LA PENSION

LA PENSION
LA PENSION

jueves, 27 de septiembre de 2012


LA TARDA
(José María Eguren)
Despunta por la rambla amarillenta,
donde el puma se acobarda;
viene de lágrimas exenta
la Tarda.
Ella del esqueleto madre
al puente baja inescuchada,
y antes que el rondín ladre
a la alborada
lanza ronca carcajada…

Ahora que me pongo a pensar me doy cuenta que no son pocas las cosas que he experimentado en esta etapa de mi vida que espero culminar pronto, estoy frente a mi Escuela Normal, mirando con orgullo sus altas paredes verdes y cómo la idea que tenía de lo que había dentro ha cambiado radicalmente en estos últimos tres años, recuerdo el temor que me invadía cuando como postulante me acercaba al portón de madera, entonces misterioso, y lo poco que alcanzaba a ver siempre me atemorizaba, pese a lo simpáticas que se veía a las normalistas caminando por los jardines, uniformadas con sus faldas y sacos azules, sus blusas blancas y esa especie de boina que llamábamos bonete de color guinda que descuidada adecuadamente, siempre a punto de caer, adornaba sus cabezas, algunos sobre trenzas o moños. Entonces jamás creí que alcanzaría la meta de ser una de ellas, pero ahora después de tres años no me parece un gran logro el estar a punto de egresar.
En esta institución encargada de formar a futuras técnicos en pedagogía y personal administrativo que luego laborarían en el magisterio convivíamos un promedio de ciento ochenta normalistas, por año ingresaban sesenta y la carrera se alcanzaba en tres años, de las sesenta anuales que ingresábamos 30 lo hacían en la modalidad de internado de tal manera que éramos noventa las que vivíamos prácticamente encerradas con salidas los días sábado después de misa para recogernos los domingos a las seis de la tarde. Todo el barrio se sentía orgulloso de tener su escuela normal, porque de alguna forma, el ver a las normalistas caminar uniformadas por las calles los sábados y domingos le daban un aire melancólico a las calles, la belleza de estas chicas próximas a la pedagogía era un motivo aparte de alegría y curiosidad, sobre todo por parte de los jóvenes que solían arremolinarse durante las salidas y retornos de las normalistas internas y se notaba un orgullo especial a flor de piel, por ser una normalista, en cada una de nosotras.
También éramos cotizadas para las fiestas, una fiesta, reunión social, pasacalle, función de cine o evento social no era importante si no estábamos presentes uniformadas, le poníamos la prestancia a todos los eventos, nos llegaban las invitaciones de alcaldes, gobernadores, prefectos, sub prefectos, directores de colegios y todo tipo de autoridades para que participáramos en sus ceremonias y por lo tanto también teníamos una nutrida agenda social que quienes administraban la escuela normal se encargaban de compatibilizar con las horas de instrucción y estudios.
Las fiestas de fin de semana a las que solíamos asistir solían ser las más buscadas por hombres y mujeres pues eran la mejor oportunidad de socializar con chicas interesantes, que eso nos sentíamos por lo menos, además de bonitas e inteligentes algunas. Casi todos los sábados teníamos compromisos diferentes, juergas, discotecas, parrandas y todo tipo de diversión que pudiera conseguirse en este espacio de la tierra donde, como en todo el mundo, estábamos en la edad en la que por lo general mandan las hormonas, entre los diecisiete y veintitrés años.
Del grupo de internas la mayoría proveníamos de lugares lejanos y las que eran de la zona por lo general eran muy humildes, esto se debía a que gran parte del presupuesto para el funcionamiento de esta modalidad educativa provenían de las donaciones que hacía una compañía minera y por lo tanto, era un servicio casi gratuito. De las veintiseis chicas internas que conformábamos esta promoción, tres se habían retirado y una había fallecido (ojalá que un día me atreva a escribir su historia), solo dos éramos de la costa y la mayoría provenían de la selva y la sierra, lo cual hacía de la convivencia un experiencia sorprendentemente enriquecedora; para mi resulta más importante que la misma preparación para la docencia.
Si, estoy en lo cierto, las experiencias vividas junto a mis compañeras en estos casi tres años van a ser recuerdos importantes en nuestras vidas, especialmente las que me acompañaron como internas, a todas debo dejarles un espacio en mi corazón. Los momentos vividos, los sufrimientos iniciales, los exámenes, las fiestas, los secretos de amor intercambiados, los préstamos de ropa para que una de nosotras pudiera impresionar en una fiesta importante, las mentiras para encubrir las faltas de las compañeras y miles de anécdotas suficientes para escribir un gran libro.
Pero, mientras me dirijo a su encuentro en un estado de emoción especial, creo que hace mucho que estoy más interesada en Kristen que en el resto de mis compañeras.
Camino con los recuerdos revoloteando en mi cabeza y me viene a la memoria cuando Kristen ingresó a la escuela normal casi de casualidad, se sentó al costado de la más brillante de la promoción y su aguda vista le permitió copiar suficiente examen para poder alcanzar una vacante, claro que hasta ahora nadie se explica cómo, aquel profesor encargado de cuidar el examen, el más malo de todos, se quedó dormido durante esta importante evaluación, facilitando que la linda Kristen cumpliera su cometido casi en sus narices. Ya entonces parecía predestinada para alcanzar muchas cosas casi sin esfuerzo.
Al principio nadie se fijó en ella, se le veía como una muchachita más del montón, pero en estos casi tres años había experimentado un gran cambio, especialmente físico,  era increíble, parecía que hasta se le había aclarado el color de la piel. Cuando revisaba las fotos de nuestros inicios como normalistas no podía creer lo diferente que era Kristen por esos días. Nadie puede precisar en qué momento se volvió bonita, en qué momento el patito feo se convirtió en cisne. Por aquellos días su humildad podía percibirse con solo verla, vestida con prendas de moda pero usadas muchas veces y desvencijadas de tanto lavado, provenía de una familia muy pobre de la ciudad, donde además de sus padres, eran cinco hermanos, tres mujeres y un varón, ella era la menor, todos estaban casados pero ninguno había prosperado mucho; lo curioso de esta familia era que ninguno se parecía a Kristen ahora, quizás en la época de patito feo tuvieran algunas semejanzas, pero ya no, era diametralmente opuesta a las casi obesas hermanas.
Verla caminar, sobre todo cuando no llevaba el uniforme era todo un acontecimiento, a pesar de no ser muy alta, tenía una figura descollante, casi perfecta, sus movimientos se notaban atléticos, pese a que sabíamos que no era muy amiga de los ejercicios, tenía un cuello largo y cabello corto que cuando volteaba la cabeza para un lado parecía la posición natural de su cabeza, el busto, perfecto para su figura era sostenido por una cintura que parecía retocada por un cirujano y un experto del photo shop, pero las que la conocíamos sabían que era de buen diente, definitivamente la madre naturaleza la había bendecido con una espalda perfecta y unas piernas musculosas y firmes, aunque parecían flacas eran las más perfectas para su talle elegante, al caminar todo su cuerpo se movía en forma sincronizada con un efecto sensual e inocente a la vez, a ratos sumamente recatada y otros provocativa y desafiante. Y todo esto parecía no importarle. Lo que la hacía más interesante.
Me pasé muchas horas analizando su transformación, hasta ahora no le encuentro una explicación, de pronto todos nos dimos cuenta que era muy bonita y sobre todo muy femenina. Empecé a fijarme en ella durante las mañanas cuando en todas las formaciones terminaba de retocarse, se arreglaba el cabello, se ajustaba la falda por la cintura, lustraba sus zapatos sobándoles en la parte posterior de las medias, acomodaba la insignia hasta dejarla en posición perfecta, se acomodaba la blusa estirándola por un costado, jalándola de atrás, ponía en su lugar un mechón de cabello suelto, hasta el último instante en que mandaban firmes ella no dejaba de acicalarse muy coquetamente; si hacía calor se limpiaba el sudor del rostro con el anverso de la muñeca con una naturalidad, una delicadeza tal que cada uno de sus gráciles movimientos se convertían en una postal de femineidad, una poesía a la mujer bella pero a la vez parecían una invitación al desenfreno, era un acontecimiento diario el poder verla en esta situación, a veces, cuando se ponía nerviosa frente a algún profesor se limpiaba el sudor con ese mismo mohín que la hacían bella e indefensa y no les quedaba más remedio a los embobados profesores que pedirle disculpas pues ellos eran los imprudentes por ponerla nerviosa. Y tampoco parecía importarle estas situaciones que creaba.
Su belleza no radicaba en la perfección de sus rasgos y formas sino más bien en lo exótico de su rostro y la delicadeza y vigor de sus movimientos, no conozco a mujer alguna que tenga los movimientos más femeninos que ella. Digo que su apariencia es más bien exótica porque no es común, muchas veces hice el ejercicio de analizar cada una de las partes de su rostro y llegué a la conclusión que no tenía los ojos bonitos. Estos parecían haber sido girados sobre su eje horizontal y colocados en forma descuidada sobre su rostro, su nariz era en realidad fea si la pusiéramos en otro rostro, su boca no era atractiva, hasta que sonreía, entonces alcanzaban otra dimensión cuando mostraba los blancos dientes, un poco separados, que fuera de esa boca hasta podrían ser desagradables. Pero la naturaleza había hecho el trabajo de juntar todos estos defectos en un rostro adecuado alcanzando una inaudita perfección. Su voz también era exótica, cuando la escuché por primera vez me pareció escuchar a Rita Hayworth en “Gilda”, después de haberse amanecido bebiendo wiskhy y fumando. El mirar todo el rostro era diferente, la belleza no era de aquellas que te impresionan de golpe sino cuando tratas de recordarla por primera vez. Después de mirarla muchas veces llegué a la conclusión que era bella porque todo lo tenía en el lugar exacto, no era de las mujeres que pudieran lucir algo en especial de su cuerpo, no, ella era toda especial, tenía que lucirse toda. Por eso, aquella mañana de domingo cuando nos encontrábamos en mi cuarto, recién cambiadas para irnos de paseo al club de la empresa minera donde almorzaríamos después de un chapuzón en la piscina, en que me preguntó, después de pararse en las puntas de los pies y levantarse el cabello con ambas manos mientras daba una vueltita para mostrarse toda:
-       ¿Crees que parezco una “pirañita”?, así me han dicho ayer -, le contesté sin reparos
-       Pues si, me parece que si te vieron de la forma cómo vas vestida ahora pues si, ese short tan pequeño que pretende resaltarte el culo y las piernas, con esa especie de polera que parece varias tallas más grande y esas sandalias que no encuadran con tu figura te dan una apariencia de “pirañita”, no necesitas resaltar nada de tu cuerpo, hacerlo significaría aceptar que sólo una parte de ti es hermosa, en tu caso es diferente, no tienes partes hermosas, tú eres hermosa.
Me salió del corazón y estoy segura que lo dije sin ningún interés, recordé que alguien me dijo alguna vez que todas las cosas tienen su belleza pero no todos podemos verlas. Como también sin ningún interés la apoyé económicamente muchas veces sin que me lo pidiera.
Ella sería incapaz de pedir algo, menos dinero, no directamente, le bastó contarme que estaba pasando apremios pues su papá había sido despedido del trabajo y una de sus hermanas cuyo marido tampoco tenía trabajo se había enfermado, para ofrecerle, sin ningún compromiso, casi toda la mensualidad que mis padres me habían enviado; la forma como lo agradeció, con un beso helado en mi mejilla, pues sus labios siempre parecían helados, me impidieron cobrarle nunca pues me consideraba suficientemente pagada. Y no recuerdo ahora cuántas veces más le adiviné y solucioné sus apremios económicos por el mismo agradecimiento. Alguna vez intenté cobrarle y solo logré sentirme como la “mujer ballena” de Alonso Cueto, susurrando.
Kristen siempre parecía distraída, no se daba cuenta cómo se les iban los ojos a los profesores durante sus clases, cómo algunos hasta babeaban, muchos hacían las clases sólo para ella, se paraban delante de su carpeta y no se movían hasta finalizar su hora, claro que este efecto de su belleza fue después del tiempo en que pasó desapercibida en el internado, cuando terminó de convertirse en cisne. En una ocasión, después de un examen nada fácil, ella me confesó que había contestado sólo dos de las seis preguntas por lo que daba por seguro que tendría una nota desaprobatoria. Como el profesor que nos había examinado era uno de aquellos que hacía la clase con la mandíbula dislocada por el efecto Kristen estuve atenta el día de entrega de resultados, el profesor comenzó a llamar una a una en orden alfabético, cuando ella recibió su examen contenta me lo mostró, tenía diecisiete de veinte puntos, entonces le hice recordar que sus temores había sido exagerados. Ella revisó nuevamente el examen, lo tiró sobre la carpeta, le dio una mirada al profesor, quien también la observaba, mientras la hoja caía sobre el tablero de la carpeta, dijo “el llenó mi examen” y se distrajo casi de inmediato enfrascándose en una conversación intrascendente con la compañera de atrás.
En lo que si se le notaba permanentemente interesada era en la lectura, durante las horas libres casi no conversaba, prefería pasarla leyendo, y descubrí que era lectora asidua de poemas y poesías románticas, las releía muchas veces, parecía estar aprendiéndolas de memoria, se notaba que se esforzaba pero nunca le escuché declamar alguna, siempre supuse que las recitaba al oído a algún enamorado furtivo, nunca dio la impresión de interesarse por otro tipo de lectura. En cambio a mí nunca me gustó el verso, todas mis lecturas fueron novelas y cuentos, me sentí avergonzada de no haber pasado de aprender algunas poesías de Jose María Eguren durante mi etapa de escolar, poesías que, además, nunca entendí.
Siempre se le veía distraída, parecía nada llamarle la atención, a excepción del enamorado de turno. Durante estos casi tres años le conocí, cuatro. El primero un muchacho de su edad, medio mongo llamado Johny, al cual después de cuatro meses dejó porque era muy “hijito de mamá”, claro que cuando estuvo con el todas sus miradas fueron solo para el mientras que para el resto del mundo siempre se mostraba distraída.
Luego se enamoró de un tal Jordi, un tremendo muchacho al que conoció en una fiesta en la que el era la atracción, con este joven quizás mayor que ella por un par de años estuvo unos dos meses y luego lo dejó por mujeriego, así de pronto, apenas se enteró que lo habían visto coqueteando con otra chica. Del estado “te dedico todas mis miradas” pasó a “ya no me interesas y por eso no te miro”. Siempre me resultó increíble como superaba cada una de estas experiencias amorosas como si no le costara nada. Nunca se le borró la sonrisa y menos se le vio apenada por alguno de los amores perdidos. Luego entró a su vida un tipo al que sólo conocimos como Wilmer, con el estuvo algo más de un año, definitivamente no era para ella, era un tipo grosero, se notaba no muy amigo del aseo, recuerdo haberlo visto más veces borracho que sobrio, siempre andaba con dinero y nadie sabía de dónde, la venía a recoger cuando salía del internado a veces en motocicleta otras en una camioneta. Y claro, durante el tiempo que pasó con el no tuvo ojos para nadie más, se les vio en discotecas, fiestas, restaurantes y lugares públicos de la zona siempre abrazados, siempre de la mano, parecían la pareja más feliz del mundo y eran la pareja del momento. Pero de pronto, otra vez, ella se dio cuenta que el  no era para ella, era un tipo sin dignidad, agresivo y borracho, lo dejó de la noche a la mañana, por supuesto que en la mañana la sonrisa de ella seguía siendo la misma, esta ruptura también pareció no significarle nada. No puedo decir lo mismo de ellos. A todos se les percibía el dolor de la pérdida, buscaron refugio en otros brazos pero cuando la veían no podían de dejar de torcer el pescuezo por verla, el último, se convirtió en un borracho empedernido, se pasó días enteros, llorando en las paredes de la normal pretendiendo recuperar el amor de Kristen y amenazando con lo peor, pero “ya fue”, como suele decir ella.
Ahora me dicen que anda con un tal Steven, el hermano menor de tres herederos de una de las mayores fortunas de la zona, le lleva seis años de edad, algunas veces he visto al muchacho y tampoco me parece que vaya a durarle mucho tiempo a Kristen, aunque imaginándolos juntos parecen la pareja ideal, lo digo porque para muchos como para mi el susodicho suertudo tiene más bien tendencias a gustos más modernos, he llegado a escuchar que los más felices son sus familiares pues nunca le habían conocido enamorada alguna (y si muchos amiguitos raros) pese a sus años y a ser un buen partido. En fin, el tiempo lo dirá.
Claro que en el internado todos los días no fueron de felicidad para la bella Kristen, tuvo sus días difíciles, como cuando casi la expulsan porque un borracho se quiso propasar con ella cuando se la cruzó en el camino mientras ella iba saliendo de un restaurante, parece que el tipo se confundió e intentó persuadirla para que subiera a su vehículo creyendo que se trataba de una alegre y fácil muchacha como las había por todo el pueblo. En este caso no le cuestionaron el ataque en si o haberlo provocado sino el lugar en donde se había producido, puesto que las normalistas teníamos prohibido transitar por lugares de dudosa reputación y esta era una pulpería en la que sabían recalar muchos borrachos, cerca de uno de los barrios de peor fama del pueblo, lo que nadie sabía es que una de sus hermanas trabajaba allí. Todas la apoyamos, especialmente yo, le hice las tareas, la ayudé en los exámenes, la acompañé a la Dirección para que diera sus descargos, me convertí en su abogada gratuita y hasta hablé con mis padres para que usaran alguna influencia a favor de ella. Y todo salió bien. Lo admirable fue darme cuenta como esta situación casi extrema tampoco pareció afectarla mucho, la sonrisa nunca se le borró del rostro y ni siquiera perdió el apetito ni le afectó un ápice a su belleza.
Ahora, caminando despacio, recordando cómo la semana anterior, cuando estábamos en el cine viendo una película de terror, ella, yo y el tal Steven, cada apretón que me dio cuando reemplacé al enamorado las dos veces que se fue al baño, presionando mi brazo y acurrucándose a mi lado en los momentos de mayor acción de la película sentí sus turgentes pechos y sus manos sudorosas mientras esa misma sensación que hoy me acompaña me invadía cada momento haciendo volar mi espíritu fuera de mi hacia espacios de libertad donde se permiten nuevas sensaciones. Percibí muy de cerca su perfume, de inmediato me trajo la sensación de estar cerca de una mujer pura, dulce, sencilla y enorme, una mujer que sin esfuerzo estaba destinada a ser buena hija, buena hermana, buena esposa, en resumen buena mujer. Y esa noche antes de dormirme pensé en la suerte de aquellos que pudieron estar cerca de ella y ser dueños, aunque sea por poco, de sus miradas y sus atenciones.
En mi vida he transitado por muchos caminos, algunos de verdad difíciles, a pesar de ser joven soy una mujer de no poca experiencia. He tomado decisiones difíciles y siempre me enorgullezco de haberlo hecho rápido. Así que ahora también, rápidamente, hace una semana tomé la decisión de transitar por los caminos que me conduzcan a Lesbos en busca de mi propia Safo, en la noche en que invité a Kristen a cenar solas en esta fonda famosa porque en ella suelen hacerse muchas citas de amor. Este es el origen de la sensación que permanentemente me acompaña mientras me dirijo al encuentro de Kristen.
Ya estoy en la esquina señalada como lugar del encuentro, me siento sobre un pequeño murito en el que se puede leer el nombre de la calle, con la intención de esperar muchos minutos más, pero de pronto, aparece la figura de ella caminando hacia donde estoy, a contraluz la percibo más mujer que nunca, más femenina que todas nosotras como siempre, pero también más distraída que ocasión alguna que recuerde. Mi corazón corre desbocadamente, mis venas y arterias arden por mi sangre que hierve, mi cuerpo todo percibe a la distancia el aroma de Kristen. Ella sigue caminando hacia mi. Me ve sin mirarme y pasa de largo, acelerando el paso, para cobijarse en el pecho de Steven que la espera con los brazos extendidos hacia ella y con una sonrisa que juro igual a la de Carlos Kacho. Entonces toda la sensación que tenía se convirtió en un malestar que de inmediato se apoderó de todo mi ser. ¿Era pena por mi misma? ¿Autocompasión? ¿Cólera? ¿Celos? ¿Impotencia?. No lo se. Me sentí mal y creo que para siempre.
Mi mente se aclaró de pronto y descubrí para quien escribió Eguren.

…Y con sus epitalamios rojos,
sus vacíos ojos
y su extraña belleza,
pasa sin ver por la senda bravía,
sin ver que hoy me he muerto de tristeza
y de monotonía.
Va a la ciudad, que duerme parda,
por la muerta avenida,
sin ver el dolor, distraída,
la Tarda.

sábado, 8 de septiembre de 2012

NO PARECEN TANTOS.


Parece tan poco que es increíble que hayan pasado treintaicinco años desde que me inicie en esta vida institucional, desde que se iniciaron nuevos sueños relacionados con el aspecto profesional, después de haberse hecho realidad otros pocos. Si me pongo a recordar los buenos y malos momentos vividos tendría que pasar una nueva parta de mi vida intentando juntarlos todos. Las experiencias y emociones han sido tantas que ponerme a recordar se convierte en una confusión de hechos y fechas.
Cuando me veo en aquellos años increíblemente siento que no hubiera cambiado mucho, las mismas ideas, los mismos conceptos, casi los mismos sueños el mismo horizonte, ¿los mismos principios? (No creo que esto deba ser evaluado por uno mismo), claro que las motivaciones son diferentes, las esperanzas otras y las posibilidades también. El tiempo, padre de la edad, hace su trabajo inexorablemente llevándose consigo esperanzas y posibilidades y trayendo otras nuevas; a pesar que las esperanzas las relacionamos con el deseo de recibir algo bueno tras una situación difícil, siempre he sentido que estas son primas del optimismo, por eso a aquello de “mientras hay vida, hay esperanza” debo aumentarle “también optimismo”.
Pero cualquier ejercicio de remembranza o añoranza siempre linda con la tristeza, por lo no conseguido, por lo perdido, por las cosas que se fueron y las que no fueron o simplemente, porque ineludiblemente nos acercamos al final de todo (la muerte es el final de todo para el que se va para no volver jamás), tristeza, porque siempre una vida será insuficiente para hacer todo lo que quisiéramos hacer, una vida no será suficiente para ver lo que quisiéramos ver, como nuestros antecesores no vieron, por ejemplo, la caída del muro de Berlín, la tv en colores, el cine en 3D, los automóviles sofisticados o cualquiera de los alcances de la cibernética, los micro ondas o las teleconferencias, y mucho por reseñar.
En muchas ocasiones (me sirve para darme cuenta que ya estoy en la parte rápida del tobogán, la bajada),  cuando me encuentro con alguien de mi generación ya se me ha hecho habitual recibir alguna mención a mi atuendo, que a veces parece demasiado joven y otras fuera de lugar simplemente. Y yo les comento que tengo un hijo que terminando sus estudios quiere seguir la inexistente, por ahora, carrera de ingeniería artística, otra hija que quiere ser emo y modelo a la vez, y por si fuera poco, una más que se niega a aprender la tabla del dos cuando ya debería saber la del seis pero se ha memorizado todos los integrantes de esa serie paupérrima de moda “Combate”, entonces fluye la necesidad de conectarme a sus tiempos a sus momentos para poder entenderlos y encontrar juntos lo mejor para ellos.
Definitivamente siento que aún tengo que realizar grandes esfuerzos en la vida, sólo estoy quemando una etapa, como se suele decir, todo lo vivido no es más que el principio de algo que todavía falta alcanzar, así como nunca es tarde para aprender algo nuevo, nunca es tarde para vivir algo nuevo, para continuar o retomar algo que dejamos en el camino con las fuerzas y la experiencia que antes no teníamos.
Soy de los que prefieren mirar para adelante y seguir caminando que sentarme para ver cuánto he avanzado, creo que todavía tengo camino por recorrer, mi espíritu es joven (quisiera que de esto se enterara mi corazón, mi hígado, mis riñones y mi próstata) y tengo mucho por hacer. Me alegra saber que para algunas sociedades todavía podría ser considerado un afortunado que no ha alcanzado su adultez, porque para ellos, japoneses por ejemplo, uno es adulto cuando pierde a sus dos padres, y por Gracia de Dios todavía tango a los míos vivos y espero, por esa misma Gracia sea por rato.
Y creo que me estoy yendo por la tangente y hasta parecería esta una apología a la madurez, cuando lo que quiero resaltar son estos treintaicinco años de vida institucional.
Si, son treintaicinco años, iniciados el 1 de setiembre de 1977, cuando tenía diecisiete, en la Gloriosa y Benemérita Guardia Civil del Perú, a la que le debo mucho, frase que sonaría totalmente retórica si no completo la idea de cuánto ha significado para mi, y seguro que para toda la promoción “Los Comandos” estos (primeros) treintaicinco años.
Una familia está compuesta por personas, de diferentes edades, unidas por un vínculo pero en la que ninguno de ellos escogió a sus compañeros, los que ingresamos ese 1 de setiembre a la BGCP, somos también una familia, nadie escogió a nadie, solo elegimos una propuesta de futuro compartida, convivimos tres años y medio, dentro de las mismas paredes, sufriendo, gozando, viviendo las mismas situaciones, carencias, triunfos, penas y alegrías, tuvimos hermanos mayores, todos ellos hoy recordados, (no intento nombrar a nadie no porque no lo merezcan sino porque sería una falta de respeto mencionar solo a algunos en este escrito irreverente), y la familia que se formó ese día es para siempre. Entre algunos nos encontramos durante estos treintaicinco años, otros no nos hemos vuelto a ver, y seguro que de hacerlo la alegría será inversamente proporcional al tiempo que nos dejamos de ver.
He conversado con muchos de ellos y en todos se nota la misma alegría de siempre, los conocidos por habilosos y relajados son los mismos, claro que las canas y las arrugas nos hacer ver que tras de ellos existe una familia con toda la esencia de sus responsabilidades, los estudiosos y responsables siguen siendo los mismos, los impredecibles, por lo menos para mí lo son todavía, y en todos ellos coinciden la alegría, el cariño y el respeto entre todos. Como en mi caso creo que solo debo agradecimientos a cada uno de “Los Comandos” sin ningún reproche, reconociendo en los que llegaron más alto o anduvieron más rápido los méritos, nuestro sentimiento y permanente compañía a aquellos que quedaron en el camino, generalmente por causas ajenas a su voluntad y a aquellos que se adelantaron en este valle de lágrimas para dirigirse al lugar del eterno descanso nuestro recuerdo permanente.
Pero ningún espacio será suficiente para el agradecimiento que le debo a la BGCP, que me cobijó y me dio los mayores éxitos de mi vida, me hizo conocer el valor de la lealtad y la disciplina como parte fundamental de mi existencia (no como principio enumerativo o metáfora de lo que alguna vez quisiéramos), institución de la que hasta hoy me vanaglorio de pertenecer por el cariño que nunca se ha dejado de sentir de la gente, incluso en estos días de ataque inmisericorde por parte de la prensa que aprovecha el comportamiento desubicado de unos pocos policías. ¿Cómo describir la alegría que sentí cuando hace unos pocos meses, estando por la selva norte del Perú, un poblador al vernos acercar a su vivienda salió alegre a recibirnos diciéndonos “Hace tiempo que la Guardia Civil no viene por estos lugares”? Esa satisfacción hace que cualquier acto de injusticia recibido durante nuestra función quede olvidado y  zanjado.
Pero, a veces, sobre todo al levantarme después de algún trabajo pesado, me pregunto si no hubiera sido mejor abandonar este “apostolado” aquella vez de la unificación, así como lo hicieron algunos y hoy son, por lo menos para mí un ejemplo por el respeto, el cariño y la dignidad con que decidieron enfrentar esta combinación de especialidades, la respuesta nunca la tendré, sólo me queda el consuelo de haberme seguido comportando como un Guardia Civil con cada una de sus letras, de haber mantenido los principios que me inculcaron en el CIGC de estar seguro que nadie podrá levantar el dedo para señalarme y ofender a mi gran Guardia Civil.
Por último, pese a que el color de los hábitos que hoy todavía llevo no son los que escogí, me siento obligado, como muestra de agradecimiento por haberme permitido alcanzar estos treintaicinco años de servicio que, sin lugar a dudas muchos quisieran haber vivido, a llevar como mortaja cuando me muera el glorioso y hoy más que nunca digno uniforme de mi querida Guardia Civil del Perú.

sábado, 21 de abril de 2012

DE LA VICTORIA SOY, SEÑORES...

No se dejen llevar por el título porque fácilmente podrían creer que es una alegoría al último triunfo del alianza lima sobre la u, (así con minúsculas), cuando saben que mi renuncia al fútbol es total, bueno al fútbol profesional, al fútbol espectáculo, porque todavía pienso practicarlo en su modalidad romántica, el fulbito del barrio. Lo que pretendo ahora es hacer una descripción social de cómo el cambio que muestran las sociedades también se dan en aquellos pequeños espacios en los que nos movemos y que pasamos desapercibidos.

La gracia de Dios ha querido que regrese a caminar por el Distrito que me vio nacer, crecer y espero que morir (últimamente estoy “tanatizado” por no se qué sentimientos, es que mi nueva chamba es lo más parecido a un inquisidor o un verdugo, ambos sinónimos de muerte), que pueda caminar como un ciudadano más, por el barrio y las esquinas que transité hace más de dos décadas y los encuentros y reencuentros con amigos, compañeros de tantas esquinas, de noches de peña en las calles, de horas de caminata y conversa sobre cosas que antes fueron importantes y que hoy ni siquiera quisiéramos acordarnos de ellas, de tardes de estadio, de noches de cine y de juergas terminadas en un exuberante caldo de gallina que no hoy tomaría (no porque haya dejado de gustarme sino por los infames triglicéridos y toda esa gavilla de asesinos que llevamos dentro). La verdad que el cambio de la ciudad es enorme. En general toda Lima está diferente, la veo más grande, inmensa, mucha tecnología por todos lados, impersonal como siempre, como el monstruo de millones de cabezas tal cual la describen algunos autores, algunas costumbres son las mismas, como votar papeles y envolturas donde nos de la gana. Algunos “baches” todavía los puedo reconocer, el tránsito da miedo (no se si podría volver a conducir, por lo menos todavía). Pero en mi Victoria si he visto cambios. Ahora se come con clase en la calle, los mozos que te atienden en todos los restaurantes llevan mandil y te dan una carta para que escojas, tienen los diferentes menús con precios en pizarritas y cartelitos cada cual más mono que el otro, pienso que solo falta su cartelito con esa frase que se le ocurrió a un gordo que estafó a medio Perú con una intervención en Santa Anita, “El rancho es sagrado” (Según el, más sagrado que el trabajo, que la salud, que la educación, que los valores, que la disciplina, el rancho es rancho a la mela). Las cadenas de pollerías, dulcerías, pizzerías y cuanta transna esté operando en Lima las podemos encontrar en La Victoria, en todas ellas chicas guapas atendiendo con una sonrisa tatuada de cachete a cachete, cuando comes solo hay espacio para la alegría, hasta que llegue la hora de pagar. Y se nota esta nueva afluencia e influencia de modernidad en mi Victoria.

Salgo a caminar con cualquier motivo, siempre trato de subir al Metropolitano o al Tren Eléctrico, de todas maneras es otra cosa. Esto ha obligado a las empresas de transporte a modernizar sus flotas, están desapareciendo las “coaster” o “cúster”, como solemos decir a esa especie de casa del terror con ruedas que nos moviliza por todas las calles de Lima, ahora se ven buses y minibuses, mayormente coreanos, nuevos o más nuevos que todas las “cúster”, la mayoría a gas, GNV o GLP, no se cual es la diferencia, pero hoy, caminar por el centro de Lima un par de horas ya no te “broncea” como hace algunos años, recuerdo que el oyín y el smog del centro de Lima me obligaba a cambiarme de camisa dos veces al día, los pañuelos para secarte el sudor no deberían ser blancos nunca, porque a la primera lavada perdían su calidad de Albión, y esto también se refleja en La Victoria.

Y quien no se ha dado cuenta de la abundancia de canchas de gras sintético, llenas desde las seis de la mañana hasta pasada la medianoche, donde jóvenes muchachos y viejos van a practicar su deporte favorito, el de meter la pelota en un rectángulo con red a punta de patadas. He ido a mirar, ojo solo a mirar algunos. Ayer estuve desde las cuatro de la tarde hasta las dos de la mañana visitando dos de estas canchitas cerca de mi casa.

Se ven jugadores buenos y malos, a medida que se hace más tarde más malos son, y más gordos también, podría pensar que prefieren esta hora para evitar las miradas ajenas. Como siempre el fulbito despertando pasiones. Es increíble cómo se disputa un balón, con que empeño, pese a que es notorio que no hace mucho que han aprendido a jugar, pretenden parar un balón a lo profesional. Que tal desfile de camisetas, zapatillas y pelotas, pareciera que en su entender el que viste mejor ya está ganando alguito, no se de repente tienen un reglamento que lo dice así. Y al verlos discutir en todos los partidos sin excepción, con bravura, convencidos de su posición, con los ojos irritados por la cólera más que por el esfuerzo, expulsando saliva como tetera que por descuido hierve más de una hora, porque pese a la raya pintada como área unos dicen que fue fuera, me pregunto ¿…y donde están los buenos pisteros?.

Ahora que lo pregunto no he visto más palomillas jugando en las calles de La Victoria como antaño ¿Dónde están?. Las pistas siguen allí, es más, ahora hay una refacción de pista casi en todas las cuadras con ladrillos que ni pintados para hacer de arco y con pistas cerradas como para jugarse una pichanguita con revancha incluida.

Y ahora me doy cuenta de la diferencia entre los pisteros de antes y los amantes del gras sintético de hoy.

Antes jugábamos con nuestras “bata” o “tigre”, zapatillas de lona con una rayita azul que como guante se calzaban al pie y se agarraban con tracción de 4 x 4 en cada jugada que hacías en pista, la pelota vinyball, casi siempre a medio inflar porque las infladas terminaban en la casa de alguna vecina adulta acuchillada antes de llegar al fin de su vida útil, o porque un patrullero se la llevaba para hacerles atestado de vagancia. Pero la gran diferencia está en la cordialidad y la nobleza con que se jugaba. Sólo dos piedras o ladrillos señalaban el arco, nos poníamos de acuerdo al inicio de la contienda, “solo vale arrastrado” o “a media altura” y listo. Nunca discutíamos, nos dábamos cuenta cuándo era gol y cuándo no. Todos parecíamos físicos matemáticos, por la forma del golpe, por la posición del pie o por el ruido de la pelota al recibir la patada sabíamos si la pelota había llevado trayectoria de gol o no. No existía el árbitro para un buen pistero. Muchas veces valíamos un gol no por el hecho de haber atravesado la raya de la pista sino por lo hermoso de su concepción o para premiar el esfuerzo de su ejecutante, así era la nobleza del pistero. Esto es lo primero que he notado en mis paseos por La Victoria, la gente está cambiando, nadie se preocupa de lo que pasa a su costado y todo se reclama, el viajar en el transporte público nos permite ver todo tipo de conflictos y discusiones, la mayoría tontas, en las que la gente se involucra fácilmente, pero cuando de ayudar se trata “trágame tierra”.

Volviendo a lo nuestro, para el pistero lo bueno venía al final. El “full vaso”, el “par de chelas” o “el cebichito”. El problema es que a veces se prolongaba desde el sábado hasta la madrugada del lunes. No siempre por supuesto. Y el que no quería no iba, o el que iba y “tenía algo que hacer” se retiraba después de “poner un par”. Así era la concepción del pistero de La Victoria.

Y en el fondo creo que no me molesta tanto que hayan cambiado la pista por el gras sintético como el que hayan cambiado “las chelas” por el agua mineral y el gatorade y todo tipo de bebidas que terminan en …ade.

jueves, 12 de abril de 2012

VOLVER A SUFRIR

Tengo la suerte de haber renunciado al fútbol pública y definitivamente hace unos meses atrás, por la gran coincidencia entre los resultados obtenidos por los equipos peruanos como por la podredumbre que se incuba dentro de las llamadas asociaciones, federaciones y clubes. Y el resultado de anoche en el llamado “Clásico del Pacífico” me da la razón. Pero no me alegra.



Ya se venía venir. Sino recordemos lo que dijo el Gran Mago después de perder con este mismo equipo chileno en un partido anterior, “Sabíamos que íbamos a perder” fue su gran frase. Es cierto, el hombre es realista, pragmático y serio, pero en esta ocasión me hizo recordar a mis profesores de educación física que tuve en primaria, que se parecen a algunos actuales, que nos llevaban a competir solo para comprar un uniforme deportivo, su gran arenga era “Lo importante es participar”. Creo que esta apreciación solo es válida cuando se trate de una obra de caridad, pero cuando vamos a competir tenemos la obligación de ir a ganar, fuere donde fuere. No es bueno para los peruanos saber que nuestro entrenador, entre sus trucos tiene la capacidad para darse por vencido antes de ir a jugar, es increíble que él haya dicho esto. Seguro que después de la derrota contra Colombia renuncia. Tomen nota y lo firmo.


Y no creo que tengamos esperanza. La organización del futbol peruano no da para mas. Miren los jugadores que mandamos a la cancha (Debo aclarar que no vi el partido, preferí irme de compras a Metro, hoy me arrepiento, los resultados los acabo de leer al paso en un kiosko, como buen peruano, en realidad el fútbol no merece otra cosa), todos desconocidos, promesas hasta los 25 años, muchachos que piensan vivir de su suerte con los empresarios más que de sus habilidades y dedicación. Los clubes peor, convertidos en cuevas de ladrones, adeudándole a todo el mundo, con una federación que cual mafia a lo “mano negra” controla los destinos ¿o infortunios? del “fulbo” peruano; y creemos que uno, dos, tres o cuatro fantásticos van a llevarnos al mundial, así como Drogbá llevo a Costa de Marfil al último mundial y quizás a uno más. Lo seguro en que en Costa de Marfil no tengan los clubes de mierda que tenemos los peruanos, allá deben tener una verdadera federación, con clubes como sociedades anónimas o asociaciones comerciales con fines bien definidos, seguro que ninguno le debe al fisco como aquí y sus jugadores deben contar con los beneficios como cualquier trabajador, no como aquí, que tienen que firmar planillas diciendo que ya cobraron cuando en realidad les deben muchos meses. Y si tuvieran cuatro fantásticos seguro que serían campeones del mundo, pero solo tienen un fantástico, Didier Drogbá.


Y dicen que es amor a la camiseta. Lo cierto es que los únicos tienen gran amor y no a la camiseta sino a sus bolsillos son los dirigentes. Ellos son los verdaderos culpables de nuestras desgracias. Inventan frases como “Mi club es más que un sentimiento, es más que una pasión”, cuando en realidad la alcancía de mis hijos es más sólida que cualquiera de ellos.


Y somos lo máximo como sinvergüenzas, queremos llegar al mundial y no queremos aceptar que lo que tenemos no es ni será suficiente para tamaña empresa. Quizás unas décadas antes fuera suficiente, pero en la actualidad no.


Analicemos las realidades en nuestro “fulbo” primero. ¿Qué clubes obtienen los mejores resultados? Los que son más serios, los que se gerencian como verdaderas empresas, el Aurich, la San Martín, el Cristal, posible campeón de este año, y lo vuelvo a firmar, el resto son solo sueños, esperanzas de miles de hinchas destrozadas por los “faenones” de sus dirigentes, políticas desastrosas de gente inexperta, o muy experta para robarnos sin que casi nos demos cuenta. Deudas a la seguridad social, a la SUNAT y a otras entidades, clubes que se parecen a la telefónica, deben, saben que deben pero no quieren pagar, y encima piden que se les de más facilidades, o sea, méteme la mano al bolsillo y llévate lo que tengo, ¡Qué concha!


Yendo más lejos, veamos en Sudamérica quiénes han crecido, Venezuela, Chile y Ecuador, es que aquellos lugares donde sus dirigentes no son tales no pueden contar con el mismo material, sino, ¿Dé dónde se sacan los jugadores para una selección? De los clubes. Sin clubes no hay “fulbo” y por tanto tampoco selección. Podremos tener cuatro, cinco o seis fantásticos pero nunca serán suficientes por la falta de respaldo de los clubes y la respectiva federación, en cambio, con un fantástico, como Costa de marfil, o algunos casi fantásticos, como el caso de Venezuela, más una federación y clubes bien organizados se puede alcanzar el sueño de un mundial. En el próximo mundial que se realizará en Chile seguro que estará Venezuela. Tomen nota que también lo firmo. En cambio es casi seguro que el sueño peruano se vuelva a frustrar esta vez. ¿Lo firmamos?.


viernes, 30 de marzo de 2012

MIS AMIGOS: EXCELENTES SERPICOS.

Tengo entre mis manos dos invitaciones para ceremonias de graduación y también para cada una de las fiestas que van a realizarse este fin de semana, una es de Bagua Grande y la otra es de Tarapoto, sumamente complacido y orgulloso que aquellos muchachos que van a formar parte de la Institución en unos días hayan culminado exitosamente este primer peldaño con éxito y de haber participado, aunque sea minúsculamente, en la preparación, construcción y fortalecimiento de su personalidad policial. El esfuerzo por enviarme a tiempo estas invitaciones dice mucho de ellos, las ganas de acompañarlos son inmensas, pero, siempre existe un pero, en nuestro ambiente existen muchos protocolos, a veces imperceptibles para los demás, pero, deben interpretarse bien y cumplirse. Lo cierto es que, más aun tratándose de una fiesta protocolar existen formas y maneras que observar.



Y lo primero que advierto es que no llevan la firma de quienes son las máximas autoridades en esas Escuelas, y, faltando solo dos días para la ceremonia, es imposible que pueda realizarse una invitación protocolar para quien no vive en esos lugares, ¿no tendrían, quienes comandan dichas sedes, que haberlas cursado ya?, ¿no quieren invitados foráneos?, o solo quieren ser muy selectivos como en algunas ocasiones, porque a veces somos muy impermeables a las comparaciones o porque a pesar de nuestra edad no hemos aprendido mucho de normas de cortesía.


Conozco de una oportunidad en que se seleccionaron los invitados a lo fariseo, por relaciones comerciales solamente y se llenaron las principales mesas con familiares y amigotes, por supuesto que esto no desacredita para nada a la promoción, sólo al que cursó las invitaciones.


Parecería que estoy exagerando, pero la cosa es simple, por ejemplo si la invitación no es oficial, lo más probable es que no exista un lugar ni en la mesa principal ni en ninguna si es que se me ocurriera llegar, peor si voy acompañado, de mi esposa por supuesto, en que trajín pondría a los organizadores.


Estimo demasiado a ambas promociones, Excelencia y Sérpicos, como para convertirme en un motivo de disgusto en una fecha en que todo debe estar perfecto.


Tampoco quisiera forzar la figura e ir de compañía de uno de los egresados ni sentirme, como dice un grupo chileno, que estoy en el “baile de los que sobran”.


Mil disculpas con el mayor cariño y respeto que les tengo, y les tendré, estaré con ustedes en sentimiento y en compromiso aunque lejos físicamente, no hay excusas, aunque las debiera haber, me quedo sin poder compartir la felicidad de tantos jóvenes con los cuales ya compartimos alegrías y sinsabores. A levantar cabezas que es hora de alegría y celebración y que ningún protocolo lo opaque. Abran paso a esta muchachada que viene sedienta de gloria y con ganas de hacer la diferencia.


Y, en cuanto a mi, como siempre desearles lo mejor.


Les dejo el inmortal poema de Rudyard Kipling, pirateado por este servidor en tantas ceremonias, y para darme en la yema del gusto, vuelta a piratear para ambas promociones, EXCELENCIA de la ETS Bagua Grande y SÉRPICOS de la ETS Tarapoto:






Si puedes llevar la cabeza sobre los hombros bien puesta, cuando otros la pierden y de ello te culpan; si puedes confiar en tí cuando todos de tí dudan, pero tomas en cuenta sus dudas; si puedes esperar sin que te canse la espera, o soportar calumnias sin pagar con la misma moneda, o ser odiado sin dar cabida al odio, y no por eso parecer demasiado bueno o sabio; si puedes soñar sin que tus sueños te dominen; si puedes pensar sin que tus pensamientos sean tu meta, ENTONCES ERES UN BUEN ALUMNO POLICÍA.


Si puedes habértelas con Triunfo y Desastre y tratar por igual a ambos farsantes; si puedes tolerar que los bribones tergiversen la verdad que has expresado y la convierten en trampa para necios, o ver en ruinas la obra de tu vida y agacharte y reconstruirla con viejas herramientas. Si puedes hacer un atado con todas tus ganancias y arrojarlas al capricho del azar, y perderlas y volver a empezar desde el principio sin que salga de tus labios una queja. Si puedes poner al servicio de tus fines el corazón, el entusiasmo y la fortaleza, aún agotados, y resistir aunque no te quede ya nada, salvo la voluntad que te diga ¨Adelante¨, VAS POR LA SENDA DE UN BUEN POLICIA.


Si puedes dirigirte a las multitudes sin perder la virtud, y codearte con reyes sin perder la sencillez; si no pueden herirte amigos ni enemigos; si todos cuentan contigo en demasía; si puedes llenar el implacable minuto, con sesenta segundos de esfuerzo denodado, TUYA ES LA TIERRA Y CUANTO EN ELLA HAY, Y MÁS AÚN, SERÁS UN GRAN HOMBRE Y UN BUEN POLICIA!


Dios Bendiga a estos jóvenes policías.


martes, 14 de febrero de 2012

A VECES NI SE HEREDA NI SE HURTA

Siempre he sido contrario a escoger los nombres para mis hijos por su significado. Hay mucha gente que piensa que uno se comporta de acuerdo al nombre que le pusieron. Entonces todos los Alejandros tendrían que ser grandes o magnos, todos los Julio César serían conquistadores, los Pedros la piedra angular de alguna idea o acontecimiento y cosas así por el estilo. No creo que exista una forma científica de probar que un nombre genere un perfil para una persona o condicione su comportamiento. Es más una creencia, algo así como decir que los acuarianos son románticos y los libra materialistas.
En el caso de los apellidos la cosa es distinta, los apellidos traen consigo los genes, buenos y malos, entonces es muy probable que quien hereda genes mayormente buenos sea bueno y malo quien hereda los malos. Además el apellido viene con un plus, el prestigio o la posición lograda por los predecesores, y, en algunos casos este plus es mas bien una resta y hasta una verguenza cuando quien nos lo hereda fue un facineroso o alguien que cometió alguna fechoría de permanente recordación.
Me imagino que algunos nombres si generan un impulso o sentimiento negativo, como llamarse en la actualidad Abimael, estoy seguro que es el nombre que menos se está usando en estos tiempos; en cambio, es bien difícil que un nombre pueda generar un sentimiento positivo, por ejemplo, si nos presentan a alguien llamado Jesús, o Miguel Angel, si no tiene cualidades que llaman nuestra atención pues pasará desapercibido.
Esta es la visión que tengo sobre los nombres, especialmente los escogidos para mis hijos. Debo agregar que, en mi caso, me puse de acuerdo con mi esposa para que ella escogiera los nombres de nuestras hijas y yo el de nuestros hijos. Y así fue.
Hace unos años, al llegar a casa por la noche, encontré a mi esposa, quien tenía su octavo mes de embarazo de mi última hija, muy emocionada, con una revista en la mano asegurando haber encontrado los nombres para la futura niña.
Se llamaría Nicoleta Daniela, en honor a la Mantovani, segunda esposa y viuda del gran Luciano Pavarotti, mujer llena de atributos como valiente, tenaz, corajuda, dedicada a su hogar, profesional completa, creativa, atrevida cuando necesario fuera y etcétera, etcétera. Mi esposa sabía que soy un convencido que un nombre no hace a una persona, así como el hábito no hace al monje. Pero insistió. Le expuse el principal inconveniente, para mí, de usar los dos nombres de una persona conocida, llegar al mal gusto argentino, como que siendo varón mi hijo se llamara Diego Armando, o Ubaldo Matildo o algo parecido.
Discutimos, más bien conversamos mucho sobre esto, no nos poníamos de acuerdo y tenía a impresión que mis argumentos eran más sólidos. Mi esposa también debió tener la misma impresión, pues de inmediato invocó el acuerdo mutuo, su derecho a escoger los nombres de las hijas mujeres…y punto final. Salomónica discusión dirán algunos.
Y desde que vio la luz mi Nicoleta Daniela, perdón nuestra, comencé a observar en mi pequeña hija si efectivamente le nacían estas cualidades sin que se las cultiváramos o las aprendiera de nosotros, quería convencerme que la viuda del inolvidable tenor italiano le habría heredado algo. Buscaba alguno de los talentos que mi esposa pretendió asignarle con sus nombres de pila. Me pareció en algún momento que mi niña iba frente a la acera por la que caminó la viuda de Pavarotti. Quizás mis observaciones no eran las correctas, ya tenía cuatro años ya era tiempo de demostrar carácter, era el momento de mostrarse valiente, tenaz, corajuda, dedicada a su hogar, profesional completa, creativa, atrevida cuando necesario fuera y etcétera, etcétera.
Pero parecía que no.
Un domingo, hace tiempo, cuando celebrábamos una reunión en casa invitamos a una amiga a la que no veíamos hace mucho, llegó sola pero nos comentó que su esposo llegaría un poco más tarde. Efectivamente, el esposo llegó justo en un momento en que mi última hija era el centro de la conversación.
-       ¡Qué bonita! – dijo una de mis hermanas, no se si por compromiso familiar.
-       Si, preciosa – comentó una de las amigas mientras vaciaba de un viaje su pisco sour.
-       ¡Y es bien inteligente! – comentó otra amiga, alargando su brazo casi exageradamente, enseñando su copa de pisco sour vacía.
-       ¡Mírala, qué bonita! – acotó mi otra amiga a su esposo recién llegado.
El esposo, como buen invitado, se acercó a mi hija, la tomó de la cintura y la alzó para darle un beso en la mejilla. Y la niña, parecía Linda Blair, la de la película “El exorcista”, cuando se quedaba quieta después de mearse en la alfombra.
Volví a cuestionarme, casi filosóficamente, ¿me habré equivocado al aceptar sus nombres? ¿estaba a tiempo para intentar un cambio? ¿era conveniente un cambio?, y cosas por el estilo.
Entonces el esposo recién llegado puso a mi hija en el suelo y le preguntó:
-       ¿Cómo te llamas preciosa?
-       Nicoleta Daniela – le contestó tomándose las dos manos por debajo de la barriguita. Si dije una perfecta Linda Blair.
Pensé que podría producirse un hecho que quizás marcara a mi hija para toda la vida, dependía de la reacción del esposo recién llegado.
-       Ah, mira, qué nombre tan pintoresco….
Bueno me dijo, la tranquilidad emocional de mi hija está asegurada.
Entonces vi el gesto de la niña, era el mohín que ponía cuando algo le desagradaba, cuando estaba a punto de iniciar un reclamo-rabieta, que para eso si era buena.
Me di cuenta entonces qué podría significar para una niña el término “pintoresco”, lo podría interpretar como algo bueno o algo malo. ¿Entendería una niña que el tener un nombre pintoresco era lo más cercano a un elogio?.
Entonces entornando los ojos y frunciendo las cejas, de la forma que sabe hacerlo cuando algo no le gustaba le preguntó al esposo recién llegado:
-       Y tú ¿cómo te llamas?.
-       Segundo… me llamo Segundo.
Entonces soltó el primer indicio que podría ser valiente, tenaz, corajuda, dedicada a su hogar, profesional completa, creativa, atrevida cuando necesario fuera y etcétera, etcétera, preguntándole:
Y ¿Porqué mejor no te llamas Sopa…?

jueves, 15 de diciembre de 2011

MI ADIOS AL FUTBOL.

Dicen que los hinchas nunca abandonan a sus equipos ni en las malas.
Hace unos veinte años, poco más o menos, era un concurrente asiduo a los estadios. Mi rutina dominguera era levantarme temprano, con resaca o no, la pichanguita del barrio, por ahí un cebichito de carretilla, el almuerzo en familia y en la tarde al fútbol. Por supuesto que los domingos cuando mi equipo jugaba de visita la rutina era otra.
Me creía eso de que había que colaborar con el club y siempre pagaba mi entrada a occidente, teniendo la posibilidad de entrar “de bajada” (Reconozco que más de una vez lo hice cuando las entradas se habían agotado), afectando lo poco que entonces podía ahorrar. Pero el amor al club era grande.
Los recuerdos de esta época son para mi memorables, el estadio nacional a reventar, con dobletes y hasta tripletes que nos obligaban a pasarnos casi todo el domingo en el fútbol. No existían la delincuencia disfrazada de hincha, hoy llamadas “barras bravas”. Hasta fui testigo de la muerte de un futbolista en la cancha del Unión Minas y de la fractura de cráneo de “kilo” Lobatón por un cabezazo de Escobar, por mi retina pasaron jugadas de grandes maestros, todos los seleccionados peruanos que fueron a un mundial y otros muchos peruanos que siendo inmensos no llegaron a una selección y también de jugadores que debiendo dedicarse a otra cosa eran considerados titulares. No puedo dejar de mencionar a los extranjeros que pude ver.
También derramé algunas lágrimas por aquel grupo de jóvenes que cayeron al mar tras jugar en Pucallpa y que se llevaron al cielo la enjundia de su equipo por años.
O sea, viví y sufrí como verdadero hincha.
Pero renuncié. Así como lo escribo, renuncié a ser hincha del futbol. No se si asqueado de seguir tras la esperanza de clasificar a un mundial y que nunca se lograba por el trabajo horroroso, negligente y mafioso de la dirigencia de fútbol, o porque parte de esto lo vi en el equipo que con tanto cariño seguía domingo tras domingo. Renegué de haber gastado tanto en entradas para que todo se lo llevaran dirigentes delincuentes que jamás buscaron el engrandecimiento de su equipo sino solo el interés particular, a través de negociados turbios. No se cómo los percibirán los demás hinchas, pero en mi caso, puedo decir que la desconfianza contra los dirigentes se ha hecho irreversible, he sido testigo de dobles contratos, de ventas y traspasos de jugadores inexplicables, de contrataciones de jugadores tramposas, de “argollas” y de “carruseles” interminables; y terminé alejándome de los estadios.
Y no me arrepiento. Hasta me parece que sin fútbol se vive mejor.
Pero este año, el fenómeno de la propaganda de la selección de fútbol, como a la mayoría de los peruanos, también me atrapó.
Vi buenas intenciones, un buen entrenador, bonitas y cuidadas palabras, jugadores cambiados, menos dirigentes y un interés general y regresé al fútbol.
Nuevas ilusiones y la misma esperanza para un hincha ahora mucho más viejo.
Pero es cierto aquello de que la realidad supera la ficción. En números fríos estamos peores o quizás igual que los dos procesos anteriores. No puedo dejar de admitir que en esperanzas e intenciones estamos mejor. Pero esto no nos garantiza nada.
El fútbol es fútbol. El amor a un club jala a la selección y el amor a la selección jala a un club.
Y regresó el hincha en mí. Hasta hoy.
Tuve la esperanza y la ilusión de verme campeón. La verdad que un poco tarde, recién me interesé por mi club un par de fechas antes del final del campeonato.
Sólo reconocí a uno de los jugadores. Jugó en España y no creo que esté muy lejos de los cuarenta. Me parece que sólo debió jugar en Chiclayo, en Lima no era necesario, esta opinión la tuve desde antes del partido. No pretendo ser el general que vence las batallas después de la guerra como es cualquier hincha.
Pero vi más de lo mismo. Jugadores sin “huevos”, en ambos equipos, entrenadores que apuestan no que deciden, la misma fauna de dirigentes y “figuretis”, los mismos vicios y errores pero más violencia.
El fútbol es de temer.
Lamentablemente soy un especialista en prever, mi tema ha sido casi siempre la inteligencia y camino casi siempre con la suspicacia.
Para los que me escucharon, lo dije al finalizar el segundo partido.
No es casualidad que el presidente del otro quipo haya promovido cinco veces seguidas la prórroga de la ley de protección empresarial para algunas empresas. Con menos se consigue un campeonato.
Y el “búfalo” me dio la razón. Él, que se ganó ese apodo por su comportamiento aguerrido y tenaz partido tras partido, el mismo que se ganó la atención de muchos, entre ellos yo, a través de su esfuerzo y sacrificio que los noticieros mañaneros difundían con mucha emoción, aquel que tantas veces jugó al borde de la lesión y que vimos lesionarse producto del esfuerzo desplegado, ayer, pareció un manso becerrito. Sudando a cuentagotas, renunciando al más mínimo esfuerzo, con la complacencia de un ¿entrenador?, que dizque lo puso sabiendo que estaba lesionado.
Luego la sorna. Ese cantito en televisión. Esos hinchas de un equipo, blanco percudido, que hoy son “rojos” y norteños a morir, porque simplemente ser hincha viene con un paquete de odio gratis hacia otros hinchas.
O esa llamada telefónica segundos después de perdido el campeonato de una señora ¿amiga? que sólo me llama para contarme que se compró un auto, un nuevo “depa” o que se va de juerga o de viaje preguntándome si estoy llorando.
Y me doy cuenta que todo esto ya lo he vivido.
Pero la pregunta es ¿vale la pena vivirlo de nuevo?
Para mi, no.
Pero por supuesto que no pierdo la distancia, tengo muy claro que solo soy un hincha, no como aquellas figuras públicas, tecnócratas y eminencias que acomodándose en la calidad de hincha tienen mucho más que perder. Para ellos y para muchos otros si. Mejor para todos si, menos para mi.
Por eso, hoy, renuncio al fútbol.
La vida tiene muchas cosas por las cuales sufrimos, pienso que si le quito una mejor.
Que me perdonen los que quieren verme hincha, aquellos que cruzaron opiniones conmigo y que compartieron momentos agradables de conversa y de tragos. Que me perdonen la selección, coca cola, la Backus y Markarián, y aunque soy como la hormiga en el pescuezo del elefante, renuncio.
Hoy recuerdo las palabras de Mauricio, y debo aceptar la tremenda y trascendente verdad filosófica que encierran, cuando me dijo “Papá, el fútbol, ni en Play Station…”.

martes, 29 de noviembre de 2011

HABLEMOS DE MI CEVICHE.

Para los limeños que después de algún tiempo regresamos a Lima es sorprendente encontrarnos con muchos cambios en las calles perceptibles a simple vista pero a pesar de ellos, también es fascinante comprobar que los epítetos que en su momento le asignaron algunos escritores como Oswaldo Reynoso o Julio Ramón Ribeyro como “Lima la horrible”, “la del cielo color panza de burro” o “el monstruo de un millón de cabezas” continúan vigentes y se conjugan perfectamente con los nuevos calificativos como “ciudad insegura” o “ciudad peligrosa” con que ahora nos estamos acostumbrando a llamarla.
También para los modernos hijos pródigos, que de alguna manera retornamos al hogar paterno, es algo melancólico recorrer las calles de siempre pero ahora con nuevos personajes, ya no están el chino de la esquina, en su reemplazo hay un chino-peruano-chileno como “WONG” o “METRO” o simplemente chilenos como “TOTTUS” o “PLAZA VEA”, tampoco el panadero, ni el ferretero, ni el pequeño restaurante, ni el peluquero, todos reemplazados por lo general por inmigrantes o transnacionales como “SODIMAC”, “KENTUCKY”, “PIZZA’S HUT” y otros negocios afiliados a cadenas. Lo que más sentí en esta especie de éxodo de lo nuestro fue el cambio de la botica del barrio y del ceviche en carretilla que a la misma hora de todos los días, se ubicaba bajo el árbol de la otra cuadra para disfrazar nuestra hambre de adolescente o para repararnos de la resaca, cuando más jóvenes. La botica del barrio, que atendía todos los días hasta las once de la noche y durante los fines de semana cuando se encontraba de turno.
Cómo no recordar aquellas aventuras de urgencia, cuando durante la madrugada buscábamos el cartelito al costado de la puerta de la botica, para enterarnos cuál era la farmacia de turno más cercana o aquellas noches de complicidad, cuando temerosamente y emulando las actitudes de Peter Lorre a la carrera algún muchacho del barrio pedía preservativos por la pequeña ventanita nocturna.
Pero más recuerdos nos trae el ceviche de carretilla, aquel preparado con arte y acompañado de un buen choclo y un camote dulce y finalmente empujado con un buen vaso de chicha morada helada. Inigualable experiencia que seguramente ha marcado muchos recuerdos de aquellos que disfrutamos de estos verdaderos manjares peruanos.
Y quiero reivindicar de alguna forma al ceviche peruano.
Para quienes tenemos memoria de las últimas dictaduras militares y pertenecimos a la última clase media que tuvo el Perú, es grato recordar que en Lima existían pocos lugares en donde endilgarse un buen ceviche. Reconozco que nunca fui un pasajero nocturno ni un aventurero urbano, quizás por eso sólo recuerdo a la “Buena Muerte” del jirón Ancash, al “San Carlos” de la avenida Iquitos,”LosMoluscos” de cinco esquinas, ”Los Mundialistas” y una serie de “huequitos” en toda la avenida Grau, cercanos a los paraderos de colectivos.
La verdad que no era una época para los pescados, más bien fue época de la carne de res y la de pollo, recuerdo las pocas veces que acompañé a mi madre al mercado, cómo después de pagar por una cojinova, un coco o un bonito, la propia vendedora te lo envolvía bien, con bastante periódico y lo colocaba en lo más profundo de la bolsa del mercado, para que ningún vecino se enterara que ibas a comer pescado, pues no era un plato para una familia limeña. Se le consideraba un plato de pobre, de provinciano misio o de barriada. Si, así era.
Sin embargo, eran gloriosos los domingos bien servidos con un plato de frejol canario con un buen filete de cojinova, acompañado de una yuca costeña, su cebolla picada y su infaltable rocoto molido para darle el sabor bien peruano.
Por eso que siento pena al ver cómo, en este época en que se nos ha hecho creer que somos un país pobre que come rico, al punto de proliferar las academias e institutos especializados en cocina, que también se nos ha hecho creer que algunos turistas vendrán al país sólo por su comida, cuando lo cierto es que lo último que escoge uno cuando hace turismo es qué comer, existen algunos peruanos que nos quieren hacer creer que un buen ceviche es lenguado fresco cortado en trozos grandes y enfriado con hielo, salpicado de limón y sal y punto. Algunos son atrevidos de calificar esta combinación como un plato de bandera de “la cuisine péruvienne” o “novo andina”. Veo consternado con qué facilidad se le otorgan créditos a un peruano que mezcla lenguado, limón y sal y con bombos y platillos nuestro “papa chef” o “guía espiritual culinario” Gastón lo pasea por exposiciones nacionales e internacionales como lo mejor del Perú.
Ayer nomás viví una experiencia, que ni pintada para ésta ocasión, al encontrarme con un gran amigo del barrio. Fui invitado a “comer un cebichito” a un “point” de moda, “El Limón” si mal no recuerdo. Llegamos al local y no había lugar para estacionarse, todos carros de último modelo y “cuatro por cuatro” nos lo impedían. Esperamos más de media hora y después de casi vernos obligados a tomarnos varias botellas de cerveza y gaseosa nos trajeron unos tremendos platazos con lenguado picado en grandes trozos, limón y sal. Siempre había considerado a mi amigo como muy pegado a la moda pero nunca pensé que fuera tan fácilmente impresionable, se desató en halagos, que no había nada mejor, que se trataba de un ceviche de campeonato, que era insuperable este sabor; cuando la verdad que me pareció un plato más bien soso, quedando como memorables solo el precio y hecho de que casi todos los comensales usaran tarjetas de crédito, después, nada.
Por eso digo, es hora de reivindicar al verdadero ceviche limeño y peruano, ese de carretilla, aquel que poco a poco, proviniendo de los almuerzos de puerto costeño se fue apoderando poco a poco de nuestras mesas, aquel que despierta en nuestros sentidos una verdadera sensación de peruanidad, de mezcla de todas las sangres, de talento peruano ancestral para encontrar la felicidad en elementos obtenidos de nuestra rica naturaleza, de capacidad para ir desarrollando un plato sobre sabores simples cual si se tratara de un pintor mezclando colores básicos sobre su lienzo, hasta encontrar el detalle final que perennice su obra para la inmortalidad, así de simple es el ceviche limeño, el de carretilla, el verdadero.
No quiero convertir esto en una aventura culinaria, como lo haría Gastón Acurio, ni en una receta sensual-afrodisiaca como lo escribiría Isabel Allende, sólo me motiva hacer conocer mi parecer sobre lo que considero el verdadero ceviche, o en todo caso, modestamente cómo preparo “mi” ceviche.
La base es el buen pescado, es decir el mejor pescado para ceviche, el bonito. Aunque a muchos no les parezca es el pescado original para el ceviche antiguo de carretilla, copiado de alguna caleta de pescadores. Los que no lo consideran así ¿se imaginan a un pescador llevando un lenguado a su casa para que su mujer le prepare un ceviche?, ¡jamás!... La experiencia demostró que los lomitos de bonito conjugaban a la perfección con los de pejerrey. Y mejor todavía, alguna mente divina puso en las manos de los primeros cocineros de ceviche las famosas machas como mezcla para completar la gloria del sabor.
Y ahora imaginemos al pescador llegando a la caleta y separar un bonito y unos cuantos pejerreyes para el almuerzo (ceviche y sudado o ceviche y “chilcano”, variando un poco), y en su recorrido del puerto a su casa, meterse al mar y después de hurgar con los pies recoger unas cuantas machas para darle gloria a su ceviche, más real ¿no?.
Volviendo a lo mío, mi receta. Cortar un par de filetes de bonito y una docena de lomos de pejerrey en trozos parejos, es decir parejos entre sí, bonito con bonito y pejerrey con pejerrey, mezclarlos con una docena de lengüitas de machas previamente limpiadas y dejarlas en un azafate o plato grande. En un tazón, más propiamente un bowl o bolo, exprimir medio kilo de limones, agregar dos dientes de ajos exprimidos, de tal manera que solo quede el jugo del ajo dentro del jugo del limón. Agregar sal y pimienta al gusto. Picar un par de tallos de apio lo más menudo posible, de tal manera que al incorporarse al jugo de limón desaparezca. Exprimir también un pedazo pequeño de kión o jengibre en forma similar a la del ajo y agregar medio vaso de agua fría a la mezcla del tazón. Es imprescindible incorporar una o dos cucharas soperas con rocoto molido a esta mezcla como colofón a esta ceremonia del ceviche, que al igual que la ceremonia del té japonés, propongo como rito peruano a partir de la fecha en todo almuerzo dominical peruano.
Ahogar el pescado y machas del azafate con el jugo del bowl por unos cinco a diez minutos antes de servir. Hasta aquí lo que considero la receta tradicional peruana, que ya se puede servir acompañada de camote, choclo o cancha serrana y adornada con lechuga.
Pero, aquí viene el secreto. Si deseamos conseguir ese sabor que nos acerque a la verdadera gloria debemos esparcir sobre el azafate y antes de servir unas cuantas decenas de gramos de pulpa de cangrejo, el resultado será fabuloso, desfilarán por nuestros sentidos muchos recuerdos e historias marinas; y, si además podemos agregarle a cada plato unas cuantas lengüitas de erizo de mar, entonces si que la experiencia será de dioses.
Me conformo con la pulpa de cangrejo porque hace años que no logro encontrar al erizo de mar.
Como casi todo en el Perú, parece que se los llevaron para el sur.
Pero, estoy seguro que nunca se llevarán el espíritu del ceviche de carretilla, del ceviche de barrio, del verdadero ceviche peruano. Como nunca jamás, ningún “lenguado” se llevará la modestia ni el orgullo de ningún “bonito”.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

UNA HISTORIA DESCONOCIDA SOBRE COMPLOTS PRESIDENCIALES

El siguiente enlace tiene una historia casi secreta, como seguro existen muchas en la gran historia del Perú, y que conciencias interesadas simplemente no las consideran o no las toman en cuenta al contarnos la verdad sobre nuestro pasado, como siempre priman los intereses personales y políticos. Gracias a quien nos permite conocerla, en este caso a don Alberto Jordán Brígnole:

Me parece una buen manera de empezar Noviembre leyendo un poco sobre hechos ciertos, al final nuestra propia conciencia y nuestra imaginación nos permitirán sacar nuestras propias conclusiones.


sábado, 26 de febrero de 2011

DISCURSO PARA LOS VENCEDORES

He recibido el pedido de un amigo para prepararle un discurso para la ceremonia de egreso de nuevos policías, me pidió que lo hiciera como si yo tuviera a cargo el discurso central o discurso de orden, como se estila en estos casos, y, como quiera que hasta no hace mucho estuve en calidad de instructor y apelando a la poca experiencia que tengo le preparé el discurso que a continuación incluyo en este blog.

Lo anecdótico de esta situación es que la persona que lo va a leer le tiene tal antipatía que si se entera que el lo "escribió" seguro que su hígado se va a sobreexitar. Pero pensándolo bien, la idea me agrada, quisiera poderle ver la cara cuando se de cuenta que de alguna manera se ha convertido en el vehículo para que mis palabras lleguen a buen oído.

 
VOCATIVO…

SEÑORAS Y SEÑORES…..

PERMÍTANME AGRADECER A TODOS QUIENES HOY NOS ACOMPAÑAN EN ESTE MOMENTO DE JÚBILO, PUES HOY ES UN DÍA MUY ESPECIAL PARA LA ESCUELA TÉCNICO SUPERIOR DE LA POLICIA NACIONAL DE AMAZONAS, PORQUE POR PRIMERA VEZ EGRESA UNA PROMOCIÓN DE SUB OFICIALES, JÓVENES POLICÍAS, QUE SE CONSTITUYEN EN LA MÁXIMA EXPRESIÓN DEL ESFUERZO MANCOMUNADO ENTRE POBLACIÓN, AUTORIDADES Y LA POLICÍA NACIONAL.

RECORDEMOS QUE LA INFRAESTRUCTURA QUE PERMITIÓ ALBERGAR A ESTE GRUPO DE JÓVENES QUE HOY INICIAN SU VIDA PROFESIONAL FUE UNA INICIATIVA DE NUESTRAS AUTORIDADES LOCALES, QUIENES ENCAUSANDO EL INTERÉS DE LA POBLACIÓN POR SUPERARSE Y CONTAR CON UN CENTRO DE FORMACIÓN POLICIAL, HICIERON POSIBLE EN MUY POCO TIEMPO LA INSTALACIÓN, EQUIPAMIENTO Y FUNCIONAMIENTO DE ESTA ESCUELA, QUE POR ESO, SE CONVIERTE EN UN HOMENAJE AL TRABAJO COORDINADO ENTRE PERUANOS, MERECIÉNDOSE EL RECONOCIMIENTO APARTE, LA POBLACIÓN AMAZONENSE POR SU ESFUERZO.

ES NECESARIO SEÑALAR QUE, DESPUÉS DE CONSOLIDARSE LA INFRAESTRUCTURA, SE LLEVÓ A CABO EL PRIMER PROCESO DE ADMISIÓN A PARTIR DEL 01JUN2009 QUE EVALUÓ A 732 POSTULANTES PARA SELECCIONAR A 100 Y CULMINÒ CON EL INGRESO DE UNA PROMOCIÒN CONFORMADA POR 80 VARONES Y 20 DAMAS.

PODEMOS RECORDAR COMO SI FUERA AYER, A ESTOS 100 JÓVENES ORGULLOSOS, QUE CON UN SENTIMIENTO MEZCLA DE ESPERANZA Y QUIZÁS TEMOR, SE INTERNARON EL 04SET2009, CON UNA GRAN ESPERANZA EN EL FUTURO, ESPERANZA EN MEJORAR LA CALIDAD DEL SERVICIO QUE MAS ADELANTE PRESTARÁN, ESPERANZA EN DAR TODO DE SI PARA ORGULLO DE SUS COMPAÑEROS Y FAMILIARES, ESPERANZA POR ALCANZAR EL ANSIADO EGRESO COMO SUB OFICIAL, QUE HOY CONSIGUEN. Y DIGO TEMOR, PORQUE EN ALGÚN MOMENTO DE SU INCORPORACIÓN SUS ROSTROS MOSTRARON EL TEMOR NATURAL DE QUIEN EMPIEZA UN CAMBIO TRASCENDENTAL EN SU VIDA, TEMOR DE NO ENCONTRARSE A LA ALTURA DE LAS EXPECTATIVAS, TEMOR DE DEFRAUDAR A SUS PADRES O DE NO CULMINAR SATISFACTORIAMENTE EL PROCESO DE FORMACIÓN POLICIAL.

SIN EMBARGO, HOY HEMOS APRECIADO EL FERVOR, EL SENTIMIENTO Y EL ORGULLO COMO ESTOS JÓVENES HAN JURADO SERVIR Y DEFENDER A LA SOCIEDAD, SI ES PRECISO, LLEGANDO AL SUBLIME ACTO DE OFRENDAR SU VIDA, DEMOSTRANDO QUE HAN SUPERADO CON HOLGURA ESE SENTIMIENTO DE TEMOR INICIAL.

SON CUATRO SEMESTRES ACADÉMICOS DURANTE LOS CUALES SE LES HA IDO PROPORCIONANDO LOS CONOCIMIENTOS Y LAS PRÁCTICAS NECESARIAS PARA BRINDAR UN SERVICIO EFICIENTE, DURANTE LOS CUALES HAN TENIDO QUE COMPETIR ENTRE ELLOS POR ALCANZAR LOS PRIMEROS PUESTOS, DURANTE LOS CUALES EL ESFUERZO PERMANENTE Y LA DEDICACIÓN CASI ABOSLUTA A SU PREPARACIÓN HAN SIDO LA CONSTANTE. CUATRO SEMESTRES ACADÉMICOS DURANTE LOS CUALES SUS INSTRUCTORES Y MONITORES HAN DEBIDO VOLCAR TODA SU PACIENCIA Y EXPERIENCIA PARA CONSEGUIR LOS RESULTADOS ACADÈMICOS Y DE FORMACIÓN QUE HOY ESTOS JÓVENES POLICIAS MOSTRARÀN CON ORGULLO A LA CIUDADANÍA.

PERO SU PREPARACIÓN CONTINUARÁ POR DOS SEMESTRES MÁS. ELLOS RECIBIRÁN INSTRUCCIÓN ESPECIALIZADA A DISTANCIA, Y, LUEGO DE APROBAR LOS SEIS SEMESTRES ACADÈMICOS QUE EXIGE LA LEY UNIVERSITARIA, DESPUÉS DE ELABORAR Y SUSTENTAR UN TRABAJO MONOGRÁFICO, ALCANZARAN EL GRADO DE TECNICO EN ADMINISTRACIÓN POLICIAL, DE ACUERDO A LEY.

JÒVENES EX ALUMNOS, ANTES DE SALIR POR ESTAS PUERTAS HOY, POR PRIMERA VEZ COMO SUB OFICIALES DE LA POLICIA NACIONAL DEL PERÚ, DEBEN RECORDAR QUE EL VALIOSO JURAMENTO QUE HAN PRONUNCIADO DEBE CONSTITUIRSE EN UN MOTIVO Y UNA BANDERA QUE GUÍE SU ACCIONAR CADA DÍA, RECORDANDO SIEMPRE QUE, COMO POLICÍAS ESTAMOS OBLIGADOS A SERVIR Y PROTEGER A LOS CIUDADANOS, QUE MIENTRAS QUE NO DESVIEMOS ESTA NORMA MANTENDREMOS NUESTRA DIGNIDAD Y NUESTRO HONOR INCÓLUMES.

JÓVENES POLICÍAS, ALGUIEN DIJO UNA VEZ, QUE LAS PERSONAS SE ACUERDAN DE DIOS Y DEL POLICIA SOLO CUANDO TIENEN PROBLEMAS Y DESPUÉS QUE ESTOS PROBLEMAS DESAPARECEN, SE OLVIDAN DE DIOS Y DESPRECIAN AL POLICÍA, SIN EMBARGO, NI EL OLVIDO NI EL DESPRECIO NUNCA SERÀN SUFICIENTES PARA QUEBRAR EL JURAMENTO QUE HOY HAN PRONUNCIADO Y QUE LES OBLIGA A MANTENERSE COMO UN FARO DEL CUAL EMANE PERMANENTEMENTE LA LUZ DE LA CONFIANZA POR EL SERVICIO POLICIAL.

JÒVENES POLICÍAS, SIÉNTANSE ORGULLOSOS DE PERTENECER A LA CLASE A LA QUE PERTENECIERON MARIANO SANTOS MATEO, ALIPIO PONCE VASQUEZ, HORACIO PATIÑO CRUZATTI, JUAN BENITES LUNA, ALCIDES VIGO HURTADO Y TANTOS OTROS POLICIAS, QUE CON SU ARROJO, VALENTÍA Y DEDICACIÓN, SIN IMPORTARLES PAGAR POR SU DEDICACIÓN CON SU VIDA, SEGUIRÁN DANDO MUESTRAS DEL COMPORTAMIENTO EJEMPLAR QUE CADA POLICÍA ESTÁ OBLIGADO A MOSTRAR DESPUÉS DE SU JURAMENTO.

JÓVENES POLICÍAS, A PARTIR DE AHORA EL FUTURO ES DE USTEDES, SALGAN AL SERVICIO POLICIAL A DEMOSTRAR LA FUERZA DE SU PREPARACIÓN SEMBRADA DE VALORES Y VOCACIÓN DE SERVIR, SALGAN AL SERVICIO IMPREGNADOS DEL OPTIMISMO POLICIAL, QUE DURANTE ESTOS CUATRO SEMESTRES SE LES HA INCULCADO, PREPARÀNDOSE PARA LO PEOR, PERO ESPERANDO SIEMPRE LO MEJOR.

JÓVENES POLICÍAS, HAGAN REALIDAD NUESTRAS ESPERANZAS, SIENDO MEJORES QUE SUS INSTRUCTORES, DEDICÁNDOSE AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD EN CUERPO Y ALMA, CONDUCIÉNDOSE DENTRO DE LOS LÍMITES DE LAS LEYES Y REGLAMENTOS, SEAN CONSCIENTES QUE SI DEBEN QUEBRAR LA LEY, QUE SEA POR LA FUERZA DE LA COMPASIÓN NO POR EL PESO DE UNA DÁDIVA, SEAN LA FUERZA QUE GUÍE AL CIUDADANO, CONVIÉRTANSE EN LA ESPERANZA DEL AFLIGIDO, EN EL CONSUELO DEL MORIBUNDO, EN EL AUXILIO DEL NECESITADO, CONVIÉRTANSE EN EL EJEMPLO DE NUEVOS POLICÍAS QUE LOS HAN DE SEGUIR.

POLICÍAS DE LA PROMOCIÓN “VENCEDORES”, VAYAN ORGULLOSOS A CUMPLIR CON SU DEBER QUE TODOS QUIENES DEPOSITAMOS NUESTRA CONFIANZA EN USTEDES SABEMOS DE LO QUE SON CAPACES.

POLICÍAS DE LA PROMOCIÓN “VENCEDORES”, QUE EL SOL DE BAGUA QUE ILUMINA ESTA CEREMONIA, BAJO LA ATENTA MIRADA DEL TODOPODEROSO, QUE NOS ACOMPAÑÓ POR ESTOS POCO MÁS DE DIECIOCHO MESES DE ESFUERZO Y PREPARACIÓN, SE CONVIERTA EN EL TESTIGO PRETÉRITO DE VUESTRO JURAMENTO Y QUE EL ESFUERZO REALIZADO DURANTE SU FORMACIÓN SE CONVIERTA A PARTIR DE HOY EN LA FUERZA Y HONESTIDAD QUE MOTIVARÁ CADA ACTO DE SUS VIDAS, QUE EL TEMOR CON QUE INICIARON ESTE PRIMER PASO HACIA SU FUTURO SE CONSOLIDE COMO EL VERDADERO ORGULLO DE SERVIR A LA CIUDADANÍA Y QUE LA ESPERANZA QUE ENTONCES TRAJERON CON USTEDES HOY SEA LA REALIDAD PUESTA AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD PARA CUMPLIR CON EL SAGRADO PROPÓSITO DEL POLICÍA: SERVIR Y PROTEGER.

POLICÍAS DE LA PROMOCIÓN “VENCEDORES”, ES SEGURO QUE HOY SIENTEN UN POCO DE PENA, POR DEJAR LAS AULAS QUE LOS ALBERGARON CUATRO SEMESTRES, POR DEJAR A SUS COMPAÑEROS QUE LOS ACOMPAÑARON TODOS ESTOS DÍAS Y CON QUIENES COMPARTIERON EXPERIENCIAS QUE SEGURAMENTE GUARDARÁN TODA SU VIDA, PERO HOY, NO HAY ESPACIO PARA LA PENA, DEMOS PASO A LA ALEGRÍA POR HABER CULMINADO CON ÉXITO NUESTRA PREPARACIÓN, DEMOS PASO AL ORGULLO DE CONFORMAR LA NUEVA HORNADA DE POLICÍAS OBLIGADOS A DARLE BRILLO AL SERVICIO POLICIAL, DEMOS PASO AL VALOR POR DEJAR LA VIDA CIVIL PARA SIEMPRE E INCORPORARNOS A LAS FILAS DE LA POLICÍA NACIONAL DEL PERÚ, DEMOS PASO A LA CONFIANZA DE ENFRENTAR CON SERENIDAD Y CALMA A LOS PROBLEMAS QUE SE NOS PRESENTARÁN EN NUESTRO CAMINO POLICIAL, DEMOS PASO A LA DIGNIDAD CON LA QUE EJECUTAREMOS CADA UNO DE NUESTROS ACTOS, DEMOS PASO AL AGRADECIMIENTO A NUESTROS PADRES Y MENTORES A QUIENES PROMETEMOS NUNCA FALLAR, AVANCEMOS HACIA EL FUTURO, QUE LA INSTITUCIÓN Y LA CIUDADANÍA SEPA, QUE HA SALIDO DE LA ESCUELA TÉCNICO SUPERIOR DE LA POLICÍA NACIONAL DE AMAZONAS LA PROMOCIÓN “VENCEDORES”.

VAYAN CON DIOS, POLICÍAS.

MUCHAS GRACIAS….

PD. Claro que pude hacer algo mejor, pero esto es todo lo que pretendo que el muy cerdo de mi amigo haga creer que escribió, no necesita que le salga muy bien…
En todo caso, son las cosas que tiene la vida, a mi edad estoy emulando a Walt Disney, puedo hacer hablar a cualquier animal…….

jueves, 20 de enero de 2011

A DOS AÑOS DEL DESALOJO DE LOS BOSQUES DE POMAC

He estado buscando, casi desesperadamente un tema para este rincón, pero estoy siendo atacado por una sequía de ideas e inspiración, tengo la impresión que mucho tiene que ver un repucho y la ansiada posibilidad de regresarme a Lima, pero, buscando algún material para enviar a un compañero que me solicitó información sobre el operativo policial en el Santuario Histórico Bosques de Pómac encontré un editorial publicado en el periódico mural de la Comisaría de "José Leonardo Ortiz" unos días después de estos acontecimientos, me parece que, coincidiendo con la fecha merece darle una miradita a lo que sigue.
Es una buena forma de empezar este 2011.

EL PRECIO DE LA LEGALIDAD. El día 20ENE09, a partir de las 04.00 horas, nos tocó formar parte del contingente de policías de Chiclayo, Trujillo, Piura y Lima que ejecutaron la orden judicial de desalojar a los invasores del Bosque de Pómac, el último bosque denso de la costa peruana, nos tocó ejecutar un mandato judicial destinado a restablecer el orden en un terreno que pertenece a todos los peruanos y que venía siendo explotado y depredado salvajemente por ocupantes preocupados de obtener ganancias sin mayor interés por conservar los últimos vestigios naturales y arqueológicos que debemos conservar para nuestros hijos; y como siempre lo hacemos, emprendimos la tarea con optimismo y hasta con alegría por que entendemos que es una muestra de que la cordura y la legalidad está retomando espacios perdidos en el país.

A las pocas horas, cuando cargábamos desesperadamente el cuerpo de nuestro compañero el SO3 PNP Fernando HIDALGO IBARRA, desde la carpa instalada por ESSALUD en el centro poblado El Progreso, hacia el helicóptero que lo trasladaría a Chiclayo, el sentimiento era distinto, fueron 200 metros o algo más de esfuerzo inútil, porque el casi adolescente amarrado a la camilla con la mirada al infinito, a la nada, no hizo ningún movimiento, ninguna señal que nos advirtiera que su inmovilidad no era la muerte, la esperanza de que sólo estaba dormido de cansancio se esfumó cuando el viento desprendido del rotor de la aeronave le levantó la camisa dejando ver el orificio negro, mortal, a un costado de un abdomen de color cadavérico, ese color que los policías que hemos enterrado compañeros podemos reconocer de inmediato. No había nada que hacer. El sentimiento pasaba de pena e impotencia a rabia. Este casi adolescente podría tratarse de un hijo nuestro. Era muy tierno para siquiera ser nuestro hermano. ¿Se han dado cuenta que el valor no tiene edad?, no existe tampoco la edad para la heroicidad, y tampoco para la muerte.

El ambiente en el improvisado helipuerto se cargó de pena, se podía percibir el llanto de los corazones en silencio, los policías nos mirábamos unos a otros tratando de encontrar una respuesta a esta atrocidad. ¿Se han dado cuenta qué jóvenes son los policías de ahora? Quizás por su juventud uno de ellos murmuró “es el precio de la legalidad”. Lo miré sin expresión en mi rostro. Era otro policía-casi-adolescente. Una brizna de alegría calmó mi pesar mientras pensaba “Si, es el precio de la legalidad, y que bueno que lo entiendas así siendo tan joven…”

Mientras se alejaba el helicóptero me preguntaba cuántas vidas de policías más serán necesarias en nombre de la legalidad. Todas las que sean necesarias, pero por favor, que esta vez el policía-casi-adolescente se recupere, que no se muera por Dios. La nave se desvaneció en la distancia, y con ella lo que quedaba de nuestras esperanzas.

LA PENSIÓN

  El sonido de un disparo no muy lejano lo despertó, apretó con fuerza fu fusil, un ZB checo que les habían entregado a las tropas para este...