar del encuentro, me siento sobre un pequeño murito en el que se puede leer el nombre de la calle, con la intención de esperar muchos minutos más, pero de pronto, aparece la figura de ella caminando hacia donde estoy, a contraluz la percibo más mujer que nunca, más femenina que todas nosotras como siempre, pero también más distraída que ocasión alguna que recuerde. Mi corazón corre desbocadamente, mis venas y arterias arden por mi sangre que hierve, mi cuerpo todo percibe a la distancia el aroma de Kristen. Ella sigue caminando hacia mi. Me ve sin mirarme y pasa de largo, acelerando el paso, para cobijarse en el pecho de Steven que la espera con los brazos extendidos hacia ella y con una sonrisa que juro igual a la de Carlos Kacho. Entonces toda la sensación que tenía se convirtió en un malestar que de inmediato se apoderó de todo mi ser. ¿Era pena por mi misma? ¿Autocompasión? ¿Cólera? ¿Celos? ¿Impotencia?. No lo se. Me sentí mal y creo que para siempre.
Mi mente se aclaró de pronto y descubrí para quien escribió Eguren.

…Y con sus epitalamios rojos,
sus vacíos ojos
y su extraña belleza,
pasa sin ver por la senda bravía,
sin ver que hoy me he muerto de tristeza
y de monotonía.
Va a la ciudad, que duerme parda,
por la muerta avenida,
sin ver el dolor, distraída,
la Tarda.

sábado, 8 de septiembre de 2012

NO PARECEN TANTOS.


Parece tan poco que es increíble que hayan pasado treintaicinco años desde que me inicie en esta vida institucional, desde que se iniciaron nuevos sueños relacionados con el aspecto profesional, después de haberse hecho realidad otros pocos. Si me pongo a recordar los buenos y malos momentos vividos tendría que pasar una nueva parta de mi vida intentando juntarlos todos. Las experiencias y emociones han sido tantas que ponerme a recordar se convierte en una confusión de hechos y fechas.
Cuando me veo en aquellos años increíblemente siento que no hubiera cambiado mucho, las mismas ideas, los mismos conceptos, casi los mismos sueños el mismo horizonte, ¿los mismos principios? (No creo que esto deba ser evaluado por uno mismo), claro que las motivaciones son diferentes, las esperanzas otras y las posibilidades también. El tiempo, padre de la edad, hace su trabajo inexorablemente llevándose consigo esperanzas y posibilidades y trayendo otras nuevas; a pesar que las esperanzas las relacionamos con el deseo de recibir algo bueno tras una situación difícil, siempre he sentido que estas son primas del optimismo, por eso a aquello de “mientras hay vida, hay esperanza” debo aumentarle “también optimismo”.
Pero cualquier ejercicio de remembranza o añoranza siempre linda con la tristeza, por lo no conseguido, por lo perdido, por las cosas que se fueron y las que no fueron o simplemente, porque ineludiblemente nos acercamos al final de todo (la muerte es el final de todo para el que se va para no volver jamás), tristeza, porque siempre una vida será insuficiente para hacer todo lo que quisiéramos hacer, una vida no será suficiente para ver lo que quisiéramos ver, como nuestros antecesores no vieron, por ejemplo, la caída del muro de Berlín, la tv en colores, el cine en 3D, los automóviles sofisticados o cualquiera de los alcances de la cibernética, los micro ondas o las teleconferencias, y mucho por reseñar.
En muchas ocasiones (me sirve para darme cuenta que ya estoy en la parte rápida del tobogán, la bajada),  cuando me encuentro con alguien de mi generación ya se me ha hecho habitual recibir alguna mención a mi atuendo, que a veces parece demasiado joven y otras fuera de lugar simplemente. Y yo les comento que tengo un hijo que terminando sus estudios quiere seguir la inexistente, por ahora, carrera de ingeniería artística, otra hija que quiere ser emo y modelo a la vez, y por si fuera poco, una más que se niega a aprender la tabla del dos cuando ya debería saber la del seis pero se ha memorizado todos los integrantes de esa serie paupérrima de moda “Combate”, entonces fluye la necesidad de conectarme a sus tiempos a sus momentos para poder entenderlos y encontrar juntos lo mejor para ellos.
Definitivamente siento que aún tengo que realizar grandes esfuerzos en la vida, sólo estoy quemando una etapa, como se suele decir, todo lo vivido no es más que el principio de algo que todavía falta alcanzar, así como nunca es tarde para aprender algo nuevo, nunca es tarde para vivir algo nuevo, para continuar o retomar algo que dejamos en el camino con las fuerzas y la experiencia que antes no teníamos.
Soy de los que prefieren mirar para adelante y seguir caminando que sentarme para ver cuánto he avanzado, creo que todavía tengo camino por recorrer, mi espíritu es joven (quisiera que de esto se enterara mi corazón, mi hígado, mis riñones y mi próstata) y tengo mucho por hacer. Me alegra saber que para algunas sociedades todavía podría ser considerado un afortunado que no ha alcanzado su adultez, porque para ellos, japoneses por ejemplo, uno es adulto cuando pierde a sus dos padres, y por Gracia de Dios todavía tango a los míos vivos y espero, por esa misma Gracia sea por rato.
Y creo que me estoy yendo por la tangente y hasta parecería esta una apología a la madurez, cuando lo que quiero resaltar son estos treintaicinco años de vida institucional.
Si, son treintaicinco años, iniciados el 1 de setiembre de 1977, cuando tenía diecisiete, en la Gloriosa y Benemérita Guardia Civil del Perú, a la que le debo mucho, frase que sonaría totalmente retórica si no completo la idea de cuánto ha significado para mi, y seguro que para toda la promoción “Los Comandos” estos (primeros) treintaicinco años.
Una familia está compuesta por personas, de diferentes edades, unidas por un vínculo pero en la que ninguno de ellos escogió a sus compañeros, los que ingresamos ese 1 de setiembre a la BGCP, somos también una familia, nadie escogió a nadie, solo elegimos una propuesta de futuro compartida, convivimos tres años y medio, dentro de las mismas paredes, sufriendo, gozando, viviendo las mismas situaciones, carencias, triunfos, penas y alegrías, tuvimos hermanos mayores, todos ellos hoy recordados, (no intento nombrar a nadie no porque no lo merezcan sino porque sería una falta de respeto mencionar solo a algunos en este escrito irreverente), y la familia que se formó ese día es para siempre. Entre algunos nos encontramos durante estos treintaicinco años, otros no nos hemos vuelto a ver, y seguro que de hacerlo la alegría será inversamente proporcional al tiempo que nos dejamos de ver.
He conversado con muchos de ellos y en todos se nota la misma alegría de siempre, los conocidos por habilosos y relajados son los mismos, claro que las canas y las arrugas nos hacer ver que tras de ellos existe una familia con toda la esencia de sus responsabilidades, los estudiosos y responsables siguen siendo los mismos, los impredecibles, por lo menos para mí lo son todavía, y en todos ellos coinciden la alegría, el cariño y el respeto entre todos. Como en mi caso creo que solo debo agradecimientos a cada uno de “Los Comandos” sin ningún reproche, reconociendo en los que llegaron más alto o anduvieron más rápido los méritos, nuestro sentimiento y permanente compañía a aquellos que quedaron en el camino, generalmente por causas ajenas a su voluntad y a aquellos que se adelantaron en este valle de lágrimas para dirigirse al lugar del eterno descanso nuestro recuerdo permanente.
Pero ningún espacio será suficiente para el agradecimiento que le debo a la BGCP, que me cobijó y me dio los mayores éxitos de mi vida, me hizo conocer el valor de la lealtad y la disciplina como parte fundamental de mi existencia (no como principio enumerativo o metáfora de lo que alguna vez quisiéramos), institución de la que hasta hoy me vanaglorio de pertenecer por el cariño que nunca se ha dejado de sentir de la gente, incluso en estos días de ataque inmisericorde por parte de la prensa que aprovecha el comportamiento desubicado de unos pocos policías. ¿Cómo describir la alegría que sentí cuando hace unos pocos meses, estando por la selva norte del Perú, un poblador al vernos acercar a su vivienda salió alegre a recibirnos diciéndonos “Hace tiempo que la Guardia Civil no viene por estos lugares”? Esa satisfacción hace que cualquier acto de injusticia recibido durante nuestra función quede olvidado y  zanjado.
Pero, a veces, sobre todo al levantarme después de algún trabajo pesado, me pregunto si no hubiera sido mejor abandonar este “apostolado” aquella vez de la unificación, así como lo hicieron algunos y hoy son, por lo menos para mí un ejemplo por el respeto, el cariño y la dignidad con que decidieron enfrentar esta combinación de especialidades, la respuesta nunca la tendré, sólo me queda el consuelo de haberme seguido comportando como un Guardia Civil con cada una de sus letras, de haber mantenido los principios que me inculcaron en el CIGC de estar seguro que nadie podrá levantar el dedo para señalarme y ofender a mi gran Guardia Civil.
Por último, pese a que el color de los hábitos que hoy todavía llevo no son los que escogí, me siento obligado, como muestra de agradecimiento por haberme permitido alcanzar estos treintaicinco años de servicio que, sin lugar a dudas muchos quisieran haber vivido, a llevar como mortaja cuando me muera el glorioso y hoy más que nunca digno uniforme de mi querida Guardia Civil del Perú.

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...